La “deuda” que no pudo saldar con Fidel

Escrito por  Alina M. Lotti/CubaSí
Fidel Castro
Fidel Castro.
Físicamente ya él no estará con nosotros, pero donde quiera que miremos y hacia cualquier tarea, ahí estará su obra, subrayó el médico forense Jorge González Pérez

Foto: José R. Rodríguez Robleda.

“Todo el mundo sabe que llega ese momento, pues la muerte es parte de la vida. Sin embargo, siempre pensamos que Fidel no iba a morir. Físicamente ya él no estará con nosotros, pero donde quiera que miremos, y hacia cualquier tarea, ahí estará su obra”, expresó unos días atrás el doctor Jorge González Pérez.

El médico forense, que dirigió las acciones de búsqueda de los restos del Che en Bolivia, fue de los primeros que le rindió tributo al Comandante en Jefe en el Memorial José Martí, donde subrayó el compromiso de llevar adelante la Revolución.

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“Fidel está en nuestras calles, en los hospitales, en las escuelas, en las industrias. En cualquier rincón de Cuba está su mano y también vive en los 67 países donde hoy laboran nuestros médicos internacionalistas y en las 136 naciones de donde hemos formado galenos. Él no ha muerto y, si como dice nuestro Himno nacional, morir por la Patria es vivir, él realmente lo dio todo por ella y, por tanto, seguirá viviendo entre nosotros”.

Desde su experiencia en la formación de recursos humanos en salud pública, recordó que antes del triunfo de la Revolución Cuba tenía una sola escuela de medicina y era insignificante la cantidad de profesionales que se formaban.

Ahora, precisó, que tenemos más de 50 mil trabajadores de la salud en el exterior, de ellos 25 mil médicos. “En enero de 1959 había seis mil en el país, de los cuales quedaron solamente tres mil, los otros se fueron, incluso alentados por el imperialismo.
“Si hoy contamos con casi 90 mil galenos, entonces hay que darse cuenta de lo que significa la obra de la Revolución, que trasciende las consignas, las frases; son hechos concretos. Por ende, si la Revolución es indestructible, es eterna e inmortal, entonces Fidel lo será igualmente”.

Al responder una interrogante de una periodista de la televisión cubana sobre la labor realizada en Bolivia y las anécdotas relacionadas con el Comandante en Jefe, el médico refirió las posibilidades que la vida le dio de estar sentado junto a él, y conversar como si fuera una persona común y no un gigante de nuestra historia patria.

Rememoró un momento que en cierto sentido le hizo establecer un compromiso con el líder histórico de la Revolución. Estando en Bolivia, en una ocasión regresa a Cuba y mientras intercambiaban imaginó que Fidel le haría preguntas relacionadas con la investigación forense.

“En realidad yo enviaba todos los informes y estaba seguro que los leía al detalle. No obstante, en ese momento él quería saber cómo trabajábamos, qué comíamos, en qué condiciones vivíamos en aquella comunidad chiriguana, el nivel de seguridad, los peligros que podíamos correr. Es decir, se interesaba por la atención al hombre, por el aspecto humano de la búsqueda, más allá de los detalles técnicos.

“Comandante —le dije en esa ocasión— a lo que más miedo yo le tengo allí es a los insectos, pero también hay tigres. Asombrado por la respuesta, continué explicándole que los bolivianos le llamaban tigres, pero en realidad eran una especie de jaguar, de león americano.

“Fidel siguió haciéndome muchas preguntas y yo se las contestaba todas, hasta que quiso saber cuánto pesaba un tigre. `Mire…, la verdad que no sé`, le dije apenado.

“Así, inmediatamente que llegué a Bolivia busqué el único libro que en aquellos momentos estaba escrito sobre esos animales; fui al zoológico de Santa Cruz de la Sierra; converse no sé con cuantas personas sobre el tema, y la próxima vez que vine a Cuba ya estaba listo para responderle.

“Sin embargo, nunca más me tocó el tema. Siempre me quedé con la duda de si en verdad él tendría la respuesta y lo hizo para saber si yo la sabía. Cada vez que lo veía siempre estaba deseoso de contarle que pesaban, como promedio, alrededor de 70 kilos. Realmente, fueron cosas inexplicables, en medio de una conversación como aquella, cuántas preguntas técnicas me hizo, más no imaginé que un detalle como ese le llamara la atención”.

 

 

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