¿Quiénes quieren politizar el descontento?

Se empeñan en destruir lo que nos salva: la unidad del pueblo y sus instituciones

Autor: Enrique Ubieta Gómez | internet@granma.cu

Muchas manos y esfuerzos se han unido para acelerar la recuperación.
Muchas manos y esfuerzos se han unido para acelerar la recuperación. Foto: José M. Correa

No me van a confundir. No podrán confundir al pueblo de Cuba, que sabe distinguir entre una persona afectada sin la información necesaria, agobiada por el largo apagón (calor, comida en mal estado, niños pequeños en las casas) de quienes intentan aprovechar sus estados de ánimo, para enrumbarlos contra sí mismos, es decir, contra el proyecto social que los ampara.

Estuve allí el sábado, en Línea y F. Parecía ser una concentración espontánea de ciudadanos que reclamaban acción –es cierto que hay burócratas que entorpecen la comunicación y no se mueven según las necesidades del pueblo, sino por indicaciones con firma y cuño (un funcionario de una empresa, por ejemplo, se negó a prestar la grúa parqueada en su patio para mover unos troncos en la cuadra donde radica)–, pero hallé algo diferente.

Cierta prensa extranjera, ocupada en construir la imagen que el imperialismo necesita, había sido convocada. Era un síntoma que movía a sospecha, porque esta no suele acudir a los genuinos actos de protesta contra las agresiones imperiales o contra lo mal hecho.

En los bordes de la concentración era posible el diálogo: se exponían necesidades o inconformidades. Pero otros se negaban y tiraban los tanques de basura a la calle. Las cámaras se enfocaban en ellos. Allí, sin dilaciones, apareció la verdadera motivación de ese grupo: estamos contra el sistema, contra el Gobierno.

Cuando empezaron a gritar la palabra «libertad», en abstracto, según el código de procederes de la guerra suave, la concentración quedó físicamente dividida: atrás los más, desconcertados e inmóviles, los que venían a reclamar la pronta restauración de la electricidad. Los manipuladores cumplían malamente el encargo: politizar ante las cámaras el descontento.

NO ME DES MUELA, DAME LUZ

Las redes sociales, intencionadamente irreflexivas y superficiales, manejadas desde Miami (con sus repetidores en Cuba), cortan la comunicación: llenan el ciberespacio de mentiras y de explicaciones absurdas, e intoxican a los menos informados. «No dejes que te den muela, ¡que pongan la luz!», orientan; es decir, no escuches explicaciones, no admitas argumentos racionales.

Si rompes la comunicación, el diálogo, entorpeces la solución, limitas la participación popular. Muchas personas equivocaron el camino: «si formas bulla, te resuelven el problema».

Rememoro un caso concreto: en un barrio capitalino, desde horas tempranas de la mañana del sábado, las brigadas de Áreas Verdes podaron los árboles caídos y las ramas que se interponían, y junto a la Empresa de Comunales enviaron camiones, grúas y buldóceres para recoger los escombros.

Allí, «a pie de obra», estaban, como debe ser, funcionarios del Partido y del Gobierno. Algunos de ellos tampoco tenían ni luz ni agua, y hasta niños o personas encamadas en sus casas.

Ese trabajo era imprescindible para que los linieros entraran después. Se terminó tarde. Algunos vecinos colaboraron, otros distribuyeron café y agua. Pero un pequeño grupo se mantuvo aislado, observando.

Cuando los trabajadores y los funcionaron se retiraban, preguntaron cuándo, exactamente, vendría la luz. Ya los eléctricos avanzaban en cuadras cercanas al lugar, pero no era ni prudente ni honesto decir una hora: ellos sabían que se trabajaba sin descanso. Entonces, desoyendo la explicación y desconociendo el esfuerzo, amenazaron con salir a la calle a protestar. Algunas de esas personas estuvieron en Línea y f después. Pero esa noche, como estaba previsto de antemano, como se había explicado, fue restituida la luz.

CUANDO FIDEL ESTABA ESTO NO PASABA…

Cada mensaje tiene un destinatario concreto. Para los hombres y mujeres que entregaron sus años de vida a la Revolución, la figura de Fidel es sagrada. Pero esa afirmación es una construcción de laboratorio para confundir, dividir y obstaculizar la continuidad del proceso revolucionario.

Recuerdo cómo se ensalzaba la figura de Lenin en los primeros años de la Perestroika, y cómo dejaron de mencionarlo después, para luego derribar sus estatuas. O cómo los enemigos de Chávez empezaron a elogiarlo y a compararlo con los nuevos dirigentes, poco después de la muerte de aquel.

El propósito real –aunque algunos revolucionarios inconformes hayan adoptado con ingenuidad la frase– es descalificar a la actual dirección de la Revolución y negar la posibilidad de una continuidad de propósitos. La técnica de manual se llama «asesinato de la personalidad», y se aplica a los principales dirigentes, para impedir que conecten con las masas.

No solo Fidel es irrepetible (era, lo saben amigos y enemigos, un genio), también lo son las circunstancias históricas. Sin embargo, esa nueva dirección, formada junto a Fidel y a Raúl, es profundamente martiana y fidelista.

UN GOBIERNO REPRESOR, UN ESTADO FALLIDO

Manifestarse no es delito, pero obstruir la vía pública y derribar tanques de basura, sí. La policía acude al lugar, pero es el pueblo el que discute cara a cara con los que intentan politizar el descontento, usarlo para agendas propias.

Sí, es el pueblo el que acude al lugar y defiende la Revolución –con más legitimidad que los que la denigran, porque representan a la mayoría de los cubanos–, ocupen o no cargos públicos.

La mayoría de los revolucionarios que me acompañaban carecieron de agua y luz hasta el último día. Los que reciben dinero de grupos contrarrevolucionarios, ¿son el pueblo?, ¿pueden acaso presentarse como defensores del pueblo?

No se ubica de un lado al Gobierno, a las instituciones, y del otro al pueblo. Ese esquema solo intenta disfrazar la verdadera contradicción: de una parte, los que viven a costa del pueblo y lo manipulan con fines personales, y de la otra, los que defienden el sistema de justicia social que priorizará siempre el bienestar colectivo.

¿Represión? Ya que navegan por las redes sociales, ¿no ven el significado de esa palabra en Estados Unidos, en Europa, en América Latina? «No me interesa lo que pasa en otros países, solo me interesa el mío», respondió iracundo un joven que hablaba de libertad, y no supo explicarla cuando le pregunté por su significado.

No es admisible que se obvien deficiencias propias para hablar de males ajenos, pero es bueno recordarle a los que quieren un cambio de «sistema», lo que ocurre en la meca del capitalismo.

Porque quieren hacernos creer que Cuba es un Estado fallido, cuando fue el único país latinoamericano que creó sus propias vacunas contra la COVID-19 e inmunizó a toda su población con ciclos de refuerzo incluidos, a pesar del bloqueo; el único país en la historia que ha logrado resistir por más de 60 años un bloqueo criminal que pretende, precisamente, hacer que la gente se canse y prefiera el regreso de los dominadores, y que un huracán tan destructivo solo consiga arrebatarle la vida a tres ciudadanos, porque su Defensa Civil logra siempre evacuar a los pobladores más expuestos.

Y aunque sea muy lamentable, hay que decirlo: continúa el conteo de víctimas fatales en la Florida después del paso del huracán Ian (y la cifra de muertos ya supera los cien), y Joe Biden, el presidente del país más rico del mundo, declaró que «costará años revertir los daños causados por el huracán».

Un artículo publicado en The New York Times, el 23 de septiembre pasado, se refiere a Puerto Rico –¡una colonia de Estados Unidos!– en estos términos: «En el último año, los apagones, que a veces pueden llegar a durar días, se han convertido en parte de nuestra vida cotidiana. (…) Sin embargo, a pesar del pésimo servicio, las facturas de electricidad se han duplicado».

Por eso se empeñan en destruir lo que nos salva: la unidad del pueblo y sus instituciones, la que se evidenció durante la pandemia de la COVID-19, en el hotel Saratoga, o en el incendio de los tanques de petróleo en Matanzas.

Y esa unidad es posible porque no son partes contrapuestas, porque las instituciones de la Revolución son del pueblo y existen para el pueblo.

Desde las redes: Revuelta antigubernamental en Puentes Grandes o la revolución del arroz amarillo

Por: Ariel Díaz

En este artículo: CubaHuracán IanLa HabanaProtestas

Foto: Internet.

Era de esperar, tenía toda lógica, pero esta vez no me enteré en las redes, ni a través del lente empañado de la “Prensa Independiente”, lo vi de cerquita, de hecho, en mis narices. Vas observando como el grupito que lleva, no esta semana si no, toda la vida sentado en la esquina alrededor de la bocina portátil a través de la cual somos violentados sexualmente a ritmo de reggaetón va subiendo de tono entre risas y alcohol.

Entonces el más grandote, el de las muelas doradas, al que jamás se le conoció un empleo en el barrio, vamos, el más distante de ser un ejemplo para las futuras generaciones agarra una rama de árbol caído y grita: “Arriba, vamo a viral to ejtooo”. Entonces sus seguidores, entre ellos adolescentes I-Phone en mano y zapatos de marca se suman, poco a poco, como un crescendo orquestal. Alguien saca un caldero y una cuchara, una jovencita en bata de casa carga un bebé. De repente un audaz macho alfa avienta un contenedor lleno de basura a la avenida 51, los carros frenan, esquivando en peligrosas maniobras los desechos. Se agrupan vecinos, la proporción entre valientes ciudadanos en protesta y mirones favorece a ésta última en abrumadora superioridad. Risas, cierto gustillo a diversión, histeria colectiva, confusión.

Y llegó la policía, sí señor. Sin aspavientos, una patrulla, dos, un auto del gobierno local. Sin gritos, sin violencia. Dos oficiales con grado de coronel hablan con el grupo (más que multitud, recordemos que la “multitud” graba y opina pero no participa) sin excesos. Se desahogan, hacer la catarsis necesaria luego de horas de stress, no hay una sola detención, ni situación de violencia por ninguna de las partes. Murmuran acuerdos, soluciones posibles inmediatas. Eso sí…el grandote líder de la rebelión popular no está por todo eso, el adolescente que aventó el contenedor solo observa sin usar su reclamado cupón, ticket, boleto o turno de ser escuchado, sentadito en un rincón, callado. El comentario colectivo es: “Se puso caliente esto”.

A la hora llegan vehículos con un paliativo acordado: Comida en cajitas y un termo de sirope para refrescos a precio de costo. Se arma la cola, entre luces improvisadas y folclore citadino. Todos llevan sus raciones, comentan incluso que está muy bueno el arroz amarillo. Veo pasar a la joven del bebé con varias cajas y al Goliat incitador con sendas cajitas grasientas y un pomo de sirope mientras como Pedro Navaja, su diente de oro resplandece en toda la avenida. Se hace de noche y hay silencio de masticación. Se retira la policía.

Par de horas después se siente una voz: “Si no ponen la lú vuelvo a formarla”. Se reúnen nuevamente los jóvenes en la esquina, la noche avanza. Supongo que conspiran. Cuando ya tarde me voy a la cama siento la algarabía, una docena de bulliciosos y risueños a ritmo de conga hacen sonar sus calderos al grito de: “Pongan la lú”, mientras animan a los vecinos a salir de sus casas.

Esta vez no hubo curiosos, acaso algún asomo a una ventana y por más que recorren las dos manzanas del barrio no encuentran respaldo. Esta vez ni la policía vino. ¿Qué ha pasado? ¿Cobardía? ¿Digestión? O peor… ¿los órganos represivos pusieron un sedante en el sirope?

Logro acomodarme en la cama entre el calor y los mosquitos que luego de 4 días ya ni me pican de la pena que les da. A lo lejos, bajito, cual himno de la derrota un reggaetón balbucea desde la misma bocina ya casi sin carga una obscenidad ininteligible. Logro quedarme dormido.

Nunca pusieron la “lú”.

Familias

Género

Reinaldo Cedeño Pineda – Alma Mater.- Las Cubas invisibles, las Cubas reales, las Cubas profundas. Familia(s) que requieren ser felices, ser reparadas, ser amparadas. Familia(s) que necesitan justicia, derechos, respeto.


I

María Luisa está sola, está sola meciendo la tarde. Renquea la madera al balancearse. Su rostro enrojecido la denuncia. No quiere que nadie la vea, por eso da la espalda a la calle y se concentra en las paredes de su casa, como si fuese una pantalla.

Esa casa un día fue su felicidad, fue su martirio.

¡Tú aquí eres una extraña… no te llevarás ni un alfiler!… le dijeron cuando falleció Dulce, su compañera de casi cuarenta años. ¡Tú eres una…! y sobrevino la palabra terrible, mascada con odio, como quien lanza un dardo directo al centro, como un zarpazo.

Somos una familia… lo somos, porque tu hermana está viva en mí, lo estará para siempre… nada me interesa sin ella, le respondió casi sin aire, casi sin vida. Una risa malévola, encendida, fue la respuesta.

La risa puede ser un disparo.

Nunca se escondió, nunca lo negó, que amaba a otra mujer. No podía esperar que el mundo se enmendara. Todos sabían que María Luisa y Dulce eran una sola, pero nada las respaldaba. ¡Era una extraña, era la última! Y si finalmente se quedó en la pequeña vivienda, fue porque otros familiares supieron ver las mil angustias con que fueron construyéndolo todo, porque supieron ver aquella mirada hermosa que una dejaba caer en la otra. Había que ser ciego…

Estás aquí por lástima, volvió a decirle una tarde la hermana de Dulce… total, esta casa es una m…, ese amor era una m…

María Luisa se contuvo, rechinó los dientes. El portazo se escuchó en tres cuadras a la redonda. Y una vez sola, buscó su foto favorita de Dulce y la estrechó contra sí. No había vergüenza alguna. Ella sabía bien la limpieza de sus besos, sabía muy bien que argamasa sostenía cada ladrillo de su casa.

II

Yaremis corrió a los brazos de su esposo. Casi lo derriba. Se aferró a él como su tabla de salvación, sin decir una palabra. Un mutismo desesperante. Un lagrimón rodó por su mejilla hasta que llegó el sosiego, lento, como un susurro.

Me han dicho que lo nuestro es un castigo de Dios…

Yaremis y Eduardo se habían casado con una ceremonia sencilla y la fiesta de la boda también fue modesta, con los familiares y amigos más allegados. La única abundancia de aquella maestra y aquel obrero agrícola, era el amor. En eso sí no escatimaban. Ella tenía para él la mejor lección y él, los frutos más hermosos para ella.

Al tercer año de intentar tener un hijo sin éxito, asistieron a la consulta de infertilidad de mutuo acuerdo, sin culpas, sin culparse. Los exámenes resultaron esperanzadores y justo cuando regresaban de una de las sesiones, aquel joven volvió a martillarles:

Sin hijos, ustedes no son una verdadera familia… Busquen a Dios, les dijo, mientras señalaba una iglesia de cuatro pisos al final de la esquina.

Mientras la escucho, la mente se me inunda, la mente se me va hacia aquella imprecación de la Loynaz, hacia el Canto a la mujer estéril “¡Púdrale Dios la lengua al que la mueva / contra ti; clave tieso a una pared /el brazo que se atreva / a señalarte; la mano obscura de cueva /que eche una gota más de vinagre en tu sed! (…) no saben que tú eres / Eva… Eva sin maldición (…)”

III

Cuca está lenta, lerda. Está perdiendo la memoria, está perdiéndose. A sus ochenta y cuatro años ha quedado baldada en una silla de ruedas y solo tiene a su hija para ayudarla. Letty es buena, es buenísima, mas la chica ha requerido necesidades educativas especiales. Tal vez no esté lista.

“Que desgracia de hija le ha tocado”, comentaron algunos.

Nunca imaginaron su fuerza. Se asombraron cuando la vieron echarse a la vida, saltar sus limitaciones, empinarse. Su madre es su escudo, es su fuerza, y ella insiste, insiste, insiste… hasta lograr lo que quiere. Cuando algo se le resiste, Letty esgrime la frase infalible: “Cuca me lo pidió”. Y no se levanta hasta que pone en manos de su madre aquello que requiere.

Letty se acurruca al final de la tarde en el regazo de su madre y aquella le desensortija el cabello y le pregunta por las cosas del día. Y allí caen, lo que el destino quebró en una desde temprano, lo que el destino desgastó en otra en el ocaso.

“Qué suerte de hija te ha tocado”, le dijo un día Julia, su vecina de toda la vida. Mírame a mí, mi nieta no conversa conmigo un minuto. Hablo con el televisor, me voy a quedar muda de no hablar. Y no le digas a nadie por favor, a nadie: la otra noche me amarró cuando le reclamé que había estado el día entero sin comer, que me sentía mal…la otra noche…

IV

Las Cubas invisibles, las Cubas reales, las Cubas profundas. Familia(s) que requieren ser felices, ser reparadas, ser amparadas. Familia(s) que necesitan justicia, derechos, respeto. Escrutando hacia adentro, donde el niño y el anciano cuenten, donde cada miembro cuente. Sin fanatismos anclados, sin recetas de felicidad. Familia(s) donde la tradición sea el amor, jamás el prejuicio. Familia(s), ese lugar de los abrazos. Yo digo sí.

Llamar las cosas por su nombre

Género

Laura Serguera Lio – Bohemia / Ilustrador: César Mejías / Tomada de El Definido.- Después dirán que era sabido que se aprobaría, pero la implementación deja mucho que desear; o tal vez que se están haciendo las cosas bien “solo para distraer”; quizás afirmen que la palabra de Dios fue ignorada,o que se hizo sentir; después dirán, en el contexto más temible, que no se aprobó porque el gobierno cubano no respeta los derechos humanos, minimiza a la comunidad LGBTIQ+, nunca tuvo interés real en el Código y por eso lo llevó a referéndum.


El próximo 25 de septiembre votaremos por el proyecto de Código de las Familias y, desde ahora, desde antes, hay tantos dando posibles escenarios cual certezas, que parece ignoraran su responsabilidad en los resultados de las urnas. Entre descreídos, hastiados, opositores y fundamentalistas religiosos hay miles de personas que decidieron lavarse las manos o directamente manifestarse en contra por motivos de diferente naturaleza, razones todas, en el fondo, egoístas.

Nos decimos una y otra vez —quienes creemos que el “sí” es la única opción viable—, que el Código vencerá, que la consulta popular lo avala, que la más básica humanidad lo impulsa, pero lo cierto es que dar por sentada la victoria es una variante, apenas más ingenua, del “eso ya está aprobado” que algunos llegan a esgrimir como justificación para no votar.

Excluyendo a quienes no apoyan el nuevo Código por razones de fe y que, en primera instancia, fueron las voces más altas por el “no”, hay al menos otros dos grupos cuya posición alarma. Por una parte, aquellos que consideran que ejercer el derecho al voto por un documento con el visto bueno de la Asamblea Nacional del Poder Popular, los consejos de Estado y de Ministros e instituciones de la sociedad civil con respaldo gubernamental es equivalente a legitimar un ejecutivo que rechazan. Por otra, los que aducen la existencia de asuntos“más importantes” y, de esa forma, dan por cerrado el tema, estableciendo una escala de prioridades en la que los derechos —ajenos— llevan las de perder. 

Y es que sí, el Código es para todos, pero mientras a algunos les amplía y asegura derechos, a otros les garantiza los que hasta ahora les han sido negados.  Por tanto, la elección del “no” desde ciertos privilegios se trata de una actitud mezquina.

Privilegios de quienes, viviendo fuera de Cuba, pueden casarse con personas de su mismo sexo, adoptar de manera más expedita, recibir remuneración por realizar trabajos de cuidado dentro de su familia, acceder a variantes de reproducción asistida como la gestación subrogada, por solo poner algunos ejemplos fuera del territorio nacional. Privilegios de quienes, viviendo en el país, mantienen relaciones heterosexuales; viven en zonas urbanas, alejados de las realidades más discriminatorias o de vulnerabilidad.

En un país en profunda crisis económica, la mujer soltera o unida a otra mujer que desea tener hijos biológicos por inseminación artificial sufre los mismos apagones, la abuela que no ha podido comunicarse con sus nietas después del divorcio de  los padres hace la misma cola para comprar alimentos, el viudo de una relación homosexual de más de 15 años al que expulsaron del hogar común tras la muerte de su pareja se traslada en el mismo transporte público, la persona en situación de discapacidad que ve disminuida su autonomía también se afecta por la escasez… Todos ellos lidian con los problemas comunes del día a día y, además, con vulnerabilidades adicionales en materia jurídica. ¿De verdad consideramos la posibilidad de mantener estas desprotecciones por más tiempo?

Hay un deber ciudadano que trasciende el extremo del espectro político en el que se sitúa cada uno, sus causas y militancias, que apela al sujeto social como actor de cambio, de progreso;al sentido más esencial de la justicia que impide quedar impasible ante las penurias del vecino.

No existen derechos más urgentes que otros cuando se trata de bienestar social, no existen derechos aplazables, prorrogables en su implementación, cuando hay personas padeciendo su ausencia. ¿Que hay mucho por hacer, mil frentes en los que trabajar? Es cierto. Mas, llamemos las cosas por su nombre: tras la enumeración de las dificultades que enfrenta la sociedad cubana como excusa para mirar a otra parte, tras la abstención como expresión de disidencia, se travisten, nada menos, la homofobia, la transfobia, la insensibilidad.

Tiempos difíciles: momentos de definiciones

Por Domingo Pérez

Imagen de Razones de Cuba

Han transcurrido casi 6 años de la desaparición física del líder histórico de la Revolución cubana y nuestros enemigos no cesan en los ataques a su pensamiento y obra. Por eso, en estos momentos difíciles, es oportuno refrescar la mente de no pocos desmemoriados.

Estaba el Comandante en Jefe, en plena contienda libertaria, en la Sierra Maestra e indignado por el bombardeo de la aviación batistiana sobre casas de campesinos para obligarlos a no colaborar con los rebeldes. Tras verificar la procedencia estadounidense de las bombas, escribió:

SIERRA MAESTRA

JUNIO 5-58

CELIA:

(…) AL VER LOS COHETES QUE TIRARON EN CASA DE MARIO, ME HE JURADO QUE LOS AMERICANOS VAN A PAGAR BIEN CARO LO QUE ESTÁN HACIENDO. CUANDO ESTA GUERRA SE ACABE, EMPEZARÁ PARA MÍ UNA GUERRA MUCHO MÁS LARGA Y GRANDE: LA GUERRA QUE VOY A ECHAR CONTRA ELLOS. ME DOY CUENTA QUE ESE VA A SER MI DESTINO VERDADERO.

FIDEL

Él llega tempranamente a la conclusión de que los Estados Unidos no iban cejar en el empeño de evitar que los cubanos fuéramos definitivamente libres, independientes y soberanos.

En el propio trayecto de la Caravana de la Libertad desde Santiago de Cuba hasta La Habana, entre el 2 y el 8 de enero de 1959, en cada ciudad donde se detuvieron, el líder rebelde repitió, una y otra vez, una idea: “De aquí en adelante todo será más difícil». A él le preocupaba la desbordante alegría del pueblo y que creyeran que todo había acabado con el triunfo revolucionario. En cambio, predijo que no iba ser así, porque la burguesía derrotada, sobre todo los restrojos sociales que vivían de ella, con el apoyo incondicional del Imperialismo yanqui y todos los recursos materiales y financieros necesarios a su disposición, iban a conspirar de las más variadas y atroces formas para destruir a la joven Revolución.

Por eso, desde entonces retomó esa idea muchas veces: «Nadie piense que el camino será fácil, ningún camino es fácil. El camino es largo, el camino es difícil, el camino es duro; se requiere ir aprovechando los errores, se requiere la crítica, la autocrítica, el reconocimiento honrado de cualquier error, para rectificar (…) una revolución es una incesante lucha contra las deficiencias y contra los errores».

El Comandante en Jefe a nadie engaño y menos aún obligó a seguirlo en ese largo y difícil camino de hacer una Revolución socialista en las propias narices del Imperio.

Fue su ejemplo, su verbo encendido y esclarecedor, lo que convenció a millones de cubanos y hermanos en todo el mundo a seguirlo a riesgo hasta de sus propias vidas.

En esos instantes difíciles y complejos, que nos han acompañado por más de 60 años, dejó bien claro también que:

«EN TIEMPOS DIFÍCILES HAY QUIENES SE CONFUNDEN, HAY QUIENES SE DESALIENTAN, HAY QUIENES SE ACOBARDAN, HAY QUIENES SE REBLANDECEN, HAY QUIENES TRAICIONAN, HAY QUIENES DESERTAN. ESO PASA EN TODAS LAS ÉPOCAS Y EN TODAS LAS REVOLUCIONES. PERO TAMBIÉN EN LOS TIEMPOS DIFÍCILES ES CUANDO REALMENTE SE PRUEBAN LOS HOMBRES Y LAS MUJERES, EN LOS TIEMPOS DIFÍCILES ES CUANDO SE PRUEBAN REALMENTE LOS QUE VALEN ALGO».

En tiempos espinosos los simuladores, los corruptos que vivían engañando y haciendo daño al pueblo, los acomodados, no resisten las necesidades, limitaciones y carencias que afectan a todos, de una forma u otra, viéndose obligados a quitarse el disfraz.

Esa es la parte positiva de los tiempos que vivimos, que constituyen momentos de definiciones y reafirmación revolucionaria.

Las calles siguen siendo de los revolucionarios

Por Domingo Pérez

Imagen de Razones de Cuba

Es verdaderamente ridículo creer que una persona en su sano juicio, sea capaz de creer y menos aún confiar en odiadores que desde afuera, a decenas de kilómetros de distancia, convocan a salir a las calles para protestar contra un gobierno revolucionario, donde los mismos ciudadanos son sus verdaderos protagonistas.

Sabemos que los pocos «valientes» que se han atrevido a realizar acciones violentas contra el pueblo, fueron pagados desde los EEUU por los propios instigadores.

Ya hemos visto como, el Imperialismo, huérfano de ideas, enarbola términos, reclamos y formas de lucha propios de las clases oprimidas en su accionar por alcanzar determinadas reivindicaciones hasta la definitiva emancipación.

Pero, desde que los explotados alcanzaron plena conciencia de su papel y lugar en la historia, como clase social, los revolucionarios, obreros, campesinos, intelectuales… han sido dueños de las calles. Desde entonces, ese campo de batalla, se convirtió en el escenario de marchas, actos, celebraciones y fiestas.

Jamás los contrarrevolucionarios, podrán tomar las calles. Quizás confundan a unos pocos, sobre la base de la irritación que provoca en determinadas personas la difícil situación que enfrenta el país, provocada fundamentalmente por el injusto, criminal y genocida bloqueo de Estados Unidos contra Cuba.

Pero la mayoría del pueblo cubano permanece firme, confiado en que todos unidos venceremos los retos actuales y futuros.

Los buenos

Por: Michel E Torres Corona

En este artículo: AccidenteBahía de MatanzasBomberosCubaExplosiónFotografíaFotoshelicópteroIncendioMatanzasPetróleoUnión Cuba-Petróleo (Cupet)

Caminan en fila, uniformados de las botas al casco, hacia el incendio. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

En un principio fue el fuego, el gran estallido. Un rayo surcó, sangriento, la noche matancera. Uno de los enormes tanques que almacenaba combustible se incendió. Hombres y mujeres, personas bravas, fueron al encuentro de las llamas, a contener a aquel monstruo ígneo para que no terminara devorando todo a su paso. En las primeras batallas fueron derrotados; varios de ellos murieron. Los que, a la distancia, íbamos conociendo de aquel feroz combate, empezábamos a caer en la cuenta de que aquel no era un fuego común. Corrían las primeras horas de uno de los peores desastres que haya sufrido nuestro país en su historia.

En Matanzas fue a congregarse lo mejor de Cuba: bomberos de todo el país, decididos a vengar a sus compañeros caídos con la irreversible muerte de las llamaradas; periodistas que nos llevaron de la mano entre el hollín, el miedo y el humo; el invaluable ejército de batas blancas, curando al herido, calmando a los familiares, poniendo el hombro para los que lloraban a las víctimas del siniestro. También estuvo en Matanzas algo de lo mejor de nuestra porción de humanidad: hermanos de México y de Venezuela que acudieron prestos al llamado de Cuba.

Varios días duró la guerra contra el fuego, pero finalmente el humo se hizo gris y luego blanco, las altas llamas fueron extinguiéndose. Los que amamos a Cuba nos permitimos un minuto de felicidad en medio del dolor por los fallecidos, en medio de la certeza de que, con el combustible perdido, todo sería en lo adelante aún más difícil. Fue una victoria, sí, otra más, aunque no la celebremos en solemne respeto a los que perecieron, aunque sepamos que nos quedan muchos retos y dificultades por superar.

Amén de su signo político aparente, los odiadores, los que nos agreden o son cómplices de nuestros agresores, no pueden reconocer siquiera esa victoria. Son personas de mala entraña que, en secreto o a voces, se alegraron por la potencia del incendio, por la estridencia de las explosiones; gente que invocaron al karma o a un supuesto castigo divino, merecido, ya sea por el proyecto de Código de las Familias o por las décadas del socialismo; frustrados y perdedores que vieron en la fuerza de la Naturaleza la única opción de obtener ese «cambio» para el que carecían de valentía e inteligencia.

Incapaces de celebrar el coraje de nuestros bomberos, dadores de azul, trataron de convertir el triunfo sobre la adversidad en Matanzas en una campaña contra el servicio militar obligatorio. Y sí, es cierto que luchando contra el fuego murieron excelentes hombres, de distintas edades y procedencias. Y también es cierto que, en estos tiempos, debemos repensar el servicio militar, no solo en su contenido, sino también en su carácter voluntario u obligatorio, tanto para hombres como para mujeres: no es lógico que seamos paladines de la equidad y sigamos validando ese tipo de distinciones. Pero lanzarse a esa campaña en estos precisos momentos no es otra cosa que abyecto oportunismo.

Cuando se escriba la historia de ese rayo que surcó sangriento la noche matancera, cuando se recuerde la terrible batalla entre la vida y la muerte, se leerá muy claro que no fuimos nosotros los ponzoñosos, los intrigantes, los tergiversadores; se verá, con perfecta nitidez, todo lo que nos distingue. No se puede ser bueno si se desea el mal para Cuba y a mí, aunque sea por un minuto en medio del luto, me alegra reconocerme en el bando correcto.

Fuerzas especializadas trabajan sin descanso para controlar el incendio. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

(Tomado de Granma)

¡Coraje!

En la zona industrial de Matanzas no se deja de luchar. Luego de cada repliegue táctico hay una nueva avanzada, para cavar trincheras que impidan el paso del combustible, para enfriar las superficies, para evaluar daños y riesgos

Autor: Yeilén Delgado Calvo | nacionales@granma.cu

MATANZAS INCENDIO
Una isla que se niega a decir ante la adversidad, «me rindo», que se hace una sola voz de aliento, un abrazo y un «Matanzas, aquí me tienes». Foto: Ricardo López Hevia

En tierra el calor es agobiante, y la tensión también. Cada cual permanece atento a sus tareas y a las voces de mando. El fuego no para, la voluntad de extinguirlo, tampoco. Parece afán de David contra Goliat. Coraje el de los bomberos.

En el aire los helicópteros lanzan sus cargas de agua sobre las llamas, que las tragan, sedientas. Los viajes se repiten una y otra vez. Es cuestión de no cejar. Coraje el de los pilotos.

De nuevo en tierra, un silbato empieza a sonar, corto y seguido. Es la señal del vigilante de escena para salir a toda velocidad; las fuerzas obedecen, pero sin correr, no hay señal de desesperación en los pasos firmes y apurados. Volverán en un rato.

A la vez, otros trabajan en la propulsión del agua, los socorristas permanecen atentos a las lesiones propias de una labor tan extrema, los jefes indican y controlan desde el epicentro del desastre. Coraje el de esos hombres y mujeres.

En la zona industrial de Matanzas no se deja de luchar. Luego de cada repliegue táctico hay una nueva avanzada, para cavar trincheras que impidan el paso del combustible, para enfriar las superficies, para evaluar daños y riesgos.

Del otro lado de la bahía el pecho se encoge ante cada nueva explosión, y se piensa enseguida en qué sentirán los que están ahí, de frente al incendio, si desde lejos se puede llegar a experimentar tanto miedo. Coraje el suyo, es toda la respuesta.

Matanzas y su gente resiste, a pesar de las pocas horas de sueño, a pesar del lógico nerviosismo que supone un siniestro en curso y de la columna de humo que se cierne como oscura amenaza.

Coraje el de quienes, sobreponiéndose a todo ello, ofrecen sus casas y sus medios de transporte, su sangre y su comida, sus brazos y sus saberes.

Coraje el de las familias que en otras partes de Cuba saben a los suyos en combate cuerpo a cuerpo con las llamas, y coraje el de los venezolanos y mexicanos que andan también frente a ellas.

Coraje el de las autoridades que no desfallecen, y que en estas jornadas aciagas han recibido también quemaduras y lesiones, que tampoco han podido descansar, con el significativo peso adicional de la responsabilidad.

Coraje, en fin, el de la Isla, que se niega a decir ante la adversidad, «me rindo», que se hace una sola voz de aliento, un abrazo y un «Matanzas, aquí me tienes». David venció a Goliat. No seremos menos.

¡Cuba no está sola!

Por: Karima Oliva Bello

En este artículo: AccidenteBahía de MatanzasBomberosCruz Roja CubanaCubaExplosiónFotografíaGobiernoIncendioMatanzasMinisterio de Salud Pública (MINSAP)Minuto a MinutoPetróleoSaludSalud PúblicaSolidaridadTermoeléctricaUnión Cuba-Petróleo (Cupet)

El cuerpo de bomberos trabaja sin descanso. Foto: Revista Bohemia.

No es el “karma”, ni la mano de Dios (con disculpa de los religiosos, que mucho están orando por el bien de la nacion), ni los shakras, ni la ubicación de los astros, ni la constelación que rige, ni una maldición. Fue un accidente provocado por un fenómeno natural.

No está “salao”. No tiene nada que ver con él. La única fatalidad que tenemos es la de estar a 90 millas de una superpotencia abusiva y hostil que desea dominarnos. Si no fuera por esto y tuviésemos un desarrollo económico como el de un pueblo que no estuviese bloqueado, todos los reveses vividos se sortearían de manera menos traumática, a pesar del dolor tan grande que siempre supondrá la pérdida de vidas humanas. No significarían en el plano económico, la afectación tan grande que significa cualquier desastre para una economía tan dañada.

No tiene “osogbo”. Está al pie del cañón poniendo el pecho a las balas siempre que hace falta, sin ápice de desmoralización. Hay que ver cuántos «sabelotodo», críticos del Washington Post, Sherlock Holmes caribeños, estadistas improvisados y etcs hubiesen hecho lo mismo en semejantes circunstancias.

El Gobierno no tiene un plan macabro para exterminar el país, no es un negligente irresponsable que no le importa cuántos cubanos mueran. No anda ocultando la bola sobre las causas de los siniestros. Lo que todos vemos es que se ocupa a brazo partido de dar la cara ante los problemas y hasta encontrar soluciones no para.

Los desastres no son muestra de que el sistema no da más. Ponen en evidencia su resiliencia. Habría que ver cuantas naciones del mundo aguantarían un bloqueo de Estados Unidos, no 63 años, una semana, sin colapsar y, además, sobreponerse a todas los trágicos eventos por los que ha atravesado el país en los últimos tiempos.

No se perdió la mística ni la épica de la Revolución cubana. Ni hay que fabricarlas de manera forzada. Épica y mística nacen orgánicamente del pueblo, como un gesto dramático pero auténtico y sin alarde, justificado por las circunstancias, cada vez que Cuba lo necesita, como siempre ha sido.

El pueblo de Cuba es heroico en su devenir colectivo y ha sido y seguirá siendo el protagonista principal de los momentos más trascendentes de nuestra historia y en el marco de ese esfuerzo colectivo nacen héroes entre los mejores de sus hijos que pueden ser de cualquier barrio, profesión, edad…

La unidad se produce por y se encarna en todos los buenos hijos de la nación en situaciones concretas, para salvar la patria. Y justamente es más fuerte cuando a nadie se le ocurre caer en individualismos. Ojalá ese sentido de lo que es útil y de lo que sobra nos guiara siempre.

La juventud no está perdida. Hay jóvenes, tanto entre los que se quedaron como entre los que se fueron, que se han desentendido del presente de la nación, pero hay otros, dentro y fuera de Cuba, capaces de arriesgar la vida por ella.

México y Venezuela han dado una muestra estremecedora de valor y solidaridad. No merecen menos que nuestro amor.

A Cuba la amamos mucho sus hijos, pero también muchas personas, colectivos, movimientos y naciones alrededor del mundo. ¡Cuba no está sola!

Mientras haya fuego se redoblarán los esfuerzos. Foto: Tomada del perfil de Facebook de la autora.

(Tomado del perfil de Facebook de la autora)

Cuando el zapato “aprieta”, son tiempos de amar

web.radiorebelde@icrt.cu / Demetrio Villaurrutia Zulueta

En tiempos de tempestades, cuando el zapato aprieta, emergen los mejores y peores atributos del ser humano. Prefiero hablar de lo más positivo, que enaltece y nos hace más humanos.

También me gustaría dejar ¨atrapados¨ en el recuerdo las mejores fotografías de acciones que nos perpetúan como personas solidarias y colaborativas.

He apreciado a jóvenes, adultos y otros sin distinción de sexo ofrecerles el asiento en el ómnibus a otros que lo necesitan, me he alegrado cuando alguien de forma natural toma de la mano a un anciano o anciana para ayudarles a cruzar la calle, iguamente emocionado ante ejemplos publicados en las redes en los que sin conocerse, algunos han acudido en socorro de otros hasta ofrecerles un trago de café que no es lo que sobra en estos tiempos pero se comparte de corazón.

Son pequeños ejemplos, simples, cotidianos, que ofrecen color a la vida, la hace diferente y más llevadera, que actúan como ¨amuletos¨ de resistencia y esperanza en el orden espiritual para ratificarnos que la solidaridad y el sentido humano de quienes habitamos este gran archipiélago está latiendo fuerte en el corazón de muchos, frente al mal ejemplo de otros que se llenan de egoísmo pensando que solo lo material es lo único que vale en esta vida.

Es lo que verdaderamente nos salva, el amor por los demás, que significa también amarnos a nosotros mismos para poder acumular fuerzas y caminos insospechados emprender cada día desde nuestras familias y con el apoyo de vecinos, amigos y otros seres queridos.

¿Quién dijo que en materia de solidaridad y humanismo todo está perdido? Solo quienes tienen esa capacidad infinita de asirse a lo mejor de ellos mismos en tiempos difíciles, logran mirar con mente positiva el presente para comenzar a labrar futuros.

Solo aquellos que ven en el bien colectivo también su realización personal son capaces de entender cada minuto de resistencia frente a las adversidades, solo los bienaventurados que ofrecen sin pedir nada a cambio compartiendo simplemente lo que tienen, logran llenar esos vacíos espirituales que solo los puede mover el amor.

Son tiempos difíciles, complejos, donde las almas deben llenarse de confianza, amor y luchar cada día por el mejoramiento humano que es posible.

Tenemos muchas razones, porque la sociedad donde vivimos no está diseñada para ejercer actitudes individualistas ni huérfanas de solidaridad. Al contrario, la vida  lo demuestra y ratifica en ejemplos grandes y más pequeños. Cuando el zapato ¨aprieta¨ u otros necesitan ser socorridos no hay que decir, ni convocar a nadie, de manera espontánea ese bichito que llevamos dentro se activa para tenderle la mano a quienes lo necesitan.

Son tiempos de amar, y sobre todo de ayudarnos en la construcción del bien común.