Estados Unidos estimula migración irregular desde Cuba

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La Habana, 14 abr (Prensa Latina) Estados Unidos estimuló históricamente la emigración irregular de los cubanos y en la actualidad incumple los acuerdos migratorios bilaterales y presiona a gobiernos regionales para exigir visas de tránsito.

Bajo pretextos infundados, la embajada de Washington en La Habana cerró sus servicios consulares y a pesar de un reciente anuncio de que los retomará progresivamente todavía se obstaculizan los nuevos visados.

Hace cinco años el gobierno estadounidense incumple el compromiso de otorgar 20 mil visas anuales en virtud de los acuerdos bilaterales y las pocas que otorga a través de terceros países tienen incluso limitantes como las que se otorgan en la categoría de visitante, que solo se concede para una entrada al país.

Al mismo tiempo, existen evidencias de presiones ejercidas a gobiernos de la región para que exijan visas a los cubanos en tránsito, lo cual genera un trato discriminatorio para los nacidos en la isla caribeña.

Alentados por la Ley de Ajuste Cubano, única de su tipo en el mundo, muchos ciudadanos se unen a rutas migratorias irregulares en Centroamérica en las que se exponen a violencia, estafas y la corrupción de grupos dedicados al narcotráfico o la trata de personas.

En lo que va de año fueron devueltos a la isla por vía marítima y aérea mil 680 ciudadanos desde Estados Unidos, México, Bahamas e Islas Caimán, según precisaron las autoridades cubanas.

Fuentes federales estadounidenses informaron recientemente que desde octubre de 2021 hasta finales de febrero de 2022 más de 46 mil cubanos llegaron por tierra a la frontera mexicana-estadounidense luego de viajar de forma irregular.

Mientras, la embajada en La Habana sigue con sus servicios limitados y el actual gobierno norteamericano mantiene vigentes otras medidas coercitivas que limitan los viajes, entre ellas, la restricción de los vuelos desde Estados Unidos únicamente a la capital cubana o la no renovación de licencias a compañías aéreas y marítimas.

Bajo el mandato de Donald Trump se aplicaron más de 200 medidas para recrudecer el bloqueo, alrededor de 60 en la etapa más crítica de impacto de la Covid-19, lo cual puso en tensión la economía cubana.

Como lo hizo en el pasado desde el triunfo de la Revolución, el gobierno estadounidense utiliza los motivos personales o económicos que constituyen los principales motivos para los migrantes cubanos, para manipular y desinformar como parte de una estrategia para provocar el caos social y el desánimo.

Con su actitud de manera irresponsable Washington crea condiciones que incitan a la migración pero cierra las puertas al ciudadano para que lo pueda hacer de manera regular.

Las autoridades cubanas declararon sucesivamente que apoyan una migración ordenada y segura, y la disposición al diálogo para que un proceso que constituye un derecho humano pueda ejercerse sin obstáculos ni manipulaciones.

jf/jfs

Miedo creíble

DOBLE FILO

A un cubano le bastaba con tocar suelo estadounidense para que fuera admitido en ese país como inmigrante. Prácticamente nadie en el mundo gozaba de similares privilegios. Esta política, conocida como «pies secos, pies mojados» fue fruto de una revisión de la Ley de Ajuste Cubano

Autor: Michel E. Torres Corona | internet@granma.cu

Balseros cubanos. Guanabo, Ciudad de La Habana.   Agosto de 1994.
Foto: Juvenal Balán

A un cubano le bastaba con tocar suelo estadounidense para que fuera admitido en ese país como inmigrante. Prácticamente nadie en el mundo gozaba de similares privilegios. Esta política, conocida como «pies secos, pies mojados» fue fruto de una revisión de la Ley de Ajuste Cubano, realizada durante la administración Clinton, a propósito de negociaciones con Cuba para intentar regular el flujo migratorio a través del Estrecho de la Florida. Todos los cubanos interceptados en altamar serían devueltos a la isla, pero aquellos que de una forma u otra arribaran a «la tierra prometida», no podrían ser deportados.

Dicha política fue acompañada por el acuerdo de otorgar no menos de 20 000 visas anuales, para que los ciudadanos cubanos que así lo desearan pudieran viajar de forma legal a Estados Unidos y, de permanecer un año allá, reajustar su estatus como residentes permanentes (la famosa green card).

Años después, durante la administración Obama, la política de «pies secos, pies mojados» fue abrogada. Los cubanos continuarían gozando de una situación privilegiada con respecto a otros migrantes, gracias a la Ley de Ajuste, pero solo los que ingresaran a Estados Unidos de forma regular. La decisión no solo fue aplaudida por el gobierno cubano, quien de forma atinada veía esta política como una técnica de fomento a la emigración irregular a través del mar y con peligro para la vida. Otros políticos, de forma más o menos velada, apoyaron esa medida.

Un senador conservador, anticomunista y eterno enemigo de Cuba como Marco Rubio, llegaría a decir que se debía acabar con «los privilegios» de una emigración eminentemente económica, y que no tenía problema alguno con visitar nuestro país y mantener con este un vínculo permanente.

En las actuales circunstancias, con la crisis epidemiológica y económica que vive el mundo, no solo Cuba, es comprensible que la migración aumente. Sin embargo, con una embajada en La Habana, inoperante, que hace tiempo no brinda servicios consulares, con el flagrante incumplimiento de los acuerdos de otorgamiento de visas, ¿cómo puede un cubano entrar a EE. UU.? ¿Cómo puede acogerse a la Ley de Ajuste si no puede permanecer un año de manera legal en ese país? ¿Cómo evadir la condición de excluible?

La opción más factible es solicitar el estatus de refugiado político. Una vez detenido por las autoridades, el migrante deberá solicitar una entrevista de «miedo creíble» ante un Oficial de Asilo. En esa entrevista, deberá convencer al funcionario de que, de ser deportado, su vida o su integridad física correrían peligro. Debe acreditar que fue torturado o perseguido o abusado de alguna manera, y que las instituciones de su país de origen son incapaces de protegerlo. Si el oficial lo decide así, el caso pasará a un Juez de Inmigración que validará o no el estatus de refugiado.

Los cubanos que deciden acogerse a esta «protección» suelen afirmar que en su país su vida corre peligro, porque son «perseguidos políticos», que no se sienten seguros. A esa entrevista ayuda mucho la «leyenda negra» sobre la «cruel dictadura comunista», propaganda con la cual están intoxicados en suelo estadounidense. Promover esa imagen es una forma de solventar un enrevesado trámite burocrático.

Pasa un año, adquieren la residencia permanente y entonces la mayoría de esos «refugiados políticos» regresan a vacacionar o de visita familiar al país del que salieron huyendo, hecho insólito en la historia universal. El propio Marco Rubio, encolerizado, lo llegó a denunciar: «Es difícil justificar el estatus de refugiados de algunos cuando, luego de llegar a Estados Unidos, viajan al lugar del que dicen que huyeron unas diez, 15, 20, 30 veces al año».

Esteban Rodríguez, «activista político» cubano que también halló «refugio» en Estados Unidos, fue menos diplomático: «Eso es un descaro y una falta de respeto». Tanto Rubio como el ala más extremista de la contrarrevolución, de la que Esteban Rodríguez es parte, se muestran a favor de quitar todo beneficio a los cubanos que solicitan este estatus y al poco tiempo viajan a la isla.

No sorprende que piensen así: ¿cómo puede ser creíble el miedo que solo dura un año? ¿Cómo validar la imagen dictatorial de Cuba en el mundo si los «perseguidos» están desesperados por regresar? Eso es inadmisible. Tiene que haber miedo, tiene que haber dictadura en Cuba, de lo contrario, los excluibles son ellos.

Verdades irrefutables sobre la manipulación de la emigración cubana

Foto: Internet

Desde el 1ro de enero de 1959 el gobierno de Estados Unidos inició la manipulación del tema migratorio cubano, al aceptar asesinos, torturadores y ladrones del gobierno del dictador Fulgencio Batista que huyeron de la justicia, a pesar de los reclamos oficiales de Cuba por las causas pendientes que tenían. A todos los consideraron refugiados, a pesar de que muchos arribaron de forma ilegal, dando inicio a este término para los que salían de la Isla.

Posterior a la ruptura de las relaciones diplomáticas el 3 de enero de 1961, los cubanos que deseaban viajar a Estados Unidos fueron eximidos de visas de turismo y/o emigrante, aprobándose el empleo de las llamadas visas “Waiver” (visa volante), porque “huían del comunismo”. Al prohibir los vuelos entre ambas naciones se iniciaron las salidas ilegales y todo cubano que arribara al territorio yanqui era aceptado de inmediato.

Como resultado de esa política, se afirma que 49 mil 961 personas emigraron a los Estados Unidos en 1961 y al año siguiente 78 mil 611. Sólo había que decir que “huían del régimen comunista” para
ser admitidos, situación que se mantiene como parte de la manipulación mediática contra la Revolución. La CIA inició rápidamente el reclutamiento de cubanos para la invasión y otras actividades subversivas.

Ante esa situación migratoria, el presidente John Kennedy, aprobó el propio año 1961 el Programa de Refugiados Cubanos, destinado a facilitar la integración de los “exiliados” cubanos a la sociedad yanqui, bajo el pretexto de “ayudar a toda persona que huía del régimen comunista” y ponerla en las mejores condiciones posibles para adaptarse y disponer de un mejor nivel de vida”.

Ese programa contenía nueve puntos y unos de los fines colaterales era el financiamiento de los contrarrevolucionarios cubanos que ya ejecutaban acciones terroristas contra Cuba, gracias a la guerra clandestina promovida en 1960 por el presidente Dwight Eisenhower, destinada a derrocar al gobierno revolucionario con el empleo de los llamados “refugiados”.

El presupuesto inicial del Programa de Refugiados Cubanos fue de 4 millones de dólares en 1961, 38 millones de dólares en 1962, hasta alcanzar la cifra de 144 millones de dólares en 1972. Duró 15 años, costándole 727 millones de dólares al Tesoro estadounidense.

El 28 de junio de 1962 Estados Unidos aprobó la Ley Pública 87-520, bajo el nombre de “Ley de Migraciones y de Asistencia a los Refugiados”, restringiéndose la definición de “refugiado” sólo al Hemisferio Occidental.

El presidente Lyndon Johnson, firmó el 3 de octubre de 1965, la “Ley de Inmigración y Naturalización”, la que no resolvía el problema del estatus legal de la emigración cubana, pero creó una Comisión Selecta de Inmigración para el Hemisferio Occidental, compuesta por 15 miembros para estudiar el ajuste del estatus legal de los cubanos.

El 2 de noviembre de 1966, Johnson aprobó la Ley Pública 89-732, conocida como “Ley de Ajuste Cubano”, la que cambió el estatus jurídico sólo de aquellos cubanos que habían ingresado sin visas a Estados Unidos, a partir del 1ro de enero de 1959, porque miles de cubanos se encontraban “Bajo Palabra” y a partir de dicha Ley pasaron a ser considerados como “refugiados políticos”, aunque su salida de Cuba fuera por motivos familiares.

La Ley benefició a los cubanos que automáticamente pudieron solicitar un permiso de trabajo y pasados 366 días de su ingreso a ese país, aplicar para obtener la residencia permanente sin formalidades particulares, debido a que los cubanos “huyen del comunismo” y son especialmente protegidos.

Para darle más privilegios a los cubanos que “escapaban del comunismo”, el Presidente Ronald Reagan en 1986, aprobó la Ley Pública 99-603, llamada “Ley para el Control y la Reforma de Inmigración”, que incluía su Sección 202 un “Ajuste para cubanos y haitianos”. Esa Sección permitió que los cubanos llegados por la vía del Mariel en 1980, pudieran solicitar la residencia después de haber permanecido más de 6 años en los Estados Unidos sin tener un estatus definido, porque los “marielitos” no recibieron el estatus de refugiados al no estar contemplados en la letra de la “Ley de Refugiados”, aprobada el 17 de marzo de 1980, Ley Pública 96-212.

Ronald Reagan quiso enmendar la decisión tomada el 20 de junio de 1980 por el Presidente James Carter, de asignar el estatus migratorio de “entrantes”, a ese grupo de cubanos y a los haitianos, que arribaron a los Estados Unidos entre el 21 de abril y el 19 de junio de 1980.

En mayo de 1995, al firmarse un nuevo Acuerdo Migratorio entre Estados Unidos y Cuba bajo la administración del presidente William Clinton, la Ley de Ajuste Cubano sufrió su primera reforma, al establecerse la conocida política de “pies secos-pies mojados”, en la cual toda persona que se detenga en alta mar es devuelta a Cuba, y sólo son aceptados los que logren tocar tierra firme.

El 30 de septiembre del 1996, el Congreso de Estados Unidos aprobó la Ley pública 104-208, Acta de Reforma a la Inmigración legal y la Responsabilidad del Inmigrante Ilegal, que en su Sección 606 establece:

“Se condiciona la eliminación de la Ley de Ajuste Cubano, solamente por la determinación del Presidente de Estados Unidos, bajo lo establecido en la Sección 203 (c)(3) del Acta de la Libertad y Solidaridad Cubana de 1996, Ley pública 104-114, conocida como Ley Helms-Burton, cuando ostente el poder en Cuba un Gobierno elegido democráticamente”.

En noviembre de 1997, el Congreso de los Estados Unidos aprobó la Ley Pública 105-00, Ley de Ajuste Nicaragüense y Alivio Centroamericano, (NACARA), la que en su Sección 202 define un “ajuste del estatus de ciertos nicaragüenses y cubanos”, donde expone los requisitos necesarios para que ciertas personas de origen nicaragüense y cubano, puedan solicitar la residencia permanente en Estados Unidos.

Una prueba de la mezquindad en la manipulación migratoria contra Cuba, fue el Cuban Medical Professional Parole, puesto en vigor en septiembre del 2006. Ese programa, coordinado por el Departamento de Estado y el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, perseguía la deserción y compra de profesionales cubanos de la Salud que integran las brigadas de solidaridad en el mundo.

El 31 de julio del 2007, el gobierno norteamericano dio a conocer la segunda reforma realizada a la Ley de Ajuste Cubano, donde refrendan la decisión de las autoridades federales de Inmigración, de facilitar que, personas nacidas fuera de Cuba puedan obtener la residencia permanente en los Estados Unidos, si al menos uno de sus padres nació en Cuba, reafirmando la manipulación política del tema migratorio contra la Revolución cubana.

La migración cubana es la única que recibe este tratamiento político con fines subversivos, a diferencia de los millones de latinoamericanos que anualmente caminan miles de millas para ingresar en Estados Unidos, huyendo de la miseria, el hambre, enfermedades y la muerte, en países con sistemas capitalistas “democráticos”.

Por eso dijo José Martí: “Ver para juzgar después”