Educación cubana, VIVA en tiempos de pandemia

Por:  Giusette León García/CubaSí

Ya desde principios de año se hablaba en los matutinos sobre el virus que había mantenido aislada toda una ciudad de China, luego hasta los más pequeñitos de nuestros escolares se mantuvieron informados sobre la forma en que se extendió por el gigante asiático y Europa. 

Sin sensacionalismo ni pánico, sino desde la solidaridad y la precaución, aquella mañana de marzo en que los recibieron con una solución de hipoclorito en la puerta de la escuela, ya los estudiantes se venían preparando para enfrentar, junto a los docentes, la familia y la comunidad, un curso escolar marcado por la epidemia del nuevo coronavirus.

Sin embargo, los retos se fueron haciendo mayores, especialmente en una isla donde los niños son sagrados. Ante la expansión de los casos confirmados de Covid 19 en Cuba, por primera vez desde que la mayoría tenemos memoria, se cerraron las puertas de todos los centros educativos, excepto los círculos infantiles.

Claro que esto no podía significar una detención total del proceso docente educativo, así que, el 23 de marzo, la Ministra de Educación Ena Elsa Velazquez anunció en la Mesa Redonda, junto con la medida de suspensión temporal, las variantes que se aplicarían para llevar a casa los conocimientos. Unos días más tarde, ya estaban al aire las teleclases dirigidas a todos los niveles y tipos de enseñanza.

Las nuevas tecnologías, el compromiso infinito de maestros y maestras y la estrecha relación entre la escuela y la familia en Cuba, favorecieron el proceso. Por un lado, la presencia on line, sin costo, de los contenidos que se impartían en cada asignatura, incluidas la educación artística y del deporte, en la web Cubaeduca y, por otro, los espontáneos grupos de whats app en los que padres, alumnos y docentes se articularon para acompañar, esclarecer, puntualizar, intercambiar sobre las materias y, entre cubanos no faltaba más, apoyarse emocionalmente en momentos tan complejos.
Las redes sociales y líneas telefónicas se convirtieron un poco en el matutino, el recreo y las horas clase creativas para nuestros niños y niñas. Los adolescentes y jóvenes, con menos mediaciones, también las aprovecharon para generar grupos de estudio y suplantar un poco el añorado aprendizaje colectivo.

Escalonadamente, con apego a todas las medidas sanitarias, a partir del primero de septiembre se fue retomando el curso presencial, de acuerdo a las condiciones epidemiológicas de cada territorio. Ajustes de planes de estudio, incluso específicos para determinadas provincias y municipio, matemáticas que debieron ser agotadoras intentando dosificar contenidos de modo que ningún alumno quedara a merced del fatalismo geográfico, o pandémico en este caso, volvieron a poner a prueba las capacidades del sistema de educación en la isla. Y una vez más salió airosa.
Un reciente informe conjunto Unesco–Cepal titulado La educación en tiempos de la pandemia de COVID-19, reconoce los aciertos de Cuba en el manejo de este sector. Mientras su comprensión como derecho humano sigue siendo asignatura pendiente en otras latitudes, la mayor de las Antillas realizó ingentes esfuerzos para disminuir las brechas digitales preexistentes y no renunciar jamás al principio de universalidad de nuestra educación.

Además, según destaca el informe realizado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe (Orealc/Unesco Santiago), es loable la iniciativa cubana de publicar varios materiales relacionados con la educación para la atención socioemocional ante todo tipo de desastres:

«Poner el aprendizaje socioemocional en el centro de la repuesta educativa brinda la oportunidad para la transformación y el desarrollo de un currículo más integral y humanista, que incorpore dimensiones fundamentales del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 4 de garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos (vinculado con la ciudadanía, la salud, la sostenibilidad, la igualdad de género y los derechos humanos, entre otros aspectos) con comunidades educativas centradas en el bienestar y el aprendizaje de los estudiantes»

Pero el logro mayor, el aplauso, tendría que sonar desde dentro. Pues si bien esta situación ha retado al mundo entero, a Cuba le duplicó el desafío. Ya bloqueado, sometido a una hostilidad creciente desde la mayor potencia global, el caimán no se sentó a llorar sobre las aguas del Caribe, como siempre, como en todo, buscó alternativas, multiplicó potencialidades, aprovechó experiencias anteriores.

No teníamos la conectividad del primer mundo, ni sus niveles de acceso, pero sí la voluntad política de poner los recursos a la mano en función del proceso educativo, y la experiencia de usar la televisión como vehículo en coyunturas anteriores. Sí teníamos una sociedad instruida y organizada, un Estado decidido a no desamparar a nadie, familias y docentes que aceptaron el reto de trocar y compartir roles. Teníamos la certeza de que de esta también saldríamos vivos, así que pusimos a salvo la educación en los ratos más duros y así la mantenemos ahora, en el nuevo e innovador curso 2020- 2021, adaptada a una normalidad diferente, pero como Cuba, VIVA.

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