Fidel: lecciones de vida y de amor

Las pautas del concepto de Revolución fueron, para el Comandante en Jefe, pautas de vida, de pensar y de hacer

Autor: Leidys María Labrador Herrera | leidys@granma.cu

FIDEL
La vitalidad de esa herencia de ideales y valores, radica en la decisión colectiva de no dejar perder las conquistas adquiridas bajo su liderazgo. Foto: Yaimí Ravelo

Es sin dudas excepcional y único todo ser que, tras haber cumplido los límites de su existencia humana, se mantiene vivo. No, no se trata de una afirmación mística o religiosa, sino de una contundente verdad, que descansa en el ilimitado alcance de ciertas figuras a lo largo de la historia.

Los cubanos sabemos bien que eso es posible. Hemos tenido el privilegio de que sea esta Isla madre y cuna de personalidades capaces de transgredir la mortalidad de nuestra especie, para habitar eternamente la dimensión del pensamiento, del recuerdo, de la admiración y el amor.

Pero no es cosa simple alcanzar esa estatura. Se necesita mucho corazón, mucho temple, poner la existencia propia a favor del bien de los demás, hacer historia desde principios de humildad y justicia. Se necesita defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio, y todo eso y más, lo logró Fidel.

Cuando definió brillantemente a la Revolución, aquel inolvidable 1ro. de mayo del año 2000, sin proponérselo, sin que eso pasara jamás por su cabeza, se definió a sí mismo, porque, ser consecuente hasta el último suspiro con todo lo descrito en sus palabras, lo convirtió en un hombre inmortal e imperecedero.

Fidel: sinónimo inequívoco de Revolución

Aprendimos tanto del Comandante en Jefe, que su figura se nos dibuja a cada paso. Cómo no recordarlo cuando solo el profundo sentido del momento histórico nos ha permitido sobreponernos a las adversidades y sostener nuestras metas y expectativas.

Cómo no saberlo presente cuando ponderamos los derechos de cubanos y cubanas, la igualdad, el acompañamiento a los más desprotegidos, si para él fue siempre el ser humano el centro de esta obra y nunca, por duros que fueran los tiempos, abandonó al pueblo.

Hay mucho de Fidel cuando decimos que pese al bloqueo genocida, a los ataques perennes contra nuestro país, a la insistencia del enemigo por arrancarnos nuestra ideología patriótica, no vamos a detenernos, ni a cansarnos, ni a renunciar. Porque nuestro eterno líder nos dejó claro que debíamos emanciparnos por nosotros mismos, pero que en ese camino habría que desafiar poderosas fuerzas dominantes.

Con el ejemplo propio demostró que la modestia, el desinterés y el altruismo son valores imprescindibles, que se enriquecen si van acompañados de la solidaridad para con los demás, para con otros pueblos, para con el mundo.

De qué otra forma si no fuera por la audacia, la inteligencia y el realismo con que hacemos frente a los obstáculos, habríamos podido sostener el socialismo cubano en un mundo mayoritariamente capitalista y hegemónico, que no perdona los modos alternativos de vivir y de pensar.

Nuestra mayor fuerza ha sido y será siempre la de la verdad y de las ideas. Gracias a ellas se sostiene la unidad inquebrantable de este pueblo que, con la verdad como bandera, ha sabido edificar sus sueños de justicia, pero se ha erigido como faro de todos los que en el mundo comparten esa esperanza.

Las pautas de ese concepto de Revolución fueron para Fidel pautas de vida, de pensar y de hacer. Fueron los caminos que condujeron su andar por este mundo y que le hicieron merecedor del respeto de cuantos lo conocieron, aunque no compartieran su ideología de pensamiento.

Pero, sobre todo, fueron esas pautas las que hicieron posible algo sumamente sagrado para Cuba: nuestros principios de continuidad. Esos que nos llevaron a exclamar ¡Yo soy Fidel!, y sostenerlo, como el más preciado de los estandartes en cada una de las batallas que libramos.

La constante e innegable presencia

Nada tiene de retórica nuestra firme convicción de la sobrevida de Fidel. Por el contrario, se trata de una certeza que comprendemos muy bien los cubanos, pueblo agradecido y convencido de quién merece el privilegio de su confianza.

La vitalidad de esa herencia de ideales y valores radica en la decisión colectiva que asumimos como nación, de no dejar perder las conquistas adquiridas bajo su liderazgo, el de Raúl, y el de toda la generación que lo secundó en el empeño de sacudirle a Cuba los siglos de opresión que laceraban su dignidad.

Es por eso que los hombres y mujeres que tomaron de sus manos las banderas del socialismo sostienen que una república con todos y para el bien de todos es, y seguirá siendo, la máxima de cada día; que la vida de un revolucionario siempre implica elevadas dosis de entrega y de sacrificios.

Como lo hizo siempre Fidel, no ha habido un solo instante en el que sus continuadores se hayan apartado del pueblo. Con entereza, con paciencia, sacando fuerzas de donde solo el amor puede sacarlas, han sostenido el mismo desvelo por los problemas del pueblo, por sus preocupaciones, por sus necesidades.

Ese pueblo que nunca se ha sentido abandonado, que se sabe bajo el manto protector de la Revolución y, al mismo tiempo, protagonista de su existencia, ha respondido con unidad, con fidelidad, con madurez, con entrega, a la máxima de pensar como país.

En Cuba, el poder es popular

Fidel tiene también entre sus incontables méritos el de haber entendido desde el comienzo de sus luchas, y haber sostenido siempre, después del 1ro. de enero de 1959, que un líder revolucionario tiene que vivir como vive el pueblo, pensar como piensa el pueblo, solo así tendrá la sensibilidad suficiente para conocerlo y escucharlo.

Y ese binomio, líderes-pueblo, que jamás se ha roto, ni lo hará, es una indiscutible carta de triunfo que siempre nos acompaña, porque cada decisión, cada proyecto social, cada nuevo camino que iniciamos, lleva mucho del pensamiento y la sabiduría que se mueve entre nuestra gente.

En Cuba, el poder es popular. No es un trofeo que se exhibe desde posiciones de superioridad, no está ceñido a un cargo, no responde a millones en una cuenta de banco. Como todo aquello que hemos construido, también es un bien común, ejercido de diversas formas, pero, sobre todas las cosas, desde la visión de impulsar aquello que favorezca el bienestar colectivo.

El líder histórico de la Revolución apuntaló siempre desde su actuar, desde cada uno de sus pronunciamientos, desde el hacer cotidiano, la transparencia ante el pueblo, el deber de rendirle cuentas, pero a la vez, fomentó en las masas la convicción de que la Revolución no se hace sola, de que las obras no se construyen solas, de que lo que a todos pertenece, es, a la vez, responsabilidad de todos.

Quizá sea por eso que este pueblo no admite lo mal hecho, que no acepta nada sin pilares sostenibles y bien fundamentados. Quizá sea por eso que el pueblo siempre es parte primordial de todo lo que hace, y no desde la postura de observación pasiva, sino desde la creatividad y la participación.

Nunca estamos solos

Por muy justa y equitativa que sea una sociedad siempre habrá personas que, por las más diversas causas, quedarán en situación de vulnerabilidad en relación con los demás. La grandeza del socialismo cubano radica, precisamente, en promover el reconocimiento de esas particularidades, para que ningún ser humano, familia o comunidad quede a merced del abandono o el desamparo. También eso lo aprendimos de Fidel.

Aprendimos que no siempre el que necesita ayuda es capaz de pedirla, y por eso debe tener la Revolución los mecanismos que les permitan llegar hasta esas personas, aun si no ha existido un reclamo de ayuda. Así hemos construido nuestra propia definición de solidaridad, que se expresa en todos los ámbitos de la sociedad, dentro y fuera de nuestras fronteras. 

Pero ha sido esa máxima la que ha dado un carácter casi épico y pocas veces visto en el mundo, para no ser absoluto, a la práctica, devenida deber inalienable, de que en cada momento difícil o doloroso, las personas sientan el apoyo de sus dirigentes, el acompañamiento que ayuda a aliviar el más hondo pesar, el abrazo para fortalecer el alma.

Un cubano nunca está solo. Ese sentimiento de solidaridad, personificado en nuestros líderes, responde a un sentir colectivo porque, en este país, la alegría y el dolor se comparten por igual, así de grande es el corazón que nos habita.

Por eso agosto ha sido siempre el momento propicio para celebrar su existencia, porque a él, a sus hermanos generacionales, a la inmensa obra que nos legaron, al amor incondicional que siempre profesaron y profesan a esta Patria, les debemos las más hermosas y perdurables lecciones de vida, que nos hacen hoy, a la par, mejores revolucionarios y mejores seres humanos.

Reino Unido conspiró con la CIA para asesinar a Fidel Castro

Contra Cuba Contrarrevolución

Misión Verdad.- El histórico revolucionario y líder cubano Fidel Castro sobrevivió a más de un intento de asesinato durante su existencia. Fidel pasó la mayor parte de su larga vida en el punto de mira, sobreviviendo a medio siglo de planes de asesinato. Pero a pesar de los intentos desesperados de sus detractores, él murió por causas naturales a los 90 años.


Los 638 intentos de asesinato, según el registro de los servicios de inteligencia cubanos, fueron planificados y llevados a cabo por el gobierno de Estados Unidos a través de la CIA, así como de los opositores cubanos y grupos mafiosos instalados en Miami, descontentos porque Castro acabó con el negocio de los famosos casinos y burdeles de La Habana tras la victoria de la revolución.

Si bien las constantes amenazas de muerte formuladas por Estados Unidos contra el líder cubano son de conocimiento público, lo que no se conocía con exactitud era la colaboración del gobierno del Reino Unido en los planes, y sin embargo, no resulta ninguna sorpresa.

Diplomáticos británicos y la CIA conversaron la «desaparición» de Fidel

Recientemente, el periodista John McEvoy publicó en el sitio web Declassified UK un artículo investigativo que muestra la participación de diplomáticos británicos en las conspiraciones anticastristas de Washington. Indica que las pruebas vienen de un documento del Ministerio de Relaciones Exteriores del Reino Unido, desclasificado y publicado en los Archivos Nacionales.

El documento señala al diplomático británico Thomas Brimelow y su colega Alan Clark, que en ese momento tenía un puesto en la embajada británica en La Habana. Ambos se reunieron con servicios de inteligencia estadounidenses y conversaron sobre la «desaparición» del Comandante Fidel.

El encuentro ocurrió en noviembre de 1961, cuando la embajada de Estados Unidos ya se había retirado del país insular. Brimelow y Clark estuvieron con agentes de la CIA y estos le preguntaron directamente a Clark «si la desaparición del propio Fidel Castro tendría graves repercusiones» en Cuba.

Ninguno de los dos tuvo inconveniente con la insinuación de intento de asesinato. Según las actas de Brimelow sobre la reunión, marcadas como «personales y secretas», Clark respondió a la CIA que «Raúl Castro había sido nominado como sucesor de Fidel», y que «podría conseguir ocupar el lugar de Fidel si se le concedía el tiempo adecuado».

«Si Fidel fuera asesinado, entonces era menos seguro que hubiera una toma de posesión sin problemas. El aparato [estatal], que aparentemente era lo suficientemente fuerte como para hacer frente a un cambio gradual, podría no hacer frente a una crisis repentina», dijo después con más detalle.

Para dar más contexto, McEvoy agrega que las conversaciones se dieron unos días antes de que el presidente John F. Kennedy autorizara la Operación Mangosta, cuyo objetivo era derrocar el gobierno de Fidel Castro por cualquier medio.

Brimelow y Clark fueron bien recompensados por sus tareas. Al primero le asignaron la dirección del Ministerio de Asuntos Exteriores bajo la condición de cargo vitalicio y al segundo le dieron el cargo de primer secretario de la embajada británica en Washington.

A Reino Unido le celebran sus labores en los planes de sicariato

El intercambio secreto de información entre Londres y Washington respecto al gobierno revolucionario de Cuba no quedó allí. Los documentos desclasificados indican que, en 1962, Reino Unido entregó un informe al Pentágono con numerosos bocetos del aparato militar cubano en un desfile militar realizado en La Habana.

Según un cable británico, la información provenía en gran medida en las observaciones directas del personal de la embajada de Londres: «Teníamos al embajador y al jefe de la cancillería en las gradas, a tres miembros del personal en la multitud que se alineaba en la ruta y a dos más viendo el procedimiento por televisión», señala el telegrama.

Estados Unidos se mostró satisfecho por la colaboración y expresó su gratitud a los británicos. «Esto es solo para decir lo agradecido que está el Pentágono por los excelentes informes… sobre el desfile militar. Están muy impresionados por el esfuerzo realizado y por los resultados detallados que han obtenido», dice el telegrama citado en el artículo de Declassified UK.

Al año siguiente, en marzo de 1962, el Departamento de Defensa reiteró lo agradecido que estaba por toda la información anterior sobre la situación militar en Cuba.

Unos meses después, el gobierno estadounidense compartió con Reino Unido una lista de «objetivos prioritarios» para la recolección de información militar en Cuba. Un funcionario británico que participó en una reunión secreta con el Pentágono, escribió que casi todos esos «objetivos» estaban «en el área de La Habana, y han sido seleccionados porque están casi todos en áreas que los miembros de la Embajada podrían visitar».

Este es el tipo de noticias que no ayudan en un momento en que los países que representan culturalmente a Occidente andan sermoneando y castigando sin fundamento al resto del mundo para hacer cumplir los «principios» de la democracia liberal.

Por otro lado, el papel proactivo de Gran Bretaña en uno de los seiscientos y tantos intentos fallidos de Estados Unidos para asesinar al entonces Jefe de Estado de Cuba dice mucho sobre su participación en los conflictos a escala internacional. ¿Cuántas décadas más tendremos que esperar para que documentos desclasificados confirmen tareas de sicariato político u otras conspiraciones que probablemente los británicos estén cometiendo actualmente fuera de las fronteras del Reino Unido?

Cuba rememora declaración socialista de la Revolución

La Habana, 4 feb (Prensa Latina) Con actos, galas culturales y conversatorios, Cuba rememora hoy el 60 aniversario de la II Declaración de La Habana, considerado un documento definitorio de la Revolución en sus primeros años.

Un panel con destacados investigadores de la historia y las relaciones Cuba-Estados Unidos, con sede el Instituto Superior de Relaciones Internacionales, será uno de los momentos más importantes del programa de evocación de la efemérides.

El suceso histórico será rememorado, además, en otros escenarios académicos y centros educativos, donde se homenajeará también a Fidel Castro, líder histórico de la Revolución Cubana, quien proclamó el documento que fue aprobado por un millón de cubanos reunidos en la Plaza de la Revolución José Martí.

La Declaración fue la respuesta a la expulsión de Cuba de la Organización de Estados Americanos (OEA) acontecida en el transcurso de la reunión del organismo en Punta del Este, Uruguay, el 31 de enero de ese mismo año, debido a las presiones de Washington, que conjuraba así una política de aislamiento de la naciente Revolución.

El texto expresa la voluntad inquebrantable de autodeterminación, de construir el socialismo y de defender la soberanía, a cualquier precio.

Un día antes, el 3 de febrero de 1962, el presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, firmó la orden ejecutiva 3447 que formalizó el bloqueo contra la isla, medida que buscaba asfixiar a la Revolución y que aún está vigente, pese al rechazo internacional.

acl/jfs

Fidel Castro: estampas sobre el comandante invicto

Por: José Arreola Publicado en: Historia de CubaHomenaje a Fidel En este artículo: CubaFidel Castro RuzHistoriaMijaín López

Entrada de Fidel a La Habana el 8 de enero de 1959

Un 8 de enero de 1959, La Habana recibía a un triunfante, cansado y sonriente guerrero nacido en Birán a quien se le conocía como El gigante. Para entonces, Fidel Castro Ruz había desafiado a la historia y a la muerte.

En varias ocasiones fue dado por muerto, bien muerto y, sin embargo, una y otra vez, reapareció vivo, bien vivo. Tras el asalto al cuartel Moncada, que él mismo dirigió el 26 de julio de 1953, tuvo que “tirar pa’l monte” junto a varios compañeros. Pretextando su búsqueda, el ejército de Fulgencio Batista dejó una estela de sangre; se rumoraba que el joven abogado de 27 años había sido asesinado. El 2 de diciembre de 1956, el Granma arribó a Cuba y a nivel internacional la noticia fue que “los jefes del movimiento 26 de julio quedaron tendidos bajo una lluvia de proyectiles. Entre los muertos se encuentra Fidel Castro, el principal director de la revolución”. En México, El Universal Gráfico presentó el siguiente encabezado: “Fidel Castro cumplió su promesa: murió por la causa. Consternación en la Isla de Cuba por la muerte del joven cabecilla rebelde, que estuvo refugiado en México, preparando el movimiento que se frustró ayer en la provincia de Santiago de Cuba”. En la Sierra Maestra la derrota del Ejército Rebelde pasó por verdadera en varias ocasiones, insistiendo en la caída final de quien, por méritos propios, era ya el Comandante en Jefe de la Revolución. En 2006, cuando Fidel abandonó formal pero provisionalmente sus funciones como jefe de Estado, las especulaciones acerca de su última respiración apenas se hicieron esperar. A la postre, aquellas falsas notas revelaron que, ante la vida de El gigante, tanta muerte ni siquiera supo hacerse poca.

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Como estudiante de la Universidad de La Habana, Fidel catalizó su participación política; profundizó sus saberes sobre José Martí y empezó a leer a Marx y Lenin. En la célebre entrevista realizada por Ignacio Ramonet, el revolucionario de sonrisa sarcástica y mirada pícara, como con tanto tino lo describió Néstor Kohan, señaló: “La literatura que más me gustaba de Marx, aparte del Manifiesto Comunista, eran Las guerras civiles en Francia, El 18 Brumario, la Crítica del programa de Gotha y otros análisis de carácter político. Me impresionaban su austeridad, su vida abnegada y el rigor de sus investigaciones”. En el periodo de prisión en Cuba, del 1 de agosto de 1953 al 15 de mayo de 1955, cuando las condiciones se lo permitieron dichas lecturas fueron más analíticas y las combinó con obras de Dostoievski, Jorge Amado, Turgueniev, Balzac y Freud, entre muchas más. Junto a otros moncadistas presos, el reo 3859 transformó la cárcel en un espacio de aprendizaje teórico. En noviembre de 1953 –haciendo un cruce reflexivo entre Los Miserables, de Víctor Hugo y El 18 Brumario de Luis Bonaparte, de Marx– anotó: “Poniendo estas dos obras una a lado de la otra, es como puede apreciarse una concepción científica, realista de la historia y una interpretación puramente romántica. Donde Hugo no ve más que un aventurero con suerte, Marx ve el resultado inevitable de las contradicciones sociales y la pugna de intereses prevalecientes en aquel instante. Para uno la historia es el azar. Para otro un proceso regido por leyes”. “Me han servido de mucho mis viajes por el campo de la filosofía. Después de haberme roto un buen poco la cabeza con Kant, el mismo Marx me parece más fácil que el padrenuestro”, escribió con buen humor el 4 de abril de 1954. Ante un amago de retenerle un par de libros, dirigió una carta a un mando carcelario anotando que la situación “me resulta realmente humillante y dura, porque interfiere algo muy íntimo en el hombre que es su deseo de saber”. Para el preso 3859, la cárcel se hizo trinchera de ideas en la que el encierro no terminaba por ser tal si, pese a todo, se podía resistir desde la militancia del pensamiento y la sed de ser en el saber.

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Un 16 de octubre de 1953, Fidel pronunció el discurso conocido luego con el nombre de La historia me absolverá. Lejos de ser el aventurero irracional, que hasta hoy día sus más conspicuos detractores tanto se empeñan en dibujar, se presentó como el abogado estudioso y conocedor de la historia de su pueblo, capaz de dar cátedra acerca de José Martí, de las gestas de Maceo, de Agramonte, de Carlos Manuel de Céspedes y del espíritu peleón de los mambises; conocedor de las ideas de Martínez Villena, Guiteras y Mella; estudioso a fondo de la vida política, económica y social de la Isla. Rescatando la historia negada de Cuba, Fidel transformó un juicio en su contra en la tribuna ideal para ser él quien juzgara a la tiranía de un país que, a decir de Roberto Fernández Retamar, fue “convertido por Estados Unidos primero en tierra militarmente ocupada, luego en un protectorado, y en una neocolonia, con la complicidad de serviles dirigentes locales entregados a la corrupción más desvergonzada”. Además de un alto contenido teórico –que bien merece estudiarse a fondo para entender por qué Cuba no renuncia a su camino– el discurso destaca también por la confección poética del decir. Fidel enjuició a la sociedad que se conmovía “ante la noticia del secuestro o el asesinato de una criatura, pero permanece criminalmente indiferente ante el asesinato en masa que se comete con tantos miles y miles de niños que mueren todos los años por falta de recursos, agonizando entre los estertores del dolor, y cuyos ojos inocentes, ya en ellos el brillo de la muerte, parecen mirar hacia lo infinito como pidiendo perdón para el egoísmo humano y que no caiga la maldición de Dios”. El acusado que necesitó asumir su propia defensa habló con “sangre del corazón y entrañas de la verdad”, como representante de la “gran masa irredenta, a la que todos ofrecen y a la que todos engañan y traicionan, la que anhela una patria mejor y más digna y más justa”. Marc Angenot ha pensado el “discurso social” como un hecho social convertido luego en hecho histórico porque en él se vuelcan los sentimientos, los dolores y las aspiraciones colectivas de una época. Eso mismo fue lo que La historia me absolverá significó: examen de la historia, manifiesto de vida y proposición de futuro.

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Foto: Archivo.

Luis Báez escribió que en Fidel había “mística y hay pasión: es capaz de convencer porque es el primer convencido de su causa”. Jean Paul Sartre y Gabriel García Márquez coincidían en que los discursos de Fidel Castro eran, ante todo, pedagógicos. Existía en ellos una envolvente manera de hablar, una paciente explicación que convencía al más descreído de los mortales. Discursos con varias tonalidades, con bemoles y crescendos que, como anotó el Che, generaban “algo así como el diálogo de dos diapasones cuyas vibraciones provocan otras nuevas en el interlocutor. Fidel y la masa comienzan a vibrar en un diálogo de intensidad creciente hasta alcanzar el clímax en un final abrupto, coronado por nuestro grito de lucha y de victoria”. En los discursos puede rastrearse al Fidel más teórico, al Fidel más intelectualmente militante, capaz de traducir en términos llanos qué significaba el imperialismo para la cubanía, como cuando el 16 de abril de 1961 –en el sepelio de las víctimas de los bombardeos de un día anterior en San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba, apenas un día antes de la invasión a Playa Girón– declaraba el carácter socialista de la Revolución: “Compañeros obreros y campesinos, esta es la Revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes. Y por esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, estamos dispuestos a dar la vida”. En sus intervenciones, lanzaba definiciones que provocaban explosiones reflexivas, como cuando el 1 de mayo del 2000 dijo “Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas”. Desde sus discursos, Fidel era el crítico más antidogmático, severo, audaz y mordaz del proceso revolucionario, como cuando el 17 de noviembre de 2005 señaló que uno de los errores más importantes cometidos por la dirección revolucionaria era “creer que alguien sabía de socialismo, o que alguien sabía de cómo se construye el socialismo […] Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse”. Fidel fluía en la palabra dicha e influía con la dicha de la palabra, por eso su decir sigue diciendo.

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Antonio Gramsci, inquebrantable pensador del futuro desde la convicción, la necedad y la ética, decía que en la vida política “la actividad de la imaginación debe estar iluminada por una fuerza moral: la simpatía humana” y que “Un hombre político es grande en la medida de su poder de predicción”. El gigante de Birán algo de ello sabía. No por nada, el Che veía en él a “un hombre extraordinario. Las cosas más imposibles eran las que encaraba y resolvía. Tenía una fe excepcional en que una vez que saliese hacia Cuba, iba a llegar. Que una vez llegado, iba a pelear. Y que peleando, iba a ganar”. Fidel supo combinar imaginación y capacidad de diálogo con la historia para adelantarse con ella; así construyó posibilidades y realidades. No era hechicero, pero algo de buena magia había en quien desde hace poco más de tres décadas advertía sobre la necesidad de enfrentar el cambio climático de forma solidaria y humanitaria. Hoy el tema es ineludible: quizá no sea demasiado tarde para volver al mejor hijo de Martí y escucharlo de veras.

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Dicen que lo que no se puede no se puede y, además, es imposible…pero Cuba no entiende de imposibles. Nadie creía en el nacer de una Revolución tan genuina apenas a unos pasos de Estados Unidos, ni que un país considerado como su garito sería libre en serio; ni que ese pequeño territorio resistiría el bloqueo económico más largo y brutal de la historia sin renunciar a sus sagradas conquistas sociales; ni que la Isla soportaría el periodo especial casi en absoluta soledad; ni que ese pedacito de tierra se convertiría en la patria más universal de la humanidad a través del concurso de sus modestos esfuerzos allí donde se necesitan; ni que lo imposible fuese el pan de cada día para que ese país chiquito de enorme y digna existencia siga siendo, aunque críticos y agoreros le exijan olvidar por qué el imperio busca someterlo. Fidel, a quien Eduardo Galeano llamó el “caballero que siempre se batió por los perdedores”, fue el principal responsable de tan porfiada manera de existir. De esas responsabilidades, ¿quién podría avergonzarse?

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Fotografía de Fidel tomada por el Che, 2 de enero de 1964

Al despedirse de Fidel, el Che apuntó que “Pocas veces brilló más alto un estadista” como en “los días luminosos y tristes de la crisis del Caribe”. No le faltaba razón, aunque ya desde los días bravos de Playa Girón Fidel había demostrado su capacidad de estadista. Lo hizo también en 1970, cuando debido al fracaso de la zafra de los 10 millones “en un acto de incalculable amor/ dijo a un millón de pueblo la culpa es mía”, como escribiera Mario Benedetti. Sin embargo, la estatura de Fidel se volvió insuperable el 5 de agosto de 1994 entre las protestas del “Maleconazo”. En aquel momento, enfrentó las manifestaciones como cuando plantaba cara a los ciclones; sin importar los ánimos encendidos, escuchó y dialogó. Y dialogando como uno más entre los más, la manifestación terminó en una lección de lo que la democracia puede ser. La escena es impensable en casi cualquier parte del mundo, pero bien harían en intentarla aquellos mandamases de todas latitudes que, todavía hoy, mucho se desviven en criticarlo. El resultado ni ellos mismos quisieran saberlo.

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Néstor Kohan tiene razón. Desde la propia izquierda, en Nuestra América y en el mundo, a veces se olvida cuán importante es y ha sido la Revolución cubana. Sin ella, el boom no habría sido lo que fue, ni tampoco la teoría de la dependencia, ni la pedagogía del oprimido, ni un cúmulo de discusiones vitales de tan necesarias. Néstor Kohan tiene razón. Los procesos que resisten al imperialismo tienen falencias, varias. Venezuela y la Revolución cubana no son –ojalá– la excepción, pero “frente a la asfixiante, ininterrumpida y creciente agresividad del imperialismo”, ya en su forma más dura o en la más “sonriente” es bueno no perder la brújula. Fidel lo sabía. A él hay que volver. Su longevidad física resultó importante, pero mucho más lo es su longevidad ideológica. Frente al imperialismo, llegan con Fidel los versos de Silvio Rodríguez cuando canta “Mi compromiso es sencillo/ sólo hay dos formas de estar/ o bien cogiendo el martillo/ o bien dejándose dar”.

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El 1 de agosto de 2021, tras ganar su cuarta medalla de oro olímpica en lucha grecorromana, un triunfante, cansado y sonriente guerrero llamado Mijaín López, conocido como El gigante de la lucha, deseaba “agradecer y dedicar este resultado a nuestro Comandante en Jefe invicto, quien fue quien llevó por primera vez el deporte en Cuba”. En la guerra contra la injusticia y la indignidad Fidel Castro Ruz, El gigante de Birán, continúa invicto. En su decir, Mijaíl sigue diciendo.

La infinitud de un hombre

Por: Wilmer Rodríguez Fernández, Yunet López

Honras fúnebres dedicadas al Comandante en Jefe Fidel Castro. 30 de noviembre de 2016. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Un ruido de motores rasgó el mutismo. Lento, sabiendo el peso de la historia que cargaban, iniciaron los autos del cortejo fúnebre la marcha desde el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias con rumbo a Santiago, en el Oriente, hacia donde nace el Sol. Era exactamente las 7:16 del último día de aquel noviembre, un amanecer que olía a humo de velas, sollozos, fotos empolvadas, recuerdos queridos, tristezas…

La Habana, con silencio respetuoso, despidió las cenizas del Comandante Fidel, quien cinco días antes, la noche del 25, había dejado de ser hombre para volverse bandera eterna de sus luchas. Aquella mañana de adioses las calles más céntricas del Vedado lo esperaban desbordadas de gente. En M y 23, frente a la antigua funeraria Caballero, entre la multitud, estaba Marilú Rego Hernández. Ella lo conoció a sus 18 años, cuando en 1959, junto a familiares y amigos de su barrio en Catalina de Güines, en la antigua Habana, hizo una colecta y compró una cadena de oro, su medalla con la efigie de Santa Catalina ―patrona del poblado― y unos yugos con las iniciales entrelazadas de Fidel para regalárselo cuando pasara triunfante.

Entonces lo esperó frente al cuartel de Catalina y al ver el primer auto, donde venía el líder, la muchacha se puso en medio de la calle y el carro frenó. Fidel desde allí conversó un momento con ella y le dio un papel que, el 15 de enero, le abriría a Marilú las puertas del antiguo hotel Havana Hilton, donde, mirando aquellos ojos guerrilleros que no olvidaría jamás, le entregó al Comandante el regalo.

También desafiando los pesares de la vejez salió aquel 30 de noviembre a la avenida principal de San José de las Lajas, capital de Mayabeque, Erundina Fernández. A sus ochentainueve mayos no durmió la noche anterior por la tristeza. Así trasnochada fui junto a mi cuñada Ramona, de ochentaiséis años, hasta la orilla de la Carretera Central. Dije: “eso no me lo puedo perder yo”; y salimos las dos de madrugada.

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Molinos de Viento…….A través de la Embajada de Cuba envié un mensaje urgente a Fidel

Fidel preguntó por el estado de salud de los niños y planteó la posibilidad de que el avión de Cubana que hacía el vuelo de Lima a La Habana, hiciera escala en Quito

Un trágico martes 6 de octubre, pero de 1987, en la urbanización Molinos de Viento, cerca de Quito, Ecuador, cuatro niños: Erick Coronel Cadenas, Leiff Coronel Cadenas, Rubén Ramírez Cortez, y Andrecito Pantoja Proaño, de once, diez, nueve y 7 años respectivamente, jugaban en el sótano de la casa de uno de ellos cuando, al encender una vela, estallaron en fuego unos bidones de gasolina y sufrieron todos muy graves quemaduras.

En el primer hospital al que fueron llevados, del seguro social, no quisieron atenderlos porque el seguro no cubría a los familiares de los asegurados. Fueron trasladados entonces al Hospital Metropolitano, recién construido y dotado con casi todos los adelantos de la medicina moderna. Digo “casi” porque no tenía sala de quemados ni especialistas en esa rama. Era, además, un hospital privado donde el costo, 400 dólares diarios (de aquella época) por cada niño, sin contar los tratamientos, estaba fuera del alcance de los padres, a pesar de que éstos pertenecían a la clase media.

Todos los habitantes de Molinos de Viento se movilizaron para recaudar fondos, y numerosos artistas de la ciudad organizaron conciertos con ese objetivo pero, a pesar del éxito obtenido, pronto se vió que lo que podía recaudarse no alcanzaría para pagar ni una mínima parte de la deuda que se acumulaba.

Lo peor era que el hospital sólo sería capaz de proporcionar el tratamiento clínico pero no el quirúrgico indispensable en estos casos, por lo que el pronóstico era muy sombrío. Un periodista ecuatoriano, al realizar un reportaje sobre el caso, indagó con un pediatra del hospital cómo era posible que un centro tan moderno y tan bien dotado no tuviese una sala especializada en quemados. La respuesta fue descarnadamente sincera: “Porque son los pobres los que se queman y éstos no pueden pagar los tratamientos.  En las casas de los ricos, son las sirvientas las que se queman. Y cuando algún rico se quema, no viene aquí, se va a curar a Estados Unidos”.

Desesperados, los padres de los niños tocaron en todas las puertas hasta que, creo que fue el Embajador de Venezuela en Quito, les recomendó que buscasen la ayuda de Cuba. Fueron a verme y les prometí que haría las gestiones de inmediato.

A través de la Embajada de Cuba envié un mensaje urgente a Fidel. Pocas horas después me encontraba en casa del arquitecto Alfredo Vera, ministro de Educación, cuando supe que me estaban localizando porque tenía una llamada del Comandante en Jefe, quien volvería a llamarme en veinte minutos. Salí volando más que corriendo hacia la Embajada y, pocos minutos después, llegó la llamada de Cuba. Era Chomi, quien, acto seguido, me puso al habla con el Comandante. Fidel preguntó por el estado de salud de los niños y planteó la posibilidad de que el avión de Cubana que hacía el vuelo de Lima a La Habana, hiciera escala en Quito a recogerlos. Le expliqué que los niños estaban en condiciones muy críticas, que lo más importante en estos casos era evitar la contaminación de las heridas por lo que al menos en una parte del avión había que crear condiciones asépticas y las de una sala de terapia intensiva. Fidel ordenó que al avión de Cubana en Lima le quitaran los asientos de una de sus secciones e instalaran allí los equipos necesarios atendidos por especialistas cubanos. En menos de 24 horas convirtieron la nave de pasajeros en un avión hospital y Chomi me llamó al día siguiente para avisarme que el avión estaba listo para aterrizar en Quito y que debía ocuparme de asegurar el traslado de los niños hasta el aeropuerto. 

Como siempre sucede en circunstancias como éstas, muy sensibles para la opinión pública, los políticos salen a escena para convertirse en protagonistas. Una figura clave para el traslado de los niños desde el hospital Metropolitano hasta el aeropuerto, era la Primera Dama, María Eugenia Cordovés de Febres Cordero, Presidenta del Instituto del Niño y de la Familia. Acompañado del padre de uno de los niños, el ingeniero, escritor y poeta chileno Rubén Darío Ramírez Zamorano, gestionamos con la Primera Dama el permiso de aterrizaje para el avión de Cubana y su ayuda para el traslado de los niños al aeropuerto. “… que me llame Fidel” fue la condición que puso. Le explicamos que no podíamos pedirle eso, y que, si el avión no trasladaba a los niños, éstos, con toda probabilidad morirían, que ése era el criterio de los especialistas, y que, seguramente, ella no querría cargar con esta responsabilidad.

Según publicaron los diarios, fue ella la que llamó a Fidel. Sea lo que haya sido, el hecho es que a partir de ese momento todo se desarrolló con precisión cronométrica. Fue autorizado el aterrizaje y cuando el avión se acercaba a Quito, cuatro ambulancias nuevas estaban listas para trasladar a los niños. Habíamos calculado que el traslado demoraría once minutos, por lo que cuando el avión apareció en el horizonte llamé a María Eugenia y ésta dio la orden de subir a los niños a las ambulancias y que éstas partiesen de inmediato hacia el aeropuerto con motos de la policía despejando el camino.

La noticia había trascendido y una multitud se agolpaba en las afueras del aeropuerto para despedir a los niños. Cuando se acercaban las ambulancias, una anciana, llorando, exclamaba en voz alta: “¡Gracias a Dios! ¡Gracias a Dios!, pero alguien del público gritó: “Qué gracias a Dios ni gracias a Dios, ¡Gracias a Fidel!”, pero otro, conciliador, añadió: “¡Gracias a Dios y gracias a Fidel!”.

Sin detenerse, las ambulancias entraron a la pista y los niños fueron introducidos a la nave de Cubana. A su arribo a La Habana, el 22 de octubre, otras ambulancias estaban esperando para su traslado al Hospital William Soler. 

Después de evaluar individualmente los casos, desde el segundo día de ingreso comenzaron los injertos de piel cada cuatro días. Se cubrieron las lesiones profundas y los niños evolucionaron de estado muy crítico a crítico, de muy grave a grave, hasta rebasar este último. Desde el principio recibieron tratamiento de fisioterapia activa y pasiva y se les aplicaron medicamentos que ayudan a disminuir las secuelas. Luego vendrían las operaciones de cirugía reconstructiva y estética. Fidel siguió de cerca todo este proceso y los padres se maravillaban de como conocía hasta el más mínimo detalle de la salud de los niños.  

La emisora internacional Radio Habana Cuba emitía un parte médico diario sobre el estado de salud de los niños y el barrio entero de Molinos de Viento se reunía ansioso para escuchar los partes. Cuando, antes de finalizar el año, Radio Habana Cuba transmitió que ya los cuatro niños estaban fuera de peligro, estalló la alegría en Molinos de Viento. Fueron a buscarme a Quito, a mi y a mi familia, y la fiesta duró toda la noche.

Por: Dr Salvador Capote

Documental “Los afortunados entrevistadores de Fidel”

Cuba Historia

Mesa Redonda – Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.- En homenaje al Comandante en Jefe en el 5to Aniversario de su desaparición física la Mesa Redonda repone su producción audiovisual “Los afortunados entrevistadores de Fidel”, que recoge los testimonios de los reconocidos intelectuales Frei Betto, Tomás Borge, Ignacio Ramonet y Gianni Miná sobre sus famosas entrevistas al líder histórico de la Revolución Cubana.

La energía de un líder único

El yate Granma zarpa desde Tuxpan, el 25 de noviembre de 1956; son 82 expedicionarios y llevan el compromiso de ser libres o mártires. Muere Fidel,  el 25 de noviembre de 2016, esta vez al frente de una Isla-continente, y con millones de hombres y mujeres abrazados a su Revolución

Autor: Julio César Sánchez Guerra | internet@granma.cu

Foto: José Manuel Correa

El yate Granma zarpa desde Tuxpan, el 25 de noviembre de 1956; son 82 expedicionarios y llevan el compromiso de ser libres o mártires. Muere Fidel,  el 25 de noviembre de 2016, esta vez al frente de una Isla-continente, y con millones de hombres y mujeres abrazados a su Revolución.

Sus  mortales cenizas reposan dentro de una piedra, poderoso símbolo que nos recuerda los mitos de pueblos ancestrales, que reconocen en las piedras la presencia de las almas, que siguen vivas; ahora la obra y el pensamiento de Fidel son territorio de lucha ideológica y cultural.

¿El primer gran desafío de Fidel?  Intentar una Revolución emancipadora  y de justicia social, a 90 millas del imperio más poderoso que haya existido sobre la tierra. Luego, el otro dilema colosal: ¿Cómo desarrollar una economía que había dependido de Estados Unidos, si ese Gobierno establece un bloqueo que nos condena a la asfixia por falta de recursos?

El mérito de derrotar a la dictadura de Batista había sido grande, pero al reconocer Fidel el 8 de enero de 1959 que, a partir de aquel momento, todo sería más difícil, contemplaba el riesgo de asumir la total independencia para no ser colonia de nadie. Parecía imposible enfrentar las agresiones yanquis, que combinó el bloqueo económico con otras formas de terror. El pueblo cubano ha logrado resistir y acumular sus propias victorias, y al frente de esa gran proeza está Fidel. Ahora que  ya no  se encuentra físicamente entre nosotros, es preciso asumir sus lecciones para continuar haciendo la Revolución. Fidel sabe que ella no es posible sin el pueblo, por eso las medidas económicas tienen que seguir considerando siempre cómo repercuten en el tejido social del país. No teme hablar de los errores, y defiende  la verdad, los principios, el peso definitivo de la ética.

Esto nos dijo Fidel: «Armar la unidad es  asunto que define la existencia misma de la Revolución. Ser ejemplo y estar donde el pueblo trabaja y sueña; defender el amor desde la política que se esfuerza por la justicia y la felicidad, en un país bloqueado por gobernantes imperiales que no perdonan nuestra osadía libertaria».

Por eso y más, no basta con colgar de las paredes el concepto de Revolución que nos legara una mañana de mayo desde la tribuna de la Plaza de la Revolución; es preciso convertir su mensaje en práctica revolucionaria, en ejercicio de heroísmo cotidiano.

Ahora el genio del líder es un esfuerzo colectivo con muchos rostros y nombres. Una nación tan pequeña tiene dos hombres  grandes: Martí y Fidel. Las reservas morales de ese legado son patrimonio espiritual de la Revolución Cubana.

Cuando Eduardo Galeano escribió Espejos, una historia casi universal, entre sus páginas aparece Fidel; pone el escritor sobre el balance los juicios críticos de lo que dicen sus enemigos, y también lo que callan: «Pero sus enemigos no dicen que no fue por posar para la historia que puso el pecho a las balas cuando vino la invasión; que enfrentó los huracanes de igual a igual, de huracán a huracán; que sobrevivió a 637 atentados; que su contagiosa energía fue decisiva para convertir una colonia en patria… Y no dicen que a pesar de todos los pesares, a pesar de las agresiones de afuera y de las arbitrariedades de adentro, esta Isla sufrida pero profundamente alegre, ha generado la sociedad latinoamericana menos injusta…».

Esa energía revolucionaria ratifica que las ideas no pueden ser rotas por la proa de acorazados imperiales o la contrarrevolución, porque la Revolución crecida tiene delante a quien se batió por los humildes de la tierra: Fidel.

Fidel Vive: comunicado de la Asociación Valenciana de Amistad con Cuba José Martí

Solidaridad Solidaridad con Cuba

A continuación, el comunicado de la Asociación Valenciana de Amistad con Cuba José Martí en homenaje a Fidel Castro, a los cinco años de su fallecimiento.


Fidel Vive: comunicado de la Asociación Valenciana de Amistad con Cuba José Martí

Asociación Valenciana de Amistad con Cuba José Martí

Hoy, 25 de noviembre de 2021, se cumplen cinco años de la desaparición física de nuestro Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz.

Fidel fue, es y seguirá siendo, junto al libertador José Martí que da nombre a nuestra Asociación, ejemplo central y fuente de inspiración para nuestro trabajo diario. Su perseverancia y su claridad y ejemplo ante las ideas que defiende el socialismo han sido luz de guía para las personas revolucionarias del mundo entero, entre las que nos incluimos. Fidel supo mantenerse firme cuando hacía falta, supo celebrar los enormes triunfos que la revolución cubana ha conseguido, pero también supo alentar a todos los revolucionarios del país a seguir mejorando día a día en el camino hacia la libertad y el socialismo. Fue autor intelectual de muchos de los innegables avances que Cuba ha conseguido desde 1959, y esto constituye una deuda impagable para su pueblo y para todas las personas que seguimos creyendo en un mundo en el que los seres humanos estemos por encima de los intereses económicos.

El Comandante mostró siempre una inquebrantable convicción cuando la lucha del pueblo libre dio sus frutos, pero también cuando el feroz imperialismo ha tratado de frenarla de las maneras más viles e inhumanas, siendo claro ejemplo de ello el bloqueo criminal que EEUU lleva imponiendo a Cuba más de 60 años. Hoy en día sabemos, gracias a él, que los verdaderos revolucionarios deben pelear cada día de sus vidas por ganar cada batalla al capitalismo y al imperialismo, construyendo una sociedad más libre, justa e igualitaria. Si el pueblo cubano, liderado por Fidel, no se hubiese mantenido firme en los peores momentos en los que parecía que era imposible continuar con el proyecto revolucionario, Cuba nunca habría llegado a ser el país que es ahora: un país que no se arrodilla ante el más fuerte, sino que lucha hasta la victoria.

Nuestro compromiso con la revolución cubana se mantiene firme, desde hace 35 años, y hasta la victoria final, cada día de nuestras vidas.

Fidel Vive.

En Valencia, a 25 de noviembre de 2021