El «imperio americano»: la filosofía del despojo y sus consecuencias

A juzgar por el mundo en crisis que vivimos, hemos llegado al último de los despojos, o a la última de las guerras

Autor: Jorge Casals Llano | internet@granma.cu

paz soldado
Foto: Caricatura de Moro

Fidel, en su discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas, el 26 de septiembre de 1960, subrayó: «Las guerras, desde el principio de la humanidad, han surgido, fundamentalmente, por una razón: el deseo de unos de despojar a otros de sus riquezas. ¡Desaparezca la filosofía del despojo, y habrá desaparecido la filosofía de la guerra!».

Pero como continuaron el despojo y la explotación de los países por monopolios e imperios, continuaron las guerras…, y despojos y guerras nos han traído hasta hoy, a la previsible antesala del último de los imperios, o de la última de las guerras.

Cierto es que la humanidad desde sus inicios inventó las guerras, y estas los imperios, y con ellos los despojos masivos; pero no fue hasta hace unos 2 500 años, a partir del imperio persa, que todos los imperios proclamaran que lo hacían «para beneficio de todos».

Siglos después, hará unos 500 años, «los descubrimientos» primero y «la conquista» después, hicieron posible que, en su cuna, Inglaterra, la llamada «acumulación originaria» y el capitalismo, impulsados por la codicia, y las guerras, engendraron nuevos imperios.

Solo que estos nuevos imperios serían, desde entonces, de otro tipo y aún mayores: el inglés, el español, el francés…, hasta que a finales del siglo XIX y principios del XX el capitalismo se convirtiera en «capitalismo monopolista», y también en el imperialismo que, como el capital mismo, naciera «chorreando sangre y lodo por todos y cada uno de sus poros», lo que lo haría romper las barreras regionales y desatar las guerras mundiales.

También los «descubrimientos» habían propiciado, en 1620, el desembarco del Mayflower con sus peregrinos, en lo que es hoy territorio de ee. uu., «para la gloria de Dios y el avance de la fe cristiana», que dio inicio al despojo, por los forasteros, de los territorios habitados por los pueblos originarios, lo que no se detendría hasta la conquista del Oeste.

El despojo continuaría con la guerra Estados Unidos-México (1846-1848) y su resultado: la «cesión» por México de más de la mitad de su territorio al vencedor, el mismo que había estafado a España con la supuesta compra de la Florida (1810), y de Alaska a Rusia (1867). Así el naciente imperio completó su territorio continental.

Casi todo el siglo XIX fue preparatorio para que EE. UU. llegara a proclamar que toda intervención europea en América sería vista como un acto de agresión, lo que se sintetizaría en la posteriormente proclamada Doctrina Monroe, y su «América para los americanos». En 1898, luego de la voladura del Maine, nuestra Guerra de independencia fue renombrada Guerra hispanoamericana. La «pequeña guerra espléndida», de tres meses, de EE. UU. contra España, con la que nació «el imperio americano».

Después llegó la Primera Guerra Mundial (1914-1918), a la que EE. UU. entró en 1917 (a un año de su terminación); y en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) se incorporó dos años después de iniciada, en 1941, tras el ataque a Pearl Harbor. Al cabo de esta última, comenzó la Guerra Fría y la hegemonía «usamericana» en Occidente, inicio del mundo bipolar que se haría unipolar, luego de la implosión de la urss, en 1991.

Estas tres guerras fueron también las de la emergencia de EE. UU. como primera potencia mundial, que aprovechó la riqueza acumulada durante estas. Eso fue posible tanto por la debilidad de la Europa destruida por las guerras y por la descolonización que la empobreció, como por la del Japón convertido en protectorado, luego del crimen de Hiroshima y Nagasaki. Incluso, tuvo que ver la urss endeudada –por el préstamo y arriendo con EE. UU.– y la dependencia de Europa del Plan Marshall estadounidense.

Las guerras que habían sido resultado de la pugna entre las viejas y nuevas potencias –las que se habían repartido el mundo y las que querían un nuevo reparto: Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia y Japón– también crearon el ambiente propicio para la reafirmación de los nacionalismos, a fin de obtener privilegios territoriales y políticos generadores de tensiones, alianzas políticas y militares y una carrera armamentista, de lo que el naciente imperio bien supo aprovecharse.

Según la lógica del sistema, como se habían necesitado las dos guerras mundiales para sacar al capitalismo de las depresiones –en particular de la segunda, para sacarlo de la Gran Depresión–, y de la Guerra Fría para legitimar, durante medio siglo, la expansión de los presupuestos militares, al resultar insuficientes, se hicieron necesarias para el imperio nuevas guerras, esta vez las más largas de la historia.

Así inició, por ejemplo, la Guerra contra el terror (2001), con el supuesto objetivo de derrocar el régimen talibán en Afganistán y pacificar la región. En realidad fue para mantener la economía en avance, luego del estancamiento crónico desde finales del pasado siglo, y de tratar de imponer el «orden basado en reglas», lo que, supuestamente, se lograría con nuevas guerras acompañadas de sanciones (medidas punitivas dirigidas a debilitar económicamente al adversario, aunque también mediáticas, comunicacionales, sicológicas, enmarcadas todas en la llamada guerra de cuarta generación).

¿Cuáles han sido las consecuencias de todo lo anterior?

Sin importar el medio de prensa ni la procedencia de la publicación –privada, gubernamental, de organismo internacional, de centro de investigación, sea un artículo científico o de divulgación– que reciba, busque en la internet, o caiga en sus manos, todos –con sus matices, en dependencia del origen– exponen y tratan de explicar las dificultades por las que atraviesa el mundo como consecuencia del efecto combinado de la crisis del modelo de dominación anglosajón –occidental, basado en el despojo–, la pandemia (con impacto mayor en los países empobrecidos), la caída de los mercados bursátiles, la inflación, la apreciación o depreciación de las divisas, la recesión, el desempleo, la pérdida de empleos, el subempleo y el multiempleo, la pérdida de poder adquisitivo del salario real y, como consecuencia, la imposibilidad de pagar las deudas contraídas para sobrevivir (incluidas las de las tarjetas de crédito), el alquiler, las facturas de electricidad y agua…, todo acompañado del aumento de los sin techo, de la mendicidad y del hambre.

Agravado por lo que ya una vez en la historia económica se había producido, simultaneando crisis e inflación, la denominada estanflación reapareció, impulsando a los bancos centrales a aumentar las tasas de interés (para tratar  de detener el aumento de los precios), lo que agudiza aún más la crisis que, al reflejarse en los mercados financieros de una economía ya desde antes «financierizada», impacta  –todavía más negativamente– sobre la deuda de los ya sobreendeudados países; aunque principal, y no únicamente, sobre la de los más explotados, los subdesarrollados.

Así las cosas, ya para todos es evidente que vivimos en un mundo en crisis; que solo la existencia de una corporatocracia global, situada por encima de los Estados naciones –que incluye a EE. UU., a Occidente y a su «orden basado en reglas»–, hace posible que se tomen decisiones por la supuesta burocracia dirigente de esos Estados que, lejos de fortalecer, disminuyen el peso de estos en la economía mundial, y hacen que su influencia en la geopolítica global decrezca.

Aunque la moneda del país hegemón sigue siendo la más utilizada –y, por ello, la divisa de referencia mundial–, y que el uso indiscriminado y sancionatorio que su dueño hace de ella conspira contra su credibilidad; aunque los organismos internacionales, como la onu, no sean capaces de impedir que se siga tratando de imponer el llamado «orden basado en reglas», va surgiendo un nuevo orden y organismos de consulta como el Brics, que lo van imponiendo.

Hemos llegado, entonces, al último de los despojos, o a la última de las guerras.

Estadísticas descriptivas: Guerras

En este marzo de 2022 se cumplieron tristes aniversarios de conflictos bélicos

Autor:

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Juventud Rebelde

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Niño

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La de Yemen se considera una guerra sin cámaras. Autor: Unicef Publicado: 28/03/2022 | 10:34 pm

«Cuídate de los idus de marzo», le advierte un vidente a Julio César, quien descarta el riesgo porque aquel era un día de buenas noticias, pero fue asesinado…

En este marzo de 2022 se cumplieron:

-Siete años de la guerra saudí-estadounidense en Yemen.

-11 años del intento de «primavera árabe» y guerra estadounidense-terroristas en Siria.

-19 años de la guerra de EE. UU. en Irak.

-57 años de la guerra estadounidense en Vietnam.

EU y la OTAN calientan frontera colombo-venezolana

Carlos Fazio 

Periódico La Jornada

Cambian las administraciones de republicanos y demócratas en la Casa Blanca, pero las estrategias de tensión y desestabilización sistemática del Estado profundo (la estructura secreta que se sitúa por encima de las apariencias democráticas y a espaldas de la opinión pública estadunidense) contra países considerados “enemigos” de Washington, permanecen. Una constante en las últimas dos décadas han sido las políticas de “cambio de régimen” contra Venezuela. Objetivo: el petróleo. Y eliminar un modelo político alternativo a la dominación estadunidense en América Latina y el Caribe. En la coyuntura, siguiendo el esquema del conflicto ucraniano en Europa, la administración demócrata de Joe Biden continúa la política de su antecesor, el republicano Donald Trump, utilizando a Colombia como plataforma para la agresión a Venezuela. Desde finales de 2021, Wa­shington ha venido utilizando al gobierno cipayo de Iván Duque, en la activación de líneas de tensión en la frontera del río Arauca entre Colombia y Venezuela, importante región geopolítica y geoestratégica por ser acceso a reservas de petróleo y gas, agua dulce, minerales, biodiversidad y otros recursos naturales.

La sucesión de hechos violentos provocados por grupos armados no estatales colombianos infiltrados en el Estado venezolano de Apure, fronterizo con el departamento de Arauca, Colombia, busca atraer al gobierno de Nicolás Maduro a una guerra similar a la que la OTAN ha estado provocando en la frontera entre Rusia y Ucrania. Al respecto, no se puede ocultar la profunda relación existente entre el gobierno del uribista Iván Duque con los grupos narcoparamilitares Los Rastrojos, Los Urabeños, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia y Águilas Negras −bajo supervisión de la DEA y del embajador de EU, Philip Goldberg, quien desestabilizó a la ex Yugoslavia en 1999 y fue expulsado de Bolivia en 2008 por conspirar contra el gobierno de Evo Morales−, parecida a la que sostiene el presidente ucranio, Volodymir Zelensky, con grupos paramilitares neonazis. 

En 2013, el entonces presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, suscribió un acuerdo con la OTAN como “socio global” (o “extra OTAN), erigiendo al país sudamericano en un caballo de Troya regional de esa fuerza militar multinacional comandada por Estados Unidos, que se atribuye al derecho de intervenir en cualquier parte del mundo.

En enero pasado, el ministro de Defensa venezolano, general Vladimir Padrino López, denunció la proyección latinoamericana de la OTAN, con Colombia y su red de bases militares como “peón”, y la presencia cada vez más resuelta de medios castrenses y navales de la alianza atlántica en el “área de influencia” de Venezuela. Padrino se refería no sólo al acuerdo entre Colombia y la OTAN, sino también al segundo entrenamiento conjunto entre militares de Brasil y Estados Unidos, en el marco de la iniciativa CORE (siglas en inglés de Operaciones Combinadas y Ejercicios de Rotación), firmada en octubre de 2020 para “aumentar la interoperabilidad” entre sus ejércitos.

Las recientes revelaciones sobre las maniobras militares del Ejército argentino en 2019, para una invasión a Venezuela bajo el mando del Comando Sur del Pentágono, vienen a demostrar que Trump y su trío de sicópatas: John Bolton, Mike Pompeo y Elliot Abrams, estuvieron a punto de generar un conflicto bélico en el corazón de América del Sur. En esa coyuntura, tras la fabricación del títere Juan Guaidó como “presidente encargado” de Venezuela (reconocido por el entonces presidente argentino, Mauricio Macri) y en el marco de una campaña de intoxicación mediática propagandística, típica de la guerra híbrida y/o de cuarta generación −que empleó recursos diplomáticos, militares, de inteligencia y económico-financieros−, Wa­shington, con apoyo de la OTAN y el Grupo de Lima, intentó derrocar al gobierno legítimo de Maduro mediante un fracasado golpe de Estado que sería seguido por una “intervención humanitaria” de algunos ejércitos del área. Una maniobra imperial para tercerizar la guerra, donde la tarea del Ejército argentino era garantizar la seguridad de un “corredor humanitario” en la frontera de Colombia y Venezuela, mientras su homólogo brasileño cubriría el corredor desde las ciudades de Boa Vista y Pacaraima, en el estado de Roraima, fronterizo con Venezuela.

Como parte de la actual estrategia de tensión, no es ajeno a Washington el foro anticomunista organizado el pasado fin de semana en Bogotá, por el ultraderechista partido español Vox, con participación de sectores conservadores de varios países del área y disidentes cubanos y venezolanos. Como tampoco lo son los encuentros patrocinados por la red de lobbies ultracapitalistas Atlas Network (Red Atlas), que apoya a los presidentes Duque, de Colombia, y Guillermo Lasso, de Ecuador, así como a la Fundación Internacional para la Libertad, del escritor Mario Vargas Llosa, y la Fundación Friedrich Naumann de Alemania.

Esos encuentros son utilizados por los círculos de la inteligencia estadunidense para fabricar y potenciar operadores mediáticos que sirven a sus campañas de desestabilización contra Venezuela, Cuba, Bolivia, México y Nicaragua. A manera de ejemplo, está el caso de Agustín Antonetti, joven argentino de 21 años, promovido por la Red Atlas en varios medios regionales (Infobae, CNN Radio Argentina, el diario fujimorista Expreso, de Perú) y nombrado la personalidad del año de la Fundación Libertad, ligada a Macri, quien ha tenido un peso importante en las campañas en Twitter contra el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, con la etiqueta #AMLOVeteYa; contra el gobierno cubano con #SOSCuba y #15NCuba ; antes y durante el golpe de estado contra el ex presidente de Bolivia Evo Morales con #EvoDictador) y el actual Luis Arce #SOSBolivia.

En ese contexto, Estados Unidos busca reposicionar la narrativa de Venezuela como “Estado fallido”, y utilizando al narcotráfico colombiano como punta de lanza, generar un conflicto multiforme en el eje fronterizo colombo-venezolano, que justifique la presencia de la OTAN con la difusa doctrina de la Responsabilidad de Proteger (R2P).

El cubano ucraniólogo

Cuba en Resumen Bloqueo contra CubaCubaEEUUguerra culturalguerrasHistoriaideologíaONUOTANRusiaUcrania

Por Oni Acosta Llerena.

El cubano ucraniólogo es una especie endémica con apenas pocos días de encontrada en el ecosistema digital. Normalmente carece de conocimientos básicos de historia contemporánea, como conocer en qué consistieron El Acuerdo de Postdam o el Pacto de Varsovia, aunque contradictoriamente aplaude a la OTAN sin analizar conscientemente que es una alianza bélica y no defensiva.

El cubano ucraniólogo llora por las bombas rusas, las únicas capaces de matar a civiles y soldados: su solidez y capacidad analítica es tan abarcadora que afirma que la metralla rusa es la única letal. Nunca antes este espécimen había señalado la letalidad de bombas francesas o norteamericanas, pues los civiles y soldados muertos en Vietnam, Afganistán, Yugoslavia, Libia, Iraq, Panamá y otros lugares no han sido producto de guerras, sino de accidentes de tránsito.

El cubano ucraniólogo sufre con esta guerra más que nadie en el planeta, su vocación pacifista nacida apenas en 72 horas es un ejemplo de civismo y decencia, de humildad y decoro con las causas justas. Hace menos de un año el cubano ucraniólogo pedía bombas del ejército norteamericano (sí claro, de esas que no matan a nadie) contra Cuba, así como también el desembarco de la 82 División Aerotransportada, y más asfixia económica.

El cubano ucraniólogo no entiende de geopolítica, y corre a condenar guerras e imperios pero, selectivamente. Desconoce la historia de nuestro país respecto a la Crisis de Octubre o de los Misiles, como la denominan en Occidente, o cree que fue una exageración narrada por la prensa libre, la misma que reseña a diario los acontecimientos de Melilla, o los ataques con morteros a civiles en Palestina o los abusos en Afganistán.

El cubano ucraniólogo no se ha enterado aún de la desaparición de 43 normalistas en Ayotzinapa, México. No 1, 2 ni 5…. sino 43…. Ni tampoco está al tanto de los continuos asesinatos de líderes sociales en Colombia, de las fosas comunes ni de la lucha de las abuelas argentinas que aún siguen buscando a sus nietos robados por la Dictadura. Desconocen que lanzaban a seres humanos vivos al vacío o al mar, encadenados, dejando a miles de familias truncas.

El cubano ucraniólogo adora la democracia europea y especialmente la española, pero desconoce la historia de sangre tejida desde el terror sobre los vascos y otras comunidades. Nuestros ilustres catedráticos de espuma no saben qué fue La Falange, ni mucho menos el caso GAL, o lo que representa el PP en la nefasta política española, o la corrupción de la Casa Real desde 1976 hasta la fecha.

El cubano ucraniólogo es adicto a etiquetas en RRSS, pero nunca a favor de que quiten el bloqueo contra su país, o que devuelvan una base militar ilegal ocupada por quienes nos asfixian.

Para el cubano ucraniólogo la ONU existe solo para condenar a Rusia, pero cuando el mundo vota contra el BLOQUEO a Cuba entonces la ONU es corrupta, y ahí nuestro endémico espécimen calla y mira hacia otro lado.

El cubano ucraniólogo nunca condenó con vehemencia ni haciendo honores de su vocación católica o cívica, la negativa de EEUU de venderle a Cuba aparatos y respiradores mecánicos para combatir la Covid, así como tampoco nunca se pronunció en público contra la persecución de ese país contra barcos cargueros dirigidos a nuestras centrales termoeléctricas y gasolineras, vitales para el fluido eléctrico y la circulación del menguado transporte público y privado del país, aún en tiempos de cuarentena.

El cubano ucraniólogo me hace recordar aquel espurio texto de los 90s, el Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano, escrito por los mismos que ahora adoran hasta los tuétanos. Sabrán nuestros ávidos occidentalistas de turno de qué iba ese texto infame, y que ya fueron diseccionados y retratados en él desde 1996?

El cubano ucraniólogo durará hasta la próxima obra o, lo que es lo mismo, lo que un merengue en la puerta de un colegio.

Tampoco saben qué significa un peón en un juego de ajedrez.

Tomado de Perfil de Facebook de Oni Acosta Llerena.

Autor

Cuba en Resumen