27 de noviembre: la inocencia que hasta hoy clama

Por Redacción Razones de Cuba

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A 151 años del horrendo fusilamiento en La Habana de ocho inocentes estudiantes de Medicina, el 27 de noviembre de 1871, ellos vuelven a la memoria de Cuba y en especial de sus jóvenes, con la fuerza redentora del homenaje a sus vidas truncadas en flor y a la inocencia,  que hoy clama justicia todavía.

“Cadáveres amados los que un día ensueño fuisteis de la Patria mía”, escribió José Martí pensando en ellos, un dolor que le fue muy próximo como cubano y amigo del alma de Fermín Valdés Domínguez, uno de los estudiantes juzgados en el sumarísimo proceso del cual, con suerte casi providencial, saliera con la pena de cárcel.

Ese crimen sin nombre, tal vez la mancha más abominable del colonialismo en la Isla, fue resultado del incremento de la represión y el odio de un sistema carcomido seriamente por la pérdida de la mayor parte de sus vasallos en América,  y desafiado aquí por el comienzo de la primera guerra de independencia desde el 10 de octubre de 1868.

Para ello había creado el famoso cuerpo represivo llamado Voluntarios de La Habana, formado por peninsulares y criollos apóstatas, los más violentos y reaccionarios servidores del gobierno español, que fuera el instrumento más visible de la trama y la ejecución del salvaje escarmiento a los cubanos en plan de rebeldía.

No hay que engañarse pensando, empero, que en un momento dado los Voluntarios se les fueron de las manos a los gobernantes hispanos y los pusieron contra la pared, a fin de conseguir saciar su irracional sed de sangre.

La fuerza paramilitar representaban correspondía fielmente a los intereses de la Corona y ambos eran uno en cuanto a la defensa de los intereses de esta. Ese batallón de infames se desempeñó fundamentalmente, libre y aupado por los gobernantes, desde 1855 hasta 1898.

Así fue como, tras dos juicios de guerra de rapidez fulminante, ocho jóvenes que cursaban el primer año de Medicina en la Universidad capitalina, fueron condenados a muerte y fusilados en la Explanada de la Punta -hoy ubicada en Malecón y Prado-, bajo la acusación falsa de infidencia por haber dañado el sepulcro del periodista y furibundo defensor de la causa española, Gonzalo de Castañón.

Los nombres de los inmolados apenas al llegar a la juventud eran Anacleto Bermúdez, Angel Laborde, José de Marcos, Juan Pascual Rodríguez, Alonso Alvarez de la Campa, Carlos de la Torre, Eladio González y Carlos Verdugo.  Los tres últimos  habían sido incluidos por sorteo en la sentencia, para satisfacer a los Voluntarios de La Habana, quienes veían en Castañón un ícono, cuando realmente era un “hombre de odio”, como lo calificara el Apóstol.

En medio de esa sociedad aherrojada por el colonialismo, ese cuerpo represivo había protagonizado una triste asonada el 22 de enero de 1869, en una representación picaresca del Teatro Villanueva, en la cual masacraron a inocentes. Parece que ya estaban necesitando incrementar el nivel de sus escarmientos y actos comunes de terror.

Por eso le vino de perilla el suceso protagonizado por un grupo de jóvenes estudiantes en la tarde del viernes 24 de noviembre de 1871.

Impacientes por la tardanza de su profesor de Anatomía, algunos chicos del primer curso de Medicina de la Universidad de La Habana, decidieron salir del Anfiteatro, en tanto otros cruzaron al cercano Cementerio de Espada, ubicado en la calle San Lázaro.

Unos decidieron recorrer sus patios, mientras otros se dedicaron a jugar con el carro que transportaba los cadáveres desde el camposanto hasta la sala de disección docente. Uno arrancó una flor de una ofrenda depositada en un recipiente.

Aquella algazara inapropiada causó el enojo del vigilante, a quien preocupaba sobre todo  la integridad de los jardines y sembrados. Esto lo llevó, sin embargo, a una acción vil y extrema: acusarlos ante el gobernador político de haber arañado el cristal de la tumba de Gonzalo de Castañón.

Con rapidez en volandas el gobernador ordenó el apresamiento de los jóvenes, que en un principio fueron los 46 estudiantes que esperaban al profesor ausente.

Se realizó el primer Consejo de Guerra y bajo las falsas acusaciones se impusieron penas severas, pero no se llegó al dictamen de penas de muerte. En el juicio a los alumnos inocentes descolló la actuación del abogado defensor, el digno oficial del ejército español Federico Capdevila, quien echó rodilla en tierra por el pundonor y la lealtad al oficio.

Pero entonces entró en acción la barbarie. Los Voluntarios de La Habana no aceptaron el veredicto y se amotinaron con gran violencia, amenazando con revueltas, frente al edificio donde se había celebrado la primera vista.

Rápidamente tuvo que efectuarse un segundo proceso, destinado a complacer a los odiadores y sicarios, que  impuso la pena capital para los jóvenes citados. Once  fueron condenados a seis años de prisión, 20 a cuatro y cuatro a seis meses.

Uno de los encarcelados, Fermín Valdés Domínguez,  pudo terminar la carrera en España tras cumplir la sentencia, y al regresar a la Isla amada ejerció la profesión y se consagró a buscar el sepulcro prohibido y desconocido de sus compañeros, una fosa común fuera del cementerio, inclusive vedada a sus familiares. Lo halló tras una búsqueda larga, riesgosa y abnegada.

Siendo muy jóvenes José Martí y Fermín Valdés Domínguez denunciaron con coraje el crimen horrendo y el inhumano presidio político en Cuba, apenas al llegar a su exilio en la metrópolis, mientras estudiaban carreras diferentes en la Universidad de Zaragoza.

Todavía el alma cubana se estremece y llora por los ocho estudiantes inocentes. Ni muertos ni olvidados, viven en los corazones del pueblo. Y más, en tiempos en que descendientes de aquellos sicarios y mercenarios coloniales, han pretendido manchar, inútilmente, su memoria. 

Testimonios del Periodo especial sobre Fidel que atesora el exministro de Economista José Luis Rodríguez

Cuba Historia

Canal Caribe.- Y como parte de la serie de testimonios realizada por el Centro Fidel Castro Ruz en homenaje al sexto aniversario de la partida física del Comandante en Jefe, hoy nos acercamos a algunos de los tantos recuerdos que atesora el destacado economista de Cuba, José Luis Rodríguez, un hombre que, durante 25 años, fue colaborador cercano del Líder de la Revolución Cubana.

José Luis Rodríguez: “Para Fidel no había economía sin política ni política sin economía”

Cubaperiodistas.cu

septiembre 3, 2019

Para Recordar a Fidel en su 93 cumpleaños, la Unión de Periodistas de Cuba auspició un conversatorio con el Dr. José Luis Rodríguez, quien fuera colaborador del Comandante y ministro de Economía durante los duros años del Período Especial.

Rosa M. Elizalde: Quien va a hablarnos es muy conocido. Fue Ministro de Economía durante todo el Período Especial, uno de los arquitectos —con Fidel, por supuesto, como maestro de obra— de la estrategia que permitió que el pueblo cubano sobreviviera en la peor crisis que ha vivido la Revolución en sus más de 60 años de existencia.

Actualmente José Luis Rodríguez es asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial, colaborador de Cubadebate y uno de los pocos economistas que está tratando de interpretar con objetividad, desde la pedagogía de Fidel y su visión socialista, las transformaciones económicas y sociales que se iniciaron con los Lineamientos del Partido en ya casi una década.

Hoy nos hablará del pensamiento económico Fidel, porque mañana es el cumpleaños 93 del líder de la Revolución. A tono con las nuevas medidas que han celebrado los periodistas y todo el sector público, consideramos que debíamos recordar de dónde vienen estas decisiones que benefician a millones de cubanos, con un hombre que estuvo todos los días junto al Comandante en Jefe —mañana, tarde y noche—, tratando de alimentar a un pueblo y de desarrollar a un país en las condiciones más adversas.

Gracias, José Luis, por estar acá, un abrazo y bienvenido. Tienes la palabra.

José Luis Rodríguez: Gracias a ustedes por la invitación. Hay muchos compañeros que pueden hablar de esa época y de otros momentos, de la obra de Fidel y del trabajo con Fidel. Realmente me considero muy afortunado. La vida de una persona tiene momentos determinantes, y para mí lo fue sin duda alguna haber podido colaborar con Fidel durante veinticinco años.

Esa colaboración empezó cuando se crea el Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM), en 1979, durante el período en que Cuba presidió los No Alineados. El objetivo del CIEM era asesorarlo a él en temas de economía internacional, de economía mundial, y a partir de ahí comenzamos un trabajo, primero de ayuda en la elaboración de materiales y discursos. Pueden imaginar la enorme responsabilidad que tuvimos encima -Osvaldo Martínez, que dirigía el CIEM en ese momento, y yo, que era el subdirector, aunque ambos éramos profesores con cierta experiencia en la universidad.

En mi caso, había trabajado en empresas (era contador) y, además, había trabajado los temas económicos por dentro. La experiencia de haber dado clases en la universidad desde 1967 ayudaba mucho a la hora de traducir ideas, de presentarlas lo más sencilla y objetivamente posible.

Relevancia del pensamiento económico

Hay toda una serie de anécdotas que revelan la importancia que Fidel le daba a ese trabajo y a la economía propiamente dicha, de todas formas era realmente un trabajo de mucha responsabilidad.

Los primeros contactos que tuve con él fueron telefónicos. Me acuerdo que un día de un discurso en un aniversario de los CDR me avisaron en mi casa: “lo va a llamar el compañero Fidel”. Me quedé electrizado, era la primera vez que iba a hablar directamente con él, y estuvimos conversando como dos horas por teléfono. Ustedes saben cómo era Fidel, habló de cuanta cosa en ese momento estuviera discutiéndose en la economía, en la política internacional, etcétera. Él hacía preguntas y yo trataba de responderlas.

Empezamos a trabajar directamente con Chomy (José Ramón Miyar Barruecos) que era el secretario del Consejo del Estado y atendía directamente los vínculos de Fidel con el Equipo de Apoyo. También estaban otros compañeros que atendían los temas que no eran de economía, como el periodista Julio García Luis; Pedro Álvarez Tabío, que era el editor del Consejo de Estado: su último trabajo fue enorme: Cien horas con Fidel, que se desarrolló con mucha calidad, y había otro grupo de compañeros que eventualmente colaboraban en este sentido.

El interés de Fidel por los temas de economía internacional creció mucho a partir su discurso en Naciones Unidas en 1979. Fidel levantó la idea de crear un fondo de trescientos mil millones para impulsar el desarrollo. Empezó un trabajo muy intenso para promover estas ideas con participación en una serie de eventos. Eso fue entre 1980 y 1983, aproximadamente.

La crisis económica y social del mundo

Ya a finales de 1982 y principios del ‘83, Cuba tiene que entregar la presidencia de los No Alineados a la India. Fidel decide hacer un libro que se llamó La crisis económica y social del mundoque se entregó en la Cumbre de Nueva Delhi. En el texto se analizaba la coyuntura internacional en todos sus aspectos: los problemas de alimentación, la industrialización, del medioambiente (que empezaban a tratarse en ese momento). Fue un trabajo muy intenso. Un grupo de compañeros, prácticamente estuvimos internados durante dos meses preparando los borradores, después de haber discutido con Fidel el esquema y los borradores de cada uno de los capítulos. Teníamos sesiones de discusión con él en relación a lo que se presentaba, a lo que él creía.

Fidel revisó y, en definitiva, palabra por palabra de ese libro. Es decir, se leyó todos los capítulos, discutió todos los capítulos y, desde luego, de cada discusión salían nuevas versiones y nuevos elementos a incluir. Al final él tuvo la gentileza de reconocer en el prólogo del libro el trabajo del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial, y de otros como el Centro de Investigaciones de la Economía Internacional, de la Universidad de La Habana, que también había colaborado con un grupo de compañeros.

Sobre ese libro hay muchas cosas que se pudieran contar. Ya en ese momento, los criterios de Fidel eran muy firmes en relación a temas como la crisis. El título del libro él lo defendió (La crisis económica y social del mundo), aunque en el mundo había países capitalistas y países socialistas.

Se hicieron traducciones a cuanto idioma fundamental existía: el inglés, el francés, el alemán, el ruso, el árabe, y todo eso se preparó en paralelo, para entregarlos en la Cumbre de Nueva Delhi en el ’83. Cuando llega la traducción al ruso los camaradas soviéticos dijeron que ellos no estaban de acuerdo con el título, porque se incluían los países socialistas, pero Fidel no cedió y dijo que la crisis económica y social estaba afectando al mundo.

Esto, provocó una reacción no muy agradable por parte de los soviéticos, y la edición rusa del libro fue de sólo cuatrocientos ejemplares, que no alcanzaban ni a uno por biblioteca en la Unión Soviética de entonces. Pero él no cedió con el título del libro y el libro en ruso también se llama La crisis económica y social del mundo. No del mundo capitalista, no del mundo subdesarrollado: del mundo. Porque ya había elementos suficientes para hablar de ciertas crisis en los países socialistas.

Era la etapa, año 1983, en que Cuba estaba participando en las guerras de liberación de África. Hay toda una serie de historias que contar también en ese sentido, sobre la participación de los soviéticos en esos hechos. Ocurrieron también otros intercambios en los que Cuba tuvo que asumir expresamente la defensa del país.

Recordemos la famosa conversación de Yuri Andropov con Raúl cuando le dijo que si había un ataque a Cuba ellos no iban a participar directamente; es decir, había toda una serie de elementos que ya daban señales de que no estábamos, digamos, de acuerdo en una serie de cuestiones, y Fidel tenía sus criterios muy firmes en ese sentido, no todos públicos, desde luego. Él se cuidaba mucho de no crear un cisma, cualquier grieta que pudiera ayudar al enemigo en ese momento, pero en realidad tenía criterios muy definidos en relación a lo que estaba ocurriendo en la economía mundial y la responsabilidad que, en este sentido, tenían los países socialistas.

Fidel en ese momento, inmediatamente después del año ’83, nos pidió que le preparáramos un plan de estudio de los temas de economía en general, pero de economía mundial en particular.

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Cuba: Ignacio Ramonet habla sobre Fidel Castro Ruz

Cuba Historia

Canal Caribe.- En homenaje al sexto aniversario de la partida física del Comandante en Jefe de la Revolución en #Cuba, continuamos con la serie de testimonios de personas que lo conocieron, con autoría del Centro #FidelCastroRuz. Hoy nos aproximamos a las vivencias que guarda el periodista y escritor #IgnacioRamonet, autor de un texto que ha recorrido el mundo: «Cien horas con Fidel».


¿Cuánto hay de Martí en Mella?

La vida intensa y corta de Julio Antonio Mella nos lleva de la mano por la espiritualidad y el sacrificio desgarrador, ese que lo hizo mantenerse firme en la defensa del ideal revolucionario, de una existencia plena de virtud, de nuestro José Martí

Autor: Yusuam Palacios Ortega | internet@granma.cu

Foto: Obra de Kamil Bullaudy.

¿Cuánto lo conoció?, ¿cómo descubrió la mística que lo acompañaba?, ¿en qué momento se declaró su discípulo? Así, sereno y al mismo tiempo impetuoso, se sentó Apolo junto al ángel, a quien debía descifrar; al hombre cuyo espíritu paradigmático sobrevolaba el convulso presente de la década en que era rescatado del polvo y la epidermis, allá por el siglo XX; a quien había sido llamado Apóstol.

La vida intensa y corta de Julio Antonio Mella nos lleva de la mano por la espiritualidad y el sacrificio desgarrador, ese que lo hizo mantenerse firme en la defensa del ideal revolucionario, de una existencia plena de virtud, de nuestro José Martí.

Julio Antonio comprendió que vivir martianamente era un desafío, y lo asumió. Esa fue su elección, la de un joven marcado por una fuerza natural todavía hoy indescriptible, la de un estudiante universitario que meditaba sobre cómo sería ser como Martí y pensaba, a su vez, en cómo dotarlo de vida más allá de su inexistencia física.

Mella era martiano; fue de los primeros en descubrir la utilidad de la martianidad y, como valioso tesoro, se sirvió de ella para hacer su hermosa y auténtica obra.

De Martí heredó esa naturaleza humana que lo elevó, en pocos años, a una categoría superior del hombre; el hombre nuevo, ese al que nos convidara el Che Guevara tiempo después, el de las fuerzas morales, como aprendimos de José Ingenieros, el paradigma de tantas generaciones de jóvenes que lo sentimos muy cerca por su carácter, inteligencia y espíritu creador.

¿Cuánto hay de Martí en Mella? Un carácter entero basado en la eticidad, la cuestión moral que regía su comportamiento, la decencia del buen ciudadano, que asume una conducta moralmente superior en una sociedad que era preciso transformar, que demandaba en sí misma una revolución. Y he ahí el carácter revolucionario de ambos.

Mella sentó las bases, desde la profunda raíz martiana, de la revolución socialista en Cuba, fundador del marxismo latinoamericano, original, enemigo de los cánones trillados.

El pensar por sí, tener criterio y defenderlo, los une invariablemente. Ese es el Mella que nos pedía ser seres pensantes y no conducidos. Mella tenía un pensamiento dialéctico y, como Martí, militaba por la justicia social. Como joven cubano y de la América nuestra, sintió las entrañas de Caliban, y se puso al lado de los pobres de la tierra. Como Martí, hizo esa elección, por eso anhelaba la verdadera independencia de la Patria, por eso luchó desde su colina universitaria, fundó el primer Partido Comunista de Cuba, la Liga Antimperialista de las Américas, la Universidad Popular José Martí y la heroica Federación Estudiantil Universitaria, que arriba ya a su centenario. Fue Mella un fundador, lo aprendió de Martí, al calor de las ideas, de ese hervidero de ideas que forja a los revolucionarios.

Trabajar con sus propias manos y respetar los derechos de los demás fueron rasgos que Mella descubrió en la extraordinaria vida martiana; y es que nuestro Ángel Rebelde fue a las honduras del Maestro, no se quedó en la epidermis, no fue superficial ni repetitivo. Mella se propuso descubrir a Martí y fue su intención ayudar a que el héroe de Dos Ríos fuera conocido de verdad entre los cubanos. Con su palabra precisa y acorde con las exigencias del tiempo histórico, escribió aquellos apuntes que no quedaron en las cuartillas de un cuaderno, sino en el pensamiento y la acción de sucesivas generaciones hasta hoy. Son sus glosas al pensamiento martiano, profunda interpretación que hizo Mella de Martí, no acabada porque nos dejó un inmenso reto: continuar descifrando el misterio del programa ultrademocrático del Partido Revolucionario Cubano creado por Martí.

Mella estaba convencido de la necesidad de que se escribiera un libro sobre José Martí, y quería hacerlo, pero no pudo; he ahí sus palabras en las que se advierte cuánto hay de Martí en Mella: «Hace mucho tiempo que llevo en el pensamiento un libro sobre José Martí, libro que anhelaría poner en letras de imprenta. Puedo decir que ya está ese libro en mi memoria. Tanto lo he pensado, tanto lo he amado, que me parece un viejo libro leído en la adolescencia. Dos cosas han impedido realizar el ensueño. Primero: la falta de tiempo para las cosas del pensamiento. Se vive una época que hace considerar que todo el tiempo es corto para HACER (…). Segunda razón: tengo temores de no hacer lo que la memoria del Apóstol y la necesidad imponen. Bien lejos de todo patriotismo, cuando hablo de José Martí, siento la misma emoción, el mismo temor, que se siente ante las cosas sobrenaturales…».

Y ese acto continuo de descifrar el misterio del programa ultrademocrático del Partido Revolucionario Cubano nos hace pensar en la conciencia original y auténtica que forjamos desde los momentos fundacionales de nuestra nacionalidad. Es la justicia como Sol del mundo moral y una cultura moralmente superior al capitalismo, entroncada en el pensamiento martiano y en las ideas marxistas. Julio Antonio Mella es hijo de esta tradición y portador de una cosmovisión capaz de unir, por el bien de Cuba, el pensamiento martiano y las ideas del socialismo.

Se identificó Mella con nuestro Martí, fue a su encuentro épico, desentrañó el espíritu martiano y lo hizo parte de su vida y obra. Ya no estaba ni olvidado ni muerto el Apóstol. Lo podíamos encontrar en Mella y en una generación que despertó a los dormidos y que entregó la savia de Martí a aquella otra que en el año de su centenario tocó el cielo de la libertad.

La guerra biológica contra Cuba

Cuba Contra Cuba Historia Contrarrevolución

La pupila asombrada.- El dengue hemorrágico y su introducción en Cuba por la CIA.

Ciencia cubana vs Bioterrorismo

Martha Pon – Capitán San Luis

El futuro de nuestra Patria tiene que ser, necesariamente, un futuro de hombres de ciencia, de hombres de pensamiento. Fidel Castro

Cuba es ejemplo ante el mundo por los importantes logros en la ciencia y por la colaboración internacional en las diferentes ramas de la salud. Hombres y mujeres que trabajan en los órganos científicos del país y fuera de estos, se esfuerzan diariamente por salvar al género humano de las consecuencias de la llamada “ciencia sin conciencia”, como formulara Rabelais en el siglo XVI. Y es que nuestro pueblo ha sido objetivo de ataques bioterroristas durante los ya 60 años de Revolución. En un estudio realizado en Estados Unidos sobre los aspectos del desarme de la guerra química, biológica y radiológica, se menciona una lista de patologías contra personas, animales y plantas como armas para la guerra biológica y se reconoce el uso de estos medios como muy “efectivos” para acciones encubiertas.

La Editorial Capitán San Luis publicó en el 2008 el libro La guerra biológica contra Cuba, de Ariel Alonso Pérez donde aparecen las historias de esa guerra biológica a la que hemos sido sometidos.

Confesiones de un ex oficial de la CIA sobre las agresiones de bioterrorismo contra Cuba

En agosto de 1983, un ex oficial de la CIA reveló en visita no oficial a Cuba elementos muy interesantes sobre las acciones de bioterrorismo contra nuestro país, así como algunos de sus aspectos metodológicos. Asimismo mencionó hechos relacionados con algunos casos detectados, explicando lo siguiente:

Que conoció sobre la introducción del dengue en Cuba y los preparativos de un dispositivo de enmascaramiento —simulando un bombillo— para entrar, de forma ilegal, parte del material biológico a través del Aeropuerto Internacional José Martí. Justamente a menos de dos kilómetros de ese lugar se produjo el foco inicial en Ciudad de La Habana.

Que una colega le había manifestado que se estaba preparando una acción encubierta contra Cuba, relacionada con el uso biológico, que traería serias afectaciones a la población cubana.

Esta fuente le había dado los nombres de varias personas que participarían en la acción y le habría dicho que el grupo era de unas 10 ó 20 personas, la mayoría médicos y especialistas. Que una parte de los encargados de introducir el material en Cuba lo harían, probablemente, a través de Canadá —como turistas y con pasaporte falso—.

En 1980, en conversación con otra doctora que participó en la acción, ella le había manifestado: “Ahora nosotros tenemos el poder y el control sobre ellos —los cubanos— de la forma que queramos y no pasará mucho tiempo para que tengamos pruebas de lo que nuestros amigos hicieron en Cuba”.

Sobre la fiebre porcina africana manifestó que —aunque no conocía los detalles de la acción— sabe que la CIA tuvo que ver con eso y conoció de un experimento que se efectuó en el propio territorio de Estados Unidos de América, donde se inoculó a un grupo de cerdos, para ver el comportamiento de la cepa.

Sobre los aspectos metodológicos y las normativas para la utilización de los medios biológicos, dio a conocer que:

•       Los oficiales que trabajan contra Cuba hacen la propuesta tomando en cuenta la información que tienen, y la afectación político-económica que produciría esa acción.

•       Se utiliza como manto o fachada para las investigaciones sobre esas enfermedades a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos de América, tratando siempre de realizar los experimentos en condiciones similares a las de nuestro país, para conocer cómo se comportaría y se propagaría, así como otros detalles.

•       A tal efecto, la CIA y las Fuerzas Armadas cuentan con casi todas las cepas de las más disímiles enfermedades, dado que la CIA tiene estrechas relaciones con las principales instituciones científicas del gobierno estadounidense.

•       La introducción se realiza a través de personas —o agentes— de alta confianza, a quienes no se les da una clara definición de la actividad que van a realizar. Deben enmascararse para que no aparezcan como estadounidenses ni que proceden de ese país. Utilizan mucho los viajes desde Canadá y la aviación.

•       Se garantiza, además, que estas personas no tengan ningún contacto con las representaciones diplomáticas, en este caso la SINA (Sección de Intereses estadounidense en Cuba).

•       Significó que el aspecto económico se considera mucho, que la acción debe causar grandes pérdidas, y las consecuencias, crear problemas políticos o tener una repercusión en este sentido.

El último vuelo del U-2 sobre Cuba

A 60 AÑOS DE LA CRISIS DE OCTUBRE

La violación de nuestro espacio aéreo llegó a tal punto que, además de los aviones espías, eran frecuentes los vuelos rasantes. Aumentaba el peligro de un golpe aéreo sorpresivo

Autor: Delfín Xiqués Cutiño | archivo@granma.cu

Restos del vión espía U-2 derribado cerca del poblado de Vega III, en Banes, Holguín.
Los restos del avión espía cayeron en Veguita Tres, Banes. Foto: Archivo de Granma

La Crisis de Octubre comenzó en la tarde del 22 de octubre de 1962, cuando el presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, desde el Despacho Oval de la Casa Blanca, se dirigió a la nación por medio de las cadenas de radio y televisión, para revelar que aviones U-2 habían detectado y fotografiado emplazamientos de «cohetes ofensivos» en territorio cubano.

A los pocos minutos, las palabras del Presidente daban la vuelta al mundo y se convertían en una preocupación para la paz a nivel global, por su contenido amenazante, que podía provocar un conflicto nuclear sin precedentes entre Cuba, la URSS y Estados Unidos.

Y a Cuba le asistía, como le asiste ahora, el derecho, como país soberano, a mantener en su territorio las armas defensivas que estime más convenientes.

Al atardecer de ese martes, 22 de octubre, el Comandante en Jefe Fidel Castro dio la alarma de combate –que solo se establece en los casos de más crítico peligro– a todas las Fuerzas Armadas Revolucionarias. La medida fue tomada como consecuencia de las noticias procedentes de Estados Unidos, y la movilización de fuerzas militares estadounidenses contra nuestro territorio.

Comenzaron entonces «los 13 días que mantuvieron en vilo la paz mundial». Durante ese tiempo Cuba, la URSS y Estados Unidos intercambiaron mensajes, cartas y contactos diplomáticos. Hasta U Thant, secretario general de la ONU, intervino en el grave conflicto militar.

Pero la situación no parecía mejorar. Al contrario, aumentaba la tensión porque Estados Unidos, lejos de detener los ilegales vuelos sobre territorio cubano, mientras se buscaba una solución diplomática a la grave crisis militar, los intensificó.

La violación de nuestro espacio aéreo llegó a tal punto que, además de los aviones espías, eran frecuentes los vuelos rasantes, lo que aumentaba el peligro de un golpe aéreo sorpresivo aprovechando esa situación.

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Ni aun al borde del holocausto, este pueblo se doblegó

Por: Sergio del Valle Jiménez

En este artículo: Crisis de OctubreCubaEstados UnidosHistoriaHistoria de CubaMisilesUnión Soviética (URSS)

Los días luminosos y tristes de la Crisis de Octubre. Foto: Archivo.

Después de Girón, la idea de destruir la Revolución Cubana por cualquier medio se convirtió en una constante en los cálculos de muchos de los funcionarios de alto nivel del gobierno norteamericano. Con ese fin elaboraron nuevos planes agresivos e intensificaron las acciones encubiertas contra Cuba.

Por su parte, el Departamento de Estado, mediante presiones y chantajes de todo tipo, instaba a la ruptura de relaciones diplomáticas con el Gobierno cubano y ejercía su influencia dentro de la OEA para que se adoptaran sanciones colectivas contra Cuba dentro del sistema interamericano. Tal fue la utilización de los mecanismos de la llamada “ayuda económica” prometida en la “Alianza para el Progreso”.

Continuaba así la escalada de presiones internacionales en un intento por atraer a los países del hemisferio a fin de participar en su “cruzada” contrarrevolucionaria. El punto culminante de esta ocurrió durante la VIII Reunión de Consulta de la OEA, en enero de 1962, cuando la Casa Blanca logró aprobar una resolución para expulsar a Cuba de ese organismo regional.

Al Pentágono se le asignó un papel principal dentro de la estrategia político-militar para destruir a la Revolución Cubana, en correspondencia con lo cual, el presidente Kennedy dispuso que la Junta de Jefes de Estados Mayores preparara un nuevo plan de invasión a la isla, para utilizarlo cuando fuera necesario.

En 1962, a diferencia de años anteriores, tanto la preparación combativa como operativa de las fuerzas armadas de Estados Unidos perseguía el fin de adiestrar a las tropas y a los Estados Mayores en operaciones de desembarcos aéreos y navales contra una supuesta isla. En el verano de ese año, el Pentágono tomó otras medidas: reforzó la 2da. Flota del Atlántico con buques de la 6ta. y la 7ma. Flotas del Mediterráneo y del Pacífico, respectivamente.

A la par, en 1961 y 1962 se intensificaron notablemente las acciones de los grupos diversionistas y de bandidos en Cuba, y aumentó el número de agentes de la CIA que se infiltraron en el país.

Los documentos secretos desclasificados en Estados Unidos revelan cómo, a finales de 1961, se decidió la elaboración de un programa secreto que recibió el nombre cifrado de Operación Mangosta, cuyo propósito era —mediante acciones subversivas y diversionistas— socavar la economía nacional, promover entre la población el descontento y la hostilidad contra el poder revolucionario en Cuba.

Con el fin de controlar esa operación se creó el Grupo Especial Ampliado (GEA), integrado por el asesor del presidente Kennedy para la Seguridad Nacional y altos funcionarios representantes de los departamentos de Estado, de Defensa, de la CIA, de la Junta de Jefes de Estados Mayores y con la participación activa del fiscal general de Estados Unidos, Robert Kennedy, hermano del mandatario estadounidense.

El GEA aprobó las 33 tareas de la Operación Mangosta en seis etapas para su ejecución y cuyo final se preveía para el mes de octubre, cuando presuntamente tuviera lugar una rebelión interna que sería apoyada por una intervención militar de las fuerzas armadas norteamericanas.

Las acciones concebidas en Mangosta se desarrollarían bajo los supuestos siguientes: primero, al ejecutar el derrocamiento del Gobierno cubano, Estados Unidos haría el máximo uso de recursos nativos, internos y externos, pero reconocía que el éxito final requería de su intervención militar, y segundo, la participación de los nativos se utilizaría para justificar la preparación de la intervención, así como para facilitarla y apoyarla.

A principios de 1962, la Agencia Central de Inteligencia creó la Fuerza Operante W —órgano secreto de esa institución para la ejecución de las actividades de Mangosta— la que se guiaba por las orientaciones del GEA. Para esta actividad, se contó con un total de 400 oficiales de la Estación CIA de Miami, denominada con el nombre clave JM/WAVE, así como en la oficina central de Langley.

La CIA, junto a las tareas diversionistas, prestó interés a las actividades de espionaje, en particular el militar. Los servicios de inteligencia de Estados Unidos daban una gran importancia al conocimiento del nivel alcanzado en la capacidad defensiva de Cuba y, especialmente, a los suministros de armamento y técnica de combate procedentes de la Unión Soviética.

Con estos mismos objetivos, la Marina de Guerra y la Fuerza Aérea estadounidenses realizaban una intensa exploración radioelectrónica de todo el país y de sus vías marítimas de acceso. Se incrementaron los reconocimientos fotográficos que realizaban los aviones espías U-2, violando el espacio aéreo cubano. Todos esos datos fueron utilizados en sus planes de invasión contra Cuba.

Para la dirección cubana se hizo evidente, después de la derrota de Playa Girón, cuáles eran los objetivos políticos de Washington hacia Cuba y cómo estos iban encaminados a la eliminación del sistema socialista en la isla. Se tenía la convicción de que la Casa Blanca consideraba, como seria alternativa, el empleo de sus propias fuerzas armadas, apreciación que se confirmaría en los meses posteriores.

Ante la inminencia de una agresión militar directa por parte de Estados Unidos, el Gobierno revolucionario tomó medidas para elevar la capacidad defensiva del país. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) experimentaron cambios sustanciales en su estructura y composición. Las tropas terrestres pasaron a la estructura de ejércitos, lo cual produjo un cambio cualitativo superior en la organización militar y en el establecimiento de unas fuerzas armadas modernas, de acuerdo con las necesidades de la defensa del país. De igual forma, los batallones de las Milicias Nacionales Revolucionarias se integraron en divisiones de infantería de tiempo de guerra, y pasaron a ser la primera reserva de los ejércitos. Simultáneamente, se desarrollaron otros tipos de fuerzas armadas, armas y especialidades militares.

Durante ese año, la situación se hizo más amenazadora para la seguridad y la independencia de Cuba. Ello demostraba lo oportuno de las medidas adoptadas en relación con el fortalecimiento de la capacidad defensiva del país. Desde 1961, el Gobierno de Cuba se había dirigido al de la URSS, para acelerar los envíos de armamento y medios de combate necesarios para el reforzamiento militar defensivo y la modernización de las FAR.

A finales de ese año comenzaron a llegar importantes suministros de armamento para las nuevas unidades. Un grupo de especialistas militares soviéticos puso sus conocimientos y experiencias al servicio del desarrollo y preparación de las tropas y los cuadros de mando de las FAR.

El 29 de mayo de 1962, llegó a Cuba una delegación presidida por Sharaf Rashidov, miembro suplente del Presidium del Comité Central del PCUS e integrada por el mariscal Serguei Biriuzov, jefe de las fuerzas coheteriles estratégicas, y otros altos oficiales soviéticos, así como Alexander Alexeiev, quien poco después ocuparía el cargo de embajador de la URSS en La Habana. La delegación soviética tenía la misión, encomendada por Nikita Jruschov, de proponer al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz la posibilidad de emplazar cohetes de alcance medio e intermedio en Cuba.

Esta propuesta se analizó en el secretariado de la Dirección Nacional del Partido, donde se tomó la decisión de responder afirmativamente, pues se tenía la convicción de que esa medida sería un importante aporte internacionalista de Cuba al fortalecimiento del campo socialista en su conjunto y, de hecho, contribuiría a la defensa del país al disuadir a los gobernantes estadounidenses de realizar sus designios agresivos. La dirección cubana planteó la necesidad de plasmar esto en un acuerdo militar para su posterior publicación.

Con el fin de discutir los detalles de ese acuerdo, el ministro de las FAR, Comandante Raúl Castro Ruz, viajó a Moscú entre los días 3 y 16 de julio. Como resultado de esas conversaciones, los ministros de Defensa de la URSS y de las FAR de Cuba iniciaron el cumplimiento del acuerdo militar, que sería firmado y publicado cuando, en noviembre de ese año, Jruschov visitara el país.

Mediante el mismo se inició la Operación Anadyr que consistió en el traslado y dislocación en Cuba, entre los meses de julio y octubre, de una Agrupación de Tropas ascendente a 43 000 efectivos y gran parte del armamento estratégico acordado.

Esta Agrupación de Tropas soviéticas, según el proyecto de acuerdo, estaría subordinada directamente al Gobierno de su país y cooperaría con las FAR en la defensa del territorio cubano, durante las acciones militares en caso de una agresión exterior. Asimismo, se establecía jurídicamente que las tropas de la Unión Soviética debían respetar la soberanía y el orden legal de Cuba y, por consiguiente, no adquirirían derechos de ocupación de territorios ni otros ajenos a sus funciones.

El proceso de dislocación de los misiles y las tropas soviéticas en el país, se realizó con un alto grado de enmascaramiento. A pesar del esfuerzo realizado por mantener el secreto, la inteligencia enemiga comenzó a obtener datos sobre el reforzamiento militar del país.

La situación fue empeorando cada vez más. En Estados Unidos se produjo una furibunda campaña de propaganda, en torno al establecimiento de tropas soviéticas que perseguía el objetivo de crear las condiciones favorables en la opinión pública interna para que apoyara una agresión militar directa.

Como parte de esta escalada, el Comité de Relaciones Exteriores y Servicios Armados del Senado norteamericano, presentó a la consideración del Congreso una Resolución Conjunta (No. 230), aprobada entre los días 20 y 27 de septiembre, que otorgaba al presidente de ese país, la facultad de hacer uso de las armas contra Cuba por supuestas actividades agresivas y subversivas en cualquier parte del hemisferio, así como de impedir en la isla la creación o el uso de una capacidad militar que pusiera en peligro la seguridad de Estados Unidos, además de cooperar con los apátridas cubanos. El 4 de octubre se acordó otra Resolución, mediante la cual se recomendaba que en el seno de la OEA se conviniera un fallo similar, a fin de obtener un apoyo internacional a sus planes agresivos.

Esta insólita y descarada Resolución, resumía toda la política de hostilidad que caracterizaba la conducta del gobierno de Estados Unidos respecto a Cuba, violaba los más elementales principios del derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas, al proclamar abiertamente el uso de la fuerza.

La respuesta de Cuba no se hizo esperar. El Consejo de Ministros del Gobierno revolucionario publicó, el 29 de septiembre, una declaración en la que se denunciaban los propósitos beligerantes que animaban al gobierno imperialista de Estados Unidos y, a su vez, puntualizaba la política de principios de la Revolución Cubana. Asimismo, en ese documento, Cuba reafirmó los deseos de convivencia pacífica de su pueblo.

Los propósitos que animaban esa declaración fueron reafirmados por el presidente Osvaldo Dorticós Torrado, en su discurso en el pleno del XVII periodo de sesiones de la Asamblea General de la ONU.

Entretanto, continuaban los preparativos bélicos para la agresión directa. Se concentraron fuerzas militares en zonas cercanas a Cuba, bajo la cobertura del ejercicio Phibruglex 1/62 anunciado para los días 15 y 30 de octubre en el área del Caribe. El presidente Kennedy, con la autorización del Congreso, llamó a filas a 150 000 reservistas.

En el mes de octubre comenzó la dislocación de tropas en las regiones sudorientales del continente. En la Florida y en Texas se reagruparon varias divisiones norteamericanas, integradas por más de 100 000 efectivos de tropas de infantería y fuerzas blindadas. Durante septiembre y la primera quincena de octubre se aumentaron los vuelos espías de los aviones U-2 sobre el territorio cubano.

El 16 de octubre, cuando toda la maquinaria militar del imperialismo estaba preparada para el zarpazo contra la Revolución, le mostraron a Kennedy las fotos aéreas reveladoras de los emplazamientos de cohetes de mediano alcance en Cuba.

El presidente norteamericano dispuso, de inmediato, incrementar los vuelos de reconocimiento sobre la isla y que los servicios de inteligencia realizaran los estimados acerca del momento en que esos misiles fueran operacionales.

Además, creó un “grupo especial”, integrado por altos funcionarios del gobierno, con la finalidad de analizar la situación y debatir las medidas a poner en práctica para lograr la retirada de los cohetes nucleares soviéticos. Este grupo fue conocido con el nombre de Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional, el cual se mantuvo en sesión permanente durante todo el tiempo que duró la crisis, actuando como consejo asesor del presidente Kennedy. En la primera semana se reunió, de modo confidencial, hasta llegar a la decisión de decretar el bloqueo naval a Cuba.

A las 7:00 p.m. del día 22 de octubre, Kennedy se dirigió a su país y a todo el mundo, a través de la radio y la televisión, para informar la decisión de llevar a cabo el bloqueo naval alrededor de Cuba, al cual denominó “cuarentena” con el marcado propósito de encubrir el carácter guerrerista de esa medida.

En el Pentágono —desde la mañana del 22—, la Junta de Jefes de Estados Mayores envió una directiva sobre las operaciones del bloqueo a la Flota del Atlántico. Al mediodía comenzaron a desconcentrarse los bombarderos B-47 del Comando Aéreo Estratégico (SAC) en 40 aeropuertos civiles estadounidenses; cada uno llevaba sus cargas nucleares. Ese mismo día, el SAC ordenó mantener el 25 % de los B-52 realizando la guardia en el aire con armamento nuclear, situación que continuó por espacio de 15 días. El resto de la aviación se encontraba con similares medios y lista para despegar en 15 minutos.

Cinco divisiones del ejército, sin contar la 1ra. División Blindada que se encontraba en camino hacia el Fuerte Stewart, en Georgia, estaban en estado de alerta. Las Fuerzas de Tareas para el Bloqueo Naval incluían 238 buques; 8 portaaviones, 2 cruceros, 118 destructores, 13 submarinos, 65 buques anfibios y 32 auxiliares.

El Pentágono dispuso una fuerza de 250 000 hombres para la invasión a Cuba, así como los medios aéreos para ejecutar no menos de 2 000 misiones. Además, adicionalmente se aprobó la preparación de 100 buques mercantes para el traslado de las tropas y, como complemento a la exploración estratégica de los U-2, se decidió realizar vuelos a baja altura dos veces al día —al amanecer y al atardecer—, con una escuadrilla compuesta por 8 aviones.

Desde el día 21, se reforzó la base naval yanqui, enclavada en la bahía cubana de Guantánamo, con tres batallones de infantería de marina, aumentando de 8 000 a 16 000 sus efectivos, y realizando trabajos ingenieros urgentes para el acondicionamiento de las posiciones. También se efectuó, el día 22, la evacuación de todo el personal civil de la base.

Por otra parte, fue decretado el estado de máxima alerta para las tropas norteamericanas situadas en Europa Occidental y en el Lejano Oriente, así como las de sus aliados de la OTAN. Los submarinos con cohetes Polaris ocuparon sus posiciones operativas, tratando de intimidar a la Unión Soviética y a otros países socialistas.

Como es natural, Cuba no permaneció indiferente ante esta situación. El Comandante en Jefe Fidel Castro ordenó, a las 3:50 p.m. del día 22, poner en “alerta de combate” a las Fuerzas Armadas Revolucionarias y, a las 5:35 p.m. decretó el estado de “alarma de combate” para todo el país.

El Gobierno cubano, que se mantenía atento al incremento de las acciones militares de Estados Unidos en toda el área del Caribe, dedujo que esa actividad bélica estaba relacionada directamente con la presencia de los cohetes soviéticos en Cuba. De ahí, la decisión de disponer la movilización general del país casi hora y media antes de que hablara Kennedy. Asimismo, instruyó a su representante permanente ante la ONU para que solicitara la convocatoria de una reunión urgente del Consejo de Seguridad.

Al llamado de la Revolución, el pueblo respondió con valentía, firmeza y dignidad. Nunca antes se había sentido tan cercano el peligro de la agresión militar directa; sin embargo, no hubo ni sombra de pánico en la población. El país se preparó para enfrentar y resistir el bloqueo militar total, golpes aéreos masivos y la invasión. Todos los recursos de la nación se pusieron a disposición de la defensa de la patria amenazada.

En horas de la noche del día 23, ante la radio y la televisión, con la palabra firme del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, Cuba respondió al agresivo discurso del mandatario yanqui, denunciando la política hostil del Gobierno de Estados Unidos desde el triunfo de la Revolución.

Por su parte, el Gobierno de la URSS, en horas de la mañana del día 23, dio instrucciones a su ministro de Defensa, mariscal Malinovski, para poner urgentemente en completa disposición combativa a las Fuerzas Armadas soviéticas. Ese mismo día emitió una declaración en la que se condenaba el establecimiento del bloqueo naval, la intercepción y registro de buques con destino a Cuba; así como previno al Gobierno de Estados Unidos de realizar las medidas declaradas por el presidente Kennedy. En los países miembros del Tratado de Varsovia se tomaron iguales medidas.

La condena del mundo progresista y amante de la paz, ante el irresponsable acto de guerra proclamado por el presidente estadounidense no se hizo esperar. Todas las personas honradas del planeta, alzaron su voz para llamar a la cordura a las partes involucradas en el conflicto y evitar el desencadenamiento de la guerra mundial, lo cual hizo también parte de la prensa mundial.

En varios países se produjeron mítines y manifestaciones para protestar contra las acciones del imperialismo y en defensa de la paz. Diversas fueron las formas en que la opinión pública del orbe se manifestó, contraria a la política guerrerista norteamericana y en apoyo a la justa causa del pueblo cubano.

La tensa situación en que la crisis puso al mundo, requirió un extraordinario esfuerzo en la esfera diplomática para tratar de evitar una guerra nuclear y resolver el diferendo por medio de negociaciones. El día 24 de octubre de 1962 el secretario general interino de la ONU, U Thant, en cartas a las tres partes directamente involucradas en el conflicto, los exhortaba a discutir una solución pacífica de este.

Al siguiente día, cuando conoció que se acercaban barcos soviéticos a la zona de “cuarentena”, U Thant se dirigió urgentemente a los Gobiernos de la URSS y Estados Unidos, en una segunda apelación, para evitar una confrontación entre ambas potencias y solicitó de ellas que le concedieran un tiempo, a fin de poder tratar el asunto y hallar una solución.

A esta apelación, el Gobierno soviético fue el primero en responder, dando instrucciones a los capitanes de sus barcos de mantenerse alejados de la zona del bloqueo, lo que evidenció el interés de la URSS en una solución pacífica del conflicto. Mientras, la respuesta de Estados Unidos proseguía con su tono amenazador y prepotente, y manifestaba la disposición de evitar la confrontación con los barcos soviéticos si estos no transportaban armamentos, violando así el derecho de libre navegación en aguas internacionales.

Con la intención de allanar el camino, proliferó la correspondencia entre los jefes de gobiernos de la URSS y Estados Unidos en esos días, además de efectuarse encuentros con dirigentes de otros Estados y con una serie de personalidades influyentes.

También se produjo entre Cuba y la URSS un intercambio de misivas, mediante el cual el máximo dirigente de la Revolución Cubana formulaba a la dirección soviética, sus razonamientos y argumentos, acerca de las negociaciones que se venían desarrollando entre Kennedy y Jruschov.

El Gobierno cubano mantuvo el criterio de que, frente a las amenazas del imperialismo, era indispensable mantener una firme posición de principios. Fidel alertaba a la dirección soviética sobre la propensión de la administración estadounidense a la política del chantaje.

Mientras el mundo progresista hacía esfuerzos por conjurar la crisis, el Gobierno estadounidense mantenía sus amenazas de invadir a Cuba y se arrogaba como un derecho la violación del espacio aéreo cubano. El presidente Kennedy, personalmente, ordenó aumentar el día 26 las incursiones aéreas a baja altura de 2 a 12 veces al día.

El incremento de los vuelos rasantes hizo más tensa la situación. Este tipo de acción no se podía permitir ya que posibilitaba a las fuerzas armadas yanquis realizar un ataque sorpresivo. Dado el peligro que esto significaba para la defensa del país, el Comandante en Jefe ordenó, a partir del día 27, abrir fuego contra todo avión enemigo en vuelo a baja altura.

El día 27, cuando la aviación enemiga violó el espacio aéreo cubano, las baterías comenzaron a abrir fuego en cumplimiento de la orden recibida. En estas circunstancias, se produjo el derribo de un avión espía del tipo U-2 por un Grupo Coheteril Antiaéreo soviético, emplazado en el territorio del municipio de Banes, antigua provincia de Oriente.

Ese mismo día 27, el Comandante en Jefe, en respuesta a una carta del secretario general interino de las Naciones Unidas, U Thant, le planteaba la voluntad de Cuba de buscar una salida negociada de la crisis; pero, al mismo tiempo, hacía constar la firmeza de la Revolución de no retroceder ni un ápice en sus principios y derechos soberanos, ante las presiones del imperialismo, ya que solo era posible negociar en igualdad de condiciones.

En horas tempranas de la mañana del 28, la dirección cubana conoció, a través de Radio Moscú, la respuesta del Gobierno soviético al mensaje de Kennedy del día anterior, que, en síntesis, expresaba la aceptación de la URSS de retirar los cohetes con garantías de verificación, a cambio del compromiso hecho por el mandatario norteamericano de no atacar a Cuba e impedir que sus aliados dieran ese paso.

El Gobierno cubano estimó que los términos del acuerdo concertado por Jruschov y Kennedy eran inconvenientes para Cuba. Asimismo, el acuerdo, por principio, se debió consultar con la dirección cubana y no apresurarse a dar esa respuesta. En una declaración pública, el mismo día 28, Fidel Castro comunicó la posición de la Revolución, basada en cinco puntos que posibilitarían el logro de una verdadera paz frente a las agresiones de Estados Unidos.

Como parte del proceso negociador, el 30 de octubre arribó a La Habana una delegación de la ONU encabezada por su secretario general interino, U Thant, en respuesta a una invitación formulada por el Gobierno de Cuba.

El 2 de noviembre, todos los aspectos principales del encuentro con U Thant se les informaron al pueblo cubano y al mundo en una intervención de Fidel por radio y televisión. El Comandante en Jefe explicó detalladamente la postura de principios asumida por la dirección de la Revolución al demandar, como base de las negociaciones, los cinco puntos exigidos por Cuba y no tolerar la inspección del territorio nacional.

Cabe señalar que desde el 31 de octubre, en cumplimiento del compromiso contraído por la URSS, se había iniciado la retirada de los proyectiles, a la cual no se puso ningún tipo de obstáculo por el Gobierno cubano. En lo que respecta a la verificación de esta entre las partes soviética y norteamericana, se llegó al acuerdo de realizarla en aguas internacionales a través de las fuerzas aeronavales estadounidenses que, desde el aire, supervisaron los cohetes colocados en la cubierta de los barcos y vigilaron el desplazamiento de esos buques hasta sus puertos de origen.

La actitud de la Unión Soviética contrastaba mucho con la tomada por la administración norteamericana, que el 1ro. de noviembre restableció el bloqueo naval y los vuelos de reconocimiento que había suspendido de manera momentánea durante la visita de U Thant. Además, continuó la política de chantaje con nuevas exigencias a la URSS para la salida de Cuba de otros tipos de armamentos que consideraban “ofensivos”. De esa manera, se iban sumando nuevas situaciones que podían agravar la crisis, cuando se había entrado en fase de negociación.

En aquellas condiciones desempeñó un importante papel el viaje a La Habana, el 1ro. de noviembre, del primer vicepresidente del Consejo de Ministros de la URSS, Anastas l. Mikoyan. En el intercambio de opiniones entre Mikoyan y Fidel Castro, así como con otros dirigentes cubanos, se analizaron profundamente los aspectos discrepantes en cuanto a las posiciones de ambos gobiernos, surgidos al calor de los acontecimientos y se acordaron puntos de vista con el propósito del arreglo pacífico de la crisis.

En el curso del mes de noviembre de 1962, mediante los canales diplomáticos y las Naciones Unidas, se mantuvo un constructivo intercambio de criterios acerca de la liquidación de los restos de la crisis. Esta compleja lucha en el ámbito de las relaciones internacionales permitió iniciativas que dieron solución a los problemas de carácter inmediato, lo cual propició romper las tensiones y volver a la normalidad.

El 20 de noviembre, Kennedy dio órdenes al Pentágono de poner fin al bloqueo naval. De igual forma, en la URSS y demás países socialistas miembros del Tratado de Varsovia, se declaró el paso de sus fuerzas armadas a las condiciones de tiempo de paz. En Cuba, dos días después, se tomaron medidas similares.

El pueblo y Gobierno cubanos, dando muestras de firmeza en sus posiciones frente a las pretensiones del imperialismo estadounidense, realizaron un importante aporte a la paz mundial al demostrar prudencia y comprensión respecto a la necesidad de solucionar la crisis por vías pacíficas. La opinión pública mundial, saludó la contribución conjunta de la Unión Soviética y de la República de Cuba, gracias a la cual se salvó la soberanía e integridad del país y se evitó, al mismo tiempo, una catástrofe nuclear.

De la Crisis de Octubre, el pueblo, dirigido por Fidel, salió fortalecido. Pasó esta dura prueba con firmeza, valor y honor revolucionarios. En los momentos en que arreció el peligro, no se doblegó, sino que se robusteció aún más.

Las discrepancias con la dirección soviética, en cuanto al enfoque de la solución de la crisis, nunca fueron vistas por el pueblo y Gobierno cubanos, como elemento de desunión y división con ese país hermano y heroico.

La trascendencia de los acontecimientos que tuvieron lugar en el mes de octubre de 1962 fue extraordinaria, tanto para Cuba como internacionalmente. Después de la Segunda Guerra Mundial, la humanidad no vivió momentos tan peligrosos, al borde del holocausto. Sin embargo, se demostró también cómo la omnipotencia imperial, en el mundo de entonces, tenía una barrera infranqueable en la creciente fuerza y solidaridad del campo revolucionario y de todos los hombres del planeta amantes de la paz.

El pueblo cubano, en aquella coyuntura, protagonizó un imperecedero ejemplo de serenidad, decisión y valor, que forman parte de sus tradiciones revolucionarias y de su moral de lucha, pues como dijera Fidel poseía algo mucho más importante: “proyectiles morales de largo alcance que no se pueden desmantelar y no serán desmantelados jamás”.

La Crisis de Octubre confirmó fehacientemente la idea planteada por Fidel respecto a que la defensa de la Revolución depende de la disposición y patriotismo de sus hijos, de combatir hasta la última gota de sangre. Al reafirmar las posiciones soberanas de Cuba, se dejó bien claro que, frente a las amenazas, agresiones y actos de todo tipo del imperialismo, nunca se renunciará al derecho de poseer las armas que estimemos convenientes para asegurar la defensa del país.

A pesar de los resultados, el imperialismo norteamericano se vio obligado a reconocer la existencia, a 90 millas de sus costas, de la Cuba revolucionaria y socialista. No obstante, aquella solución no eliminó las causas principales del diferendo cubano-norteamericano.

La lucha de este pueblo en defensa de sus derechos tenía un carácter universal. También se estaba defendiendo el derecho irrestricto de los estados y pueblos grandes y pequeños a la independencia y soberanía, a la libre determinación de las vías del desarrollo, tanto económico como social.

Prólogo al libro Un pueblo invencible, Editorial José Martí, La Habana, Cuba, 1991.

Vea además:

La crisis, después de la crisis

Pareciera que la historia, en uno de sus ciclos recurrentes, estuviera destinada a otorgar a Cuba un protagonismo excepcional en momentos cruciales de la humanidad. Lo fue en 1898, cuando la isla sirvió de polígono experimental a la primera guerra imperialista por el reparto del mundo. También en 1962, durante la Crisis de Octubre.

Los dos millones de dólares del imperio

Por Marco Velázquez Cristo

Los dos millones de dólares del imperio

El gobierno de Estados Unidos ofrece 2 millones de USD como “ayuda humanitaria” para paliar los daños ocasionados por el huracán Ian en la región occidental de Cuba. Esto, en mi opinión, es un acto de desvergonzado cinismo, portador de una esencia de politiquería sucia, dirigido a crear la ilusión mediática de un gesto de buena voluntad.

Mucho daño le ha causado y le continua causando el imperio al pueblo cubano con: su cruel bloqueo, sus agresiones, el financiamiento de programas con los que ha pretendido y pretende subvertir el orden interno del país, el aliento, la tolerancia y apoyo a acciones de carácter terrorista, planificadas desde su territorio contra Cuba y que tantas vidas han costado, así como, con sus intentos de crear las condiciones para la realización de lo que se ha dado en llamar golpe blando, con el objetivo de derrocar al gobierno legítimamente elegido, por la voluntad soberana del pueblo al que hipócritamente dice, querer ayudar; para que ahora se aparezca con 2 millones haciéndose el Mesías.

En esta como en otras ocasiones el imperio actúa con total impudicia.

Así, el portavoz del Departamento de Estado de EE. UU. Ned Price al anunciar la “ayuda”, manifestó a la prensa que, ese dinero se canalizaría por medio de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID por sus siglas en ingles), a la cual, según el vocero, ya se habían dirigido organizaciones como la Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja (IFRC) con solicitudes para prestar asistencia, se infiere que a los afectados. Resulta ofensiva la designación de la USAID como depositaria y distribuidora de los 2 millones de “ayuda”, partiendo del hecho de que ella, durante décadas, ha cumplido y cumple similares funciones, pero con los fondos que, el gobierno norteamericano ha dedicado y dedica a programas de subversión contra Cuba.

Price para rematar dice, “Estados Unidos está brindando una ayuda crucial”, es decir que es decisiva para paliar los daños ocasionados por Ian. Indigna el irrespeto que encierra tal afirmación que, desconoce conscientemente la magnitud de las afectaciones y los muchos millones que será necesario invertir para eliminarlas, los cuales en su inmensa mayoría correrán a cargo del estado cubano. Esa aseveración del vocero representa la pretensión del imperio de hacerse aparecer como el salvador de los damnificados.

Pero la historia no defiende al supuesto “benefactor”.

Solo desde 1996 y hasta el 2021, el Congreso norteamericano asignó aproximadamente unos 404 millones de dólares para financiar ese tipo de programas. Una buena parte del dinero fue a parar a la USAID, la cual se encargó de distribuirlo entre los diferentes proyectos que esa agencia desarrolla contra Cuba.

Acorde con el doblez y la tradicional inmoralidad que caracteriza la conducta de los políticos norteamericanos, el mismo presidente que hoy nos ofrece 2 millones de “ayuda”, en 2021 solicitó al Congreso de su país, un presupuesto de 20 millones de dólares para la ejecución en 2022 de los mencionados programas. Además, pidió cerca de 13 millones para las transmisiones ilegales de las mal llamadas Radio y TV Martí. Cifra similar a la que había solicitado Donald Trump con iguales objetivos para el 2021.

Hay que recordarle al poderoso vecino del norte que, tal y como se establece en la Demanda que le hizo el pueblo cubano por daños humanos, debe: pagar por el valor de la vida de 3.478 personas fallecidas, a causa de sus actos contra Cuba, bien que resulta imposible de sustituir y, es además invalorable, una cifra total de 104.340 millones de dólares, por el valor de la integridad física ilícitamente quebrantada de 2.099 personas, bien igualmente insustituible, un total de 31.485 millones de dólares y por concepto de indemnización de perjuicios, como retribución de las prestaciones que ha tenido que asumir la sociedad cubana y demás ingresos dejados de percibir por víctimas y familiares, pagar 34.780 millones de dólares por los fallecidos y 10.495 millones por los incapacitados.

Por todo lo anterior nos deben 181.100 millones de dólares estadounidenses.

Además, el bloqueo, según el informe presentado este miércoles a medios de prensa nacionales y extranjeros acreditados en La Habana, por el canciller Bruno Rodríguez Parrilla, ha causado daños acumulados durante seis décadas de aplicación que ascienden a 154 217.3 millones de dólares.

Al valor del oro en el mercado internacional, ha provocado perjuicios cuantificables por más de un billón de dólares (1 391 111 000 000).

Otra astronómica cifra que, gracias a su maldad, inhumanidad y obcecación por destruir a la Revolución, el gobierno estadunidense le adeuda a, quienes durante décadas ha tratado de rendir por hambre y necesidades.

El mencionado informe será presentado a principios de noviembre a la Asamblea General de las Naciones Unidas. Conociendo a nuestro enemigo, no es de dudar que, sus publicitados 2 millones los trate de usar como hoja de parra para tratar de ocultar su felonía, lo cual se correspondería con su manera sucia de hacer política.  

Sí, real y honradamente, los animara el deseo de ayudar a los que tanto mal les ha causado, levantarían el bloqueo, cesarían sus agresiones contra ellos, no permitirían que su territorio fuera utilizado como bases para ellas y pagarían lo que nos deben.  

Se que es demasiado pedirle a un imperio que, en medio de la pandemia, el 18 de noviembre de 2020, denegó a través de su Departamento de Transporte, una solicitud de las charteadoras Skyway Enterprises, Inc. y IBC para operar vuelos a Cuba con carga humanitaria que incluían insumos médicos.

El pueblo cubano tiene memoria.

La Patria como grandioso monumento

Así como las familias no sanan sus heridas, la nación no puede olvidar ese dolor ni a quien lo causó

Autor: Yeilén Delgado Calvo | nacionales@granma.cu

6 de octubre de 2022

Foto: José M. Correa

No se deja de amar. Lo dicen los familiares de las víctimas. Con los años, tal vez el dolor se hace menos punzante, más sordo, pero sigue estando ahí y se acrecienta en las ausencias: la boda sin padre, el cumpleaños sin hija, las conversaciones que no fueron, las alegrías que no serán.

Esas familias, signadas por la pérdida, sufren un peso adicional, el del crimen sin justicia. Sus seres queridos compartieron vuelo con los asesinos, esos que les vieron sus rostros, escucharon las charlas triviales de quien no presiente la tragedia, y tal vez hasta recibieron alguna de sus sonrisas, y aun así fueron capaces de dejar una bomba para matarles. Luego se jactaron. Tenían la tutela poderosa de la cia y nunca la perdieron.

En la nave de Cubana de Aviación, procedente de Barbados, que explotó en el aire el 6 de octubre de 1976, con 73 pasajeros, de los cuales ninguno sobrevivió,  viajaba también –de cierta forma– Cuba.

Y no solo porque, como dijo Fidel en el acto de despedida de duelo, «la Revolución (…) a todos nos hizo hermanos entrañables en los que la sangre de uno pertenece a todos», sino también porque allí estaban el deporte, el internacionalismo, la juventud formada en una sociedad nueva, el mestizaje, la heroicidad laboral…

Estupor frente a la barbarie, eso fue lo que sintió un país entero, y parte del mundo, ante uno de los ejemplos más rotundos de hasta dónde es capaz de llegar el terrorismo de Estado, instigado desde suelo estadounidense, contra la Isla. Estupor frente a la barbarie, eso es lo que se siente aún si se repasan los hechos reposadamente, sin el velo de lo rutinario.

Así como las familias no sanan sus heridas, la nación no puede olvidar ese dolor ni a quien lo causó. La memoria es un arma. En la historia está uno de los asideros para cumplir con el vaticinio del Comandante en Jefe, el 15 de octubre de aquel año:

«¡Una patria cada vez más revolucionaria, más digna, más socialista y más internacionalista será el grandioso monumento que nuestro pueblo erija a su memoria y a la de todos los que han caído o hayan de caer por la Revolución!».

En las jornadas de aquel octubre, como en tantas otras, hizo falta mucho coraje. Uno que se enciende todavía ante las palabras de Fidel al final de aquel discurso, esas que, aunque se lean, siempre se escuchan:

«No podemos decir que el dolor se comparte. El dolor se multiplica. Millones de cubanos lloramos hoy junto a los seres queridos de las víctimas del abominable crimen. ¡Y cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla!»

A Cuba el coraje no se le agota, la memoria tampoco. La Patria es nuestra.

¿Fechas para el fin, o nuevos comienzos para la Revolución?

El 5 de agosto de 1994 Fidel no lo dudó y salió a la calle con el único chaleco antibalas que siempre usó: su vergüenza, su moral, y la confianza en que el mismo pueblo que hizo con sus manos la Revolución no sería capaz de destruirla

Autor: Leidys María Labrador Herrera | leidys@granma.cu

Fidel en los Disturbios del 5 de agosto de 1994. Publicada: 04/08/2004, G.I 15/08/2004  Fid13387
La fuerza moral de Fidel se impuso en los disturbios del 5 de agosto de 1994. Foto: Archivo de Granma

Esas coincidencias son, para algunos, dignas de recordar; pero, para otros, constituyen sinónimo de la vergüenza que arrastran quienes, erróneamente, piensan que los muros de mentiras pueden protegerlos del descalabro.

En la prolífica historia de Cuba existen no pocos de esos instantes que, vale decirlo, tienen sobre todas las cosas algo en común, la fuerza de este pueblo y de aquellos que elige como sus líderes, y la disposición siempre latente de defender a la Patria y de cerrar el paso a la injerencia y el intervencionismo.

Son esas las razones por las que, de manera casi espontánea, cuando el 11 de julio de 2021 la violencia, azuzada por una cruenta campaña mediática e ideológica, pretendió robarnos la tranquilidad y desestabilizar al país, cuando los revolucionarios se dispusieron a hacerle frente a la turba, y cuando el Presidente salió a caminar entre su pueblo y apeló a la conciencia de este para defender el país, muchos no dudaron en afirmar: tal parece que vivimos otro 5 de agosto.

Porque aquel día de 1994, que quedó para siempre en la memoria popular, se conjugaron los mismos factores: incitación al desorden, a atacar las instituciones del Estado, a cometer actos vandálicos, y financiamiento a elementos contrarrevolucionarios para que se colocaran al centro de los disturbios cuyo fin, lógicamente, era echar por tierra la Revolución.

La situación del país resultaba crítica. El derrumbe del campo socialista fue un duro golpe para la economía cubana, y la sociedad en su conjunto afrontaba desde la falta de transporte público hasta la dificultad para llevar alimentos a la mesa. Todo ello, que de forma innegable generaba estrés, descontento, preocupación, creó lo que nuestros enemigos identificaron como un clima propicio para ejercer presión ideológica contra el pueblo, y así lo hicieron.

Esa actitud oportunista, sinceramente, no sorprendió a nadie, y mucho menos a ese brillante ideólogo, inigualable político e irrepetible líder llamado Fidel Castro Ruz. Por eso, cuando la situación se complejizó aquel quinto día de agosto, no lo dudó y salió a la calle con el único chaleco antibalas que siempre usó: su vergüenza, su moral, y la confianza en que el mismo pueblo que hizo con sus manos la Revolución no sería capaz de destruirla.

La madurez de ese pueblo, su respeto por el hombre que hizo realidad los sueños de Martí, y la seguridad de que quienes se presentaban como tabla de salvación eran, por el contrario, la ola furiosa dispuesta a ahogarnos, una vez más le dieron la razón.

Aquel día, mientras el pueblo coreaba «¡Fidel! ¡Fidel!», se apagaban las esperanzas de aquellos que, con ingenua seguridad, anunciaron «el fin».

Díaz-Canel estuvo el 11 de julio en las calles cubanas, como parte de la ciudadanía que se movilizó para preservar la paz y la tranquilidad. Foto: Estudios Revolución

VEINTISIETE AÑOS DESPUÉS, LA MISMA SÓRDIDA ESTRATEGIA

El mundo, sin exagerar, se debatía para hacer la diferencia entre la vida y la muerte, y este país no fue la excepción. Todos los recursos disponibles, todos, fueron puestos a disposición de ese empeño. La propia pandemia generó, como era de esperarse, mucha tensión en la economía y, por si fuera poco, más de 200 medidas pensadas con toda intención para asfixiarnos, y otra vuelta de tuerca al bloqueo, hicieron el panorama mucho más complejo de lo que debería haber sido.

Nuestros enemigos, con su «profundo sentido humanista», rápidamente entraron en escena, y «preocupados» por el pueblo cubano (al que negaron oxígeno medicinal para hacer frente a la enfermedad), se dieron a la tarea de abrir los ojos de los cubanos, demostrando que la «cruel dictadura» no era capaz de responder a las necesidades del pueblo.

Otra vez aprovecharon, de la manera más ruin, la dureza de un momento histórico. Se parapetaron tras su muy bien pagada maquinaria mediática, movieron a sus títeres asalariados dentro del país, acrecentaron el llamado a la violencia y utilizaron a su favor, otra vez, las carencias materiales y necesidades, en función de crear un clima de desconfianza y pesimismo.

El resultado fue un 11 de julio, al que, con el descaro que los caracteriza, pusieron el nombre de «estallido social espontáneo en contra del régimen», a sabiendas de que se trataba de un fruto más de su estrategia de golpe suave.

Otra vez marcaron el final, lo habían orquestado todo de forma tan minuciosa, habían invertido tanto que no podía ser de otra manera; tal vez hasta pensaron que sin la presencia física de Fidel, no habría quien revirtiera la situación, y se sentaron a esperar.

Pero para los cubanos existen dos verdades contundentes: la primera es que hace mucho que Fidel es todo un pueblo, y la segunda tiene un nombre: continuidad. Ese día otro líder, hijo de otro momento histórico, pero con mucha fuerza moral también, llamó a los revolucionarios a defender la Patria, y los patriotas respondieron al llamado. Y también él salió a la calle, y lo hizo a pecho descubierto, y se rodeó de pueblo, y llamó a la paz.

 Rápidamente, como aquel 5 de agosto, la nobleza y valentía popular hablaron más alto, y la violencia no tuvo más remedio que replegarse ante la firme decisión de proteger la tranquilidad del país.

LAS VERDADES QUE NO PUEDEN OCULTARSE

Si en este país no se pusiera primero al ser humano, sería mucho más sencillo «impulsar» la  economía. Se harían inmensos recortes de presupuesto a programas sociales, habría despidos masivos, se eliminarían prestaciones de la seguridad social y, probablemente, la recuperación económica, desde la frialdad de indicadores y números, se vería en un corto plazo.

Así funciona el capitalismo, así ha sobrevivido por siglos el sistema que nos quieren imponer. Dentro de él, las personas no son más que fichas que, como en el ajedrez, se utilizan dependiendo del momento y, de ser necesario, se sacrifican sin miramientos.

Bajo ese, su principio básico, se resisten a creer que aun con su brutal y enfermizo cerco económico de por medio, nuestro Estado siga eligiendo siempre al ser humano por encima de todo, siga sosteniendo la máxima de llegar a cada persona que lo necesite; lo cual, es cierto, no resulta fácil, pero es decisión irrenunciable.

Si nos dejaran hacer, si tuvieran el valor de levantar el bloqueo, la historia sería otra.

Más allá de que se difundan matrices de opinión contrarias y falsas, la mayoría de los cubanos ama a su país, aun si vive fuera de él. Económicos, en mucha mayor medida que políticos, han sido los motivos de muchos hijos de esta Isla para emigrar, aunque se manipule tal verdad.

Ha sido este, sin lugar a duda, uno de los aspectos que forma parte de la agenda de medios y voceros anticubanos, que presentan el tema como «el caos que vive el pueblo cubano para escapar de un sangriento régimen».

Sin embargo, no hablan de sus engendros de leyes para incitar la migración ilegal, de su negativa a respetar y hacer cumplir los acuerdos migratorios rubricados entre ambas naciones, de otorgar cada año las visas que corresponden, ni de cómo entorpecen el derecho de las personas a emigrar de forma segura y ordenada.

Esa es otra realidad que se sostiene en el tiempo, que se manifestaba en aquel agosto de 1994, que se manifiesta hoy y que, al parecer, no dejará de existir, porque les implicaría quedarse sin uno de sus argumentos favoritos para sostener el ataque perenne contra nuestro país.

CUBA SIGUE AQUÍ

Si algo han hecho cientos de veces los enemigos de la Revolución es ponerle fechas para el fin. Cada vez que orquestan una nueva maniobra, dan por hecho el «ahora sí», y a veces parece que en verdad se lo creen.

Lo que no comprenden es que este pueblo no negocia principios, no renuncia, no se cansa, no cede si siente su soberanía amenazada.

Por eso, cada vez que intenta repetir sus estrategias de golpe, reviven el fracaso, se les recuerda la estirpe cubana, se les hace saber que los principios y la moral no se negocian, porque son un baluarte fundamental de esta nación.

Ni 5 de agosto, ni 11 de julio, a la Revolución le queda toda la vida que sus hijos sean capaces de darle. Lo que para ellos es un posible fin, para las cubanas y los cubanos incansables, necios y patriotas hasta los tuétanos, será siempre un nuevo comienzo.