¿Cuándo va a morir la Doctrina Monroe?

Por Ibis Frade

Estados Unidos es muy diferente hoy al de hace 200 años, cuando la esclavitud aún existía allí y el país estaba en conflicto con potencias europeas, en gran medida por el control de territorios

Si bien mucho evolucionó la Humanidad hasta la fecha, administraciones norteamericanas contemporáneas siguen empleando en sus relaciones con América Latina una política cuyos inicios datan de 1823.

Una y otra vez la utilizan ahora como base para justificar acciones: la tan llevada y traída Dotrina Monroe, con su significación más conocida de “América para los americanos”, buscaba en sus comienzos asegurar el dominio de Washington en tierras que fueron colonias de metrópolis europeas, como España.

Casi dos siglos después del planteamiento de esa idea, en pleno siglo XXI, el entonces secretario de Estado norteamericano, John Kerry, en un discurso ante la Organización de Estados Americanos (OEA) en 2013, dio por muerta a la Doctrina Monroe al asegurar que su era había terminado.

Un lustro posterior, en septiembre de 2018, al hablar en el debate de alto nivel de la Asamblea General de la ONU, el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la “revivió”.

Aquí en el hemisferio occidental, estamos comprometidos a mantener nuestra independencia de la intrusión de potencias extranjeras,manifestó en referencia al apoyo de China y Rusia a varias naciones latinoamericanas.

Según indicó Trump en esa oportunidad, la política formal de Estados Unidos desde el presidente James Monroe (1817-1825) dicta que“rechacemos la interferencia de naciones extranjeras en este hemisferio y en nuestros propios asuntos”.

De un plumazo se borraron las palabras de Kerry, quien formó parte del gabinete de Barack Obama (2009-2017), mientras Joe Biden era por aquella fecha el vicepresidente de Estados Unidos.

En enero de 2021, Biden asumió la presidencia de la nación norteña y son muchas las interrogantes que surgen sobre cuál será su posicionamiento hacia América Latina y el Caribe durante los próximos cuatro años.

¿Pretenderá volver a “enterrar” la Doctrina Monroe? ¿Qué políticas guiarán sus relaciones con la región? Los cuestionamientos son muchos,al igual que las expectativas.

Prensa Latina pretende, en esta nueva sección de Escáner, despejar algunas interrogantes y también, por qué no, generar otras tantas.

AMÉRICA VS. HEMISFERIO OCCIDENTAL

Primero, habría que remontarse al tercer presidente de Estados  Unidos, Thomas Jefferson (en el poder de 1801 a 1809), quien formuló  la idea del «Hemisferio Occidental» para referirse al continente  americano.

En síntesis, postulaba que las poblaciones del hemisferio  americano, de norte a sur, tienen una relación especial inherente,  única y natural entre sí, bien diferenciada cualitativamente y  separada de sus vínculos con el mundo extracontinental, explicó a  Escáner el investigador cubano Raúl Rodríguez.

Partiendo de ahí es que cuando muchos políticos e intelectuales  estadounidenses se refieren a su país lo hacen en términos de  “América”. Ellos, Estados Unidos, son América. El resto, somos el  “Hemisferio Occidental”, observó el especialista.

Sobre esta idea se basó la doctrina elaborada por John Quincy  Adams, entonces secretario de Estado, y presentada por Monroe en 1823, la cual usualmente se simplifica en “América para los americanos”, recalcó el también director del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (Cehseu) de la Universidad de La Habana.

Esta entidad fue creada en 1987 y actualmente es la única institución académica dedicada a la investigación sobre la nación norteña dentro de la Educación Superior en Cuba.

Pero en realidad, dicha doctrina parte de la frase: “Los Continentes Americanos, por la libre e independiente condición que han asumido y que mantienen, no deberán ser considerados ya como susceptibles de futura colonización por cualquiera de las potencias europeas”.

REELABORACIONES Y AJUSTES

La Doctrina Monroe es uno de los tantos medios con los que Estados Unidos expande su afán hegemónico sobre la región de América Latina y el Caribe desde etapas tempranas de su existencia como nación, destacó Rodríguez.

A lo largo de los años, añadió, esa política ha tenido reelaboraciones y ajustes.

Tal es el caso del Panamericanismo, muy cuestionado por el Héroe Nacional cubano, José Martí, pues se constituyó como una manera de institucionalizar el dominio imperialista sobre los pueblos latinoamericanos al comenzar la última década del siglo XIX.

Esto se mantiene en el contexto de la transición hacia la etapa imperialista en Estados Unidos y continúa hasta nuestros días,incluyendo la creación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, en 1947, y de la OEA, en 1948, expuso el experto.

Ambos son pilares del sistema que actualmente componen el Banco Interamericano de Desarrollo y una multitud de otras entidades.

Más recientemente, indicó Rodríguez, la idea del Hemisferio Occidental ha constituido la base conceptual para la realización demás cumbres regionales y encuentros periódicos de jefes de Estado y de Gobierno que vienen celebrando con regularidad desde la Cumbre de las Américas, de Miami, Estados Unidos, en 1994.

Actualmente, el rasgo fundamental de la vigencia de la Doctrina Monroe es el fortalecimiento del sistema interamericano, con énfasis en su componente económico, político, institucional y militar.

Todo ello para consolidar un bloque que permita contrarrestar la ascendencia económica y tecnológica de China y el reto político, diplomático y científico que representa Rusia, planteó el director del Cehseu.

Además, se busca unificar y extender el modelo de democracia representativa y el fundamentalismo del mercado, es decir, el modelo capitalista estadounidense como fórmula para todo el continente,subrayó.

“Recuérdese que la región del mundo que inspiró la primera formulación doctrinal de política exterior en Estados Unidos -el monroísmo- fue, justamente, América Latina”.

“Ahí radica el viejo pretexto de que el poderoso vecino del Norte protegía los intereses de nuestros países ante las apetencias de las viejas potencias coloniales europeas”.

Pero ahora lo reviven para argumentar las objeciones ante la presencia china y rusa en el continente y, como queda claro, lo que está en juego en realidad es la voluntad hegemónica estadounidense de prevalecer en la disputa geopolítica que tiene lugar en América Latina, indicó Rodríguez.

VIEJAS POLÍTICAS QUE SE RESISTEN A DESAPARECER

También hace casi 200 años, el presidente norteamericano James Polk decidió, en 1846, que el “destino manifiesto” de su país era expandirse, y la emprendió en una guerra contra México.

México perdió más de la mitad de su territorio a manos de los estadounidenses, que hicieron suyas tierras que conforman en estos momentos California, Utah, Nevada, Arizona y Nuevo México.

Después, en 1898, el presidente norteamericano William McKinley invadió colonias españolas en el Caribe, como Cuba y Puerto Rico (en este último territorio siguen hasta la fecha).

Haití, República Dominicana, Panamá, Granada, Nicaragua,  Guatemala… figuran en la larga lista de países que fueron invadidos y  ocupados por Washington.

Mientras tanto, la norteamericana Agencia Central de Inteligencia ha respaldado golpes militares en Argentina, Chile, Guatemala, Haití, Honduras,y más recientemente en Venezuela y Bolivia, según revelaron sus propios analistas.

Cuando en 2018 Trump invocó por su nombre a la Doctrina Monroe, expertos del área advirtieron que la sola mención de esa política despertaba la memoria histórica de las numerosas intervenciones militares y económicas impulsadas por Washington en América Latina.

Para Abraham Lowenthal, director fundador del Consejo del Pacífico de Política Internacional, desde Estados Unidos se maneja a América Latina como un problema “interméstico”, marcando la idea con ese rejuego de palabras que se trata, a la vez, de un asunto internacional y doméstico.

Históricamente, los líderes de la nación norteña perciben a Latinoamérica como una especie de extensión de su territorio, el llamado “patio trasero”.

Dada la situación geográfica, los países del área constituyen la fuente más cercana para obtener materias primas y recursos naturales,y también en términos geopolíticos, son considerados de importancia para la seguridad nacional de Estados Unidos, según Jorge Hernández, especialista del Cehseu.

Los intereses estadounidenses en la región parten de una concepción geopolítica y de la necesidad de construcción de una esfera de influencia,una vez que la nación norteamericana llegó al estadio imperialista, consideró.

Invasiones, intervenciones, establecimientos de bases militares, saqueo de recursos naturales, injerencia en asuntos internos de otros países, planes de subversión, sanciones y bloqueos… son elementos de una estrategia de Washington, que se repite, con una u otra variante, a lo largo de la historia, la más lejana y también la reciente.

Tomado de Prensa Latina.

27 de noviembre: la inocencia que hasta hoy clama

Por Redacción Razones de Cuba

Imagen de Razones de Cuba

A 151 años del horrendo fusilamiento en La Habana de ocho inocentes estudiantes de Medicina, el 27 de noviembre de 1871, ellos vuelven a la memoria de Cuba y en especial de sus jóvenes, con la fuerza redentora del homenaje a sus vidas truncadas en flor y a la inocencia,  que hoy clama justicia todavía.

“Cadáveres amados los que un día ensueño fuisteis de la Patria mía”, escribió José Martí pensando en ellos, un dolor que le fue muy próximo como cubano y amigo del alma de Fermín Valdés Domínguez, uno de los estudiantes juzgados en el sumarísimo proceso del cual, con suerte casi providencial, saliera con la pena de cárcel.

Ese crimen sin nombre, tal vez la mancha más abominable del colonialismo en la Isla, fue resultado del incremento de la represión y el odio de un sistema carcomido seriamente por la pérdida de la mayor parte de sus vasallos en América,  y desafiado aquí por el comienzo de la primera guerra de independencia desde el 10 de octubre de 1868.

Para ello había creado el famoso cuerpo represivo llamado Voluntarios de La Habana, formado por peninsulares y criollos apóstatas, los más violentos y reaccionarios servidores del gobierno español, que fuera el instrumento más visible de la trama y la ejecución del salvaje escarmiento a los cubanos en plan de rebeldía.

No hay que engañarse pensando, empero, que en un momento dado los Voluntarios se les fueron de las manos a los gobernantes hispanos y los pusieron contra la pared, a fin de conseguir saciar su irracional sed de sangre.

La fuerza paramilitar representaban correspondía fielmente a los intereses de la Corona y ambos eran uno en cuanto a la defensa de los intereses de esta. Ese batallón de infames se desempeñó fundamentalmente, libre y aupado por los gobernantes, desde 1855 hasta 1898.

Así fue como, tras dos juicios de guerra de rapidez fulminante, ocho jóvenes que cursaban el primer año de Medicina en la Universidad capitalina, fueron condenados a muerte y fusilados en la Explanada de la Punta -hoy ubicada en Malecón y Prado-, bajo la acusación falsa de infidencia por haber dañado el sepulcro del periodista y furibundo defensor de la causa española, Gonzalo de Castañón.

Los nombres de los inmolados apenas al llegar a la juventud eran Anacleto Bermúdez, Angel Laborde, José de Marcos, Juan Pascual Rodríguez, Alonso Alvarez de la Campa, Carlos de la Torre, Eladio González y Carlos Verdugo.  Los tres últimos  habían sido incluidos por sorteo en la sentencia, para satisfacer a los Voluntarios de La Habana, quienes veían en Castañón un ícono, cuando realmente era un “hombre de odio”, como lo calificara el Apóstol.

En medio de esa sociedad aherrojada por el colonialismo, ese cuerpo represivo había protagonizado una triste asonada el 22 de enero de 1869, en una representación picaresca del Teatro Villanueva, en la cual masacraron a inocentes. Parece que ya estaban necesitando incrementar el nivel de sus escarmientos y actos comunes de terror.

Por eso le vino de perilla el suceso protagonizado por un grupo de jóvenes estudiantes en la tarde del viernes 24 de noviembre de 1871.

Impacientes por la tardanza de su profesor de Anatomía, algunos chicos del primer curso de Medicina de la Universidad de La Habana, decidieron salir del Anfiteatro, en tanto otros cruzaron al cercano Cementerio de Espada, ubicado en la calle San Lázaro.

Unos decidieron recorrer sus patios, mientras otros se dedicaron a jugar con el carro que transportaba los cadáveres desde el camposanto hasta la sala de disección docente. Uno arrancó una flor de una ofrenda depositada en un recipiente.

Aquella algazara inapropiada causó el enojo del vigilante, a quien preocupaba sobre todo  la integridad de los jardines y sembrados. Esto lo llevó, sin embargo, a una acción vil y extrema: acusarlos ante el gobernador político de haber arañado el cristal de la tumba de Gonzalo de Castañón.

Con rapidez en volandas el gobernador ordenó el apresamiento de los jóvenes, que en un principio fueron los 46 estudiantes que esperaban al profesor ausente.

Se realizó el primer Consejo de Guerra y bajo las falsas acusaciones se impusieron penas severas, pero no se llegó al dictamen de penas de muerte. En el juicio a los alumnos inocentes descolló la actuación del abogado defensor, el digno oficial del ejército español Federico Capdevila, quien echó rodilla en tierra por el pundonor y la lealtad al oficio.

Pero entonces entró en acción la barbarie. Los Voluntarios de La Habana no aceptaron el veredicto y se amotinaron con gran violencia, amenazando con revueltas, frente al edificio donde se había celebrado la primera vista.

Rápidamente tuvo que efectuarse un segundo proceso, destinado a complacer a los odiadores y sicarios, que  impuso la pena capital para los jóvenes citados. Once  fueron condenados a seis años de prisión, 20 a cuatro y cuatro a seis meses.

Uno de los encarcelados, Fermín Valdés Domínguez,  pudo terminar la carrera en España tras cumplir la sentencia, y al regresar a la Isla amada ejerció la profesión y se consagró a buscar el sepulcro prohibido y desconocido de sus compañeros, una fosa común fuera del cementerio, inclusive vedada a sus familiares. Lo halló tras una búsqueda larga, riesgosa y abnegada.

Siendo muy jóvenes José Martí y Fermín Valdés Domínguez denunciaron con coraje el crimen horrendo y el inhumano presidio político en Cuba, apenas al llegar a su exilio en la metrópolis, mientras estudiaban carreras diferentes en la Universidad de Zaragoza.

Todavía el alma cubana se estremece y llora por los ocho estudiantes inocentes. Ni muertos ni olvidados, viven en los corazones del pueblo. Y más, en tiempos en que descendientes de aquellos sicarios y mercenarios coloniales, han pretendido manchar, inútilmente, su memoria. 

La Patria como grandioso monumento

Así como las familias no sanan sus heridas, la nación no puede olvidar ese dolor ni a quien lo causó

Autor: Yeilén Delgado Calvo | nacionales@granma.cu

6 de octubre de 2022

Foto: José M. Correa

No se deja de amar. Lo dicen los familiares de las víctimas. Con los años, tal vez el dolor se hace menos punzante, más sordo, pero sigue estando ahí y se acrecienta en las ausencias: la boda sin padre, el cumpleaños sin hija, las conversaciones que no fueron, las alegrías que no serán.

Esas familias, signadas por la pérdida, sufren un peso adicional, el del crimen sin justicia. Sus seres queridos compartieron vuelo con los asesinos, esos que les vieron sus rostros, escucharon las charlas triviales de quien no presiente la tragedia, y tal vez hasta recibieron alguna de sus sonrisas, y aun así fueron capaces de dejar una bomba para matarles. Luego se jactaron. Tenían la tutela poderosa de la cia y nunca la perdieron.

En la nave de Cubana de Aviación, procedente de Barbados, que explotó en el aire el 6 de octubre de 1976, con 73 pasajeros, de los cuales ninguno sobrevivió,  viajaba también –de cierta forma– Cuba.

Y no solo porque, como dijo Fidel en el acto de despedida de duelo, «la Revolución (…) a todos nos hizo hermanos entrañables en los que la sangre de uno pertenece a todos», sino también porque allí estaban el deporte, el internacionalismo, la juventud formada en una sociedad nueva, el mestizaje, la heroicidad laboral…

Estupor frente a la barbarie, eso fue lo que sintió un país entero, y parte del mundo, ante uno de los ejemplos más rotundos de hasta dónde es capaz de llegar el terrorismo de Estado, instigado desde suelo estadounidense, contra la Isla. Estupor frente a la barbarie, eso es lo que se siente aún si se repasan los hechos reposadamente, sin el velo de lo rutinario.

Así como las familias no sanan sus heridas, la nación no puede olvidar ese dolor ni a quien lo causó. La memoria es un arma. En la historia está uno de los asideros para cumplir con el vaticinio del Comandante en Jefe, el 15 de octubre de aquel año:

«¡Una patria cada vez más revolucionaria, más digna, más socialista y más internacionalista será el grandioso monumento que nuestro pueblo erija a su memoria y a la de todos los que han caído o hayan de caer por la Revolución!».

En las jornadas de aquel octubre, como en tantas otras, hizo falta mucho coraje. Uno que se enciende todavía ante las palabras de Fidel al final de aquel discurso, esas que, aunque se lean, siempre se escuchan:

«No podemos decir que el dolor se comparte. El dolor se multiplica. Millones de cubanos lloramos hoy junto a los seres queridos de las víctimas del abominable crimen. ¡Y cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla!»

A Cuba el coraje no se le agota, la memoria tampoco. La Patria es nuestra.

«Afrontaron la muerte para darnos patria»

Dos jornadas antes, a Francisco, quien tenía solo 13 años, le quedó claro que aquel domingo iba a morir allí, junto a Fernando, Juan, Agustín, De la Barrera y Vicente, niños también, y compañeros en la academia militar que los iniciaba como aprendices de armas

Autor: José Llamos Camejo | internet@granma.cu

Foto: ilustración tomada de facebook

Dos jornadas antes, a Francisco, quien tenía solo 13 años, le quedó claro que aquel domingo iba a morir allí, junto a Fernando, Juan, Agustín, De la Barrera y Vicente, niños también, y compañeros en la academia militar que los iniciaba como aprendices de armas.

Abandonar el castillo para esquivar la muerte fue la orden expresa, dirigida a los niños y adolescentes, en cuyos pechos flameaba, acaso, un motivo.

Tal vez por eso no la acataron, pese a la certeza de que permanecer allí les negaría toda opción de sobrevivir. 

En la madrugada siguiente, 13 de septiembre de 1847, en plena marcha el zarpazo con que Estados Unidos le arrebató a México 2 000 000 de kilómetros cuadrados –la mitad de sus tierras, y las más ricas–, la demoledora artillería gringa abrió fuego contra Chapultepec.

A tiros recibieron los cadetes al invasor, sin reparar en las ventajas de este en cuanto a poder, cantidad y alcance de sus armas, ni en que, por cada mozalbete aferrado al rifle tras los muros de la instalación, avanzaba una multitud de matones.

Dicen que, en el fragor del combate, y ante la entrada inminente de los invasores, Juan Escutia, de 20 años, el mayor de los seis cadetes, envuelto en la bandera de su país, se arrojó al precipicio, en un intento por evitar que la enseña patria cayera en las manos gringas; su cuerpo apareció después, más abajo en el cerro.

Agustín Melgar resistió la embestida durante casi 20 horas, aislado en su posición; cuando se le agotaron las municiones le echó mano a su bayoneta y peleó cuerpo a cuerpo; lo ultimaron unos balazos. Vicente Suárez, de 14 años, expiró en similar circunstancia, en una escalera.

Por la espalda asesinaron a Montes de Oca. Y el menor de todos, Francisco Márquez (de 13 años), antes de caer acribillado, le respondió con plomos a sus enemigos, que le exigían rendición.

La barbarie asesinó a la inocencia aquel día, pero al coraje y al ejemplo no los pudo matar.

Cuentan que, en octubre de 1955, Fidel y su expedición buscaron el obelisco a los niños héroes de Chapultepec, y al pie del monumento juraron volver a Cuba con la victoria o la muerte.

Aquellos niños pertenecen a México y a Latinoamérica, valoró Fidel: «cayeron luchando contra un imperialismo que ha puesto sobre toda la América sus garras».

Como del continente suena también la expresión de otro mexicano: «los niños héroes de Chapultepec afrontaron la muerte para darnos patria».

Julius Fucik, sus ojos en la humanidad

El 8 de septiembre fue designado el Día Internacional del Periodista en homenaje a Julius Fucik, ahorcado en 1943, a manos del nazismo

Autor: Amador Hernández Hernández | internet@granma.cu

JULIUS FUCIK
Foto: Portada de Reportaje al pie de la horca, una obra marcada por la resistencia.

Julius Fucik estaba convencido de que el periodismo es ese «cuarto poder» que, en definitiva, gracias al sentido cívico de los medios de comunicación y al coraje de valientes periodistas, constituye el medio del que disponen los ciudadanos para criticar, rechazar, enfrentar –democráticamente– decisiones ilegales que pudieran ser inicuas, injustas e incluso criminales contra personas inocentes. Es, como se ha dicho a menudo, la voz de los sin-voz.

Julius había nacido el 23 de febrero de 1903, en Praga.

Estudió Filosofía y en 1921 ingresó en el Partido Comunista. Comenzaría escribiendo artículos teatrales y literarios. Posteriormente, ocuparía las columnas de redactor de reportajes sociales y culturales publicados en el Rude Pravo y en la revista Tvorba, ambos de filiación comunista.

Debido a su militancia y escritos a favor del sistema comunista y en contra del fascismo, fue varias veces detenido. Dada la persecución a la que fue sometido, decidió firmar sus reportajes bajo el seudónimo Doctor Horak. Hacía periodismo en plena clandestinidad. Para ese tiempo, el ejército nazi ya había ocupado Checoslovaquia.

Cuando en 1942 la Gestapo lo detiene, comenzaría para el reconocido intelectual su Vía crucis. Trasladado a Berlín primero, sufrió los horribles estragos de todo antifascista en prisión. Luego sería encerrado en la prisión Pankrác, cárcel y cementerio a la vez, en Praga, en la que fue torturado y decapitado en 1943.

Su fe en la humanidad lo alentó a escribir en la celda 207, hoja por hoja, en papel de cigarrillos, su Reportaje al pie de la horca, un texto que cuenta sobre las condiciones y la vida de la prisión: personas, torturas, salas y sentimientos. La obra constituye una alerta contra las tendencias más ultraconservadoras y déspotas que ha vivido, y vive, la humanidad.

El 9 de junio de 1943 firmaría su último testimonio: Un trozo de historia. No habría para él otro tiempo, y esa misma noche lo llevarían al tribunal. Al finalizar esta obra, sentenciaría: «También mi juego se aproxima a su fin. No puedo describirlo. No lo conozco. Ya no es un juego. Es la vida. Y en la vida no hay espectadores. El telón se levanta. Hombres: os he amado. ¡Estad alertas!».

En septiembre de 1945 la esposa de Fucik, Gusta Fucíková, revelaría, en el prefacio del libro Reportaje al pie de la horca: «Al volver a mi patria liberada, busqué y rebusqué las huellas de mi marido. Hice lo que hicieron millares y millares de personas que también buscaron –y muchas aún siguen buscando– a sus maridos, a sus mujeres, a sus hijos, a sus padres y madres deportados por los ocupantes alemanes y arrastrados a alguna de sus innumerables cámaras de tortura.

«Me enteré de que Julius Fucik había sido ejecutado en Berlín el día 8 de septiembre de 1943, 15 días después de su condena. También supe que Julius Fucik había escrito algo mientras estuvo en la cárcel de Pankrác. Fue el guardián A. Kolínský quien procuró los medios para hacerlo, llevándole a la celda papel y lápiz, y sacando clandestinamente, de la cárcel, las hojas manuscritas.

«He tenido una entrevista con el guardián. Y poco a poco he podido ir recogiendo el material escrito por Julius Fucik en la cárcel de Pankrác. Reuní las hojas numeradas, escondidas por varias personas en diferentes lugares, y se las presento al lector. Es la última obra de Julius Fucik».

El reportaje adquirió resonancia internacional y ha sido traducido a más de 80 idiomas. Fucik recibió, a título póstumo, el Premio Internacional de la Paz, en 1950.

Fue de esos periodistas ojos del pueblo, capaces de denunciar el mal, exponiendo a veces sus valiosas vidas. Este es el verdadero periodista; no los mercenarios, que, aupados por el dinero de los miembros de las oligarquías, venden su profesión a la injusticia y a la deshonra.

Las advertencias del periodista checo, víctima del fascismo, han quedado como ejemplo de dignidad profesional y heroísmo ciudadano: «Allí, durante el interrogatorio (…) no ha quedado más que el simple sujeto y su atributo; el fiel resiste, el traidor traiciona, el burgués desespera, el héroe combate». (…)

«Ahora ya puedo contar con más tranquilidad los golpes. El único dolor que siento es de los labios, mordidos por mis dientes», escribe y dice: «Quisiera que todo el mundo supiese que no ha habido héroes anónimos. Eran personas con su nombre, su rostro, sus anhelos y sus esperanzas, y el dolor del último de los últimos no ha sido menor que el del primero, cuyo nombre perdura».

Más adelante asegura: «Sin embargo, aunque muertos viviremos en un pequeño rincón de vuestra felicidad, porque por esa felicidad hemos dado nuestra vida». (…) «No, no temáis. No hablaré. Confiad en mí. Después de todo, mi fin ya no puede estar lejano. Esto ahora es solo un sueño, una pesadilla febril: los golpes llueven, los esbirros me refrescan con agua. Y nuevos golpes. Y otra vez: ¡Habla! ¡Habla! ¡Habla! Pero aún no consigo morir».

Y, ciertamente, el periodista no pudo conseguirlo.

El sabotaje a El Encanto y la digna respuesta de trabajadores cubanos (+ Fotos)

JORGE WEJEBE COBO|FOTOS: ARCHIVO 11 ABRIL 2022

Durante la noche del 13 de abril de 1961, hace 61 años, las llamas consumieron la tienda por departamentos El Encanto, una de las más importantes del país, lo cual constituyó la única acción terrorista de envergadura que pudo realizar el enemigo en La Habana, prevista en La Operación Pluto para la invasión mercenaria de Playa Girón el día 17.

Semanas antes, el presidente John F. Kennedy dio luz verde a las operaciones encubiertas durante los días previos y durante a la agresión que incluía sabotajes, acciones de las bandas de alzados en el campo y de organizaciones contrarrevolucionarias en las ciudades, asesinatos de revolucionarios y sabotajes a tiendas y comercios.

Para esas misiones nada se dejó a la improvisación y los especialistas de la CIA prepararon petacas con explosivos sintéticos que tenían las exactas magnitudes para ser ocultadas en las cajetillas de cigarros EDEN, de gran popularidad en ese entonces, lo que facilitaba ser dejadas en lugares ocultos para que iniciaran los fuegos.

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En correspondencia con esos planes, en los meses que antecedieron a la invasión fueron enviadas a Cuba por vía aérea y marítima unas 75 toneladas de explosivos y 46,5 toneladas de armas y otros medios destinados a grupos terroristas urbanos y bandas de alzados en zonas montañosas.

Los jefes de bandas de alzados en la zona del Escambray se adjudicaban presuntos grados, cargos y hasta diseños de uniformes para entrar como vencedores en las localidades de Trinidad y Santa Clara, además de elaborar listas de revolucionarios para masacrar, estimulados por las comunicaciones de la CIA sobre una inminente caída del Gobierno Revolucionario.

Fue tanta la profusión de medios entre los contrarrevolucionarios que cuenta en uno de sus textos el General ® Fabián Escalante Font, que al consumir perros calientes, junto a otros oficiales, en un carrito cerca del Hotel Nacional, fue identificado el propietario como ex casquito de la dictadura por uno de sus compañeros, quien se hizo pasar como conspirador, lo cual fue suficiente para que el individuo le mostrara varias de esas petacas incendiarias y resulto detenido.

Según confesó en entrevista Antonio Veciana, uno de los líderes del Movimiento Revolucionario del Pueblo MRP, su organización reclutó para el sabotaje de “El Encanto” a un empleado que colocó los artefactos en varios pisos y los activó a las 6:00 p.m. después de cerrar el establecimiento, bajo la condición que le garantizaran la huida del país por la vía marítima.

Esa misma noche, mientras el terrorista se encontraba esperando en la costa de Playa Baracoa, una patrulla de milicianos lo detuvo y no tardó en confesar su delito y delatar a sus cómplices.

Como respuesta a ese acto terrorista fue organizado un movimiento junto con las organizaciones de masas y los sindicatos de trabajadores del comercio que masivamente cambiaron sus ropas por el uniforme miliciano e hicieron infranqueables sus centros de trabajo a las acciones enemigas.

De acuerdo con toda la información obtenida por los implicados se constituyeron sistemas de vigilancia en las partes más sensibles de las tiendas y comercios que impidieron tuvieran éxito nuevos intentos terroristas e inclusive fueron detenidos in fraganti contrarrevolucionarios en esos intentos.

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No obstante, fue tarde para impedir el siniestro de “El Encanto” y el sacrificio de la compañera Fe del Valle, empleada y miliciana, quien murió al entrar valientemente en la tienda en llamas para salvar el dinero de una colecta que se realizaba para los círculos infantiles.

Su gesto no fue en vano e inspiró un rechazo nacional y conllevó mucho a la unidad del pueblo en aquellos heroicos días de la victoria de la invasión mercenaria de Bahía Cochinos.

Sub secretario de Estado Michael Kozak, padece de Alzheimer.

/ Por Arthur González.

Sin duda alguna, Michael Kozak, subsecretario de Estado yanqui para el Hemisferio Occidental, padece de Alzheimer en etapa avanzada y prueba de ello son sus recientes declaraciones de que “El 26 de julio, día de la rebeldía nacional en Cuba, fue el inicio de 60 años de represión y miseria en la Isla”, porque según él: “ese día comenzó la debacle que años más tarde fue azotada por el hambre, la Sigue leyendo