Estados Unidos: la arremetida contra Rusia, Venezuela y Cuba

386984 06: President George W. Bush, Central Intelligence Agency Director George Tenet and others stand on the seal of the Agency March 20, 2001 at the CIA Headquarters in Langley, Virginia. Bush toured the facility and met some of the Agency»s employees. (Pool Photo by David Burnett/Newsmakers)

Desde Washington se realiza un denodado trabajo para impedir que sus «enemigos» puedan producir, exportar o abastecerse de insumos para la generación de energía. Para ello se realiza todo tipo de acciones ilegales e ilegítimas que van desde las sanciones unilaterales hasta los atentados terroristas.

Por Hector Bernardo

«La nafta no te va a dar», esa popular metáfora que en Argentina preanuncia la falta de energía de una persona o de un grupo para llevar adelante una tarea, se ha transformado en un precepto de la política exterior Estados Unidos.

La constante demanda de insumos para la generación de energía con la que abastecer su industria y las necesidades de la vida cotidiana de sus ciudadanos ha llevado al poder a tener una compresión estratégica de la importancia geopolítica de esos recursos. Por ese motivo, los sucesivos gobiernos de Estados Unidos mantienen una política de Estado que podría dividirse en dos grandes aspecto: el más conocido, el saqueo de los recursos naturales de otros países; el menos conocido, el violento y constante trabajo para impedir que sus «enemigos» (los países que no se alinean de manera sumisa a sus intereses) puedan producir, exportar o abastecerse de esos insumos. Los casos de Rusia, Venezuela y Cuba son claros ejemplos de ello.

La estrategia norteamericana para impulsar y sostener el conflicto entre Ucrania y Rusia ha sido bien desarrollada por múltiples analistas. En ese marco se dieron acciones manifiestas como las sanciones a EuRoPol GAZ, empresa matriz de Gazprom y otras veladas, como parte de la agresión sistemática a la exportación de gas ruso.

El 30 de septiembre de 2022 se produjo una explosión en las conductoras de los gaseoductos Nord Stream, por el cual Rusia exporta su gas a Alemania. Las investigaciones señalan que fueron empleadas cargas de más de 500 kg de dinamita o trinitrotolueno. Al tomar en cuenta ello, la profundidad y lugares de su instalación, la distancia entre ellas y su detonación al unísono, no quedan dudas respecto de la capacidad, medios y recursos de quienes planificaron y llevaron a delante tal acción.

El presidente ruso Vladimir Putin remarcó que se el ataque al Nord Stream fue un acto de terrorismo y, según citó la agencia argentina de noticias Télam, remarcó que «los beneficiados están claros. Puesto que este incidente refuerza la importancia geopolítica de los sistemas de gas restantes, el que pasa por el territorio de Polonia y de Ucrania, y que Rusia construyó asumiendo el costo. Pero también a Estados Unidos, que ahora puede entregar su energía a precios elevados».

Aunque en el lado opuesto del conflicto, el ex canciller polaco y actual diputado del Parlamento Europeo, Radoslaw Sikorski, tampoco tuvo dudas de quiénes eran los responsables del atentado. En ese momento escribió en su cuenta de Twitter: «Como decimos en polaco, una pequeña cosa, pero mucha alegría», luego compartió un video publicado a inicios de febrero en el que el presiente Joe Biden amenazó con acabar con el Nord Stream 2. En el video que el mandatario norteamericano aseguraba: «Si Rusia invade [Ucrania] entonces ya no habrá Nord Stream 2. Le pondremos fin».

«Gracias, EE.UU.», escribió en otro comentario de Twitter Sikorski, al que le adjuntó una foto de las consecuencias de la explosión.

Ya en 2019, el entonces secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, tras ser consultado por el gasoducto Nord Stream 2, aseguró: «Washington se opone al proyecto del oleoducto, es que este oleoducto fortalecerá la posición de ventaja rusa y hará que otros países europeos se vean obligados a depender más de los suministros rusos».

Una política que se repite en América Latina

América Latina, espacio considerado por Washington como su «patio trasero», no quedó fuera de esta lógica de la política exterior norteamericana. Venezuela y Cuba debieron sufrir este tipo de agresión.

En Venezuela, tras el intento de golpe de Estado en abril de 2002 contra el presidente Hugo Chávez, en diciembre de ese mismo año tuvo lugar el golpe petrolero que ocasionó enormes pérdidas al Estado venezolano y generó desabastecimiento y caos social.

Diversos investigadores señalan que desde 2006 Estados Unidos entrenó, armó y financió a mercenarios que fueron enviados a Venezuela y Cuba con la misión de atentar contra el sector de las redes de transmisión eléctrica para ocasionar su colapso.

En 2009 Caracas sufrió un corte de electricidad que duró 96 horas, y en 2012 se produjo una explosión en la refinería de Amuay. Especialistas independientes demostraron que en ambos casos se había tratado de un sabotaje.

En aquel momento también se descubrió y denunció que los servicios de inteligencia de Washington planeaban un atentado contra las instalaciones hidrogeneradoras de Guri, esenciales para el sistema eléctrico de Venezuela.

En septiembre de 2021 se produjo un atentado contra la subestación de Lama, en Aragua, y en julio de 2022 otro ataque logró poner fuera de funciones un transformador de potencia que afecto el suministro de electricidad a la capital.

Si bien el Gobierno cubano no lo ha denunciado públicamente, diversas fuentes indican que la severa crisis energética del país, producto de las sucesivas averías de sus principales maquinas generadoras, también es consecuencia de este tipo de agresiones impulsadas, organizadas y financiadas desde Washington. A ello se suma la confesión de una personas que aseguró haber recibió dinero para atentar contra torres eléctricas en la isla.

Díaz-Canel sobre RT: Es un espacio informativo de referencia

Singular resultó la visita, este lunes, del Presidente de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, a la sede de la cadena de televisión internacional de noticias Russia Today (RT), donde recorrió varios estudios de grabación y fue actualizado sobre el uso que allí se hace de diferentes recursos técnicos para producir noticias

Autor: Yaima Puig Meneses | internet@granma.cu

Autor: Alina Perera Robbio | perera@juventudrebelde.cu

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En declaraciones a Russia Today, el mandatario cubano destacó las excelentes relaciones que existen en el orden político con Rusia. Foto: Alejandro Azcuy

MOSCÚ, Federación de Rusia.–Singular resultó la visita, este lunes, del Presidente de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, a la sede de la cadena de televisión internacional de noticias Russia Today (RT), donde recorrió varios estudios de grabación y fue actualizado sobre el uso que allí se hace de diferentes recursos técnicos para producir noticias.

En intercambio con directivos del canal, y con varios profesionales de la información, el Jefe de Estado destacó la relevancia del trabajo que han consolidado en RT.

Particularmente sobre la aceptación que ha tenido su transmisión en Cuba, detalló que el canal se ha convertido en una opción muy seguida en la Isla, por «la certeza, la objetividad, por la manera en que abordan problemáticas que otros no abordan, y que dan una perspectiva al latinoamericano, al cubano, que no dan otros medios internacionales».

A la altura del mediodía en Moscú, cuando en Cuba apenas comenzaba a nacer el día, y tras cerca de una hora de compartir experiencias con miembros del canal, el Presidente de la República visitó los estudios de RT en español, donde concedió declaraciones a la periodista Aliana Nieves, en las cuales destacó las excelentes relaciones que existen en el orden político con Rusia; al tiempo que aseguró que se da un «grupo de
pasos para profundizar la relación económica y comercial, sobre la base de que sea mutuamente beneficiosa».

Equipo de RT en Español está en Cuba

De «oportunidad tremenda» catalogó su visita a la cadena de noticias, en la cual aseguró que «en pocos minutos se siente como en su casa; y eso tiene que ver mucho con una relación que se ha ido forjando, que se ha ido alimentando en los últimos años».

En sus palabras rememoró que fue el presidente Putin quien «pidió que RT tuviera mayor presencia en Cuba». Actualmente, el canal en español transmite las 24 horas del día, desde marzo de 2020, y en «poco tiempo se ha convertido en un espacio informativo de referencia para los cubanos de diferentes generaciones», aseguró.

Eso tiene mucho que ver, dijo, con la «profesionalidad con que ustedes desempeñan su labor comunicacional; con la manera objetiva y certera con que abordan los problemas internacionales» y, además, con el modo en que llevan las problemáticas de Rusia y de otros países al entorno cubano, al latinoamericano y al internacional.

De forma especial, el dignatario referenció el encuentro que meses atrás sostuviera en Cuba con una delegación del canal de noticias, la cual desarrolló varias actividades con el equipo de prensa de la Presidencia, y también con otros periodistas, sobre todo en temas asociados al uso de las redes sociales.

Podemos hacer mucho de manera conjunta, subrayó; y esta, enfatizó, es «una relación que tenemos que seguir fortaleciendo, que tenemos que seguir alimentando».

Habló entonces sobre la importancia de potenciar los intercambios y los muchos temas sobre los cuales se puede trabajar de conjunto, para fortalecer el desarrollo de la comunicación social en Cuba, definida como uno de los tres pilares de la gestión de gobierno en el país.

Estamos dispuestos a seguir colaborando con Cuba, con los profesionales de la prensa en Cuba, con el equipo de prensa que lo acompaña, aseguró su interlocutora, en nombre del canal de noticias.

«Las puertas de nuestro canal siempre estarán abiertas para usted y para todas las personas que lo acompañan. Le agradecemos nuevamente su visita a RT en español, y lo esperamos en una próxima ocasión. ¡Esta es su casa!».

Foto: Tomada del Twitter de la Presidencia Cuba
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Cuba y Rusia, una relación a prueba del tiempo

Por: Yaima Puig MenesesAlina Perera Robbio

En este artículo: ComercioCooperaciónCubaEconomíaMiguel Díaz-Canel BermúdezPolíticaRusiaSolidaridadVisita oficial

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, y su homólogo cubano, Miguel Díaz-Canel. Foto: Archivo/Kremlin.

“Rusia es un país entrañable, un pueblo hermano cuyas relaciones datan de muchos años”, diría el Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en el 2018, durante la visita oficial que realizó al gigante euroasiático, como parte de su primera gira internacional tras asumir en ese año el cargo de Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.

Una relación a prueba del tiempo y cargada de muchos simbolismos es la que une a los pueblos de Cuba y Rusia desde hace 120 años, pero que consolidó sus mayores fortalezas a partir del triunfo de la Revolución cubana. De generación en generación han pasado las experiencias que acercan y distinguen a ambos pueblos en el transcurso de los años y son parte incuestionable de nuestra historia.

A través de muchos caminos se ha ido construyendo una profunda y sólida amistad entre rusos y cubanos. Historias hermosas forman parte de esa confluencia, como la que nació años antes del triunfo de la Revolución del 59, cuando a bordo del barco Andrea Gritti se conocieron casualmente los jóvenes Nikolai Leonov y Raúl Castro Ruz. Este último, regresando de la Conferencia Internacional sobre los Derechos de la Juventud, celebrada en Viena en el verano de 1953.

Fue ese el comienzo de una relación sostenida sobre la lealtad y el cariño; y ese ha sido el tono de los lazos construidos entre ambas naciones, donde la figura del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz jugó un papel determinante en defender la cercanía y el respeto entre el alma rusa y la cubana.

Excelentes son las relaciones políticas que distinguen los vínculos entre ambas naciones y que en los últimos años han estado respaldadas por un fluido intercambio de delegaciones de alto nivel, lo cual ha permitido su fortalecimiento y desarrollo constante. Los diálogos de intercambio han permitido consolidar la asociación de los dos países en diferentes áreas.

Justamente de “estratégicas y con un potencial de desarrollo extraordinario”, calificó las relaciones bilaterales entre ambas naciones el embajador de Rusia en Cuba, el excelentísimo señor Anatoli Guzkov, durante las actividades de la primera jornada de la 38 Feria Internacional de La Habana.

El devenir de los años ha demostrado que es esta una relación —con múltiples espacios comunes— en la cual ambas partes coinciden en la importancia de avanzar en proyectos económico-comerciales, principalmente en las esferas de la energía, la metalurgia, el transporte y la biotecnología.

Muestra de la voluntad por fortalecer y desarrollar esos nexos es la existencia de la Comisión Intergubernamental para la colaboración económico-comercial y científico-técnica, que encabezan el viceprimer ministro cubano Ricardo Cabrisas Ruiz y el vicepresidente del Gobierno ruso, Yuri Borisov.

La historia de cooperación y amistad que existe entre ambas naciones fue perfectamente definida en el año 2018 por el Presidente ruso Vladimir Putin, quien aseguró que “nuestros pueblos están tradicionalmente unidos por lazos de amistad, afecto, respeto mutuo y apoyo solidario”.

Literatura, ciencia y desarrollo…son hitos que también han marcado las relaciones entre ambos pueblos a través de los años. Cooperación es hoy una palabra clave para consolidar esos vínculos, basados en el respeto mutuo y los intereses comunes que nos distinguen.

Muchos son los afectos por el pueblo ruso que sobreviven al tiempo y acompañan diversos espacios de la Isla. “Son cosas del alma rusa de los cubanos”, aseguran quienes desde la Mayor de las Antillas conviven a diario con nombres, lazos de familia, construcciones, automóviles y una cultura que, aunque un poco distante a la nuestra, ha contribuido también a estrechar cercanías esenciales.

Presidente de Cuba inicia gira internacional

Por Redacción Razones de Cuba

Imagen de Razones de Cuba

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, comenzó hoy una gira internacional por países de Asia, África y Europa.

El mandatario confirmó en un mensaje en Twitter que visitará Argelia, Turquía, Rusia y China en respuesta a invitaciones oficiales de líderes de esos países.

Añadió en su mensaje que durante los encuentros dialogará sobre temas esenciales para la isla caribeña, relacionados fundamentalmente con el sector electroenergético.

Díaz-Canel precisó que el programa diseñado responde a las prioridades políticas y económicas de Cuba, así como a los esfuerzos por aliviar los efectos de una crisis pos pandemia que agobia a todo el mundo, y se agudiza para la Habana por los efectos del bloqueo de los Estados Unidos.

El mandatario subrayó que durante estas jornadas trabajarán intensamente para afianzar vínculos económicos y políticos que permitan seguir promoviendo el desarrollo de Cuba.

La delegación cubana está integrada además por los viceprimeros ministros Ricardo Cabrisas y Alejandro Gil; el canciller Bruno Rodríguez; los ministros de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca; de Energía y Minas, Vicente de la O; y de Salud Pública, José Ángel Portal Miranda.

Esta es la primera gira internacional presidencial posterior a la pandemia de Covid-19.

Condena Cuba suspensión de membresía de Rusia del Consejo de DDHH

En este artículo: Bruno Rodríguez ParrillaCubaDeclaraciónGobiernoMinisterio de Relaciones Exteriores (MINREX)Organización de las Naciones Unidas (ONU)PolíticaRusiaSociedad

“Hoy es Rusia, mañana podría ser cualquiera de nuestras naciones del Sur» afirmó el ministro de Relaciones Exteriores. Foto: Prensa Latina

El canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, condenó la suspensión de membresía de Rusia del Consejo de Derechos Humanos y aseguró que esa decisión nada favorece la solución pacífica, negociada y duradera al conflicto en Ucrania.

“Hoy es Rusia, mañana podría ser cualquiera de nuestras naciones del Sur que no se pliegan a intereses de dominación y defienden su independencia”, subrayó en su cuenta oficial en Twitter el ministro de Relaciones Exteriores.

También en esa plataforma, el jefe de la diplomacia cuestionó si similar medida será tomada contra Estados Unidos por su histórica política de hostilidad contra la nación caribeña.

“¿Acaso se aplicará la suspensión de membresía del Consejo de Derechos Humanos al Estado que ha impuesto contra Cuba, por más de 60 años, un criminal bloqueo que es la más prolongada, flagrante, masiva y sistemática violación de derechos humanos de todo un pueblo y un acto de genocidio contra todo un país?”, escribió.

A inicios de esta semana, Washington anunció que buscaba la expulsión de Moscú y puso como justificación supuestos crímenes de guerra cometidos por tropas rusas en Ucrania.

Rusia fue electa para el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en 2020 con 158 votos, y la resolución que la suspendió en esta jornada recibió el apoyo de 93 países miembros.

La Habana votó en contra de esa decisión, y el representante permanente del país caribeño ante Naciones Unidas, Pedro Luis Pedroso, denunció ante la Asamblea General la politización, doble rasero y selectividad aplicada al tratar estos temas en el organismo multilateral.

“No fue casualidad que los más entusiastas promotores de la cláusula de suspensión de la membresía, cuando se negociaba la construcción del nuevo Consejo de Derechos Humanos, fueron naciones desarrolladas con demostrada tendencia a acusar a países del Sur que no se ajustan a sus supuestos modelos de democracia”, afirmó.

Esos mismos países permanecían en silencio cómplice ante violaciones de derechos humanos en Estados occidentales, añadió Pedroso.

Washington ocasionó la muerte de cientos de miles de civiles, lo cual denomina “daños colaterales”, también el desplazamiento de millones de personas y una vasta destrucción en toda la geografía del planeta, pero esta Asamblea jamás suspendió ninguno de sus derechos, subrayó.

Además, el diplomático enfatizó que Cuba se opuso a esa cláusula de suspensión pues podría ser usada por quienes priorizan la selectividad en sus enfoques y politizan tales temas.

(Con información de Prensa Latina)

Reducirá «drásticamente» Rusia actividad militar en Kiev y Chernígov

El Gobierno ruso recibió propuestas escritas de Ucrania que confirman su intención de asumir un estatus neutral y no nuclear

Publicado: Martes 29 marzo 2022 | 10:10:05 pm.

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Juventud Rebelde: digital@juventudrebelde.cu

Las negociaciones ruso-ucranianas en Estambul

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Concluyeron con avances las negociaciones ruso-ucranianas en Estambul. Autor: Consulado de Rusia en Turquía Publicado: 29/03/2022 | 09:52 pm

Estambul, marzo 29.— Vladímir Medinski, jefe de la delegación rusa en las negociaciones de paz afirmó este martes, que el país ha dado «dos pasos hacia la desescalada del conflicto en Ucrania», uno en el ámbito militar y otro en el político.

Al concluir la cuarta ronda de conversaciones efectuadas este martes en el palacio de Dolmabahce, a orillas del Bósforo en Turquía, entre Rusia y Ucrania, que duraron tres horas, la delegación rusa puntualizó en rueda de prensa que en el plano militar «se ha tomado la decisión de reducir drásticamente la actividad militar en dirección a Kiev y Chernígov», reportó Sputnik Mundo.

En cuanto al panorama político, existe la  posibilidad de una reunión entre los presidentes ruso y ucraniano al momento que se rubrique el futuro tratado de paz.

David Arajamia, miembro de la representación ucraniana, destacó que la nación considera a los países del Consejo de Seguridad de la ONU, así como a Alemania, Canadá, Polonia, Israel y Turquía, como garantes de su seguridad, y algunos de ellos ya han dado su consentimiento preliminar.

Agregó que Kiev propone un nuevo sistema de garantías de seguridad para Ucrania y fija en el futuro tratado que, si ocurre algo, las consultas deberán realizarse dentro de los tres días siguientes, tras lo cual los países garantes deberán prestar asistencia a Ucrania.

Las propuestas de Ucrania sobre garantías de seguridad no se aplican a Crimea, Sebastopol y Dombás y presuponen que Kiev «renuncia a la intención» de recuperar esos territorios «por la vía militar», aceptando que «solo es posible mediante negociaciones», afirmó Medinski.

«Claro que esto no se corresponde de ninguna manera con nuestra postura, pero Ucrania ha formulado su enfoque», agregó Medinski. El negociador ruso también adelantó durante una transmisión televisiva que Ucrania «renuncia al ingreso en alianzas militares, al despliegue de bases y contingentes militares extranjeros y a ejercicios militares» en su
territorio «sin el consentimiento de los Estados garantes de la seguridad, incluida Rusia».

«Por su parte, Rusia no está en contra de la intención de Ucrania de entrar en la Unión Europea», indicó Medinski, quien calificó las propuestas de Kiev como un paso constructivo hacia el compromiso.

También señaló que las propuestas presuponen la proclamación de Ucrania como un Estado que siempre mantendrá la neutralidad bajo garantías jurídicas internacionales.

Los equipos negociadores de Moscú y Kiev celebraron varias rondas de consultas presenciales en el territorio de Bielorrusia a fines de febrero y en las primeras fechas de marzo, tras lo cual siguieron negociando por videoconferencia.

La reunión presencial del 29 de marzo es fruto de un acuerdo que el presidente turco Recep TayyipErdogan logró el 27 de marzo en una charla telefónica con su homólogo ruso, Vladímir Putin.

Reportera de guerra relata cómo EEUU financia batallones neonazis en Ucrania

En este artículo: Agencia Central de Inteligencia (CIA)ConflictoEstados UnidosGuerraOTANRusiaUcrania

Según explica Logan, el batallón neonazi Azov está financiado por EE.UU. y la OTAN. Foto: Revista Rambla

La periodista de origen sudafricano Lara Logan explica en una entrevista al portal America’s Voice AM que las noticias sobre el actual conflicto de Ucrania están llenas de desinformación, mientras que muchos de los acontecimientos que ocurren ahora en Ucrania pasan desapercibidos en los medios.

“Realmente, creo que hay mucha desinformación. Nunca hemos visto nada parecido. Quiero decir, he estado cubriendo guerras durante 35 años y nunca he visto gente con las uñas pintadas con los colores de la bandera ucraniana. Nos están acorralando en un cajón en el que tenemos que odiar a Vladímir Putin y suponer todo lo malo que se dice de él, y amar a Ucrania, sin término medio”, explica la ex presentadora de FOX Nation.

“En Ucrania están ocurriendo muchas más cosas de las que nadie habla”, añade en la entrevista.

Según explica Logan, el batallón neonazi Azov está financiado por EE.UU. y la OTAN. “Se pueden encontrar fotos de ellos (milicianos de Azov) en Internet sosteniendo la bandera de la OTAN y la esvástica. Y, al mismo tiempo, su propio emblema contiene el sol negro del ocultismo nazi, que era un emblema de las SS. Y también contiene la insignia lateral del rayo de las SS”, recalca.

La periodista indica que la Casa Blanca quiere crear la sensación de que se trata de una pequeña unidad. “No es cierto. El batallón Azov se ha abierto camino en el este de Ucrania con asesinatos”, subraya Logan, al tiempo que agrega que EE.UU. no quiere admitirlo.

“Por eso Crimea votó por la independencia. Por eso Crimea quería estar con Rusia”, razona.

El papel de la CIA

Ahondando en el movimiento nazi en Ucrania, Logan recuerda que la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU. (CIA), bajo la jefatura de Allen Dulles, “concedió inmunidad judicial a los nazis ucranianos en los juicios de Nuremberg”.

En esta misma línea, dice que Washington y sus agencias de inteligencia “tienen una larga historia de financiar y armar” a los adeptos de esta ideología radical en Ucrania.

La periodista insiste en que la CIA “patrocinó la revolución de color” en Ucrania que finalmente condujo al golpe de estado de 2014, al tiempo que “seleccionó a líderes” del país.

En concreto, Logan evoca “la conversación telefónica filtrada de Victoria Nuland (a la sazón subsecretaria de Estado de EE.UU. para Asuntos Europeos) en la que ella y el embajador de EE.UU. están decidiendo quién puede liderar Ucrania”.

Ucrania como centro del lavado de dinero

Por otra parte, Logan tilda de “títere” al presidente ucraniano Vladímir Zelenski que fue “seleccionado” por Washington. “Y, honestamente, con la gran tecnología y con el fraude electoral de hoy en día, no sabemos cuántos líderes en todo el mundo han sido seleccionados por Estados Unidos y no fueron realmente votados por el pueblo”, agrega.

Finalmente, la reportera recuerda que Putin lleva 15 años advirtiendo que no va a tolerar que “los globalistas se apoderen del mundo, construyan instalaciones de armas biológicas, o lo que sea que estén haciendo en Ucrania”.

También considera que Ucrania se ha convertido en un centro de lavado de dinero de miles de millones de dólares estadounidenses. “Y no decimos nada al respecto. Son nuestros impuestos”, concluye.

Nota: Logan es una periodista de origen sudafricano que ha cubierto actividades bélicas a lo largo de su carrera. Trabajó para la cadena estadounidense CBS News de 2002 a 2018. En 2020, se incorporó a Fox Nation, servicio de suscripción de la cadena Fox News.

(Tomado de Revista Rambla)

La perversa pretensión que desató la guerra

Por Miguel Angel Ferrer

Foto: Expansión.

Un conflicto semejante al de Vietnam. No luchaba Vietnam del Sur contra Vietnam del Norte, sino este último contra EU. Como ahora en Ucrania, Washington sólo proveía las armas, el dinero y las directrices para la guerra.

La diferencia entre los casos de Ucrania y Vietnam radica en que en el sudeste asiático EU si se involucró con tropas, mientras ahora en Ucrania Washington se niega a dar este paso. Y que como en Libia y Siria se vale de ejércitos de mercenarios.

Pero como quedó demostrado en Siria, un ejército de mercenarios bien proveído de recursos es capaz de hacer mucho daño. Pero no puede enfrentar victoriosamente a un ejército regular. Los mercenarios no son guerrilleros, patriotas o revolucionarios.

Así las cosas, es claro de qué lado se inclinará la balanza de la guerra en Ucrania. Y ya se está viendo. Buena parte del territorio ucranio está ocupado por el ejército ruso.

Son ya más de 3 millones de ucranianos desplazados que han huido a los países vecinos. La infraestructura militar del oriente de este país se encuentra seriamente dañada o francamente destruida. 

Y la Casa Blanca ni siquiera ha logrado establecer la tristemente celebre “zona de exclusión aérea”, factor esencial para obtener ventajas en el desarrollo y resultados de la guerra. Como consecuencia de todo esto, la pandilla nazi que despacha en Kiev ya renunció públicamente a incorporarse a la OTAN, perversa pretensión que desató la guerra. 

Para el Gobierno nazi de Ucrania no hay más alternativa que iniciar negociaciones de paz con Rusia. Pero para lograr la paz no basta la voluntad  de Kiev. Es necesaria la de Washington. Y esto, en el corto plazo, no parece probable. 

Mientras tanto, es obvio que, como se dice popularmente, en Ucrania a Washington el tiro le salió por la culata. Pretendía cercar militarmente a Rusia y sólo consiguió fortalecer el cinturón de seguridad territorial y militar de Moscú.

Y, finalmente, las fallidas sanciones económicas de Washington contra Rusia no han podido ni pueden inclinar la balanza en favor de EU. Y es visible la misma ineficacia de la feroz campaña mundial de satanización contra Putin.

Tomado de Telesur.

Rol de #EEUU en la guerra en Ucrania: La mano que mece la cuna

Publicado por AUCALATINOAMERICANO

Washington aceptó la existencia de laboratorios de investigaciones militares de patógenos hallados por Moscú en Ucrania.

El lunes 7 de marzo las fuerzas militares rusas localizaron una red de seis laboratorios en la zona del Donbas. Las instalaciones halladas, algunas parcialmente desmanteladas, corresponden a laboratorios de investigación militar gestionados por investigadores estadounidenses y ucranianos en forma conjunta. Los documentos encontrados en los laboratorios se vinculan con la contratista Southern Research Institute, adscripta a la Agencia de Reducción de Amenazas de Defensa (DTRA), una dependencia del Pentágono.

En una investigación de 2018 sobre el desarrollo de armamento biotecnológico, titulada “Las armas biológicas del Pentágono”, se detallan los contratos de esa empresa con el Ministerio de Defensa estadounidense para generación y propagación de bioagentes. Un día después de los hallazgos, la subsecretaria de Estado Victoria Nuland aceptó la existencia de esos laboratorios conjuntos y se mostró alarmada ante la posibilidad de que dichas instalaciones puedan ser utilizadas en el futuro por Moscú.

La tarea conjunta de guerra biológica implementada con Kiev es parte de un programa desarrollado por Washington para empoderar a los sectores nacionalistas ucranianos e incitarlos a una confrontación con Rusia. Según la historiadora estadounidense Mary Elise Sarotte, autora de Ni una pulgada más: Estados Unidos, Rusia y el estancamiento de la posguerra fría, el rechazo norteamericano a la pacificación europea se debe a que la cooperación en seguridad dentro de ese continente fue vista por Wall Street y los think tanks estadounidenses como una posibilidad cierta de pérdida de influencia en la región. Una de las fuentes consultadas para su investigación –un importante funcionario del Departamento de Estado– manifestó que una integración entre Rusia y Europa “sería peligrosa (…) Si los europeos unen sus fuerzas y construyen un sistema de seguridad común, nosotros nos quedamos fuera y eso no es deseable. Hay que fortalecer la OTAN para que eso no ocurra”.

El 21 de noviembre de 1990 se celebró en París la Conferencia sobre la Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE). Durante ese evento se firmó la Carta para la Seguridad Europea, suscrita por los Estados de Europa, Estados Unidos y Canadá. En el apartado titulado “Relaciones amistosas entre estados participantes”, se consignaba: “La seguridad es indivisible. La seguridad de cada uno de los Estados participantes está inseparablemente vinculada con la seguridad de los demás”. También se advertía que los firmantes –entre los que se hallaban Rusia, los integrantes de la Unión Europea y Estados Unidos– “no fortalecerán su seguridad a expensas de la seguridad de otros Estados”.

Ese mismo año, ocho meses antes de la rúbrica de la Carta de la Seguridad Europea, el entonces jefe del Departamento de Estado, James Baker, le garantizó a Mijail Gorbachov que la Alemania reunificada se convertiría en el último país en ser integrado a la OTAN: “Entendemos la necesidad de garantías para los países del Este. Si tenemos presencia en una Alemania que es parte de la OTAN, no habría extensión de la jurisdicción de la OTAN para las fuerzas de la OTAN, ni una pulgada hacia el este”. El entonces embajador de Estados Unidos en Moscú, Jack Matlock certificó, tiempo después, que se le otorgaron “garantías categóricas” a la Unión Soviética de que la OTAN no se expandiría hacia el este.

Los documentos oficiales desclasificados en 2017 por el gobierno de los Estados Unidos, referidos a los compromisos asumidos ante Rusia, fueron digitalizados por el National Security Archive. En el informe se detalla la lista de los funcionarios gubernamentales que se comprometieron en las dos décadas posteriores a la reunificación alemana a no expandirse militarmente hacia el Este. Entre los citados aparecen el secretario de Estado norteamericano James Baker, el presidente George Bush, el ministro de Exteriores alemán Hans-Dietrich Genscher, el canciller Helmuth Kohl, el director de la CIA Robert Gates, el presidente francés François Mitterrand, la primera ministra británica Margaret Thatcher y su sucesor John Major, el secretario de Exteriores de ambos, Douglas Hurd, y el secretario general de la OTAN, Manfred Wörner.

Un lustro más tarde del establecimiento de esos compromisos se llevaron a cabo las primeras maniobras militares conjuntas de la OTAN con Ucrania. Mientras se realizaban los ejercicios bélicos en la frontera de Rusia, el ministro de Exteriores británico, Malcom Rifkind, afirmaba que el verdadero objetivo consistía en impedir que Rusia se consolidase como una potencia similar a la que fue la URSS medio siglo atrás.

En 1999 se integraron a esa organización atlantista tres países: Polonia, Hungría y la República Checa. En 1996, cuando aparecía como evidente la defección a los compromisos asumidos por Washington y los países europeos, Gorbachov concedió una entrevista en la que señaló: “Hoy se pueden ignorar los intereses de Rusia, sus críticas a la ampliación [de la OTAN], pero la debilidad de Rusia no será eterna. ¿Es que no se dan cuenta para quién trabajan con esa política? Si la OTAN avanza en esa dirección aquí habrá una reacción”.

Advertencia y presagios

En 1997, George Kennan, uno de los pensadores estadounidenses más influyentes de la Guerra Fría, señaló en una entrevista en el New York Times que “ampliar la OTAN sería el error más fatídico de la política estadounidense en toda la era de posguerra fría”. Detalló además que dicha expansión “inflamaría las tendencias nacionalistas y militaristas de Rusia” y que eso llevaría a “restaurar el clima de la Guerra Fría a las relaciones este-oeste, e impulsará una política exterior rusa en direcciones opuesta a nuestros intereses”.

Un año después, ante la nueva expansión de la OTAN promovida por Bill Clinton en 1998, Kennan puntualizó que “esto es el inicio de una nueva Guerra Fría… creo que es un error trágico. No hay ninguna razón para esto. Nadie estaba amenazando a nadie”. Algo similar opinó Henry Kissinger en un artículo que escribió para el Washington Post en 2014: Ucrania “no debería de ser la avanzada de cualquiera contra el otro, debería de funcionar como un puente entre ellos”. Y recomendó: “Estados Unidos necesita evitar tratar a Rusia como un ente aberrante al cual se le tienen que enseñar reglas de conducta establecidas por Washington”.

William Perry, el secretario de Defensa de Bill Clinton, declaró un lustro atrás que Estados Unidos es el responsable del deterioro en las relaciones con Rusia. El actual jefe de la CIA de Joe Biden, William Burns, advirtió en una autobiografía, hace dos años, que invitar a Ucrania a la OTAN es percibido por todos los partidos políticos de Rusia como “nada menos que un reto directo a los intereses rusos”.

Ted Galen Carpenter, especialista en relaciones internacionales del conservador Cato Institute, señaló en 2018 que los partidarios del atlantismo belicista habían desencadenado una segunda Guerra Fría al extenderse hacia el Este: “Era completamente pronosticable que la expansión de la OTAN llevaría a una ruptura trágica, posiblemente violenta, de relaciones con Moscú… las advertencias fueron ignoradas. Ahora estamos pagando el precio por la miopía y arrogancia de la política exterior de Estados Unidos”.

Dos semanas atrás, cuando Vladimir Putin ordenó la operación militar en Ucrania, el coronel Douglas McGregor, ex asesor de Seguridad del gobierno de Donald Trump, aseguró que la decisión del Putin no sólo era previsible, sino justificada, dado el acoso producido por la OTAN durante los últimos veinte años. Todos los analistas internacionales e incluso los encargados del seguimiento geopolítico militar sabían que la creciente amenaza de la OTAN –junto a la persecución de ruso-hablantes en Ucrania– garantizaba un conflicto armado.

Una esvástica por ahí

En febrero de 2014 se produjo en Ucrania un Golpe de Estado inscripto en la seguidilla de la revolución de colores promovida por diplomáticos de Estados Unidos, agencias de inteligencias y corporaciones mediáticas.

La revolución del Maidán tuvo como protagonista a la actual subsecretaria de Estado, Victoria Nuland, que en 2014 era la jefa para Asuntos Europeos del gobierno de Barack Obama. Mientras se sucedían los disturbios en Kiev, se filtró una conversación telefónica de Nuland con el entonces embajador de Estados Unidos en Ucrania, Geoffrey Pyatt.

En ese diálogo se explicitaban los tres objetivos centrales de la operación del Maidán: digitar a los próximos dirigentes que debían hacerse cargo del gobierno ucraniano, impedir la continuidad de los vínculos pacíficos entre la Unión Europea y Rusia, y envalentonar a los sectores neonazis rusofóbicos. El historiador alemán Herwig Roggemann –uno de los máximos cronistas de los acontecimientos europeos contemporáneos– consideró que “aquella ‘victoria’ occidental en Kiev, el Maidán de 2014, fue el mayor fracaso de la historia europea tras el histórico cambio de 1990”.

Gracias a la injerencia y colaboración estadounidense, los grupos neonazis que lideraron la revuelta del Maidán se transformaron en batallones paramilitares. El banquero Ígor Kolomoiski, gobernador de la región de Dnipropetrovsk, fue el primero en financiar a los batallones territoriales (terbats) Azov, Dnipro 1, Dnipro 2, Aidar y Donbas, encargados de hostigar y asesinar a activistas de Lugansk y Donetsk que pretendían seguir hablando su idioma. El informe de 2016 de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OCHA), acusó al regimiento Azov de violar el derecho internacional humanitario.

En junio de 2015, tanto Canadá como Estados Unidos anunciaron –luego de entrenar a los grupos paramilitares por dos años– que sus fuerzas no apoyarían más al regimiento Azov, dadas sus tendencias neonazis. En 2016 el Pentágono desoyó las recomendaciones del los organismos de derechos humanos, que monitoreaban el Donbas, y levantó la prohibición. Dos años después, en octubre de 2019, 40 miembros del Congreso de los Estados Unidos, encabezados por el representante Max Rose, firmaron sin éxito una carta en la que pedían al Departamento de Estado el etiquetamiento de Azov como una “organización terrorista extranjera” (FTO, por sus siglas en inglés).

El logotipo del grupo –que fue premiado con la incorporación oficial a la Guardia Nacional ucraniana– exhibe el Wolfsangel, uno de los símbolos utilizados por el ejército nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Según el oficial retirado de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Philip Giraldi, el entrenamiento de estos grupos por parte de instructores estadounidenses empoderó a los sectores más rusofóbicos y habilitó la respuesta de Moscú: los signos hitleristas son las distintivos que los rusos no pueden soportar.

El primer acuerdo de Minsk, rubricado el 5 de septiembre de 2014, garantizaba la autonomía para los habitantes del Este ucraniano. Fue refrendado por representantes de Ucrania, la Federación Rusa, la República Popular de Donetsk (DNR) y la República Popular de Lugansk (LNR). Tres meses después, el 2 de diciembre, el parlamento ucraniano modificó unilateralmente la “ley sobre el estatuto especial” estipulado en el protocolo. Según la revista estadounidense Army Times, el Comando de Operaciones Especiales de los Estados Unidos ha trabajado desde 2014, en forma oculta, para desarrollar un concepto operativo militar en conjunto con las fuerzas armadas de Kiev.

El 1º de septiembre de 2020 ‎se prohibió ‎por ley el uso de cualquier otra lengua que no sea el ucraniano en la administración, en los ‎servicios públicos ‎y en la enseñanza. A pesar de que el 20% de la población no habla ucraniano, las escuelas donde se enseñaba ruso ‎y húngaro fueron cerradas. Un año después, el 21 de julio de 2021, el actual presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, promulgó la Ley ‎sobre los Pueblos Autóctonos, en la que se estipula que sólo los ucranianos de origen ‎escandinavo, ‎los de origen tártaro y los caraitas tienen “derecho a gozar plenamente de todos ‎los Derechos Humanos y de todas las libertades ‎fundamentales”. Ante la requisitoria de los ruso-hablantes de por qué no figuraban con los mismos derechos ciudadanos, el ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, Dmitri Kuleba, adujo que “tienen un estado propio [por la Federación Rusa] por lo que no pueden considerarse autóctonos”.

Cerco y contención

La promulgación de la Ley de los Pueblos Autóctonos se aprobó mientras se llevaba a cabo la cumbre de la OTAN en Budapest, donde Estados Unidos propuso sumar a Ucrania. Los dos temas centrales de debate fueron “las políticas y acciones agresivas de Rusia” y “los desafíos que plantea la República Popular de China” a la seguridad de los países del organismo. A fines de 2021 Joe Biden promulgó la Ley de Autorización de la Defensa Nacional de 2022, en la que se profundiza la “teoría del cerco y la contención” de todos los países que no aceptan el liderazgo de Washington. En el documento se deja claro que sólo alcanza –para ser considerado agresor, o enemigo– la voluntad de un país para defender sus fronteras, su identidad, su seguridad territorial y/o su soberanía.

Los cuatro objetivos actuales de Estados Unidos en Eurasia son:

  • Demonizar a Rusia y a China para evitar su ascenso como potencias;
  • Generar malestar interno en dichos países para impedir su consolidación como potencias;
  • Separar a Rusia de la Unión Europea tanto en términos comerciales como energéticos y suplir a Moscú como proveedor de gas, en formato licuado; y
  • Desplegar una nueva carrera armamentista orientada a revitalizar la economía atlantista.

Rusia es en la actualidad el segundo productor de hidrocarburos del planeta. El 40% del gas que consume Europa llega por gasoductos gestionados por Gazprom. El gas licuado –que Washington pretende exportar para suplir las exportaciones rusas– costaba 8 dólares el millón de BTU el año pasado, y hoy cotiza a 55 dólares. Europa se sumó a la ofensiva de Washington y se prepara para un duro invierno después de congelar el proyecto del gasoducto Nord Stream II.

Washington se siente parcialmente victoriosa porque arrastró a la Unión Europea hacia la rusofobia. Ahora necesita que Rusia pierda la guerra en el formato de desprestigio y descrédito. Mientras azuzan a los ucranianos a resistir frente a uno de los ejércitos más poderosos del planeta, planean la venta de armas y la futura reconstrucción de Ucrania. Para Washington, una victoria rusa plena conlleva el peligro de un nuevo orden mundial con un eje Moscú-Beijín. Después de fabricar las condiciones para la guerra, el Departamento de Estado se concentra en la necesidad de imponer una narrativa demonizadora de Putin, capaz de obviar el despliegue de la OTAN y el genocidio en el Donbas.

Su credibilidad, sin embargo, quedó expuesta el último 5 de marzo cuando funcionarios de Biden visitaron Caracas para tramitar la compra de petróleo con quien desconocen como presidente, Nicolás Maduro. Como consignó el marxista de la tendencia Groucho: “Estos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros”.

En Cubadebate/ Jorge Elbaum

Ninguna guerra es buena

Opinión

La tan llevada y traída libertad de expresión se destiñe todos los días, mientras las alarmas amarillistas dominan la transmisión de información, los titulares se repiten en un corte y pega implacable, dejando un rastro de miedo e incertidumbre.


Carlo Figueroa – La esquina de Escambray / Escambray

Hablar de paz, del cese de la guerra, y los llamados a poner fin a la intervención de Rusia en Ucrania son el centro mediático de estos días. Abres cualquier buscador en internet y lo que aparece en la pantalla del dispositivo es la sugerencia a seguir los acontecimientos de lo que algunos catalogan como el inicio de la Tercera Guerra Mundial.

Los algoritmos potencian las noticias del lado ucraniano, ponen en primer plano lo injusto del enfrentamiento, el regreso a la era soviética y la Guerra Fría, las sanciones de todo tipo, los apagones de los servicios y el aislamiento al macabro lado ruso. La atención está dirigida hacia el suceso, pero no a las causas.

Nadie debe ni puede justificar una guerra, menos los cientos de muertos civiles o militares en ambos bandos, la ocupación, la implosión social que genera el caos de las bombas y las balas. Pero tampoco tiene el derecho de inducir y darle ventaja en las grandes masas de receptores a una posición sobre otra.

Curiosamente no se menciona en estos días el hambre en las naciones africanas menos favorecidas, los asesinatos selectivos y desplazamientos atroces en Palestina, la situación actual de Afganistán tras la toma del poder por los talibanes. Menos, casi nada del bloqueo a Cuba y Venezuela, la miseria endémica en Haití.

La censura a los medios de comunicación rusos en Europa y grandes zonas del planeta evita que se pueda conocer más del porqué de la situación, el contexto, las históricas y convulsas relaciones entre ambos países, cuando es evidente para los centros de poder mundial que nada sucede por gusto.

¿Qué va a ocurrir si todo se resuelve en la mesa de diálogo? ¿Serán objetivas las historias que los conglomerados mediáticos van a seguir contando? ¿La visión del conflicto que se fijará por años en millones de personas es la real o la que se construye minuto a minuto desde un solo lado?

La tan llevada y traída libertad de expresión se destiñe todos los días, mientras las alarmas amarillistas dominan la transmisión de información, los titulares se repiten en un corte y pega implacable, dejando un rastro de miedo e incertidumbre.

Ya se han disparado las preocupaciones de muchos europeos y asiáticos, de los propios estadounidenses que le echaron mucha leña al fuego ruso-ucraniano. El mundo está a punto de vivir un desequilibrio atroz que va a suponer una recuperación dolorosa, donde hasta los que estamos a miles de kilómetros del conflicto sufriremos las consecuencias del alza del precio del petróleo, la escasez de materias primas vitales, la ruptura del flujo comercial internacional y la bancarrota de muchas economías supuestamente sólidas.

Llamar a la paz en amor, a la concordia entre los pueblos, a superar los dilemas a través del diálogo y el respeto, a dejar las armas a un lado para vivir en un planeta más seguro y civilizado tiene que ser un modo de resolución real, jamás una quimera. Y aunque los conflictos van a seguir en todos los rincones, no hay derecho a incrementarlos, menos a dejar de pedir que terminen o, mejor, todos tenemos la obligación de evitarlos y garantizar una vida segura.

Ninguna guerra es buena, alentarlas es un delito que se paga con creces. Sancionar, censurar, mutar el derecho a la información, dejar de ser veraces y culpar a unos y otros poniendo en la más absoluta oscuridad a millones de personas para que no puedan ver la realidad como sucede en estos días de “un solo culpable”, es tan deleznable como lanzar una bomba.