Girón: Lo que no ocurrió

Por: Rogelio CarmenateRené González Barrios

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Texto: René González Barrios

Diseño: Rogelio Carmenate

Girón, un ejército de pueblo o un pueblo en armas, como prefiramos llamarle, derrotaba de manera aplastante la invasión minuciosamente preparada por el gobierno de los Estados UnidosLa victoria de Playa Girón ha pasado a la historia como la “primera gran derrota” del imperialismo yanqui en América.

La Operación Pluto preparada por la Agencia Central de Inteligencia, fue la revancha organizada por el imperio contra las fuerzas pujantes de la Revolución Cubana. Para materializarla, empleó a representantes de los intereses espurios de la sociedad putrefacta que había sido superada, a efectivos de la Agencia Central de Inteligencia y a sus propias Fuerzas Armadas.

La reacción del gobierno de Eisenhower ante la derrota de un ejército construido a su gusto, imagen y semejanza, no se hizo esperar. La respuesta sería inevitablemente militar, aunque para ello emplearían primero todo su arsenal subversivo, preferentemente, a los representantes del viejo ejército y del viejo sistema.

Al traumático golpe que significó el triunfo revolucionario, se unió otro contundente en lo político y económico. Las medidas cada vez más radicales de la Revolución para hacer realidad el Programa del Moncada, afectaba directamente los intereses de los monopolios y empresas extranjeras, especialmente las estadounidenses. El ejemplo de Cuba era nefasto para el dominio hemisférico del imperio.

La reacción imperial fue inmediata. Sabotajes, atentados, bombardeos, fomento y sustentación de bandas contrarrevolucionarias, acciones piratas, campañas mediáticas en las que se satanizaba a la revolución y sus líderes, guerra diplomática, bloqueo económico y rompimiento de relaciones, fueron sólo una parte del rostro de la agresión en ciernes.

En enero de 1960, fue creada la Fuerza de Tarea (FT) WH-4 de la CIA, que elaboró el Programa de Acción Encubierta contra el Régimen de Castro, aprobado por el presidente Eisenhower el 17 de marzo. El Programa, que preparaba las condiciones para subvertir el orden interno con el empleo de mercenarios y contrarrevolucionarios, marchaba acompañado por la intensificación de la preparación combativa de unidades élites de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, en especial la infantería de marina, las que incrementaron sustancialmente sus ejercicios y maniobras en áreas de la Costa Este, el Golfo de México y el Mar Caribe.

Entre el 18 de enero y el 20 de marzo de ese año, unidades de infantería de marina realizaron en Onslow Beach, Carolina del Norte y la isla puertorriqueña de Vieques, el ejercicio Brigadelex 1/60, primero de una serie en el que escuadrones de helicópteros y aviación de ataque, garantizaban el asalto y desembarco de los efectivos de la 8 brigada de Infantería de Marina. En estos ejercicios se comprobaba la operatividad del buque anfibio LPH-4 Boxer, que formaría parte del escalón de asalto norteamericano listo para desembarcar en Bahía de Cochinos.

Como parte del acondicionamiento del Teatro de Operaciones Militares, entre enero y agosto, una compañía del 8 Batallón Ingeniero de la Infantería de Marina, reconstruyó una pista de aterrizaje y construyó un nuevo taxiway y un campamento para unos 500 efectivos y elementos de aviación, en Camp García, Vieques, Puerto Rico.

El 10 de febrero, era rebasificado en la Estación Aeronaval de Leeward Point, en la Base Naval de Estados Unidos en la bahía de Guantánamo, el 122 Escuadrón de Cazas de la Infantería de Marina (12 aviones), procedentes de Beaufort, Carolina del Sur. Dos días después, el 312 Escuadrón de Cazas, también procedente de Beaufort, con otros 12 aviones, reforzaba la Base.

El 18 de marzo y hasta el 11 de mayo, la 10 Brigada (Provisional) de Infantería de Marina con Escuadrón de helicópteros y aviación de ataque, realizaba desde Camp Lejeune y Cherry Point, en Carolina del Norte, el ejercicio Brigadelex 2/60 que nuevamente incluía desembarcos en Vieques y, Onslow Beach.

Coincidiendo en el tiempo, entre el 21 de marzo y el 6 de abril, la 2 Fuerza de Tarea Aeroterrestre de Infantería de Marina realizaban el mayor ejercicio de ese tipo de fuerza en el año; el Lantphibex 1/60 (Operación Amicus), también con desembarcos en Vieques y, Onslow Beach. Como parte de este ejercicio, se desarrolló un desembarco de la Fuerza de Golpe Anfibia de la Flota del Atlántico. El ejercicio estuvo destinado a probar las capacidades de la Fuerza para capturar, ocupar y defender puntos clave, evacuación de personal, protección de los intereses de EEUU y apoyar o restablecer gobiernos amigos.

Del 6 al 11 de mayo, el 24 Grupo Aéreo de Infantería de Marina reforzado, participó en el ejercicio logístico Logex 1/60 también en Onslow Beach, Carolina del Norte. Una semana después, del 18 de mayo al 20 de julio, otra brigada de Infantería de Marina con apoyo de helicópteros y aviación de ataque, realizaban el ejercicio Brigadelex 3/60 en Vieques y Onslow Beach. El Grupo de desembarco de Brigada se mantuvo operativo en el Caribe hasta el 2 de agosto.

Entre el 10 de junio y el 25 de septiembre, la 2 Brigada Expedicionaria de Infantería de Marina, fue desplegada en el Caribe para participar en el ejercicio “Traex 4/60”. En medio de este, entre los días 25 al 27 de julio, 2000 Reservistas de la Infantería de Marina eran movilizados para participar en el ejercicio de tres días, Operación Whipsaw, en Camp Lejeune, Carolina del Norte.

El 9 de agosto, el 225 Escuadrón de Cazas de la Infantería de Marina procedente de Key West, Florida, se rebasificaba en la Estación Aeronaval de Leeward Point, en Guantánamo, donde permanecería hasta el 12 de septiembre.

Nuevamente la 8 Brigada Expedicionaria de Infantería de Marina, entre el 15 de agosto y el 29 de noviembre, realizaba ejercicios, esta vez, el “Phibulex 4/60” con desembarcos en Vieques.

Iniciando octubre de 1960, 1 450 infantes de marina refuerzan la Base de Guantánamo, tras desembarco naval desde el LPH-4 Boxer. La revista norteamericana World Report, el 3 de octubre se hacía eco de la noticia y advertía el peligro real que tal incremento de fuerzas representaba para Cuba:

“Los impresionantes refuerzos llegados a Guantánamo muestran que Cuba está situada a merced de la fuerza militar de Estados Unidos, y que Estados Unidos está listo para entrar en acción si lo necesitare”.

Ese mismo día, el almirante Arleig A. Burke jefe de operaciones navales de Estados Unidos y amigo íntimo de Batista, declaraba a la revista US News and World Report:

“Nosotros no debemos estar dando explicaciones. Nosotros somos poderosos y somos el líder del mundo (…) La Marina está interesada no solo en nuestra Base Naval de Guantánamo, sino acerca de toda la situación cubana”.

En el verano de 1960, la CIA solicitó al Grupo Especial del Consejo de Seguridad Nacional que aprobara los vuelos de aviones de exploración U-2 sobre CUBA. La operación se denominó Kick Off y fue realizada por U-2 del Destacamento G de la CIA, volando desde la Base de la Fuerza Aérea de Laughlin, Texas. La CIA solicitó al Grupo Especial que autorizara otros vuelos. Los vuelos tuvieron lugar entre el 26 y 27 de octubre.

En enero de 1961, tras el brusco rompimiento de relaciones diplomáticas con Cuba, el imperio amenazó a la isla emprendiendo las maniobras Convex-1/61 en el Caribe, con la participación de un portaaviones, un submarino atómico, tres submarinos convencionales, diez destructores y otras unidades de apoyo, así como mil infantes de marina.

Desde febrero, el destructor DD-844 Perry, convertido en buque de intercepción de señales y basificado temporalmente en la Estación Aero-Naval de Key West, Florida, monitoreaba las transmisiones cubanas, desplazándose a todo lo largo de nuestras aguas territoriales.Este buque monitoreó después, las transmisiones de la brigada mercenaria en Girón, durante su debacle. Fue él, quien captaría por radio la última comunicación del Jefe de la Brigada Mercenaria “(…) no tenemos nada con qué pelear…me dirijo hacia los árboles, no puedo esperar por ustedes”.

El 1 de marzo, las Fuerzas Armadas de Estados Unidos realizan en áreas del Canal de Panamá, el Ejercicio Operación Solidaridad. A partir de esta fecha se incrementan sus unidades navales en el Caribe y la Base de Guantánamo.

Los días 19 y 21 de marzo, aviones de exploración estratégica U-2 Dragon Lady, de la Base de la Fuerza Aérea de Edwards, California, realizaron sobrevuelos en Cuba, para obtener datos sobre el orden combativo de la aviación y las tropas terrestres cubanas, y datos geográficos que permitieran seleccionar el lugar adecuado para el desembarco mercenario. Posteriormente, un Destacamento de U-2, se trasladó desde la Base de la Fuerza Aérea de Edwards en California, hacia la de Laughlin, en Texas, y a partir del 6 de abril, en el marco de la Operación Flip Top, realizaron 15 misiones vuelos contra Cuba.

A partir del 27 de marzo, la emisora contrarrevolucionaria Radio Swan, en el contexto de la guerra psicológica asociada a la Operación Pluto, sólo transmitió informaciones vinculadas a las organizaciones enemigas en Cuba. Antes, durante y después de la invasión, tergiversó olímpicamente los hechos. En ello emuló con las agencias AP, UPI y AFP, tan imaginativas y fantasiosas, que con una falta total de ética profesional y escrúpulos, hacían desembarcar fuerzas en el puerto de Bayamo, anunciaban cruentos combates en las calles de La Habana y Cienfuegos, el avance impetuoso de tanques rusos contra la capital, el sobrevuelo de Migs soviéticos que nunca habían llegado a suelo cubano y masivos alzamientos en la Sierra Maestra, entre otras falacias. Randolph Hearst y Joseph Pulitzer, los maestros del jingoísmo, fueron niños comparados con estos.

El 3 de abril, el Departamento de Estado publicó su primer Libro Blanco sobre Cuba, donde afirmaba: “La situación presente en Cuba hace confrontar al Hemisferio Occidental y al sistema interamericano un reto grave y urgente”.

A inicios de ese mes, la Junta de Jefes de Estado Mayor ordenó al Comando de Defensa Aérea de América del Norte (NORAD), ejecutar la Operación “SouthernTip”, que establecía una estación de vigilancia por radar en el mar, con tres buques DER y AGR, para monitorear el espacio aéreo entre Cuba y la parte meridional de la Florida. Los buques, que rotaban, eran ubicados a unas 100 millas al este de Key West, unas 80 al sur de Miami y a 90 de la costa norte de Cuba.

Desde el 13 de abril, el buque de mando GCI Northampton con la jefatura de la segunda Flota, dirige desde las cercanías de la Isla Bimini, en la Florida, las operaciones de traslado a Cuba de la brigada mercenaria 2506, embarcada en Nicaragua. Armada y pertrechada hasta los dientes, esta incluía la posesión de unos 35 aviones, de ellos 16 bombarderos B-26, estuvo escoltada por una poderosa agrupación naval norteamericana que brindó cobertura al desembarco, en espera de la orden –que nunca llegó–, de entrar en acción en apoyo del auto titulado gobierno espurio del traidor José Miró Cardona, anclado en una Instalación Militar de la Florida.

El destacamento naval norteamericano de cobertura, era muy superior en poder de fuego a la brigada mercenaria. Nombrado Fuerza de Tarea Alfa, lo componía el portahelicópteros de asalto anfibio LPH-4 Boxer, con un batallón de la 2da División de Infantería de Marina a bordo; el portaaviones CVS-9, Essex, con 40 aviones de combate: los destructores DD 507 Conway; DD 756 Murray; DD 701 Eaton, y el portaaviones CVA Independence, con setenta aviones. Lo acompañaban dos submarinos. Eran las mismas fuerzas y medios que durante más de un año venían preparándose intensamente para una guerra inminente.

Respecto a la magnitud de la cobertura militar norteamericana a la invasión, como bien se explica en el prólogo a la edición cubana del libro Bahía de Cochinos: la historia no contada, del historiador norteamericano Peter Wyden:

“…Resulta insólito que prevalezca el criterio de que la fuerza de tarea de portaaviones Alfa, de la armada estadounidense, integrada por un portaaviones, siete destructores y dos submarinos, solo fuera asignada para dar cobertura a la travesía del convoy hasta las costas cubanas…”.

Wyden ponía en duda que la presencia de una fuerza de tarea anfibia reforzada en el área, formada por dos buques anfibios de desembarco (LST), cargados de artillería y tanques y dos transportes de asalto AKA, con 1 200 marines a bordo, fuera sólo para asegurar y ayudar en el desembarco a los invasores. La desproporción entre la Fuerza de Tarea Alfa y su supuesta misión, evidencian el objetivo real del gobierno americano.

El 16 de abril unidades navales de Estados Unidos realizan durante la noche acciones demostrativas al norte de La Habana y Pinar del Río, Oriente e Isla de Pinos, con acercamientos de entre 10 y 6 millas de la costa, con el fin de confundir y demorar al mando cubano la identificación del lugar del desembarco.El 17 de abril, unidades navales de la marina de guerra norteamericana realizaron una maniobra de distracción radioelectrónica desde el norte del puerto de Mariel, en La Habana, hasta Bahía Honda, Pinar del Río, pretendiendo desviar la atención de la dirección del golpe principal.

La CIA reclutó sus mercenarios en Estados Unidos y los preparó en campamentos en Guatemala, Puerto Rico y Miami, y en instalaciones militares norteamericanas como Fort Bragg y Norfolk en Virginia, Fort Myers y Opalocka en la Florida, Vieques en Puerto Rico, y Fort Guly en Panamá. En la Base Aérea de Homestead, en La Florida, el ejército de los Estados Unidos, entrenó una fuerza contrarrevolucionaria de choque, que pretendía desembarcar directamente en la provincia Oriental, con el apoyo de la Base Naval de Guantánamo, donde aguardaba una fuerza inhabitual de alrededor de cuarenta buques de combate y aseguramiento, concentrados allí a inicios del mes de abril de 1961. Para justificar tal presencia, el Pentágono anunció la realización de una maniobra militar en el área del Caribe. Era en realidad, la cobertura bélica a la invasión de Playa Girón.

Los organizadores norteamericanos de la invasión, enviaron a tierra teams de exploración, para asegurar el desembarco mercenario. Cuatro pilotos norteamericanos pertenecientes a la Guardia Nacional de Alabama, murieron abatidos por el fuego de nuestros aviones y, derrotada la invasión, en una mezcla de arrogancia e impotencia, aeronaves de combate del portaaviones Essex, sobrevolaron los campos ya libres de mercenarios de Playa Girón.

Aunque el desenlace principal de los hechos ocurrió, en la Ciénaga de Zapata, Girón no fue sólo allí. El país completo vivió la amenaza del desembarco y la agresión. El 15 de abril, en la provincia oriental, muy cerca de Baracoa, la agrupación mercenaria del traidor Nino Díaz se disuadió de desembarcar, al percatarse de la presencia de fuerzas revolucionarias. Aquel intento estaba vinculado a una probable autoagresión en La Base Naval de Guantánamo, como pretexto para una intervención armada directa.

De haberse consolidado la cabeza de Playa, e intervenido directamente las fuerzas armadas de los Estados Unidos, la historia hubiera sido diferente. Con toda seguridad, estuviéramos hoy combatiendo contra el imperio, si no lo hubiéramos derrotado antes. Como dijera nuestro Comandante en Jefe en el acto por el XXV Aniversario de la Victoria de Playa Girón:

“…La importancia de Girón no está en la magnitud de la batalla, de los combatientes, de los hechos heroicos que allí tuvieron lugar; la gran trascendencia histórica de Girón no es lo que ocurrió, sino lo que no ocurrió gracias a Girón”.

Girón y el camino hacia la gloria

La historia la escriben los vencedores    

Autor: César Gómez Chacón | internet@granma.cu

GIRON
Foto: Archivo de Granma

La actual carretera que enlaza la Autopista Nacional con Playa Girón debe recorrerse a poca velocidad. Es una sugerencia a quien desee aventurarse por este sendero de belleza natural indescriptible, que conduce a su destino directamente a través de la historia.

Llegar más rápido a la pequeña playa, situada en el extremo oriental  de Bahía de Cochinos, al sur de la región central de Cuba, es hoy mucho menos importante que desandar el tiempo y adentrarse en la leyenda de estos parajes únicos al sur de la región central de Cuba.

De pronto, la vía se convierte en un estrecho terraplén y, a ambos lados, como misterio inaccesible, se extiende la Ciénaga de Zapata, con su rumor de pantanos, mosquitos y cocodrilos agazapados. El sol tardará aún en salir, pero un ruido como de truenos allá en la lejanía, y extraños relámpagos en el cielo, atravesarán de pronto esta apacible madrugada… del 17 de abril de 1961.

Los olores de la guerra lo impregnan todo. La tierra, la pólvora y la sangre se mezclan con el estupor de esta primavera atacada a traición. Los rugidos de los cañones, de los obuses, de los tanques y de las explosiones del fuego enemigo, se confunden con el tableteo de las metralletas de los milicianos, el quejido de los heridos, y el silencio de los muertos. Los aviones pasan rasantes sobre la única vía de acceso rápido hacia Playa Larga y Playa Girón, llevan en sus alas las insignias de las FAR. ¡Son los nuestros! Los milicianos elevan sus brazos en señal de victoria, pero los buitres del odio hacen un giro inesperado y disparan. Lanzan bombas de napalm, y los proyectiles de sus cañones hacen surcos sobre el estrecho terraplén y en la piel de sus defensores. 

Arden los ómnibus, los camiones y los cuerpos. Los sobrevivientes se aferran al suelo y disparan, pero las naves agresoras ya salieron mar afuera. Sobrevuelan despavoridas la Bahía de Cochinos, donde apenas esta madrugada ha comenzado el desembarco.

Los jefes y comisarios políticos no dejan que decaiga el ánimo: ¡Arriba muchachos, Fidel ya viene en camino, Patria o Muerte y pa´lante!

Casi sin comer, a la orilla de la carretera y aún con el asombro en sus pupilas, los jóvenes y viejos milicianos apenas hablan. Un rato después, evacuados los heridos, salen como sonámbulos a desandar, metro a metro, el durísimo camino de la gloria, sí, el de la Patria o el de la muerte.

Aún quedarán largas horas de combate y heroísmo, hasta completar las menos de 70, que serán suficientes para derrotar los planes de la cia y el Pentágono, un intento absurdo por destruir con la fuerza de las armas –y con carne de traición– el deseo mayoritario de los cubanos, de tener finalmente un país libre y soberano.

Aún Nemesia, a sus 13 años, verá cómo el avión también ametralla a su familia, y las balas hieren de muerte a su mamá y a sus queridos zapaticos blancos, aquellos que el Indio Naborí convertirá en poema épico de urgencia y resurrección.

Aún los niños héroes de las «cuatro bocas» derribarán la nave mercenaria, y el piloto Carreras arremeterá con ráfagas de fuego intrépido contra los buques de desembarco, y cortará de raíz el vuelo de un B-26, que sembró muerte y desconcierto.

Y Fidel, desde el Central Australia, teléfono en mano, dirigirá minuto a minuto a sus comandantes rebeldes y a sus capitanes de combate: el Che en Pinar del Río, Raúl en el oriente, y el «Gallego» Fernández en el avance hacia el sur:

Curbelo, vamos a tumbar aviones, pero hoy hundan los barcos… Que despeguen los chorros… Tumben ese B-26 que está jodiendo, protejan la carretera entre el Australia y Playa Larga… Raúl, no te puedo precisar ahora, pero muy alertas ahí, mucho tanque y mucha antiaérea… Universo, el Che tiene seis baterías de cañones sin personal… Osmany, cuatro batallones, dos ligeros y dos pesados, sí, porque vamos a tomarlo todo… Aragonés, gordo: a las seis de la mañana está limpio todo eso, nosotros vamos a meterle de noche y con todo… ¿Almeida? avanzar algunas fuerzas por Jovellanos, para que combatan en la costa… Del Valle: ordena a Pedrito Miret que movilice por lo menos 12 cañones de los estudiantes universitarios… Fernández, ¿tú ya estás en Pálpite? ¿Seguro? –Seguro Comandante– ¡Ya ganamos!, le respondió Fidel.

El 19 de abril, el Jefe de la Revolución llegaba en un tanque T-34 hasta las arenas de Playa Girón. En la gran ensenada humeaban aún los buques y las barcazas mercenarias.

Por ella nadarían, desesperados, entre los manglares y la tierra firme, para entregarse a los milicianos con las manos levantadas y miedo entre las patas, los «valientes invasores» de la Brigada 2506, que habían recibido a su salida desde Nicaragua el encargo del dictador Somoza de llevarle unos pelos de la barba de Fidel.

Pero la historia la escriben los vencedores. Amanece sobre la carretera que hoy –perfectamente asfaltada– llega hasta el Museo y el centro turístico de Playa Girón. Es una vía de belleza extraordinaria; a cada lado, en el tramo entre el Central Australia y Playa Larga, se alzan, con humildad de lo verdaderamente simbólico, pequeños obeliscos. Es el homenaje de la Patria a los valientes combatientes, quienes en 1961 sellaron con sus vidas el camino hacia la gloria.

Batalla de Playa Girón: Testimonios Parte I

Por Redacción Razones de Cuba

Ramón González Suco (Jefe de escuadra del batallón 339 de Cienfuegos). Playa Larga

En diciembre de 1960 se destacó un grupo de milicianos de Cienfuegos en Playa Larga, en espera de que algo se produjera durante el cambio de gobierno de Eisenhower para Kennedy. Ellos abrieron trincheras en las arenas de la playa, y una de ellas en la roca o “diente de perro” de la punta oeste del citado balneario conocida como la “Punta de Brito” ¡claro, esta trinchera hubo que hacerla con la ayuda de un compresor de aire utilizado en las obras de la Villa Turística que allí se construía!

El 10 de abril de 1961 arribaron a Playa Larga cinco milicianos del Batallón 339 de Cienfuegos ¡Establecer un puesto de observación en la costa fue su objetivo! Junto a Suco (obrero eléctrico) que fungía como jefe, cumplieron la misión Israel Hernández (carpintero), Antonio Quintana (obrero agrícola), Rafael Aramillo (soldador) y Ricardo García (optometrista).

Los cinco milicianos que llegaron a Playa Larga escogieron como local para cumplir su cometido, una caseta de mampostería con techo de fibrocemento donde estaban los planos y la microonda (Motorola) de la obra constructiva, ubicada en la punta oeste de la playa, llamada Punta de Brito.

Cada media hora la planta dejaba escuchar la voz miliciana en su homóloga del Central “Australia”: “¡Playa Larga llamando a Australia… Aquí todo normal!”

Cuando se produjo el desembarco miliciano y después de un desigual combate, la sensatez les aconsejó a los milicianos y tres alfabetizadores, ocultarse en uno de los edificios (taquillas y baños colectivos para mujeres), y esperar la llegada del batallón 339. Esos locales no estaban terminados por lo que los materiales de construcción casi lo ocupaban todo. Junto a los milicianos se habían protegido allí, obreros de la obra y un grupo de guajiros.

Primer Disparo Miliciano Organizado de la batalla de Giron. Muy importante dado que de ahí se le ocasionó las primeras cuatro bajas al enemigo. Ello ocurrió en Playa Larga.

Y a partir de aquí los dejo con el testimonio de Ramón González Suco:

“Camino entre grandes cajas, tenso sin ver a nadie. Una sombra que se me encima me pone alerta. Un golpe en la nuca me hace sentir que se me escapan los ojos de las órbitas y caigo y caigo al suelo. Dos o tres fuertes golpes en la espalda me tienden a lo largo. Pierdo la noción de todo y un sabor a sangre me llena la boca. No veo y casi no puedo respirar. Voy volviendo poco a poco y siento que me llevan en vilo por brazos y piernas. Halan de mis barbas. Alguien grita que me pongan de pié y me enfrento a un mercenario con lentes de gruesos cristales. Es su Jefe de Inteligencia. Veo doble t casi no oigo. Me registran y sacan de mis bolsillos un carné de la Asociación de Jóvenes Rebeldes, un pase para entrar al Distrito Naval del Sur para las prácticas de las milicias y un retrato de mi madre. Ponen esos documentos en una cajita y plantean que ya me llamaran para interrogarme. Entre dos mercenarios me llevan para lo que sería la cocina del balneario, improvisada prisión donde ya hay varios carboneros y sus familias. Me ponen de frente a la pared parado con los brazos extendidos y me ponen un arma en los riñones. La cabeza me duele cuando se oyen los motores de aviones. Gritan alarmados que es avión enemigo. Tiroteo. El Barco Houston es alcanzado y encalla. No siento el arma en mi cuerpo y pruebo virarme y no hay nadie. Están aterrados y corren de un lugar a otro. Hace rato que se dieron cuenta, desde nuestros disparos, de que lo que les había dicho el instructor en Nicaragua era mentira. No desembarcarían y serían recibidos como salvadores, seguirían derecho, doblarían a la izquierda y desfilarían en La Habana como héroes. Los que desfilamos vencedores fuimos nosotros.

Me siento en el suelo como los demás. Creo perder la conciencia, todo se me enreda. Me saca de esa situación la mano de un alfabetizador sobre mi hombro. Se sienta a mi lado y con sus dieciséis años reclina su cabeza en mi hombro. Recuerdo su papel arreglando la ametralladora trabada. Dichosa ametralladora que les hizo las primeras bajas. Lo siento temblar y le pregunto si llora. Me dice que no pero tiembla. Se aprieta a mi lado. Traen a mis compañeros y al resto de los carboneros. Al rato entran dos mercenarios a congraciarse con campesinos y algún que otro trabajador de la Obra. Preguntan a uno de los trabajadores que de dónde era y él dice que de La Habana y del Cerro. El mercenario le pregunta si no conocía al Doctor Tal porque era Presidente del Instituto y novio de la hija de ese médico. El obrero dice que no. Plantean que sólo los militares serían juzgados que después que todo se aclare serían liberados puesto que el Ejército que los combate no usaban uniformes y que si hubiera sido Fidel el que hubiera desembarcado ya los hubiera fusilado a todos. Se fija en el alfabetizador que está a mi lado y le dice: ¿Y de qué es ese uniforme? De alfabetizador responde el muchacho ¿y eso qué es? Enseño a leer al que no sabe recalca el joven ¿Y eres Comunista? No, soy fidelista. Pero todos los que simpatizan con Fidel son comunistas… Bueno, entonces seré comunista sin saberlo pero soy fidelista, concluye el alfabetizador. El mercenario empuja con la punta del fusil al joven y se marchan de mala cara. Buena lección de una nueva generación.

Contra lo que puede suponerse nadie ha hecho relaciones con los invasores. Un carbonero que siempre estaba borracho llamado “Guasasa”, estaba con nosotros y todavía le duraba la borrachera del día anterior, y en un momento de silencio nos mira y nos dice: ¡Guajiro no te preocupes, que ahorita llega “El Caballo” y se acaba todo esto! Hermoso gesto de confianza en gente tan humilde.

Ya es de noche y un tanque nuestro, aprendido a manejar el día antes, comete un error enciende las luces y es alcanzado en una estera por un bazookazo. Traen preso al tanquista quien entra a empujones con gestos airados. Nos ve y nos abraza. Entra el Jefe mercenario de la Playa y lo manda a buscar. Lo acompañamos. Le pregunta que cuantos tanques vienen. Contesta en alta voz que lo que viene por ahí ni cien invasiones como ésta lo aguantan. El Jefe mercenario calla y al rato pregunta a un campesino con gorra de chofer a qué distancia está Girón. A cuarenta minutos le contestan y exclama sin recato: ¡Nos han embarcado! A las pocas horas abandonaban Playa Larga en dirección a Girón. Hay pánico. Se van, gritan con júbilo los campesinos. Vemos camiones cargados de mercenarios que se atascan en la arena y que golpean con las culatas las manos de los que están en tierra. Se van. Ni nos llevan de rehenes ni el hermano del que murió en el desembarco nos puede ajusticiar como había amenazado”.

Por Julio Antonio Amorín Ponce

Cuba soberana

Por: Raúl Romero

En este artículo: CubaFidel Castro RuzMatanzasPlaya GirónRevolución cubana

Cuba continúa libre y soberana. Foto: Europa Press.

Hace 61 años, en abril de 1961 para ser precisos, el imperialismo estadunidense sufrió una de las derrotas más emblemáticas, una que, sin exagerar, marcaría la historia de Latinoamérica y de todo el siglo XX. Los sucesos comenzarían el 15 de abril, cuando aviones de Estados Unidos bombardearon aeródromos en La Habana, en San Antonio de los Baños y en Santiago de Cuba. Los ataques serían favorablemente repelidos por el ejército rebelde cubano y por las Milicias Nacionales Revolucionarias. Pero aquellos bombardeos, sólo eran el comienzo de esta agresión.

Dos días después, en la madrugada del 17 de abril, la Brigada de Asalto 2506, un grupo de mercenarios financiados, entrenados durante más de un año, y equipados por la Casa Blanca, el Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, desembarcó con más de mil 400 hombres en Bahía de Cochinos, en el punto intermedio entre Playa Larga y Playa Girón. La Operación Pluto, como fue denominada dicha operación, implicaba que los mercenarios pelearan el tiempo suficiente para que desde Washington se estableciera un gobierno paralelo con líderes en el exilio, el cual luego sería apoyado abiertamente por la Casa Blanca. No lo lograron. Apenas 72 horas después de la invasión, el pueblo-ejército, comandado por Fidel Castro, volvería a derrotar a las fuerzas invasoras.

Aquellos sucesos envolverían también la declaración del carácter socialista de la Revolución cubana, pues el 16 de abril de 1961, durante el entierro de las víctimas de los ataques, Fidel Castro pronunció aquel discurso que quedaría grabado en la memoria revolucionaria: Eso es lo que no pueden perdonarnos, que estemos ahí en sus narices ¡y que hayamos hecho una Revolución socialista en las propias narices de Estados Unidos! ¡Y que esa Revolución socialista la defendemos con esos fusiles! ¡Y que esa Revolución socialista la defendemos con el valor con que ayer nuestros artilleros antiaéreos acribillaron a balazos a los aviones agresores!

Lo que vendría después es por todos y todas conocido, aunque no siempre aceptado: el pueblo cubano comenzaría a hacerse cargo de su propio destino y, no sin contradicciones, construiría una de las alternativas más sobresalientes de la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI. La defensa y construcción de la soberanía de Cuba se valdría también de la construcción de una sociedad alfabetizada, sin hambre, con un techo donde vivir, con buenos servicios de salud, con arte, solidaria, internacionalista y con una apuesta fundamental por la educación, la ciencia y la tecnología.

Más de 60 años después, las semillas sembradas por aquella Revolución continúan dando frutos, incluso a pesar del criminal bloqueo que desde Washington se impone contra la isla y que se ha traducido en daños que ascienden a 150 mil millones de dólares para Cuba. En plena pandemia por el covid-19 y con el asedio mediático y económico de Estados Unidos, la isla tuvo la capacidad de enviar a cientos de hombres y mujeres trabajadores de la salud a distintas partes del mundo, al mismo tiempo que elaboraba las vacunas Soberana 01, Soberana 02, Soberana Plus, Abdala y Mambisa, algunas de ellas convenientes para niños, o de aplicación nasal, y también algunas de ellas enviadas en solidaridad a países como Venezuela y Vietnam. La misma Unesco ha reconocido el liderazgo de Cuba en la producción de biológicos en nuestra región.

De esta forma, Cuba también construye una soberanía y autosuficiencia médica y tecnológica, independiente de las grandes farmacéuticas que no sólo lucran con la vida, sino que además llegaron a construir una geopolítica de las vacunas, basada en una disputa mediática en la que sobresalió la difusión de noticias falsas y desinformación.

Adelantado a su tiempo, como siempre lo fue, Fidel Castro expresó en 2002 en la Escuela Latinoamérica de Ciencias Médicas: El desafío que las enfermedades hacen a la humanidad es un desafío serio, grave y creciente, y será más creciente en la medida en que el descuido y la inconsciencia sobre los problemas de salud pública sean mayores, de lo cual no puede culparse por entero, ni mucho menos, a los países más pobres de la Tierra, ya que aquellos que nos saquearon durante siglos han sido incapaces de dar el mínimo aporte para esa lucha; en vez de gastar el dinero en cantidades fabulosas en guerras, especulaciones, lujos y otras cuestiones que no resultan esenciales en la vida.

Cuánta razón tenía el Comandante, aquellos que saquearon nuestros países, hoy vuelven a invertir millones para armarse frente a las amenazas de la guerra, de una guerra que ellos mismos alentaron. No hacen más que seguir su voraz apetito de poder y riqueza. Y en medio de ese sinsentido, Cuba, la pequeña Cuba, vuelve a mostrarnos su grandeza. ¡Viva Cuba Soberana!

(Tomado de La Jornada)

Playa Girón: La champaña de los derrotados. Por Alejo Carpentier

Por Alejo Carpentier

Primera gran derrota del imperialismo norteamericano y su brigada mercenaria en América.

«Aquí, lo que me ha devuelto la Guerra es un vencedor; porque el enemigo fue arrojado al mar por donde vino, en un ejemplar escarmiento de barcos hundidos, aviones derribados, tanques abandonados, con el lastimoso espectáculo de sus hombres-leopardos (me refiero a las pintas del bélico traje que traían) llevando, entre columnas de milicianos victoriosos, el paso renqueante y alicaído de los prisioneros que demasiado pronto esperaban el rápido triunfo de una mala causa…

«Al comenzar la batalla, se había hecho una necesaria redada de gente propicia a constituirse en quinta columna o realizar acciones de sabotaje. Amplia redada, pero acaso no todo lo amplia que hubiese debido ser —y en esto el Gobierno Revolucionario había dado muestras de gran moderación dentro del rigor que exigían las circunstancias— pues, me constaba que antiguas alumnas mías, de la escuela del Vedado, hoy casadas y algunas con hijos, habían celebrado prematuras fiestas, el día de la invasión, en tomo a los aparatos de radio que desde el extranjero difundían los mentirosos partes del avance victorioso del enemigo, resueltas de antemano a no escuchar las noticias que transmitían las estaciones locales. Mucho champaña se había bebido ese día, y desde muy temprano y con el estampido de muchos tapones disparados entre burbujas, en sus salones de ventanas cerradas, y me divierto, de pronto, al observar que en francés no se dice “beber champaña”, s i no “sabler le Champagne” —que es como decir: en-arenar, poner en arena, reminiscencia, tal vez, de los tiempos en que para mantener frescas las botellas de ciertas bebidas se hundían las botellas en arena mojada cubierta de sal: enarenar.

«Y había algo cruelmente simbólico en ese en-arenamiento, si pensábamos hoy que, en esos mismos momentos, los combatientes y mercenarios de la contrarrevolución, se en-arenaban de verdad en Playa Girón —que aquél sí que había sido el gran enarenamiento, en arena mojada y bien mojada, con sal fina del mar y sal gruesa de metralla, y disparos de tapones que eran de muy grueso calibre…»

(Fragmento de la novela La consagración de la primavera, de Alejo Carpentier.)

Aquella primavera de heroísmo y victoria de Cuba (+Fotos)

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La Habana (Prensa Latina) El pueblo cubano nunca olvidará la epopeya gloriosa de abril de 1961, días que estremecieron el país y el mundo, cuando se salvó la patria, la Revolución, el futuro de Cuba y también de América Latina.

Marta Denis Valle: Historiadora, periodista y colaboradora de Prensa Latina

Los nombres de Bahía de Cochinos y Playa Girón saltaron a los medios de prensa internacionales hace poco más de medio siglo como escenario de uno de los sucesos históricos trascendentes, recordado siempre por los cubanos.

Eran los tiempos de viajar a todas partes con el uniforme miliciano –a los centros de estudio o trabajo- y el fusil al hombro, a veces más mujeres que hombres, porque ellos pasaban semanas y meses en las trincheras y los entrenamientos militares.

La mañana del sábado 15 de abril nadie tuvo tiempo de pensar en la belleza del cielo y el aire aún fresco que ya anunciaba la primavera…

El ruido de aviones pintados con los símbolos de la naciente Fuerza Aérea Revolucionaria (FAR), explosiones y humo negro perturbaron y ensombrecieron las inmediaciones del aeropuerto militar de Ciudad Libertad, a la misma hora de incursiones similares en la Base Aérea de San Antonio de los Baños y en Santiago de Cuba.

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A tiro limpio le tomamos la delantera en Girón

/ web.radiorebelde@icrt.cu / Teresa Valenzuela García


La batalla de Playa Girón será recordada siempre como una de las hazañas más importantes libradas por el pueblo de Cuba a favor de su independencia. En menos de 72 horas fueron derrotadas las tropas mercenarias pagadas por los Estados Unidos.

Fue un momento difícil para la joven Revolución cubana que recién llegada al poder se enfrentaba al feroz imperialismo yanqui que no le perdonaba existir sólo a 90 millas de sus costas.

Bullía el pueblo de efervescencia revolucionaria y ante el peligro de una agresión todos querían se los primeros en combatir.

Corría el años 1961 y aunque transcurrieron 61 años del ataque mercenario por la ciénaga de Zapata, provincia de Matanzas, el coronel de la reserva Antonio Catalá Verdecia, uno de los combatientes que los enfrentó, recuerda con claridad aquellos días en que  fue protagonista.

 “Yo integré el batallón de combate de la Policía Nacional Revolucionaria, era el jefe del cuarto pelotón de la cuarta compañía”.

“El día 15 se produce el ametrallamiento de los aeropuertos y pudimos ver los aviones enemigos volando por Ciudad Escolar Libertad, por lo que nos pusimos en alerta rápidamente a partir de ese momento hasta que partimos hacia Playa Girón el día 18” -agregó el combatiente.

Con  voz firme Catalá Verdecia señaló también que el 19 de abril se encontraron en el lugar de las acciones y a partir de ese momento comenzaron el traslado hacia Playa Girón para cumplir la misión asignada..

“Con agrado supimos que estábamos acompañados por la artillería antiaérea conocida por las cuatro bocas, que manejaban aquellos valientes adolescentes de 14 y 15 años de edad. Con su apoyo, iniciamos el lento movimiento porque la aviación enemiga nos estaba fustigando con un fuego violento”.

Agregó que a partir del kilómetro 11 no tuvieron un minuto de sociego: “nos movíamos unas veces por la cuneta derecha donde estaban los arrecifes y el mar, y otras por la izquierda  cercano a la maleza, e imaginábamos la presencia de cocodrilos.Nosotros les respondimos con igual intensidad para neutralizarlos, por lo que los fusiles se tornaron rojos, y a tiro limpio le tomamos la delantera”.

Se entristece al recordar los 18 compañeros del batallón caídos heroicamente en combate, así como, trece de una compañía de milicia que se les unieron.

Señaló que el gran honor que tienen los integrantes del batallón es que fueron los primeros que pisaron las arenas de Playa Girón. Busca en sus recuerdos las últimas horas del día 19 de abril y dice: “fueron muy intensas porque el enemigo se agolpaba en la playa y tenían aún un gran volumen de fuego, sin embargo, no aguantaron nuestro avance”.

“Ellos decidieron tirarse al agua para abordar las lanchas de goma que tenían y huir precipitadamente de manos de la derrota. Lo demás fue coger muchos prisioneros, tomar las armas y ocupar el territorio; inmediatamente entraron los batallones de milicias y le siguieron otros”.

Visiblemente emocionado continúa el hilo de sus pensamientos: “la toma de Playa Girón fue un momento glorioso para nosotros, de mucha honra, porque cumplimos antes de las 72 horas, la orden de nuestro comandante en jefe Fidel Castro de ocupar la playa, además de constituir la primera gran derrota del imperialismo en América en la que tuve el honor de participar”.

Catalá Verdecia es uno de los héroes de Playa Girón, que como tantos otros, viven con modestia en nuestros barrios rodeados de la admiración y el agradecimiento de sus vecinos.