La Patria como grandioso monumento

Así como las familias no sanan sus heridas, la nación no puede olvidar ese dolor ni a quien lo causó

Autor: Yeilén Delgado Calvo | nacionales@granma.cu

6 de octubre de 2022

Foto: José M. Correa

No se deja de amar. Lo dicen los familiares de las víctimas. Con los años, tal vez el dolor se hace menos punzante, más sordo, pero sigue estando ahí y se acrecienta en las ausencias: la boda sin padre, el cumpleaños sin hija, las conversaciones que no fueron, las alegrías que no serán.

Esas familias, signadas por la pérdida, sufren un peso adicional, el del crimen sin justicia. Sus seres queridos compartieron vuelo con los asesinos, esos que les vieron sus rostros, escucharon las charlas triviales de quien no presiente la tragedia, y tal vez hasta recibieron alguna de sus sonrisas, y aun así fueron capaces de dejar una bomba para matarles. Luego se jactaron. Tenían la tutela poderosa de la cia y nunca la perdieron.

En la nave de Cubana de Aviación, procedente de Barbados, que explotó en el aire el 6 de octubre de 1976, con 73 pasajeros, de los cuales ninguno sobrevivió,  viajaba también –de cierta forma– Cuba.

Y no solo porque, como dijo Fidel en el acto de despedida de duelo, «la Revolución (…) a todos nos hizo hermanos entrañables en los que la sangre de uno pertenece a todos», sino también porque allí estaban el deporte, el internacionalismo, la juventud formada en una sociedad nueva, el mestizaje, la heroicidad laboral…

Estupor frente a la barbarie, eso fue lo que sintió un país entero, y parte del mundo, ante uno de los ejemplos más rotundos de hasta dónde es capaz de llegar el terrorismo de Estado, instigado desde suelo estadounidense, contra la Isla. Estupor frente a la barbarie, eso es lo que se siente aún si se repasan los hechos reposadamente, sin el velo de lo rutinario.

Así como las familias no sanan sus heridas, la nación no puede olvidar ese dolor ni a quien lo causó. La memoria es un arma. En la historia está uno de los asideros para cumplir con el vaticinio del Comandante en Jefe, el 15 de octubre de aquel año:

«¡Una patria cada vez más revolucionaria, más digna, más socialista y más internacionalista será el grandioso monumento que nuestro pueblo erija a su memoria y a la de todos los que han caído o hayan de caer por la Revolución!».

En las jornadas de aquel octubre, como en tantas otras, hizo falta mucho coraje. Uno que se enciende todavía ante las palabras de Fidel al final de aquel discurso, esas que, aunque se lean, siempre se escuchan:

«No podemos decir que el dolor se comparte. El dolor se multiplica. Millones de cubanos lloramos hoy junto a los seres queridos de las víctimas del abominable crimen. ¡Y cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla!»

A Cuba el coraje no se le agota, la memoria tampoco. La Patria es nuestra.

¿Fechas para el fin, o nuevos comienzos para la Revolución?

El 5 de agosto de 1994 Fidel no lo dudó y salió a la calle con el único chaleco antibalas que siempre usó: su vergüenza, su moral, y la confianza en que el mismo pueblo que hizo con sus manos la Revolución no sería capaz de destruirla

Autor: Leidys María Labrador Herrera | leidys@granma.cu

Fidel en los Disturbios del 5 de agosto de 1994. Publicada: 04/08/2004, G.I 15/08/2004  Fid13387
La fuerza moral de Fidel se impuso en los disturbios del 5 de agosto de 1994. Foto: Archivo de Granma

Esas coincidencias son, para algunos, dignas de recordar; pero, para otros, constituyen sinónimo de la vergüenza que arrastran quienes, erróneamente, piensan que los muros de mentiras pueden protegerlos del descalabro.

En la prolífica historia de Cuba existen no pocos de esos instantes que, vale decirlo, tienen sobre todas las cosas algo en común, la fuerza de este pueblo y de aquellos que elige como sus líderes, y la disposición siempre latente de defender a la Patria y de cerrar el paso a la injerencia y el intervencionismo.

Son esas las razones por las que, de manera casi espontánea, cuando el 11 de julio de 2021 la violencia, azuzada por una cruenta campaña mediática e ideológica, pretendió robarnos la tranquilidad y desestabilizar al país, cuando los revolucionarios se dispusieron a hacerle frente a la turba, y cuando el Presidente salió a caminar entre su pueblo y apeló a la conciencia de este para defender el país, muchos no dudaron en afirmar: tal parece que vivimos otro 5 de agosto.

Porque aquel día de 1994, que quedó para siempre en la memoria popular, se conjugaron los mismos factores: incitación al desorden, a atacar las instituciones del Estado, a cometer actos vandálicos, y financiamiento a elementos contrarrevolucionarios para que se colocaran al centro de los disturbios cuyo fin, lógicamente, era echar por tierra la Revolución.

La situación del país resultaba crítica. El derrumbe del campo socialista fue un duro golpe para la economía cubana, y la sociedad en su conjunto afrontaba desde la falta de transporte público hasta la dificultad para llevar alimentos a la mesa. Todo ello, que de forma innegable generaba estrés, descontento, preocupación, creó lo que nuestros enemigos identificaron como un clima propicio para ejercer presión ideológica contra el pueblo, y así lo hicieron.

Esa actitud oportunista, sinceramente, no sorprendió a nadie, y mucho menos a ese brillante ideólogo, inigualable político e irrepetible líder llamado Fidel Castro Ruz. Por eso, cuando la situación se complejizó aquel quinto día de agosto, no lo dudó y salió a la calle con el único chaleco antibalas que siempre usó: su vergüenza, su moral, y la confianza en que el mismo pueblo que hizo con sus manos la Revolución no sería capaz de destruirla.

La madurez de ese pueblo, su respeto por el hombre que hizo realidad los sueños de Martí, y la seguridad de que quienes se presentaban como tabla de salvación eran, por el contrario, la ola furiosa dispuesta a ahogarnos, una vez más le dieron la razón.

Aquel día, mientras el pueblo coreaba «¡Fidel! ¡Fidel!», se apagaban las esperanzas de aquellos que, con ingenua seguridad, anunciaron «el fin».

Díaz-Canel estuvo el 11 de julio en las calles cubanas, como parte de la ciudadanía que se movilizó para preservar la paz y la tranquilidad. Foto: Estudios Revolución

VEINTISIETE AÑOS DESPUÉS, LA MISMA SÓRDIDA ESTRATEGIA

El mundo, sin exagerar, se debatía para hacer la diferencia entre la vida y la muerte, y este país no fue la excepción. Todos los recursos disponibles, todos, fueron puestos a disposición de ese empeño. La propia pandemia generó, como era de esperarse, mucha tensión en la economía y, por si fuera poco, más de 200 medidas pensadas con toda intención para asfixiarnos, y otra vuelta de tuerca al bloqueo, hicieron el panorama mucho más complejo de lo que debería haber sido.

Nuestros enemigos, con su «profundo sentido humanista», rápidamente entraron en escena, y «preocupados» por el pueblo cubano (al que negaron oxígeno medicinal para hacer frente a la enfermedad), se dieron a la tarea de abrir los ojos de los cubanos, demostrando que la «cruel dictadura» no era capaz de responder a las necesidades del pueblo.

Otra vez aprovecharon, de la manera más ruin, la dureza de un momento histórico. Se parapetaron tras su muy bien pagada maquinaria mediática, movieron a sus títeres asalariados dentro del país, acrecentaron el llamado a la violencia y utilizaron a su favor, otra vez, las carencias materiales y necesidades, en función de crear un clima de desconfianza y pesimismo.

El resultado fue un 11 de julio, al que, con el descaro que los caracteriza, pusieron el nombre de «estallido social espontáneo en contra del régimen», a sabiendas de que se trataba de un fruto más de su estrategia de golpe suave.

Otra vez marcaron el final, lo habían orquestado todo de forma tan minuciosa, habían invertido tanto que no podía ser de otra manera; tal vez hasta pensaron que sin la presencia física de Fidel, no habría quien revirtiera la situación, y se sentaron a esperar.

Pero para los cubanos existen dos verdades contundentes: la primera es que hace mucho que Fidel es todo un pueblo, y la segunda tiene un nombre: continuidad. Ese día otro líder, hijo de otro momento histórico, pero con mucha fuerza moral también, llamó a los revolucionarios a defender la Patria, y los patriotas respondieron al llamado. Y también él salió a la calle, y lo hizo a pecho descubierto, y se rodeó de pueblo, y llamó a la paz.

 Rápidamente, como aquel 5 de agosto, la nobleza y valentía popular hablaron más alto, y la violencia no tuvo más remedio que replegarse ante la firme decisión de proteger la tranquilidad del país.

LAS VERDADES QUE NO PUEDEN OCULTARSE

Si en este país no se pusiera primero al ser humano, sería mucho más sencillo «impulsar» la  economía. Se harían inmensos recortes de presupuesto a programas sociales, habría despidos masivos, se eliminarían prestaciones de la seguridad social y, probablemente, la recuperación económica, desde la frialdad de indicadores y números, se vería en un corto plazo.

Así funciona el capitalismo, así ha sobrevivido por siglos el sistema que nos quieren imponer. Dentro de él, las personas no son más que fichas que, como en el ajedrez, se utilizan dependiendo del momento y, de ser necesario, se sacrifican sin miramientos.

Bajo ese, su principio básico, se resisten a creer que aun con su brutal y enfermizo cerco económico de por medio, nuestro Estado siga eligiendo siempre al ser humano por encima de todo, siga sosteniendo la máxima de llegar a cada persona que lo necesite; lo cual, es cierto, no resulta fácil, pero es decisión irrenunciable.

Si nos dejaran hacer, si tuvieran el valor de levantar el bloqueo, la historia sería otra.

Más allá de que se difundan matrices de opinión contrarias y falsas, la mayoría de los cubanos ama a su país, aun si vive fuera de él. Económicos, en mucha mayor medida que políticos, han sido los motivos de muchos hijos de esta Isla para emigrar, aunque se manipule tal verdad.

Ha sido este, sin lugar a duda, uno de los aspectos que forma parte de la agenda de medios y voceros anticubanos, que presentan el tema como «el caos que vive el pueblo cubano para escapar de un sangriento régimen».

Sin embargo, no hablan de sus engendros de leyes para incitar la migración ilegal, de su negativa a respetar y hacer cumplir los acuerdos migratorios rubricados entre ambas naciones, de otorgar cada año las visas que corresponden, ni de cómo entorpecen el derecho de las personas a emigrar de forma segura y ordenada.

Esa es otra realidad que se sostiene en el tiempo, que se manifestaba en aquel agosto de 1994, que se manifiesta hoy y que, al parecer, no dejará de existir, porque les implicaría quedarse sin uno de sus argumentos favoritos para sostener el ataque perenne contra nuestro país.

CUBA SIGUE AQUÍ

Si algo han hecho cientos de veces los enemigos de la Revolución es ponerle fechas para el fin. Cada vez que orquestan una nueva maniobra, dan por hecho el «ahora sí», y a veces parece que en verdad se lo creen.

Lo que no comprenden es que este pueblo no negocia principios, no renuncia, no se cansa, no cede si siente su soberanía amenazada.

Por eso, cada vez que intenta repetir sus estrategias de golpe, reviven el fracaso, se les recuerda la estirpe cubana, se les hace saber que los principios y la moral no se negocian, porque son un baluarte fundamental de esta nación.

Ni 5 de agosto, ni 11 de julio, a la Revolución le queda toda la vida que sus hijos sean capaces de darle. Lo que para ellos es un posible fin, para las cubanas y los cubanos incansables, necios y patriotas hasta los tuétanos, será siempre un nuevo comienzo.

Contra Cuba la guerra mediática es total

Por Arthur González

Imagen de Razones de Cuba

La guerra psicológica desplegada contra Cuba por el gobierno de Estados Unidos se inició en 1959 y lejos de decaer en el tiempo se incrementó con la aparición de Internet, para fomentar una corriente ideológica dentro de la Isla contraria al socialismo. Por esa razón, la guerra económica, comercial y financiera se recrudece a pesar del rechazo mundial.

El objetivo expuesto en sus múltiples documentos desclasificados, es lograr que el pueblo culpe de sus escaseces al sistema socialista, se desencante y desaliente, al no percibir mejorías económicas.

Un documento de la CIA, desclasificado y publicado en junio de 2001, referente al análisis de la situación cubana en los inicios de los años 90 del siglo XX, refleja los propósitos que se proponen los yanquis con el mantenimiento de esa cruel y despiadada guerra económica, que tal parecen escritos en el 2022, pues en aquel documento sus analistas decían:

EXISTE UNA OPORTUNIDAD MEJOR QUE NUNCA, PARA QUE EL GOBIERNO DE FIDEL CASTRO CAIGA DENTRO LOS PRÓXIMOS POCOS AÑOS…CUANDO LAS CONDICIONES EN LA ISLA SE DETERIOREN MÁS, ES MÁS PROBABLE QUE LOS INCIDENTES VIOLENTOS SE EXTIENDAN POR LA CRECIENTE FRUSTRACIÓN SOBRE LOS CORTES EN LA ELECTRICIDAD, LOS PROBLEMAS DEL TRANSPORTE Y LOS ALIMENTOS”.

“SI ESTADOS UNIDOS LEVANTARA EL EMBARGO, UNILATERALMENTE O COMO RESULTADO DE NEGOCIACIONES, CUBA SE BENEFICIARÍA NOTABLEMENTE…LOS BENEFICIOS PROBABLEMENTE GENERARÍAN UN CRECIMIENTO ECONÓMICO MÍNIMO, PERO ALIVIARÍAN MUCHAS DE LAS PEORES CARENCIAS Y OTRAS PRESIONES QUE ENFRENTA EL RÉGIMEN”.

30 años después de aquel análisis, los cubanos continúan resistiendo pues saben perfectamente lo que pueden perder, al constatar las protestas actuales en Ecuador, Colombia, Panamá y otros países del mundo capitalista, para reclamar un sistema de salud y educación gratuitos, empleo, igualdad de las mujeres con los hombres en cuanto salarios y oportunidades laborales, cese de la discriminación racial y de género, rebaja del precio de la gasolina, del transporte público y otros más, que los cubanos tienen gracias al socialismo que Estados Unidos quiere satanizar.

La matriz de opinión que Estados Unidos y sus aliados imponen contra Cuba es brutal y se comprueba con solo leer lo que publica la CNN, donde mantienen diariamente desde hace un año, imágenes del 11 de julio 2021, con 12 artículos referente a esos sucesos con informaciones tergiversadas, algo que no hacen con las verdaderas protestas del pueblo colombiano, la represión de que fueron víctimas y las decenas de muertos causados por las fuerzas policiales, más los centenares de detenidos.

Tampoco la CNN mantienen fotos ni información de los 18 días de manifestaciones en Ecuador, contra las malas prácticas del gobierno actual y la brutal represión que sufrió ese pueblo, ni dice una sola palabra de las cuentas bancarias del presidente en paraísos fiscales y la amplia corrupción que se vive desde el gobierno de Lenin Moreno.

Respecto a las actuales protestas masivas en Panamá, que duran más de una semana, el tratamiento es diametralmente opuesto a lo que hacen contra Cuba por un solo día de protestas y actos vandálicos estimulados desde Estados Unidos, con amplio financiamiento entregado por la USAID y la NED, unido al accionar subversivo de la embajada yanqui en La Habana.

¿Por qué esas organizaciones pantallas de la CIA no financian a los indígenas en Ecuador, los sindicatos de Colombia y Panamá, u ofrecen becas para formar líderes comunitarios entre los jóvenes para que reclamen sus derechos?

Un simple vistazo a lo hacen los yanquis contra Cuba a través de Internet, permite conocer su empeño en ofrecer una imagen irreal de la Revolución, mediante la subversión política e ideológica, como parte de la doctrina de guerra no convencional desarrollada por el gobierno de Estados Unidos, de conjunto con sus servicios especiales.

Ese accionar pretende provocar el reblandecimiento del carácter y la capacidad de resistencia del pueblo cubano, imponer los valores y símbolos yanquis, e incluso modificar la historia de Cuba.

En el 2011, a solicitud del senador republicano Richard Lugar, del Comité de Relaciones Exteriores de Senado, Carl Meacham, encargado de América Latina en el equipo de dicho senador y actualmente director del Americas Program en el think tank estadounidense CSIS (Center for Strategic and International Studies) se reunió con personal del Departamento de Estado, altos diplomáticos extranjeros y funcionarios de la industria, para investigar cómo los medios sociales y la tecnología podían utilizarse en promover y fortalecer la “democracia” en América Latina.

El informe de Meacham, reconoce las acciones y planes subversivos que acomete el gobierno de Estados Unidos contra Cuba, al señalar:

EL DEPARTAMENTO DE ESTADO HA ENTRENADO A PERIODISTAS EN VARIOS PAÍSES, PARA QUE AUMENTEN SU CAPACIDAD DE DISEMINAR RÁPIDAMENTE LA INFORMACIÓN PRECISA SOBRE ACONTECIMIENTOS Y ASUNTOS IMPORTANTES. SE HAN INVERTIDO GRANDES ESFUERZOS EN CUBA, EL ÚNICO PAÍS QUE EN ESTOS MOMENTOS CENSURA ACTIVAMENTE EL CONTENIDO DE LA POLÍTICA DE ESTADOS UNIDOS”.

“…NUESTRO EQUIPO REPARÓ EN EL CRECIENTE INTERÉS QUE TIENEN LOS FUNCIONARIOS DEL DEPARTAMENTO DE ESTADO, EN INCREMENTAR LAS CAPACIDADES BÁSICAS DE COMPUTACIÓN Y ALFABETIZACIÓN DEL PUEBLO CUBANO, COMO MEDIO DE FACULTARLO PARA LLEVAR A CABO CAMBIOS POSITIVOS EN SU PROPIA SOCIEDAD.”

El Senador Marco Rubio aseguró en el 2012:

“EL SISTEMA TOTALITARIO CUBANO PODRÍA DERRUMBARSE, SI TODOS LOS CUBANOS TUVIERAN LIBRE ACCESO A INTERNET, PUES CUBA SEGUIRÍA LA MISMA SUERTE DE AQUELLOS PAÍSES QUE PASARON LA PRIMAVERA ÁRABE”.

El 23 de enero del 2018 el Departamento de Estado creó el “Grupo Operativo de Internet para la subversión en Cuba”, a fin de alterar el orden interno, siguiendo las directrices planteadas por el presidente Donald Trump, en su memorando presidencial del 16 de junio del 2017.

Ese grupo lo integran representantes del gobierno y entidades “No Gubernamentales” como la USAID, Freedom House, y el Buró de transmisiones hacia Cuba, responsable de Radio y TV Martí.

Lo que les duele es que ninguno de sus pronósticos, ni de los grupos de trabajo creados, han tenido resultados. Cuba sigue en pie resistiendo, a pesar del incremento de la guerra económica e incluso pudo fabricar tres vacunas que han controlado la pandemia de la Covid-19, como ningún país del mundo.

Por eso afirmó José Martí:

“Trincheras de ideas valen más que trinchera de piedras”

La Revolución es mi madre, mi padre, mi todo (+ Fotos)

GABRIELA MILENA PADRÓN MOREJÓN

El 3 de enero de 1957, Edy Vigo Álvarez recibió el brazalete rojo y negro que lo identificaría como miembro del Movimiento 26 de Julio (M-26-7), y desde entonces conserva, además de la insignia bicolor, la fe inquebrantable en la Revolución Cubana.

-¿Cómo llegó a formar parte del Movimiento 26 de Julio?

Cuando a los 17 años comencé a trabajar como mecánico en un taller de automóviles, conocí a Miguel Hernández Morera (Miky), Amado Llanes y Andrés Cepero Gutiérrez, quienes eran miembros activos de la célula del Movimiento que funcionaba en Florida, mi pueblo natal, en Camagüey.

Andrés era el jefe del grupo conformado por no más de seis jóvenes; bajo su dirección recogimos armamentos para mandar a la Sierra Maestra, donde Fidel Castro combatía contra la tiranía de Fulgencio Batista y también preparábamos petardos y cocteles molotov.

Yo me daba cuenta de las cosas que pasaban a mi alrededor, con la guía de mis compañeros comencé a entender que la lucha armada era la única vía de acabar con la situación que se vivía en el país. Formando parte de la organización aprehendí los conceptos de patriotismo, hermandad y lealtad.

-¿Cuál fue la acción que más lo marcó?

Para 1958 los combates en las lomas iban ganado terreno, los barbudos necesitaban todo el apoyo posible y la mejor manera que teníamos era recopilar armas.

El 5 de mayo de ese año organizamos una recogida, el plan consistía en localizar las fincas de terratenientes que acostumbraban a poseer varias armas, sustraerlas y entregarlas a los alzados.

Como en nuestra célula éramos pocos, generalmente aceptábamos colaboración, sobre todo para transportarnos. En esa acción Rolando Ramírez, uno de nuestros colaboradores habituales, trajo a un tal Gallego Ulloa que tenía una máquina y estaba dispuesto ayudar.

La primera parada la hicimos en la finca de Miguelito Gutiérrez, tomamos las armas sin problemas; la segunda fue en los terrenos de Ricardo Hernández, pero este hizo resistencia y hubo un tiroteo tremendo, no se las pudimos arrebatar.

Con el chofer de la máquina se había quedado Juan González Olivera (Juanito), a quien le dieron la tarea de custodiarlo y pararlo si intentaba dejarnos embarcados; como en efecto, el tipo trató de irse, pero Juanito supo controlarlo.

Al día siguiente, la policía nos fue a buscar a nuestras casas y nos llevaron para el Cuartel de Florida: el Gallego nos había echado pa´ lante.

-¿Qué pasó en el Cuartel?

En el Cuartel nos pusieron en una celda, Juanito se me acercó y me dijo: “Vigo esto es… (hace un gesto como si tuviera un zíper en la boca); y yo le dije: a mi me matan pero yo no hablo.”

Al rato nos fueron llevando uno a uno a la sala de torturas. Me dieron tantos golpes que por un instante quise morirme allí mismo. Cuando caí al piso escupiendo sangre, dos guardias comenzaron a saltarme en la columna como si fuera un colchón.

Tampoco me salvé de la chancleta, uno de los métodos de tortura que más les gustaba a los esbirros, consistía en darte por la planta de los pies, las manos y detrás de las orejas, no te imaginas lo que puede llegar a doler eso. Pero ninguno de nosotros habló.

-¿Cómo lograron salir vivos del Cuartel?

Por el pueblo. Cuando se supo, la gente empezó a hacer manifestaciones pidiendo un juicio justo, sabían que era la única manera de salir con vida de ese lugar.

El otro motivo por el cual no morimos fue gracias a la ayuda de un viejo cabo, quien a escondidas nos pasaba un jarrito de aluminio con sambumbia, así aguantamos tres días hasta que nos trasladaron al Juzgado de Camagüey.

-¿Consiguieron un juicio justo?

Nos llevaron ante el Tribunal de Urgencia y nos juzgaron por la Ley 5 (delincuentes comunes). Como no lograron probar nada, nos condenaron a seis meses de prisión en Isla de Pinos, así funcionaba la justicia en aquella época.

-¿Cómo fue la vida en el Presidio?

La celda 74, en el quinto piso de la circular cuatro, fue mi hogar. Tenía una cama que se recogía con unas cadenas por el día y por la noche se soltaban, una ventana daba al exterior.

En aquel tiempo había gente de la Conspiración de los Puros, del Partido Socialista Popular, del Movimiento 26 de Julio y hasta los aviadores que habían tirado las bombas al mar cuando el levantamiento de Cienfuegos.

-¿Se mantenía la actividad revolucionaria dentro del Presidio?

Sí, en una ocasión, cuando me fueron a ratificar la causa y me mandaron para La Habana, Armando Hart Dávalos, quien estaba cumpliendo allí, me pidió que llevara información a un compañero en el Príncipe, ese era el tipo de acciones que realizábamos, porque nos revisaban hasta la sombra.

A finales de diciembre de 1958, luego de pasar por el Buró de Represión de Actividades Comunistas (BRAC), liberaron al grupo de Edy Vigo Álvarez; el primero de enero de 1959 triunfaba la Revolución Cubana y el 6 regresaba a Florida, donde se alistó en la Marina de Guerra y en abril de ese mismo año comenzó a trabajar en el Arsenal Naval de Casablanca, hoy Base de Reparaciones Granma.

Luego de tres años, casado y con hijos, Vigo decide establecerse en Ciego de Ávila para comenzar a laborar en el taller de reparaciones del Ministerio del Interior, hasta su jubilación hace ya más de 10 años.

A sus 93 primaveras se mantiene haciendo trabajos ocasionales como técnico de equipos electrodomésticos y asegura que si volviera a nacer no cambiaría ni un solo día de su juventud – Es que la Revolución es mi madre, mi padre, mi todo- por eso incluso hoy continúa protegiéndola.

Los crímenes impunes de la Operación Northwoods

Por Jorge Wejebe Cobo

Iniciaba la segunda quincena de junio de 1962 y las acciones de la CIA y el Pentágono contra Cuba dentro de la Operación Mangosta, actualmente desclasificada por el gobierno de EE.UU., se encontraban en su etapa culminante de sabotajes, actos terroristas, atentados y alzamientos en zonas rurales que debían desembocar en los meses inmediatos en un supuesto levantamiento popular.

Pero detrás de ese frenesí de la Casa Blanca por vengarse de la derrota de Playa Girón en 1961, descollaba la acción Dirty Tracy (juego sucio) que conllevaría a una autoagresión en barcos, aviones civiles de Estados Unidos o países aliados y principalmente contra la Base Naval de Guantánamo, que adjudicarían a los cubanos la muerte de ciudadanos y militares y sería el pretexto para la invasión a la ínsula.

Según documentos desclasificados en 1998, el plan dentro de la llamada Operación Northwoods (madera del norte) fue presentado en marzo del 62 al Secretario de Defensa, Robert McNamara, por el general de cuatro estrellas Lyman Louis Lemnitzer, y rechazado después de más de tres horas de tensas discusiones, en las cuales los militares presionaron a McNamara con la propuesta.

Aunque muy lejos de esas reales o presuntas contradicciones en Washington, en ese verano y en los años posteriores de la década de 1960, los jefes de la Base Naval de Guantánamo incrementaron las provocaciones como si se dispusieran a seguir con ese macabro plan.

Así, aviones y embarcaciones violaron el espacio aéreo y sus aguas, los soldados agredieron a las postas cubanas y continuaron entregando armas a los elementos contrarrevolucionarios de la zona.

Inclusive, la contrainteligencia de la Isla conoció que entre las tareas de la inteligencia naval del enclave figuraba la captura de supuestos agentes o saboteadores nacionales para provocar una respuesta.

En ese difícil contexto, el joven pescador de Caimanera Rodolfo Rosell, quien estaba incorporado a la Revolución y mantenía a su familia con su pequeña embarcación Las Dos Hermanas, desde el 11 de julio lo reportaron desaparecido hasta que el día 13 fue encontrado su cadáver en la popa de su lancha en la Playa Conde con horribles marcas de torturas.

De acuerdo con la autopsia, la causa de su muerte fue una irreversible hemorragia intracraneana. Eran visibles en su cuerpo numerosos hematomas y huellas de punzones.

Al hacer una recapitulación de hechos tan deleznables, recordamos que el primer asesinato relacionado con esa ilegal instalación militar fue el del trabajador del enclave Rubén López Sabariego acaecido el 15 de octubre de 1961, que dejó huérfanos a nueve hijos.

Tampoco la muerte de Rodolfo Rosell sería la última, en 1964 cayó el guardafrontera Ramón López Peña, ultimado por disparos hechos desde la base naval. También fue asesinado en iguales circunstancias el combatiente Luis Ramírez López en 1966, víctima de una ráfaga disparada por marines yanquis mientras cumplía su misión de custodiar el territorio nacional.

Por medidas tomadas principalmente por la parte cubana en años posteriores se pudo lograr un clima de normalización en la región fronteriza de Guantánamo, aunque a pesar de las gestiones legales y denuncias realizadas por Cuba, esos crímenes y otros se mantienen impunes sin el menor pudor por parte del gobierno estadounidense que desclasificó algunas de sus operaciones contra Cuba.

Tomado de Cubahora.

En la mañana de la Santa Ana

Por Nivaldo Arozarena Illas

Listo el Cuartel Moncada para el acto central por el 62 Aniversario de los Asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, y el 500 Aniversario de la fundación de la Villa de Santiago de Cuba, el 25 de julio de 2015. AIN FOTO/Marcelino VAZQUEZ HERNANDEZ/

Cuba es uno de los países del mundo que realizan las festividades por la celebración del Día de la Santa Ana, que es la madre de la Virgen María y abuela de Jesús de Nazaret. Precisamente el 26 de julio, fecha de realización de estos festejos, pero del año 1953, Fidel Castro, acompañado por un grupo de jóvenes de la Generación del Centenario, inició una nueva etapa de lucha del pueblo cubano, al realizar el ataque a los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes en Santiago de Cuba y Bayamo respectivamente.

Las acciones contaron con una minuciosa selección y preparación de los asaltantes, la elaboración de un plan bien concebido por la dirección del Movimiento. Hay que destacar el traslado de hombres y armas hacia el Oriente del país de forma segura, el alto grado de compartimentación con que se organizó.

El objetivo estaba claro: Había que alcanzar la verdadera independencia y soberanía de Cuba, derrotar la cruel y sangrienta dictadura militar impuesta por Fulgencio Batista, con el golpe de Estado del 10 de marzo  1952.

Aunque la acción militar no tuvo el resultado esperado, tiene una gran significación histórica, porque dio inicio a una nueva etapa de lucha y destacó a Fidel como líder indiscutible del movimiento revolucionario.

Treinta de junio de 1957: el llamado de la Patria

MARTHA GÓMEZ FERRALS | FOTO: ARCHIVO 

El 30 de junio de 1957, la heroica ciudad de Santiago de Cuba se estremeció de dolor e indignación ante el asesinato de los jóvenes Josué País García, Floro Vistel Somodevilla y Salvador Pascual Salcedo, pertenecientes al Movimiento Revolucionario 26 de Julio, ametrallados a mansalva por sicarios del batistato en momentos en que la lucha armada desde la Sierra Maestra empezaba a ganar fuerza.

Fue el terrible suceso una verdadera masacre injustificable para el pueblo, por mucho que actos como esos ya eran recurrentes en las prácticas de la tiranía. Algunos testigos no olvidaron jamás el tenso y electrizado aire reinante ese día en la urbe del sudeste cubano.

Se debía a las maniobras que desde el amanecer llevaba a cabo el ejército del dictador Fulgencio Batista, cuyos soldados aseguraban la “feliz” celebración, en el céntrico Parque Céspedes, de un mitin progubernamental electorero para mostrar la imagen de un país y gobierno cívico y seguro. Lo opuesto a la vida real.

A esas alturas su aparato represivo y maquillajes propagandísticos no podían tapar las consecuencias de los crecientes crímenes y torturas con que se intentaba socavar las ansias libertarias de los patriotas.

El año 1957 se abría paso con el afianzamiento del Ejército Rebelde y la lucha clandestina, pero también con el lamentable saldo de los asesinatos de José Antonio Echeverría, los combatientes revolucionarios de Humboldt 7 y varios jóvenes involucrados en la expedición del yate Corynthia, que venían a apoyar la insurrección en la serranía.

Lea aquí: Treinta de junio de 1957: la juventud heroica y multiplicada

Esto hacía que numerosos sectores de la población comenzaran a sumarse al camino del choque frontal, como una manera de paliar el dolor y el luto que la injusticia y el crimen ocasionaban. La indignación y el coraje crecían en toda la república y por supuesto en la capital del Oriente, segunda localidad en importancia de la nación, se perfilaba con nitidez el epicentro de la Revolución en el área urbana.

Aunque laceraba el alma amanecer cada día sacudidos por la noticia de nuevas muertes, desapariciones y torturas de lo mejor del pueblo, las noticias de la insurrección armada en las montañas alentaban, pues el 28 de mayo se había producido la primera victoria contundente del Ejército Rebelde en la Sierra Maestra, en el enclave de El Uvero.

En medio de ese contexto histórico, el tristemente célebre gánster y asesino Rolando Masferrer campeaba en Oriente como jefe de un destacamento paramilitar que integraban unos mil 500 sicarios tan execrables como él.

Ellos tenían el propósito de aniquilar, bajo las órdenes del presidente Batista, el movimiento revolucionario que se había consolidado en la ciudad, el cual por cierto no le daba tregua cada vez con acciones más audaces y efectivas.

Masferrer, en funciones de garante del acto electorero del 30 de junio, dispuso comenzarlo a las cuatro de la tarde, en medio de un despliegue militar ostensible. En cada esquina se pusieron postas de soldados y de los llamados Tigres de Masferrer, pues así apodaba al séquito del odiado gánster.

Para esas fechas Frank País, jefe nacional de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio, estaba en la clandestinidad total debido a los riesgos que corría, pero seguía muy activo.

Había ordenado realizar acciones de sabotaje al engañoso mitin, al cual solo concurrieron muy pocas personas, a pesar de la aparatosa publicidad y organización que le habían dado las autoridades.

Josué, de 19 años de edad, era su hermano menor y uno de los miembros más destacados del Movimiento. Incorporado a las acciones patrióticas desde sus tiempos de estudiante de secundaria, en organizaciones martianas, y había sufrido cárcel y represión por su constante contribución a manifestaciones que recorrieron las arterias de su natal Santiago de Cuba.

Ese día se hallaba oculto, junto a su amigo Floro, en una casa cercana al parque Céspedes siguiendo por la radio el acto, pues debían escuchar el sonido de la detonación de una bomba colocada bajo la alcantarilla, a fin de que estallara próxima a la tribuna, a poco de comenzar el simulacro de civilidad gubernamental.

Debía ser el sonido del artefacto la señal para que Josué partiera al frente de uno de los dos comandos que realizarían disparos y otras pequeñas explosiones en los enclaves norte y suroeste de la ciudad. Sin embargo la bomba cercana a la tribuna no detonó por razones casuales.

Pasado un tiempo lógico, Josué, acompañado de Floro y Salvador, salió a hacer lo suyo sin esperar más por la infructuosa comunicación con sus jefes, que también se había cortado.

Al transitar por una zona señalada para sus operaciones, los masferreristas dieron con ellos.

Iniciada una feroz persecución, los detuvieron en la esquina de las calles Martí y Crombet. Dentro del mismo auto fueron acribillados Floro y Salvador, muertos en el acto.

Herido de gravedad, Josué logró salir de la máquina, pistola en mano, pero eran muchos los sicarios contra el joven, y lo capturaron todavía vivo.

José María Salas Cañizares, otro asesino connotado, dio la aparente orden de que lo llevaran al hospital. Lo montaron en el vehículo y allí le dieron un disparo en la sien. La única herida, se verificó posteriormente, que le causó la muerte.

Exactamente un mes después del crimen sin nombre, la vida quiso que el 30 de julio de 1957, cayera también abatido por la barbarie su hermano Frank, en el hoy histórico Callejón del Muro, en unión de otros valiosos compañeros.

En aquella jornada de luto que significó el cierre de junio de 1957 había paradójicamente un renacer. En medio de la muerte, la ira y el dolor, crecía algo indetenible: un pueblo entero avanzaba en pie de lucha al llamado de la Patria.

Cuba Josué País

Celebra quien no conoce la historia, o la desea repetida (+ Video)

La mayoría, a sabiendas de cuánto significó en términos de burla a la soberanía nacional, considera la fecha un franco agravio. La califica como el momento en que EE. UU. nos subsumió y la historia nos concedió la triste categoría de neocolonia

Autor: Julio Martínez Molina | internet@granma.cu

Acto de izar la Bandera en el Palacio de los Generales el 20 de Mayo 1902
Publicada: 21/05/2001

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A la «república» salida de la ocupación estadounidense sancionada por el Tratado de París se le impuso la Enmienda Platt que, de hecho, la convertía en un protectorado. Foto: Archivo de Granma

El realizador Jorge Luis Sánchez estableció una fecunda imagen, por elocuente, en torno al miedo y el asombro, a la desazón producida en los nacionales por el arribo yanqui a la Isla luego de la denominada Guerra hispano-cubano-norteamericana, en su película Cuba Libre (2015), cuando en un fuera de campo muy bien resuelto en términos fílmicos, los niños del aula escuchan, advierten –casi palpan aun sin verlas–, a las tropas invasoras, solo mediante el resonar de sus botas.

Fueron las botas que mancillaron este suelo, luego de que nuestros bisabuelos y tatarabuelos –venidos de África, Europa y Asia, y unidos en combate– estuvieran peleando tres décadas a favor de la independencia.

Cuando ya tenían la guerra ganada a los colonialistas españoles, llegó el más feroz y expansivo imperio que haya conocido la humanidad, para apoderarse de una victoria que no le pertenecía, y tomar el fruto desde siempre codiciado.

El 20 de mayo de 1902 solo puede celebrarse por cubanos que ni conocen ni respetan su historia.

La mayoría, a sabiendas de cuánto significó en términos de burla a la soberanía nacional, considera la fecha un franco agravio. La califica como el momento en que EE. UU. nos subsumió y la historia nos concedió la triste categoría de neocolonia.

El nacimiento de la república mediatizada (la nuestra verdadera nació en Guáimaro) representó, en la práctica, que la potencia imperial determinase el destino de la nación en cada uno de sus apartados.

Todo se hacía, desde su Embajada en La Habana, por órdenes de Washington. Cada crimen perpetrado por la satrapía de Gerardo Machado tiene la firma de ese Gobierno. Del presidente títere Mario García Menocal y Deop, los periódicos estadounidenses escribían que «era más norteamericano que cubano».

Los miles de jóvenes torturados, vejados y sacrificados por los esbirros del dictador Fulgencio Batista deben su muerte también a Estados Unidos.

Tan evidente era la anexión, que el propio interventor, Leonard Wood, le participó al presidente Theodore Roosevelt que, «bajo la Enmienda Platt, por supuesto, le quedaba a Cuba muy poca, o ninguna independencia». Aún nos pesa ese infamante engendro jurídico que dio pie a la vigente base naval de Guantánamo, en territorio ilegalmente ocupado.

Lamentablemente, ayer como hoy (es la triste historia de América Latina), sectores internos fueron tan o más anexionistas que el propio Gobierno estadounidense.

Tras no poder dominarnos mediante ninguno de los métodos aplicados luego de 1959, en la actualidad se intensifica la agresión en los planos de la ideología, la cultura, el mediático y la diplomacia. Pero Cuba seguirá de pie, en plan de lucha y resistencia, y rechazando la ignominia del 20 de mayo.

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Fidel sobre Celia: Jugó un papel decisivo en toda nuestra guerra

Género

Celia fue la primera combatiente que tuvo el Ejército Rebelde en la Sierra. Foto: Granma / Fidel Soldado de las Ideas

Cubadebate.- Celia Sánchez Manduley nace un 9 de mayo de 1920 fue una valerosa mujer y destacada revolucionaria de ella dicen “no fue la sombra de Fidel, sino la luz”, participó en la lucha tanto en el llano como en la Sierra donde jugó un papel trascendental. 


Cubadebate y el sitio Fidel Soldado de las Ideas comparten testimonios de Fidel Castro sobre ella recogidos en la serie: “Celia, fuego y canto” dirigida por Haydée Tabraue Garí y con producción de Roberto Chile.

Gran tradición patriótica

“Es una persona con gran tradición patriótica; gran apego a toda la historia de nuestro país, muy contraria a todo el sistema existente de injusticia que había y totalmente de acuerdo con los objetivos que perseguíamos. Celia se suma al movimiento nuestro cuando nosotros estábamos en México y es la encargada de recibir, organizar la gente que nos iba a recibir aquí; cuando el desembarco”.

Fue la que más nos ayudó

“Celia fue la que más nos ayudó, jugó un papel decisivo en toda nuestra guerra; desembarco y del movimiento de Manzanillo; de familia de tradición veterana de la guerra de independencia, los antecesores de ella”.

Mujer muy valiente

“Una mujer muy valiente, muy firme, muy inteligente para escapar de la persecución, la mandamos a venir para protegerla, para que estuviera aquí en la Sierra Maestra; eran muy difícil en las condiciones de persecución que permaneciera en la ciudad; los primeros auxilios, en abastecimiento, en dinero, como llegaron a la Sierra Maestra, información y estuvo varias veces hasta que ya vino definitivamente”.

Calidad humana

“Había algo que era la calidad humana, la preocupación por la gente: en la guerra, después de la guerra nunca se le olvidó nadie, era la madrina de todos los viejos guerrilleros”.

Condiciones excepcionales

“Si tenía realmente condiciones excepcionales, la gente la quería mucho”.

El Mayor cabalga en la memoria de Cuba

Fue Agramonte el hombre que no abandonó al Brigadier Sanguily, y para rescatarlo, protagonizó una de las más grandes proezas militares que guarda con celo la historia de Cuba, y que le ganó, incluso, la admiración de sus enemigos

Autor: Leidys María Labrador Herrera | leidys@granma.cu

«Agramonte se dispuso a morir en Jimaguayú por salvar a sus compañeros fugitivos», escribió Martí.
«Agramonte se dispuso a morir en Jimaguayú por salvar a sus compañeros fugitivos», escribió Martí. Foto: Miguel Febles Hernández

¡Con la verguenza¡ sí, también de esa manera lucha un revolucionario, aun cuando el enemigo lo crea vencido. Eso nos enseñó Ignacio Agramonte y Loynaz, y fue solo una de las incontables lecciones de coraje, moral, y dignidad que nos legó quien fuera uno de los más grandes jefes militares de nuestras luchas por la independencia.

El Mayor General que condujo con maestría y brazo firme a la caballería camagüeyana, temida por el enemigo español, ganó, por su lealtad a la Patria, el respeto no solo de todos aquellos que tuvo bajo su mando, sino de los más insignes patriotas con los que coincidió en el tiempo.

Sus hazañas militares, su concepto de la guerra y la defensa de sus ideales y principios, consolidaron al hombre que muy pronto dejó de ser solo un héroe del Camagüey, para serlo de Cuba toda.

Fue una estrella cuyo brillo no tardó en iluminar las esperanzas de libertad que latían en el corazón de los cubanos.

Desde que se incorporó a la Guerra de los Diez Años, en Las Clavellinas, puso la vida a los pies de su tierra. Cada una de las responsabilidades que ocupó desde entonces, manifestaron la grandeza de quien pudo preferir la vida reposada de un abogado, el calor hogareño junto a la mujer amada, pero eligió la del mambí, aunque eso implicara constantes privaciones y sacrificios.

Fue Agramonte el hombre que no abandonó al Brigadier Sanguily, y para rescatarlo, protagonizó una de las más grandes proezas militares que guarda con celo la historia de Cuba, y que le ganó, incluso, la admiración de sus enemigos.

Estaba hecho de una fibra que lo convirtió en leyenda, porque hombres de su estirpe dejan huellas que el tiempo no puede borrar.

La muerte lo sorprendió el 11 de mayo de 1873 en Jimaguayú, en un momento en que mucho podía hacer aún por la causa de su tierra, y su pérdida dejó un innegable vacío en las filas del Ejército Libertador, aunque ya su ejemplo estaba destinado a perdurar.

Sus enemigos pensaron que, al desaparecer su cadáver, desaparecería con él la impronta de aquel mambí excepcional, pero la memoria de los pueblos nada ni nadie puede borrarla, y allí, en ese espacio sagrado del homenaje y el respeto, cabalgará eternamente El Mayor.

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