27 de noviembre: la inocencia que hasta hoy clama

Por Redacción Razones de Cuba

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A 151 años del horrendo fusilamiento en La Habana de ocho inocentes estudiantes de Medicina, el 27 de noviembre de 1871, ellos vuelven a la memoria de Cuba y en especial de sus jóvenes, con la fuerza redentora del homenaje a sus vidas truncadas en flor y a la inocencia,  que hoy clama justicia todavía.

“Cadáveres amados los que un día ensueño fuisteis de la Patria mía”, escribió José Martí pensando en ellos, un dolor que le fue muy próximo como cubano y amigo del alma de Fermín Valdés Domínguez, uno de los estudiantes juzgados en el sumarísimo proceso del cual, con suerte casi providencial, saliera con la pena de cárcel.

Ese crimen sin nombre, tal vez la mancha más abominable del colonialismo en la Isla, fue resultado del incremento de la represión y el odio de un sistema carcomido seriamente por la pérdida de la mayor parte de sus vasallos en América,  y desafiado aquí por el comienzo de la primera guerra de independencia desde el 10 de octubre de 1868.

Para ello había creado el famoso cuerpo represivo llamado Voluntarios de La Habana, formado por peninsulares y criollos apóstatas, los más violentos y reaccionarios servidores del gobierno español, que fuera el instrumento más visible de la trama y la ejecución del salvaje escarmiento a los cubanos en plan de rebeldía.

No hay que engañarse pensando, empero, que en un momento dado los Voluntarios se les fueron de las manos a los gobernantes hispanos y los pusieron contra la pared, a fin de conseguir saciar su irracional sed de sangre.

La fuerza paramilitar representaban correspondía fielmente a los intereses de la Corona y ambos eran uno en cuanto a la defensa de los intereses de esta. Ese batallón de infames se desempeñó fundamentalmente, libre y aupado por los gobernantes, desde 1855 hasta 1898.

Así fue como, tras dos juicios de guerra de rapidez fulminante, ocho jóvenes que cursaban el primer año de Medicina en la Universidad capitalina, fueron condenados a muerte y fusilados en la Explanada de la Punta -hoy ubicada en Malecón y Prado-, bajo la acusación falsa de infidencia por haber dañado el sepulcro del periodista y furibundo defensor de la causa española, Gonzalo de Castañón.

Los nombres de los inmolados apenas al llegar a la juventud eran Anacleto Bermúdez, Angel Laborde, José de Marcos, Juan Pascual Rodríguez, Alonso Alvarez de la Campa, Carlos de la Torre, Eladio González y Carlos Verdugo.  Los tres últimos  habían sido incluidos por sorteo en la sentencia, para satisfacer a los Voluntarios de La Habana, quienes veían en Castañón un ícono, cuando realmente era un “hombre de odio”, como lo calificara el Apóstol.

En medio de esa sociedad aherrojada por el colonialismo, ese cuerpo represivo había protagonizado una triste asonada el 22 de enero de 1869, en una representación picaresca del Teatro Villanueva, en la cual masacraron a inocentes. Parece que ya estaban necesitando incrementar el nivel de sus escarmientos y actos comunes de terror.

Por eso le vino de perilla el suceso protagonizado por un grupo de jóvenes estudiantes en la tarde del viernes 24 de noviembre de 1871.

Impacientes por la tardanza de su profesor de Anatomía, algunos chicos del primer curso de Medicina de la Universidad de La Habana, decidieron salir del Anfiteatro, en tanto otros cruzaron al cercano Cementerio de Espada, ubicado en la calle San Lázaro.

Unos decidieron recorrer sus patios, mientras otros se dedicaron a jugar con el carro que transportaba los cadáveres desde el camposanto hasta la sala de disección docente. Uno arrancó una flor de una ofrenda depositada en un recipiente.

Aquella algazara inapropiada causó el enojo del vigilante, a quien preocupaba sobre todo  la integridad de los jardines y sembrados. Esto lo llevó, sin embargo, a una acción vil y extrema: acusarlos ante el gobernador político de haber arañado el cristal de la tumba de Gonzalo de Castañón.

Con rapidez en volandas el gobernador ordenó el apresamiento de los jóvenes, que en un principio fueron los 46 estudiantes que esperaban al profesor ausente.

Se realizó el primer Consejo de Guerra y bajo las falsas acusaciones se impusieron penas severas, pero no se llegó al dictamen de penas de muerte. En el juicio a los alumnos inocentes descolló la actuación del abogado defensor, el digno oficial del ejército español Federico Capdevila, quien echó rodilla en tierra por el pundonor y la lealtad al oficio.

Pero entonces entró en acción la barbarie. Los Voluntarios de La Habana no aceptaron el veredicto y se amotinaron con gran violencia, amenazando con revueltas, frente al edificio donde se había celebrado la primera vista.

Rápidamente tuvo que efectuarse un segundo proceso, destinado a complacer a los odiadores y sicarios, que  impuso la pena capital para los jóvenes citados. Once  fueron condenados a seis años de prisión, 20 a cuatro y cuatro a seis meses.

Uno de los encarcelados, Fermín Valdés Domínguez,  pudo terminar la carrera en España tras cumplir la sentencia, y al regresar a la Isla amada ejerció la profesión y se consagró a buscar el sepulcro prohibido y desconocido de sus compañeros, una fosa común fuera del cementerio, inclusive vedada a sus familiares. Lo halló tras una búsqueda larga, riesgosa y abnegada.

Siendo muy jóvenes José Martí y Fermín Valdés Domínguez denunciaron con coraje el crimen horrendo y el inhumano presidio político en Cuba, apenas al llegar a su exilio en la metrópolis, mientras estudiaban carreras diferentes en la Universidad de Zaragoza.

Todavía el alma cubana se estremece y llora por los ocho estudiantes inocentes. Ni muertos ni olvidados, viven en los corazones del pueblo. Y más, en tiempos en que descendientes de aquellos sicarios y mercenarios coloniales, han pretendido manchar, inútilmente, su memoria. 

La guerra biológica contra Cuba

Cuba Contra Cuba Historia Contrarrevolución

La pupila asombrada.- El dengue hemorrágico y su introducción en Cuba por la CIA.

Ciencia cubana vs Bioterrorismo

Martha Pon – Capitán San Luis

El futuro de nuestra Patria tiene que ser, necesariamente, un futuro de hombres de ciencia, de hombres de pensamiento. Fidel Castro

Cuba es ejemplo ante el mundo por los importantes logros en la ciencia y por la colaboración internacional en las diferentes ramas de la salud. Hombres y mujeres que trabajan en los órganos científicos del país y fuera de estos, se esfuerzan diariamente por salvar al género humano de las consecuencias de la llamada “ciencia sin conciencia”, como formulara Rabelais en el siglo XVI. Y es que nuestro pueblo ha sido objetivo de ataques bioterroristas durante los ya 60 años de Revolución. En un estudio realizado en Estados Unidos sobre los aspectos del desarme de la guerra química, biológica y radiológica, se menciona una lista de patologías contra personas, animales y plantas como armas para la guerra biológica y se reconoce el uso de estos medios como muy “efectivos” para acciones encubiertas.

La Editorial Capitán San Luis publicó en el 2008 el libro La guerra biológica contra Cuba, de Ariel Alonso Pérez donde aparecen las historias de esa guerra biológica a la que hemos sido sometidos.

Confesiones de un ex oficial de la CIA sobre las agresiones de bioterrorismo contra Cuba

En agosto de 1983, un ex oficial de la CIA reveló en visita no oficial a Cuba elementos muy interesantes sobre las acciones de bioterrorismo contra nuestro país, así como algunos de sus aspectos metodológicos. Asimismo mencionó hechos relacionados con algunos casos detectados, explicando lo siguiente:

Que conoció sobre la introducción del dengue en Cuba y los preparativos de un dispositivo de enmascaramiento —simulando un bombillo— para entrar, de forma ilegal, parte del material biológico a través del Aeropuerto Internacional José Martí. Justamente a menos de dos kilómetros de ese lugar se produjo el foco inicial en Ciudad de La Habana.

Que una colega le había manifestado que se estaba preparando una acción encubierta contra Cuba, relacionada con el uso biológico, que traería serias afectaciones a la población cubana.

Esta fuente le había dado los nombres de varias personas que participarían en la acción y le habría dicho que el grupo era de unas 10 ó 20 personas, la mayoría médicos y especialistas. Que una parte de los encargados de introducir el material en Cuba lo harían, probablemente, a través de Canadá —como turistas y con pasaporte falso—.

En 1980, en conversación con otra doctora que participó en la acción, ella le había manifestado: “Ahora nosotros tenemos el poder y el control sobre ellos —los cubanos— de la forma que queramos y no pasará mucho tiempo para que tengamos pruebas de lo que nuestros amigos hicieron en Cuba”.

Sobre la fiebre porcina africana manifestó que —aunque no conocía los detalles de la acción— sabe que la CIA tuvo que ver con eso y conoció de un experimento que se efectuó en el propio territorio de Estados Unidos de América, donde se inoculó a un grupo de cerdos, para ver el comportamiento de la cepa.

Sobre los aspectos metodológicos y las normativas para la utilización de los medios biológicos, dio a conocer que:

•       Los oficiales que trabajan contra Cuba hacen la propuesta tomando en cuenta la información que tienen, y la afectación político-económica que produciría esa acción.

•       Se utiliza como manto o fachada para las investigaciones sobre esas enfermedades a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos de América, tratando siempre de realizar los experimentos en condiciones similares a las de nuestro país, para conocer cómo se comportaría y se propagaría, así como otros detalles.

•       A tal efecto, la CIA y las Fuerzas Armadas cuentan con casi todas las cepas de las más disímiles enfermedades, dado que la CIA tiene estrechas relaciones con las principales instituciones científicas del gobierno estadounidense.

•       La introducción se realiza a través de personas —o agentes— de alta confianza, a quienes no se les da una clara definición de la actividad que van a realizar. Deben enmascararse para que no aparezcan como estadounidenses ni que proceden de ese país. Utilizan mucho los viajes desde Canadá y la aviación.

•       Se garantiza, además, que estas personas no tengan ningún contacto con las representaciones diplomáticas, en este caso la SINA (Sección de Intereses estadounidense en Cuba).

•       Significó que el aspecto económico se considera mucho, que la acción debe causar grandes pérdidas, y las consecuencias, crear problemas políticos o tener una repercusión en este sentido.

El último vuelo del U-2 sobre Cuba

A 60 AÑOS DE LA CRISIS DE OCTUBRE

La violación de nuestro espacio aéreo llegó a tal punto que, además de los aviones espías, eran frecuentes los vuelos rasantes. Aumentaba el peligro de un golpe aéreo sorpresivo

Autor: Delfín Xiqués Cutiño | archivo@granma.cu

Restos del vión espía U-2 derribado cerca del poblado de Vega III, en Banes, Holguín.
Los restos del avión espía cayeron en Veguita Tres, Banes. Foto: Archivo de Granma

La Crisis de Octubre comenzó en la tarde del 22 de octubre de 1962, cuando el presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, desde el Despacho Oval de la Casa Blanca, se dirigió a la nación por medio de las cadenas de radio y televisión, para revelar que aviones U-2 habían detectado y fotografiado emplazamientos de «cohetes ofensivos» en territorio cubano.

A los pocos minutos, las palabras del Presidente daban la vuelta al mundo y se convertían en una preocupación para la paz a nivel global, por su contenido amenazante, que podía provocar un conflicto nuclear sin precedentes entre Cuba, la URSS y Estados Unidos.

Y a Cuba le asistía, como le asiste ahora, el derecho, como país soberano, a mantener en su territorio las armas defensivas que estime más convenientes.

Al atardecer de ese martes, 22 de octubre, el Comandante en Jefe Fidel Castro dio la alarma de combate –que solo se establece en los casos de más crítico peligro– a todas las Fuerzas Armadas Revolucionarias. La medida fue tomada como consecuencia de las noticias procedentes de Estados Unidos, y la movilización de fuerzas militares estadounidenses contra nuestro territorio.

Comenzaron entonces «los 13 días que mantuvieron en vilo la paz mundial». Durante ese tiempo Cuba, la URSS y Estados Unidos intercambiaron mensajes, cartas y contactos diplomáticos. Hasta U Thant, secretario general de la ONU, intervino en el grave conflicto militar.

Pero la situación no parecía mejorar. Al contrario, aumentaba la tensión porque Estados Unidos, lejos de detener los ilegales vuelos sobre territorio cubano, mientras se buscaba una solución diplomática a la grave crisis militar, los intensificó.

La violación de nuestro espacio aéreo llegó a tal punto que, además de los aviones espías, eran frecuentes los vuelos rasantes, lo que aumentaba el peligro de un golpe aéreo sorpresivo aprovechando esa situación.

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Los dos millones de dólares del imperio

Por Marco Velázquez Cristo

Los dos millones de dólares del imperio

El gobierno de Estados Unidos ofrece 2 millones de USD como “ayuda humanitaria” para paliar los daños ocasionados por el huracán Ian en la región occidental de Cuba. Esto, en mi opinión, es un acto de desvergonzado cinismo, portador de una esencia de politiquería sucia, dirigido a crear la ilusión mediática de un gesto de buena voluntad.

Mucho daño le ha causado y le continua causando el imperio al pueblo cubano con: su cruel bloqueo, sus agresiones, el financiamiento de programas con los que ha pretendido y pretende subvertir el orden interno del país, el aliento, la tolerancia y apoyo a acciones de carácter terrorista, planificadas desde su territorio contra Cuba y que tantas vidas han costado, así como, con sus intentos de crear las condiciones para la realización de lo que se ha dado en llamar golpe blando, con el objetivo de derrocar al gobierno legítimamente elegido, por la voluntad soberana del pueblo al que hipócritamente dice, querer ayudar; para que ahora se aparezca con 2 millones haciéndose el Mesías.

En esta como en otras ocasiones el imperio actúa con total impudicia.

Así, el portavoz del Departamento de Estado de EE. UU. Ned Price al anunciar la “ayuda”, manifestó a la prensa que, ese dinero se canalizaría por medio de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID por sus siglas en ingles), a la cual, según el vocero, ya se habían dirigido organizaciones como la Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja (IFRC) con solicitudes para prestar asistencia, se infiere que a los afectados. Resulta ofensiva la designación de la USAID como depositaria y distribuidora de los 2 millones de “ayuda”, partiendo del hecho de que ella, durante décadas, ha cumplido y cumple similares funciones, pero con los fondos que, el gobierno norteamericano ha dedicado y dedica a programas de subversión contra Cuba.

Price para rematar dice, “Estados Unidos está brindando una ayuda crucial”, es decir que es decisiva para paliar los daños ocasionados por Ian. Indigna el irrespeto que encierra tal afirmación que, desconoce conscientemente la magnitud de las afectaciones y los muchos millones que será necesario invertir para eliminarlas, los cuales en su inmensa mayoría correrán a cargo del estado cubano. Esa aseveración del vocero representa la pretensión del imperio de hacerse aparecer como el salvador de los damnificados.

Pero la historia no defiende al supuesto “benefactor”.

Solo desde 1996 y hasta el 2021, el Congreso norteamericano asignó aproximadamente unos 404 millones de dólares para financiar ese tipo de programas. Una buena parte del dinero fue a parar a la USAID, la cual se encargó de distribuirlo entre los diferentes proyectos que esa agencia desarrolla contra Cuba.

Acorde con el doblez y la tradicional inmoralidad que caracteriza la conducta de los políticos norteamericanos, el mismo presidente que hoy nos ofrece 2 millones de “ayuda”, en 2021 solicitó al Congreso de su país, un presupuesto de 20 millones de dólares para la ejecución en 2022 de los mencionados programas. Además, pidió cerca de 13 millones para las transmisiones ilegales de las mal llamadas Radio y TV Martí. Cifra similar a la que había solicitado Donald Trump con iguales objetivos para el 2021.

Hay que recordarle al poderoso vecino del norte que, tal y como se establece en la Demanda que le hizo el pueblo cubano por daños humanos, debe: pagar por el valor de la vida de 3.478 personas fallecidas, a causa de sus actos contra Cuba, bien que resulta imposible de sustituir y, es además invalorable, una cifra total de 104.340 millones de dólares, por el valor de la integridad física ilícitamente quebrantada de 2.099 personas, bien igualmente insustituible, un total de 31.485 millones de dólares y por concepto de indemnización de perjuicios, como retribución de las prestaciones que ha tenido que asumir la sociedad cubana y demás ingresos dejados de percibir por víctimas y familiares, pagar 34.780 millones de dólares por los fallecidos y 10.495 millones por los incapacitados.

Por todo lo anterior nos deben 181.100 millones de dólares estadounidenses.

Además, el bloqueo, según el informe presentado este miércoles a medios de prensa nacionales y extranjeros acreditados en La Habana, por el canciller Bruno Rodríguez Parrilla, ha causado daños acumulados durante seis décadas de aplicación que ascienden a 154 217.3 millones de dólares.

Al valor del oro en el mercado internacional, ha provocado perjuicios cuantificables por más de un billón de dólares (1 391 111 000 000).

Otra astronómica cifra que, gracias a su maldad, inhumanidad y obcecación por destruir a la Revolución, el gobierno estadunidense le adeuda a, quienes durante décadas ha tratado de rendir por hambre y necesidades.

El mencionado informe será presentado a principios de noviembre a la Asamblea General de las Naciones Unidas. Conociendo a nuestro enemigo, no es de dudar que, sus publicitados 2 millones los trate de usar como hoja de parra para tratar de ocultar su felonía, lo cual se correspondería con su manera sucia de hacer política.  

Sí, real y honradamente, los animara el deseo de ayudar a los que tanto mal les ha causado, levantarían el bloqueo, cesarían sus agresiones contra ellos, no permitirían que su territorio fuera utilizado como bases para ellas y pagarían lo que nos deben.  

Se que es demasiado pedirle a un imperio que, en medio de la pandemia, el 18 de noviembre de 2020, denegó a través de su Departamento de Transporte, una solicitud de las charteadoras Skyway Enterprises, Inc. y IBC para operar vuelos a Cuba con carga humanitaria que incluían insumos médicos.

El pueblo cubano tiene memoria.

La Patria como grandioso monumento

Así como las familias no sanan sus heridas, la nación no puede olvidar ese dolor ni a quien lo causó

Autor: Yeilén Delgado Calvo | nacionales@granma.cu

6 de octubre de 2022

Foto: José M. Correa

No se deja de amar. Lo dicen los familiares de las víctimas. Con los años, tal vez el dolor se hace menos punzante, más sordo, pero sigue estando ahí y se acrecienta en las ausencias: la boda sin padre, el cumpleaños sin hija, las conversaciones que no fueron, las alegrías que no serán.

Esas familias, signadas por la pérdida, sufren un peso adicional, el del crimen sin justicia. Sus seres queridos compartieron vuelo con los asesinos, esos que les vieron sus rostros, escucharon las charlas triviales de quien no presiente la tragedia, y tal vez hasta recibieron alguna de sus sonrisas, y aun así fueron capaces de dejar una bomba para matarles. Luego se jactaron. Tenían la tutela poderosa de la cia y nunca la perdieron.

En la nave de Cubana de Aviación, procedente de Barbados, que explotó en el aire el 6 de octubre de 1976, con 73 pasajeros, de los cuales ninguno sobrevivió,  viajaba también –de cierta forma– Cuba.

Y no solo porque, como dijo Fidel en el acto de despedida de duelo, «la Revolución (…) a todos nos hizo hermanos entrañables en los que la sangre de uno pertenece a todos», sino también porque allí estaban el deporte, el internacionalismo, la juventud formada en una sociedad nueva, el mestizaje, la heroicidad laboral…

Estupor frente a la barbarie, eso fue lo que sintió un país entero, y parte del mundo, ante uno de los ejemplos más rotundos de hasta dónde es capaz de llegar el terrorismo de Estado, instigado desde suelo estadounidense, contra la Isla. Estupor frente a la barbarie, eso es lo que se siente aún si se repasan los hechos reposadamente, sin el velo de lo rutinario.

Así como las familias no sanan sus heridas, la nación no puede olvidar ese dolor ni a quien lo causó. La memoria es un arma. En la historia está uno de los asideros para cumplir con el vaticinio del Comandante en Jefe, el 15 de octubre de aquel año:

«¡Una patria cada vez más revolucionaria, más digna, más socialista y más internacionalista será el grandioso monumento que nuestro pueblo erija a su memoria y a la de todos los que han caído o hayan de caer por la Revolución!».

En las jornadas de aquel octubre, como en tantas otras, hizo falta mucho coraje. Uno que se enciende todavía ante las palabras de Fidel al final de aquel discurso, esas que, aunque se lean, siempre se escuchan:

«No podemos decir que el dolor se comparte. El dolor se multiplica. Millones de cubanos lloramos hoy junto a los seres queridos de las víctimas del abominable crimen. ¡Y cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla!»

A Cuba el coraje no se le agota, la memoria tampoco. La Patria es nuestra.

¿Fechas para el fin, o nuevos comienzos para la Revolución?

El 5 de agosto de 1994 Fidel no lo dudó y salió a la calle con el único chaleco antibalas que siempre usó: su vergüenza, su moral, y la confianza en que el mismo pueblo que hizo con sus manos la Revolución no sería capaz de destruirla

Autor: Leidys María Labrador Herrera | leidys@granma.cu

Fidel en los Disturbios del 5 de agosto de 1994. Publicada: 04/08/2004, G.I 15/08/2004  Fid13387
La fuerza moral de Fidel se impuso en los disturbios del 5 de agosto de 1994. Foto: Archivo de Granma

Esas coincidencias son, para algunos, dignas de recordar; pero, para otros, constituyen sinónimo de la vergüenza que arrastran quienes, erróneamente, piensan que los muros de mentiras pueden protegerlos del descalabro.

En la prolífica historia de Cuba existen no pocos de esos instantes que, vale decirlo, tienen sobre todas las cosas algo en común, la fuerza de este pueblo y de aquellos que elige como sus líderes, y la disposición siempre latente de defender a la Patria y de cerrar el paso a la injerencia y el intervencionismo.

Son esas las razones por las que, de manera casi espontánea, cuando el 11 de julio de 2021 la violencia, azuzada por una cruenta campaña mediática e ideológica, pretendió robarnos la tranquilidad y desestabilizar al país, cuando los revolucionarios se dispusieron a hacerle frente a la turba, y cuando el Presidente salió a caminar entre su pueblo y apeló a la conciencia de este para defender el país, muchos no dudaron en afirmar: tal parece que vivimos otro 5 de agosto.

Porque aquel día de 1994, que quedó para siempre en la memoria popular, se conjugaron los mismos factores: incitación al desorden, a atacar las instituciones del Estado, a cometer actos vandálicos, y financiamiento a elementos contrarrevolucionarios para que se colocaran al centro de los disturbios cuyo fin, lógicamente, era echar por tierra la Revolución.

La situación del país resultaba crítica. El derrumbe del campo socialista fue un duro golpe para la economía cubana, y la sociedad en su conjunto afrontaba desde la falta de transporte público hasta la dificultad para llevar alimentos a la mesa. Todo ello, que de forma innegable generaba estrés, descontento, preocupación, creó lo que nuestros enemigos identificaron como un clima propicio para ejercer presión ideológica contra el pueblo, y así lo hicieron.

Esa actitud oportunista, sinceramente, no sorprendió a nadie, y mucho menos a ese brillante ideólogo, inigualable político e irrepetible líder llamado Fidel Castro Ruz. Por eso, cuando la situación se complejizó aquel quinto día de agosto, no lo dudó y salió a la calle con el único chaleco antibalas que siempre usó: su vergüenza, su moral, y la confianza en que el mismo pueblo que hizo con sus manos la Revolución no sería capaz de destruirla.

La madurez de ese pueblo, su respeto por el hombre que hizo realidad los sueños de Martí, y la seguridad de que quienes se presentaban como tabla de salvación eran, por el contrario, la ola furiosa dispuesta a ahogarnos, una vez más le dieron la razón.

Aquel día, mientras el pueblo coreaba «¡Fidel! ¡Fidel!», se apagaban las esperanzas de aquellos que, con ingenua seguridad, anunciaron «el fin».

Díaz-Canel estuvo el 11 de julio en las calles cubanas, como parte de la ciudadanía que se movilizó para preservar la paz y la tranquilidad. Foto: Estudios Revolución

VEINTISIETE AÑOS DESPUÉS, LA MISMA SÓRDIDA ESTRATEGIA

El mundo, sin exagerar, se debatía para hacer la diferencia entre la vida y la muerte, y este país no fue la excepción. Todos los recursos disponibles, todos, fueron puestos a disposición de ese empeño. La propia pandemia generó, como era de esperarse, mucha tensión en la economía y, por si fuera poco, más de 200 medidas pensadas con toda intención para asfixiarnos, y otra vuelta de tuerca al bloqueo, hicieron el panorama mucho más complejo de lo que debería haber sido.

Nuestros enemigos, con su «profundo sentido humanista», rápidamente entraron en escena, y «preocupados» por el pueblo cubano (al que negaron oxígeno medicinal para hacer frente a la enfermedad), se dieron a la tarea de abrir los ojos de los cubanos, demostrando que la «cruel dictadura» no era capaz de responder a las necesidades del pueblo.

Otra vez aprovecharon, de la manera más ruin, la dureza de un momento histórico. Se parapetaron tras su muy bien pagada maquinaria mediática, movieron a sus títeres asalariados dentro del país, acrecentaron el llamado a la violencia y utilizaron a su favor, otra vez, las carencias materiales y necesidades, en función de crear un clima de desconfianza y pesimismo.

El resultado fue un 11 de julio, al que, con el descaro que los caracteriza, pusieron el nombre de «estallido social espontáneo en contra del régimen», a sabiendas de que se trataba de un fruto más de su estrategia de golpe suave.

Otra vez marcaron el final, lo habían orquestado todo de forma tan minuciosa, habían invertido tanto que no podía ser de otra manera; tal vez hasta pensaron que sin la presencia física de Fidel, no habría quien revirtiera la situación, y se sentaron a esperar.

Pero para los cubanos existen dos verdades contundentes: la primera es que hace mucho que Fidel es todo un pueblo, y la segunda tiene un nombre: continuidad. Ese día otro líder, hijo de otro momento histórico, pero con mucha fuerza moral también, llamó a los revolucionarios a defender la Patria, y los patriotas respondieron al llamado. Y también él salió a la calle, y lo hizo a pecho descubierto, y se rodeó de pueblo, y llamó a la paz.

 Rápidamente, como aquel 5 de agosto, la nobleza y valentía popular hablaron más alto, y la violencia no tuvo más remedio que replegarse ante la firme decisión de proteger la tranquilidad del país.

LAS VERDADES QUE NO PUEDEN OCULTARSE

Si en este país no se pusiera primero al ser humano, sería mucho más sencillo «impulsar» la  economía. Se harían inmensos recortes de presupuesto a programas sociales, habría despidos masivos, se eliminarían prestaciones de la seguridad social y, probablemente, la recuperación económica, desde la frialdad de indicadores y números, se vería en un corto plazo.

Así funciona el capitalismo, así ha sobrevivido por siglos el sistema que nos quieren imponer. Dentro de él, las personas no son más que fichas que, como en el ajedrez, se utilizan dependiendo del momento y, de ser necesario, se sacrifican sin miramientos.

Bajo ese, su principio básico, se resisten a creer que aun con su brutal y enfermizo cerco económico de por medio, nuestro Estado siga eligiendo siempre al ser humano por encima de todo, siga sosteniendo la máxima de llegar a cada persona que lo necesite; lo cual, es cierto, no resulta fácil, pero es decisión irrenunciable.

Si nos dejaran hacer, si tuvieran el valor de levantar el bloqueo, la historia sería otra.

Más allá de que se difundan matrices de opinión contrarias y falsas, la mayoría de los cubanos ama a su país, aun si vive fuera de él. Económicos, en mucha mayor medida que políticos, han sido los motivos de muchos hijos de esta Isla para emigrar, aunque se manipule tal verdad.

Ha sido este, sin lugar a duda, uno de los aspectos que forma parte de la agenda de medios y voceros anticubanos, que presentan el tema como «el caos que vive el pueblo cubano para escapar de un sangriento régimen».

Sin embargo, no hablan de sus engendros de leyes para incitar la migración ilegal, de su negativa a respetar y hacer cumplir los acuerdos migratorios rubricados entre ambas naciones, de otorgar cada año las visas que corresponden, ni de cómo entorpecen el derecho de las personas a emigrar de forma segura y ordenada.

Esa es otra realidad que se sostiene en el tiempo, que se manifestaba en aquel agosto de 1994, que se manifiesta hoy y que, al parecer, no dejará de existir, porque les implicaría quedarse sin uno de sus argumentos favoritos para sostener el ataque perenne contra nuestro país.

CUBA SIGUE AQUÍ

Si algo han hecho cientos de veces los enemigos de la Revolución es ponerle fechas para el fin. Cada vez que orquestan una nueva maniobra, dan por hecho el «ahora sí», y a veces parece que en verdad se lo creen.

Lo que no comprenden es que este pueblo no negocia principios, no renuncia, no se cansa, no cede si siente su soberanía amenazada.

Por eso, cada vez que intenta repetir sus estrategias de golpe, reviven el fracaso, se les recuerda la estirpe cubana, se les hace saber que los principios y la moral no se negocian, porque son un baluarte fundamental de esta nación.

Ni 5 de agosto, ni 11 de julio, a la Revolución le queda toda la vida que sus hijos sean capaces de darle. Lo que para ellos es un posible fin, para las cubanas y los cubanos incansables, necios y patriotas hasta los tuétanos, será siempre un nuevo comienzo.

Contra Cuba la guerra mediática es total

Por Arthur González

Imagen de Razones de Cuba

La guerra psicológica desplegada contra Cuba por el gobierno de Estados Unidos se inició en 1959 y lejos de decaer en el tiempo se incrementó con la aparición de Internet, para fomentar una corriente ideológica dentro de la Isla contraria al socialismo. Por esa razón, la guerra económica, comercial y financiera se recrudece a pesar del rechazo mundial.

El objetivo expuesto en sus múltiples documentos desclasificados, es lograr que el pueblo culpe de sus escaseces al sistema socialista, se desencante y desaliente, al no percibir mejorías económicas.

Un documento de la CIA, desclasificado y publicado en junio de 2001, referente al análisis de la situación cubana en los inicios de los años 90 del siglo XX, refleja los propósitos que se proponen los yanquis con el mantenimiento de esa cruel y despiadada guerra económica, que tal parecen escritos en el 2022, pues en aquel documento sus analistas decían:

EXISTE UNA OPORTUNIDAD MEJOR QUE NUNCA, PARA QUE EL GOBIERNO DE FIDEL CASTRO CAIGA DENTRO LOS PRÓXIMOS POCOS AÑOS…CUANDO LAS CONDICIONES EN LA ISLA SE DETERIOREN MÁS, ES MÁS PROBABLE QUE LOS INCIDENTES VIOLENTOS SE EXTIENDAN POR LA CRECIENTE FRUSTRACIÓN SOBRE LOS CORTES EN LA ELECTRICIDAD, LOS PROBLEMAS DEL TRANSPORTE Y LOS ALIMENTOS”.

“SI ESTADOS UNIDOS LEVANTARA EL EMBARGO, UNILATERALMENTE O COMO RESULTADO DE NEGOCIACIONES, CUBA SE BENEFICIARÍA NOTABLEMENTE…LOS BENEFICIOS PROBABLEMENTE GENERARÍAN UN CRECIMIENTO ECONÓMICO MÍNIMO, PERO ALIVIARÍAN MUCHAS DE LAS PEORES CARENCIAS Y OTRAS PRESIONES QUE ENFRENTA EL RÉGIMEN”.

30 años después de aquel análisis, los cubanos continúan resistiendo pues saben perfectamente lo que pueden perder, al constatar las protestas actuales en Ecuador, Colombia, Panamá y otros países del mundo capitalista, para reclamar un sistema de salud y educación gratuitos, empleo, igualdad de las mujeres con los hombres en cuanto salarios y oportunidades laborales, cese de la discriminación racial y de género, rebaja del precio de la gasolina, del transporte público y otros más, que los cubanos tienen gracias al socialismo que Estados Unidos quiere satanizar.

La matriz de opinión que Estados Unidos y sus aliados imponen contra Cuba es brutal y se comprueba con solo leer lo que publica la CNN, donde mantienen diariamente desde hace un año, imágenes del 11 de julio 2021, con 12 artículos referente a esos sucesos con informaciones tergiversadas, algo que no hacen con las verdaderas protestas del pueblo colombiano, la represión de que fueron víctimas y las decenas de muertos causados por las fuerzas policiales, más los centenares de detenidos.

Tampoco la CNN mantienen fotos ni información de los 18 días de manifestaciones en Ecuador, contra las malas prácticas del gobierno actual y la brutal represión que sufrió ese pueblo, ni dice una sola palabra de las cuentas bancarias del presidente en paraísos fiscales y la amplia corrupción que se vive desde el gobierno de Lenin Moreno.

Respecto a las actuales protestas masivas en Panamá, que duran más de una semana, el tratamiento es diametralmente opuesto a lo que hacen contra Cuba por un solo día de protestas y actos vandálicos estimulados desde Estados Unidos, con amplio financiamiento entregado por la USAID y la NED, unido al accionar subversivo de la embajada yanqui en La Habana.

¿Por qué esas organizaciones pantallas de la CIA no financian a los indígenas en Ecuador, los sindicatos de Colombia y Panamá, u ofrecen becas para formar líderes comunitarios entre los jóvenes para que reclamen sus derechos?

Un simple vistazo a lo hacen los yanquis contra Cuba a través de Internet, permite conocer su empeño en ofrecer una imagen irreal de la Revolución, mediante la subversión política e ideológica, como parte de la doctrina de guerra no convencional desarrollada por el gobierno de Estados Unidos, de conjunto con sus servicios especiales.

Ese accionar pretende provocar el reblandecimiento del carácter y la capacidad de resistencia del pueblo cubano, imponer los valores y símbolos yanquis, e incluso modificar la historia de Cuba.

En el 2011, a solicitud del senador republicano Richard Lugar, del Comité de Relaciones Exteriores de Senado, Carl Meacham, encargado de América Latina en el equipo de dicho senador y actualmente director del Americas Program en el think tank estadounidense CSIS (Center for Strategic and International Studies) se reunió con personal del Departamento de Estado, altos diplomáticos extranjeros y funcionarios de la industria, para investigar cómo los medios sociales y la tecnología podían utilizarse en promover y fortalecer la “democracia” en América Latina.

El informe de Meacham, reconoce las acciones y planes subversivos que acomete el gobierno de Estados Unidos contra Cuba, al señalar:

EL DEPARTAMENTO DE ESTADO HA ENTRENADO A PERIODISTAS EN VARIOS PAÍSES, PARA QUE AUMENTEN SU CAPACIDAD DE DISEMINAR RÁPIDAMENTE LA INFORMACIÓN PRECISA SOBRE ACONTECIMIENTOS Y ASUNTOS IMPORTANTES. SE HAN INVERTIDO GRANDES ESFUERZOS EN CUBA, EL ÚNICO PAÍS QUE EN ESTOS MOMENTOS CENSURA ACTIVAMENTE EL CONTENIDO DE LA POLÍTICA DE ESTADOS UNIDOS”.

“…NUESTRO EQUIPO REPARÓ EN EL CRECIENTE INTERÉS QUE TIENEN LOS FUNCIONARIOS DEL DEPARTAMENTO DE ESTADO, EN INCREMENTAR LAS CAPACIDADES BÁSICAS DE COMPUTACIÓN Y ALFABETIZACIÓN DEL PUEBLO CUBANO, COMO MEDIO DE FACULTARLO PARA LLEVAR A CABO CAMBIOS POSITIVOS EN SU PROPIA SOCIEDAD.”

El Senador Marco Rubio aseguró en el 2012:

“EL SISTEMA TOTALITARIO CUBANO PODRÍA DERRUMBARSE, SI TODOS LOS CUBANOS TUVIERAN LIBRE ACCESO A INTERNET, PUES CUBA SEGUIRÍA LA MISMA SUERTE DE AQUELLOS PAÍSES QUE PASARON LA PRIMAVERA ÁRABE”.

El 23 de enero del 2018 el Departamento de Estado creó el “Grupo Operativo de Internet para la subversión en Cuba”, a fin de alterar el orden interno, siguiendo las directrices planteadas por el presidente Donald Trump, en su memorando presidencial del 16 de junio del 2017.

Ese grupo lo integran representantes del gobierno y entidades “No Gubernamentales” como la USAID, Freedom House, y el Buró de transmisiones hacia Cuba, responsable de Radio y TV Martí.

Lo que les duele es que ninguno de sus pronósticos, ni de los grupos de trabajo creados, han tenido resultados. Cuba sigue en pie resistiendo, a pesar del incremento de la guerra económica e incluso pudo fabricar tres vacunas que han controlado la pandemia de la Covid-19, como ningún país del mundo.

Por eso afirmó José Martí:

“Trincheras de ideas valen más que trinchera de piedras”

La Revolución es mi madre, mi padre, mi todo (+ Fotos)

GABRIELA MILENA PADRÓN MOREJÓN

El 3 de enero de 1957, Edy Vigo Álvarez recibió el brazalete rojo y negro que lo identificaría como miembro del Movimiento 26 de Julio (M-26-7), y desde entonces conserva, además de la insignia bicolor, la fe inquebrantable en la Revolución Cubana.

-¿Cómo llegó a formar parte del Movimiento 26 de Julio?

Cuando a los 17 años comencé a trabajar como mecánico en un taller de automóviles, conocí a Miguel Hernández Morera (Miky), Amado Llanes y Andrés Cepero Gutiérrez, quienes eran miembros activos de la célula del Movimiento que funcionaba en Florida, mi pueblo natal, en Camagüey.

Andrés era el jefe del grupo conformado por no más de seis jóvenes; bajo su dirección recogimos armamentos para mandar a la Sierra Maestra, donde Fidel Castro combatía contra la tiranía de Fulgencio Batista y también preparábamos petardos y cocteles molotov.

Yo me daba cuenta de las cosas que pasaban a mi alrededor, con la guía de mis compañeros comencé a entender que la lucha armada era la única vía de acabar con la situación que se vivía en el país. Formando parte de la organización aprehendí los conceptos de patriotismo, hermandad y lealtad.

-¿Cuál fue la acción que más lo marcó?

Para 1958 los combates en las lomas iban ganado terreno, los barbudos necesitaban todo el apoyo posible y la mejor manera que teníamos era recopilar armas.

El 5 de mayo de ese año organizamos una recogida, el plan consistía en localizar las fincas de terratenientes que acostumbraban a poseer varias armas, sustraerlas y entregarlas a los alzados.

Como en nuestra célula éramos pocos, generalmente aceptábamos colaboración, sobre todo para transportarnos. En esa acción Rolando Ramírez, uno de nuestros colaboradores habituales, trajo a un tal Gallego Ulloa que tenía una máquina y estaba dispuesto ayudar.

La primera parada la hicimos en la finca de Miguelito Gutiérrez, tomamos las armas sin problemas; la segunda fue en los terrenos de Ricardo Hernández, pero este hizo resistencia y hubo un tiroteo tremendo, no se las pudimos arrebatar.

Con el chofer de la máquina se había quedado Juan González Olivera (Juanito), a quien le dieron la tarea de custodiarlo y pararlo si intentaba dejarnos embarcados; como en efecto, el tipo trató de irse, pero Juanito supo controlarlo.

Al día siguiente, la policía nos fue a buscar a nuestras casas y nos llevaron para el Cuartel de Florida: el Gallego nos había echado pa´ lante.

-¿Qué pasó en el Cuartel?

En el Cuartel nos pusieron en una celda, Juanito se me acercó y me dijo: “Vigo esto es… (hace un gesto como si tuviera un zíper en la boca); y yo le dije: a mi me matan pero yo no hablo.”

Al rato nos fueron llevando uno a uno a la sala de torturas. Me dieron tantos golpes que por un instante quise morirme allí mismo. Cuando caí al piso escupiendo sangre, dos guardias comenzaron a saltarme en la columna como si fuera un colchón.

Tampoco me salvé de la chancleta, uno de los métodos de tortura que más les gustaba a los esbirros, consistía en darte por la planta de los pies, las manos y detrás de las orejas, no te imaginas lo que puede llegar a doler eso. Pero ninguno de nosotros habló.

-¿Cómo lograron salir vivos del Cuartel?

Por el pueblo. Cuando se supo, la gente empezó a hacer manifestaciones pidiendo un juicio justo, sabían que era la única manera de salir con vida de ese lugar.

El otro motivo por el cual no morimos fue gracias a la ayuda de un viejo cabo, quien a escondidas nos pasaba un jarrito de aluminio con sambumbia, así aguantamos tres días hasta que nos trasladaron al Juzgado de Camagüey.

-¿Consiguieron un juicio justo?

Nos llevaron ante el Tribunal de Urgencia y nos juzgaron por la Ley 5 (delincuentes comunes). Como no lograron probar nada, nos condenaron a seis meses de prisión en Isla de Pinos, así funcionaba la justicia en aquella época.

-¿Cómo fue la vida en el Presidio?

La celda 74, en el quinto piso de la circular cuatro, fue mi hogar. Tenía una cama que se recogía con unas cadenas por el día y por la noche se soltaban, una ventana daba al exterior.

En aquel tiempo había gente de la Conspiración de los Puros, del Partido Socialista Popular, del Movimiento 26 de Julio y hasta los aviadores que habían tirado las bombas al mar cuando el levantamiento de Cienfuegos.

-¿Se mantenía la actividad revolucionaria dentro del Presidio?

Sí, en una ocasión, cuando me fueron a ratificar la causa y me mandaron para La Habana, Armando Hart Dávalos, quien estaba cumpliendo allí, me pidió que llevara información a un compañero en el Príncipe, ese era el tipo de acciones que realizábamos, porque nos revisaban hasta la sombra.

A finales de diciembre de 1958, luego de pasar por el Buró de Represión de Actividades Comunistas (BRAC), liberaron al grupo de Edy Vigo Álvarez; el primero de enero de 1959 triunfaba la Revolución Cubana y el 6 regresaba a Florida, donde se alistó en la Marina de Guerra y en abril de ese mismo año comenzó a trabajar en el Arsenal Naval de Casablanca, hoy Base de Reparaciones Granma.

Luego de tres años, casado y con hijos, Vigo decide establecerse en Ciego de Ávila para comenzar a laborar en el taller de reparaciones del Ministerio del Interior, hasta su jubilación hace ya más de 10 años.

A sus 93 primaveras se mantiene haciendo trabajos ocasionales como técnico de equipos electrodomésticos y asegura que si volviera a nacer no cambiaría ni un solo día de su juventud – Es que la Revolución es mi madre, mi padre, mi todo- por eso incluso hoy continúa protegiéndola.

Los crímenes impunes de la Operación Northwoods

Por Jorge Wejebe Cobo

Iniciaba la segunda quincena de junio de 1962 y las acciones de la CIA y el Pentágono contra Cuba dentro de la Operación Mangosta, actualmente desclasificada por el gobierno de EE.UU., se encontraban en su etapa culminante de sabotajes, actos terroristas, atentados y alzamientos en zonas rurales que debían desembocar en los meses inmediatos en un supuesto levantamiento popular.

Pero detrás de ese frenesí de la Casa Blanca por vengarse de la derrota de Playa Girón en 1961, descollaba la acción Dirty Tracy (juego sucio) que conllevaría a una autoagresión en barcos, aviones civiles de Estados Unidos o países aliados y principalmente contra la Base Naval de Guantánamo, que adjudicarían a los cubanos la muerte de ciudadanos y militares y sería el pretexto para la invasión a la ínsula.

Según documentos desclasificados en 1998, el plan dentro de la llamada Operación Northwoods (madera del norte) fue presentado en marzo del 62 al Secretario de Defensa, Robert McNamara, por el general de cuatro estrellas Lyman Louis Lemnitzer, y rechazado después de más de tres horas de tensas discusiones, en las cuales los militares presionaron a McNamara con la propuesta.

Aunque muy lejos de esas reales o presuntas contradicciones en Washington, en ese verano y en los años posteriores de la década de 1960, los jefes de la Base Naval de Guantánamo incrementaron las provocaciones como si se dispusieran a seguir con ese macabro plan.

Así, aviones y embarcaciones violaron el espacio aéreo y sus aguas, los soldados agredieron a las postas cubanas y continuaron entregando armas a los elementos contrarrevolucionarios de la zona.

Inclusive, la contrainteligencia de la Isla conoció que entre las tareas de la inteligencia naval del enclave figuraba la captura de supuestos agentes o saboteadores nacionales para provocar una respuesta.

En ese difícil contexto, el joven pescador de Caimanera Rodolfo Rosell, quien estaba incorporado a la Revolución y mantenía a su familia con su pequeña embarcación Las Dos Hermanas, desde el 11 de julio lo reportaron desaparecido hasta que el día 13 fue encontrado su cadáver en la popa de su lancha en la Playa Conde con horribles marcas de torturas.

De acuerdo con la autopsia, la causa de su muerte fue una irreversible hemorragia intracraneana. Eran visibles en su cuerpo numerosos hematomas y huellas de punzones.

Al hacer una recapitulación de hechos tan deleznables, recordamos que el primer asesinato relacionado con esa ilegal instalación militar fue el del trabajador del enclave Rubén López Sabariego acaecido el 15 de octubre de 1961, que dejó huérfanos a nueve hijos.

Tampoco la muerte de Rodolfo Rosell sería la última, en 1964 cayó el guardafrontera Ramón López Peña, ultimado por disparos hechos desde la base naval. También fue asesinado en iguales circunstancias el combatiente Luis Ramírez López en 1966, víctima de una ráfaga disparada por marines yanquis mientras cumplía su misión de custodiar el territorio nacional.

Por medidas tomadas principalmente por la parte cubana en años posteriores se pudo lograr un clima de normalización en la región fronteriza de Guantánamo, aunque a pesar de las gestiones legales y denuncias realizadas por Cuba, esos crímenes y otros se mantienen impunes sin el menor pudor por parte del gobierno estadounidense que desclasificó algunas de sus operaciones contra Cuba.

Tomado de Cubahora.

En la mañana de la Santa Ana

Por Nivaldo Arozarena Illas

Listo el Cuartel Moncada para el acto central por el 62 Aniversario de los Asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, y el 500 Aniversario de la fundación de la Villa de Santiago de Cuba, el 25 de julio de 2015. AIN FOTO/Marcelino VAZQUEZ HERNANDEZ/

Cuba es uno de los países del mundo que realizan las festividades por la celebración del Día de la Santa Ana, que es la madre de la Virgen María y abuela de Jesús de Nazaret. Precisamente el 26 de julio, fecha de realización de estos festejos, pero del año 1953, Fidel Castro, acompañado por un grupo de jóvenes de la Generación del Centenario, inició una nueva etapa de lucha del pueblo cubano, al realizar el ataque a los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes en Santiago de Cuba y Bayamo respectivamente.

Las acciones contaron con una minuciosa selección y preparación de los asaltantes, la elaboración de un plan bien concebido por la dirección del Movimiento. Hay que destacar el traslado de hombres y armas hacia el Oriente del país de forma segura, el alto grado de compartimentación con que se organizó.

El objetivo estaba claro: Había que alcanzar la verdadera independencia y soberanía de Cuba, derrotar la cruel y sangrienta dictadura militar impuesta por Fulgencio Batista, con el golpe de Estado del 10 de marzo  1952.

Aunque la acción militar no tuvo el resultado esperado, tiene una gran significación histórica, porque dio inicio a una nueva etapa de lucha y destacó a Fidel como líder indiscutible del movimiento revolucionario.