Aquella primavera de heroísmo y victoria de Cuba (+Fotos)

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La Habana (Prensa Latina) El pueblo cubano nunca olvidará la epopeya gloriosa de abril de 1961, días que estremecieron el país y el mundo, cuando se salvó la patria, la Revolución, el futuro de Cuba y también de América Latina.

Marta Denis Valle: Historiadora, periodista y colaboradora de Prensa Latina

Los nombres de Bahía de Cochinos y Playa Girón saltaron a los medios de prensa internacionales hace poco más de medio siglo como escenario de uno de los sucesos históricos trascendentes, recordado siempre por los cubanos.

Eran los tiempos de viajar a todas partes con el uniforme miliciano –a los centros de estudio o trabajo- y el fusil al hombro, a veces más mujeres que hombres, porque ellos pasaban semanas y meses en las trincheras y los entrenamientos militares.

La mañana del sábado 15 de abril nadie tuvo tiempo de pensar en la belleza del cielo y el aire aún fresco que ya anunciaba la primavera…

El ruido de aviones pintados con los símbolos de la naciente Fuerza Aérea Revolucionaria (FAR), explosiones y humo negro perturbaron y ensombrecieron las inmediaciones del aeropuerto militar de Ciudad Libertad, a la misma hora de incursiones similares en la Base Aérea de San Antonio de los Baños y en Santiago de Cuba.

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El espíritu de Cuba en Baraguá

El ejemplo de Maceo se agigantó, su actitud ejemplar arrastró a jefes, oficiales y soldados en el amor a la Patria. No en vano Martí le expondría en una de las cartas previas a la Guerra Necesaria: «Precisamente tengo ahora ante los ojos la Protesta de Baraguá que es de lo más glorioso de nuestra historia»

Autor: Eduardo Palomares Calderón | internet@granma.cu

Protesta de Baraguá.
Foto: Archivo

Cuentan que la densa neblina que suele cubrir aquellas sabanas se disipó más temprano que nunca el 15 de marzo de 1878, como para permitir que los rayos del sol iluminaran intensamente el escenario del histórico acontecimiento que acaecería ese día bajo el arbolado de mangos de Baraguá, justo en el corazón del indómito Oriente.

 El Mayor General Antonio Maceo se aprestaba a saldar la herida que, por encima de las 21 recibidas en su cuerpo durante la Guerra Grande, dolía más: aquella ocasionada por el Pacto del Zajón, firmado por políticos y militares cubanos desarmados por el divisionismo, el regionalismo, el caudillismo y la indisciplina.

El Pacto había sido rubricado ante el mismo colonialista que Maceo recibiría, el general Arsenio Martínez Campos. Era el momento de limpiar la vergonzosa rendición, de ahí que, llegado el encuentro, el mambí rechazara de tajo el armisticio inaceptable que no planteaba la independencia de Cuba ni la abolición de la esclavitud.

La sangre derramada por la causa de la libertad no podía olvidarse, y el parco diálogo fijó la determinación de proseguir la lucha el siguiente día 23, para dejar sentado el principio del deber.

El ejemplo de Maceo se agigantó, su actitud ejemplar arrastró a jefes, oficiales y soldados en el amor a la Patria. No en vano Martí le expondría en una de las cartas previas a la Guerra Necesaria: «Precisamente tengo ahora ante los ojos la Protesta de Baraguá que es de lo más glorioso de nuestra historia».

El Titán de Bronce salvó a Cuba para todos los tiempos. En ocasión de la Crisis de Octubre de 1962, bastó al Che Guevara afirmar que toda Cuba fue un Maceo para definir la firmeza del pueblo frente al peligro nuclear, y luego, al convocarse en crucial momento al IV Congreso del Partido, se haría bajo la divisa de que el futuro de Cuba será un eterno Baraguá.

De ahí que, en su centenario, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz afirmara que, con la Protesta de Baraguá, llegó a su punto más alto, llegó a su clímax, llegó a su cumbre, el espíritu patriótico y revolucionario de nuestro pueblo.