¿Por qué el enemigo miente sobre las elecciones en Cuba?

Opinión

El sistema electoral cubano es el resultado de una amplia consulta popular aprobada por los habitantes de esta Isla. Foto: Dunia Álvarez Palacios/Granma.


Michel E Torres Corona

Granma

Cierto medio contrarrevolucionario, de cuyo nombre no quiero acordarme, ha circulado por las redes digitales en distintos formatos un grupo de supuestas “verdades” sobre las elecciones en Cuba. A las puertas casi de la convocatoria mañana a las urnas, estos productos comunicacionales de muy buen formato (los malos tienen dinero de sobra para pagar cámaras, edición, diseño, gráficos, etc.) responden al objetivo de sabotear ese ejercicio democrático que desdice la tesis sobre la “cruel dictadura”.

Lo primero a lo que aluden es que en Cuba no existe la facultad de elegir, sino únicamente de ratificar. Curioso es que se busque promover esta matriz de opinión cuando son las elecciones municipales un ejemplo de democracia que tiene escasos paralelos en el mundo: los ciudadanos nominan y eligen por ellos mismos a candidatos y delegados, respectivamente, sin intervención alguna de autoridades del Estado o dirigentes del Partido, en una boleta en la que, de varias personas, se escoge una como representante.

Es cierto que, en el caso de los diputados a la Asamblea Nacional, las comisiones de candidatura preparan una boleta en la cual la opción popular se manifiesta a través de la aprobación mayoritaria (o no). Pero eso solo quiere decir que cada persona que está sentada en la Asamblea, incluyendo al Presidente de la República, ha sido apoyado por más de la mitad de los electores que votaron. ¿Dónde está la abrumadoramente mayoritaria oposición a los miembros del PCC?

Si la Revolución ha perdido la hegemonía y el socialismo es un fracaso, ¿por qué le resulta tan difícil a sus enemigos ganar una elección, aunque sea una municipal? Porque eso han querido, más de una vez, y no lo han logrado. Si existiera de verdad un movimiento organizado contra el sistema, con un programa político serio, en medio de tantas dificultades y escaseces, no debiera resultarle difícil ganar la mayoría de escaños en las asambleas municipales a lo largo y ancho del país.

Mas no seamos tan exigentes: ¿por qué no gana la mayoría, aunque sea en una Asamblea Municipal? Siendo todavía más condescendientes: ¿por qué no han logrado, en todos estos años, que un grupo de vecinos nomine y vote por un candidato, uno solito, opuesto al sistema? Enseguida, el medio contrarrevolucionario que recibió la encomienda de atacar la legitimidad del sistema electoral cubano apela a los cuentos de fantasma: la Seguridad lo vigila todo, hay secuestros, desaparecidos; las fuerzas del régimen están por todas partes. Y lo que empieza por un análisis seudojurídico termina en delirios de persecución y ardid propagandístico.

Por supuesto, y esto no lo dice el medio contrarrevolucionario, hay cosas que mejorar. Nuestro sistema político debe otorgarle mayor peso a la Asamblea Municipal, acorde al mandato constitucional de la autonomía de los municipios, y que ningún delegado elegido termine desgastándose ante las exigencias de sus electores, sin lograr resolver los problemas de su comunidad. La información referida a las elecciones debe circular no solo por las vías tradicionales y analógicas, sino con mayor uso de internet y las ventajas de las tecnologías.

La democracia cubana, por imperfecta, no deja de ser democracia, una forma distinta y propia de ese valor político. El mismo diseño del sistema electoral y del sistema político en general tiene respaldo en la Constitución, que no fue impuesta por el capricho de alguien ni fue producto de una conspiración, sino que se construyó en amplia consulta popular y se aprobó en un referendo en el cual todos los habitantes de la Isla pudieron ejercer su voto, libre y secreto. Y allí estuvo la contrarrevolución, llamando al No y a la abstención, como hoy lo hacen también y como lo seguirán haciendo, en tanto la democracia no los beneficie a ellos.

27 de noviembre: la inocencia que hasta hoy clama

Por Redacción Razones de Cuba

Imagen de Razones de Cuba

A 151 años del horrendo fusilamiento en La Habana de ocho inocentes estudiantes de Medicina, el 27 de noviembre de 1871, ellos vuelven a la memoria de Cuba y en especial de sus jóvenes, con la fuerza redentora del homenaje a sus vidas truncadas en flor y a la inocencia,  que hoy clama justicia todavía.

“Cadáveres amados los que un día ensueño fuisteis de la Patria mía”, escribió José Martí pensando en ellos, un dolor que le fue muy próximo como cubano y amigo del alma de Fermín Valdés Domínguez, uno de los estudiantes juzgados en el sumarísimo proceso del cual, con suerte casi providencial, saliera con la pena de cárcel.

Ese crimen sin nombre, tal vez la mancha más abominable del colonialismo en la Isla, fue resultado del incremento de la represión y el odio de un sistema carcomido seriamente por la pérdida de la mayor parte de sus vasallos en América,  y desafiado aquí por el comienzo de la primera guerra de independencia desde el 10 de octubre de 1868.

Para ello había creado el famoso cuerpo represivo llamado Voluntarios de La Habana, formado por peninsulares y criollos apóstatas, los más violentos y reaccionarios servidores del gobierno español, que fuera el instrumento más visible de la trama y la ejecución del salvaje escarmiento a los cubanos en plan de rebeldía.

No hay que engañarse pensando, empero, que en un momento dado los Voluntarios se les fueron de las manos a los gobernantes hispanos y los pusieron contra la pared, a fin de conseguir saciar su irracional sed de sangre.

La fuerza paramilitar representaban correspondía fielmente a los intereses de la Corona y ambos eran uno en cuanto a la defensa de los intereses de esta. Ese batallón de infames se desempeñó fundamentalmente, libre y aupado por los gobernantes, desde 1855 hasta 1898.

Así fue como, tras dos juicios de guerra de rapidez fulminante, ocho jóvenes que cursaban el primer año de Medicina en la Universidad capitalina, fueron condenados a muerte y fusilados en la Explanada de la Punta -hoy ubicada en Malecón y Prado-, bajo la acusación falsa de infidencia por haber dañado el sepulcro del periodista y furibundo defensor de la causa española, Gonzalo de Castañón.

Los nombres de los inmolados apenas al llegar a la juventud eran Anacleto Bermúdez, Angel Laborde, José de Marcos, Juan Pascual Rodríguez, Alonso Alvarez de la Campa, Carlos de la Torre, Eladio González y Carlos Verdugo.  Los tres últimos  habían sido incluidos por sorteo en la sentencia, para satisfacer a los Voluntarios de La Habana, quienes veían en Castañón un ícono, cuando realmente era un “hombre de odio”, como lo calificara el Apóstol.

En medio de esa sociedad aherrojada por el colonialismo, ese cuerpo represivo había protagonizado una triste asonada el 22 de enero de 1869, en una representación picaresca del Teatro Villanueva, en la cual masacraron a inocentes. Parece que ya estaban necesitando incrementar el nivel de sus escarmientos y actos comunes de terror.

Por eso le vino de perilla el suceso protagonizado por un grupo de jóvenes estudiantes en la tarde del viernes 24 de noviembre de 1871.

Impacientes por la tardanza de su profesor de Anatomía, algunos chicos del primer curso de Medicina de la Universidad de La Habana, decidieron salir del Anfiteatro, en tanto otros cruzaron al cercano Cementerio de Espada, ubicado en la calle San Lázaro.

Unos decidieron recorrer sus patios, mientras otros se dedicaron a jugar con el carro que transportaba los cadáveres desde el camposanto hasta la sala de disección docente. Uno arrancó una flor de una ofrenda depositada en un recipiente.

Aquella algazara inapropiada causó el enojo del vigilante, a quien preocupaba sobre todo  la integridad de los jardines y sembrados. Esto lo llevó, sin embargo, a una acción vil y extrema: acusarlos ante el gobernador político de haber arañado el cristal de la tumba de Gonzalo de Castañón.

Con rapidez en volandas el gobernador ordenó el apresamiento de los jóvenes, que en un principio fueron los 46 estudiantes que esperaban al profesor ausente.

Se realizó el primer Consejo de Guerra y bajo las falsas acusaciones se impusieron penas severas, pero no se llegó al dictamen de penas de muerte. En el juicio a los alumnos inocentes descolló la actuación del abogado defensor, el digno oficial del ejército español Federico Capdevila, quien echó rodilla en tierra por el pundonor y la lealtad al oficio.

Pero entonces entró en acción la barbarie. Los Voluntarios de La Habana no aceptaron el veredicto y se amotinaron con gran violencia, amenazando con revueltas, frente al edificio donde se había celebrado la primera vista.

Rápidamente tuvo que efectuarse un segundo proceso, destinado a complacer a los odiadores y sicarios, que  impuso la pena capital para los jóvenes citados. Once  fueron condenados a seis años de prisión, 20 a cuatro y cuatro a seis meses.

Uno de los encarcelados, Fermín Valdés Domínguez,  pudo terminar la carrera en España tras cumplir la sentencia, y al regresar a la Isla amada ejerció la profesión y se consagró a buscar el sepulcro prohibido y desconocido de sus compañeros, una fosa común fuera del cementerio, inclusive vedada a sus familiares. Lo halló tras una búsqueda larga, riesgosa y abnegada.

Siendo muy jóvenes José Martí y Fermín Valdés Domínguez denunciaron con coraje el crimen horrendo y el inhumano presidio político en Cuba, apenas al llegar a su exilio en la metrópolis, mientras estudiaban carreras diferentes en la Universidad de Zaragoza.

Todavía el alma cubana se estremece y llora por los ocho estudiantes inocentes. Ni muertos ni olvidados, viven en los corazones del pueblo. Y más, en tiempos en que descendientes de aquellos sicarios y mercenarios coloniales, han pretendido manchar, inútilmente, su memoria. 

Ejerció Raúl su derecho al voto

El General de Ejército Raúl Castro Ruz ejerció su derecho al voto en el colegio electoral número 2, perteneciente a la circunscripción 60, del municipio habanero de Playa

Autor: Redacción Nacional | internet@granma.cu

El General de Ejército depositó la boleta en la urna, y la palabra «votó» se escuchó. Foto: Estudios Revolución

En la mañana de este domingo 27 de noviembre, el líder de la Revolución Cubana, General de Ejército Raúl Castro Ruz, ejerció su derecho al voto en el colegio electoral No. 2, perteneciente a la circunscripción 60, del municipio habanero de Playa, en una jornada de elección de los delegados a las asambleas municipales del Poder Popular.

Tras su llegada al colegio, que agrupa a 281 electores, Raúl saludó a los integrantes de la mesa electoral y sostuvo un breve intercambio con ellos. La presidenta del colegio, Tatiana López Hernández, realizó los trámites correspondientes, previo al ejercicio del voto, y entregó la boleta al líder de la Revolución Cubana.

Una vez realizado el sufragio, el General de Ejército depositó la boleta en la urna, y la palabra «votó» se escuchó al compás del saludo pioneril que selló el momento. A los pequeños también saludó Raúl.

El líder de la Revolución Cubana votó este domingo, en una jornada que convocó a unos ocho millones de compatriotas para elegir, de forma libre y voluntaria, a los representantes del pueblo en los órganos locales del Poder Popular.

Se trata de un ejercicio democrático desde la base, donde los delegados municipales electos darán continuidad al quehacer que se despliega a instancias de circunscripción.

DE LA PISTA AL COLEGIO ELECTORAL

El Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, arribó a la Patria alrededor de las siete de la mañana de este domingo, tras concluir una intensa y exitosa gira por Argelia, Rusia, Türkiye y China, y su primera actividad en el archipiélago, inmediatamente después de tocar tierra, fue acudir a su colegio electoral, para ejercer el derecho al voto por uno de los candidatos de su circunscripción, para delegado a la Asamblea Municipal del Poder Popular.

A su llegada al aeropuerto internacional José Martí, el Jefe de Estado y la delegación que lo acompañó fueron recibidos por el vicepresidente de la República, Salvador Valdés Mesa; por el primer ministro, Manuel Marrero Cruz; y por el secretario de Organización del Comité Central, Roberto Morales Ojeda, todos miembros del Buró Político.

El periplo, realizado del 16 al 27 de noviembre, fue esencial para fortalecer los vínculos de cooperación y respeto mutuos entre la Mayor de las Antillas y las naciones visitadas; e incluyó reencuentros con la historia y momentos especialmente emotivos, como el de la inauguración, en la ciudad de Moscú, del monumento dedicado al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

A dos horas del cierre, habían votado más de cinco millones de cubanos

Hasta las cinco de la tarde de ayer, habían votado 5 332 591 cubanos, lo que representaba a esa hora el 63,85 % de los registrados en el padrón electoral.

El vocal del Consejo Electoral Nacional, Denys Buedo Hidalgo, detalló que, en las circunscripciones con más de dos candidatos en la boleta, existen más posibilidades de que ninguno de los propuestos obtenga el 50 % más uno de los votos, y sea necesario realizar una segunda vuelta, el próximo domingo, 4 de diciembre.

A esta etapa de las elecciones municipales se llegó con 26 746 candidatos nominados, el 44,69 % mujeres, el 17,07 % jóvenes, el 46,71 % negros y mulatos, el 29,95 % son actualmente delegados, el 0,74 % diputados, y el 91,6 % tiene nivel escolar medio superior y superior. 

Díaz-Canel: La gira presidencial demostró que Cuba no está sola

Después de ejercer su derecho al voto en las elecciones municipales que transcurrieron este domingo, el mandatario significó la sensibilidad por los problemas, el reconocimiento al pueblo y la disposición para apoyar a Cuba, lo que demostró que la Isla no está sola

Autor: Susana Antón Rodriguez | susana@granma.cu

Foto: José Manuel Correa

«Estoy satisfecho y feliz con la manera en que se acogió la visita que recién concluyó, por las conversaciones personales con los presidentes y los encuentros, que fueron también de relaciones de amistad», expresó Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, al hacer una valoración de los resultados de la recién concluida gira presidencial.

Después de ejercer su derecho al voto en las elecciones municipales que transcurrieron este domingo, el mandatario significó la sensibilidad por los problemas, el reconocimiento al pueblo y la disposición para apoyar a Cuba, lo que demostró que la Isla no está sola.

«El derecho que se ha ganado Cuba de que otros la defiendan en el mundo con la dignidad con que nosotros también enfrentamos las adversidades, tiene que ver con el concepto de resistencia creativa, que no es más que avanzar con nuestro propio talento y potencialidades, como lo hicimos en la pandemia», resaltó el Jefe de Estado.

Comentó que esta fue una visita necesaria y oportuna, porque las restricciones que impuso la COVID-19 durante tres años impidieron los contactos presenciales con líderes de países con los que tenemos buenas relaciones políticas y económico-sociales; incluso, naciones de las cuales depende mucho nuestro plan de desarrollo, porque sus proyectos de colaboración tienen un impacto directo en nuestra economía.

En un primer momento, precisó, no queríamos estar fuera del país porque hay muchas tareas complejas que abordar en estos tiempos. «Pero se tiene que tener en cuenta, cuando se asumen responsabilidades, que cumplir con la política exterior es una prioridad del país, del Partido y del Gobierno».

Sobre los resultados, el Presidente señaló que la alta sensibilidad con los problemas que enfrenta Cuba con el recrudecimiento del bloqueo, la coincidencia con la pandemia y las complejidades que están implícitas en la estrategia imperial contra nuestro país, así como el reconocimiento a la heroica resistencia del pueblo cubano, estuvieron presentes en cada uno de los momentos de la gira.

Díaz-Canel destacó que también se admiró de cómo una pequeña Isla, sin recursos, dio una respuesta más efectiva que la mayoría de los países del mundo a la COVID-19 y, de ahí, el aporte de nuestros científicos, las vacunas y sistema de Salud, un criterio que se ve reflejado en los intercambios comerciales con propuestas de estrechar la cooperación con la industria biofarmacéutica.

La disposición fue, además, a continuar avanzando en el intercambio, elevar las relaciones políticas –que ya son excelentes– con los cuatro países visitados e incentivar la cooperación económica, comercial y financiera.

Sobre los resultados y acuerdos derivados de las visitas realizadas, Díaz-Canel precisó que, tratadas de forma diferenciada con cada nación, se encontraron acciones concretas de restructuración de la deuda o de formas para hacerlo inmediatamente, con una disposición para comenzar a trabajar en ello y dar facilidades de pago al país para ir avanzando y no tener ralentizado un grupo de proyectos y negocios.

Ratificó que «Cuba tiene la voluntad, la disposición y el deber de honrar las deudas que tiene con otros países y, a partir de ahí, se vuelve a dar continuidad a un grupo de proyectos, y se amplían, renuevan y nacen otros que hace falta desarrollar en el país».

El tema energético –sostuvo– se abordó en dos direcciones fundamentales: suministro de combustibles con estabilidad y, por otra parte, un grupo de proyectos que permitan lograr una mejor situación de las plantas en Cuba, pero también desarrollarnos con otras tecnologías, sobre todo fuentes renovables.

Hay varias compañías interesadas y proyectos de gobierno, así como la disposición de hacerlo, manifestó el Presidente, y puntualizó sobre algunos ya concretos, como la donación por Argelia de una planta fotovoltaica.

Alrededor de la producción de alimentos hay una variedad de proyectos de desarrollo –a partir de la tecnología de esos países– de producción conjunta de alimentos en Cuba, para que exista un mejor abastecimiento a la población, dijo.

De forma general, recalcó, existe otro grupo de proyectos en turismo, biotecnología y salud pública, en los cuales hay empresas extranjeras que ya tienen el mercado y reconocen a los científicos nuestros.

También hay otros en el orden de la industria manufacturera, en el comercio interior, a partir de las medidas recientemente aprobadas de la inversión extranjera en el sector tanto mayorista como minorista, en el transporte y en el intercambio en la educación superior, la cultura y el deporte.

Resaltó el restablecimiento de los mecanismos de seguimiento de la agenda económica bilateral, en unos por Comisión Intergubernamental, y en otros por Consejos ministeriales, que se ratifican y tienen fecha de próximas sesiones.

Un tema común priorizado, y sobre el que se logró conversar, explicó el mandatario, es crear una infraestructura bancaria financiera robusta, que permita el intercambio directo con esos países, para evadir las sanciones y las medidas de restricción del Gobierno de Estados Unidos, como parte del bloqueo. «Creo que con esa arquitectura bancario-financiera podemos apoyar, de una mejor forma, la realización de esos proyectos», concluyó.

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Fidel está dondequiera que un cubano haga el bien

«Ser hermano de Fidel es un privilegio», ha dicho Raúl sobre el Comandante en Jefe, cuyo ejemplo lo ha inspirado como a toda la Isla

Autor: Dairon Martínez Tejeda | internet@granma.cu

Ceremonia honras fúnebres del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en el cementerio de Santa Ifigenia en Santiago de Cuba.
Raúl ha sido ejemplo supremo de fidelidad a su hermano de sangre y de luchas. Foto: Juvenal Balán

De pequeño lo veía como una joven promesa. Intranquilo, como suelen ser los muchachos, Raúl solo se llevaba las críticas, pero Fidel sentía que en él había algo más, un futuro; por eso lo asumió bajo su protección, no para mimarlo ni aplaudirle sus novatadas, sino para verlo crecer como hombre de bien.

Y creció, o mejor dicho, crecieron, del Moncada al Granma, de la prisión al exilio, de Alegría de Pío a la Sierra Maestra, de la derrota a la victoria definitiva aquel enero de 1959 y, en ese andar, con el peligro siempre a cuestas…, fundaron entre sí un vínculo indisoluble más allá de la sangre, basado en el amor y el respeto.

«Ser hermano de Fidel es un privilegio. Siempre fue, desde la infancia, mi héroe; porque de todos los hermanos, yo soy el cuarto. Está una hermana, la mayor, después Ramón, un año después Fidel, cinco años después yo. O sea, que él, llevándome cinco años, era mi hermano inmediato superior. Y siempre fue mi héroe, mi más cercano compañero, pese a la diferencia de edad».

Fidel y Raúl afrontaron juntos los peligros y retos de la Revolución. Foto: Archivo de Granma

De ese cariño mutuo la historia recoge anécdotas, sobre todo contadas por el Comandante en Jefe, pero ¿y Raúl? ¿Qué pensaba el General de Ejército de su hermano? ¿Qué vio en ese gigante que le motivó a seguirlo en todos sus lances y hasta asumir la alta responsabilidad de continuar su legado como Presidente y Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba?

Raúl no es un hombre de loas, pero que admiraba a Fidel es indiscutible, lo dejó claro en su mensaje revolucionario en la Casa de las Américas aquel 11 de septiembre de 1959: «Si Fidel Castro es hoy el líder más popular, más conocido y que más entusiasmo y adhesiones despierta en toda la América Latina, se debe no solo a la lucha armada de años, sino también, y principalmente, a que el poder revolucionario instituido bajo su dirección reivindicará resuelta y firmemente la soberanía nacional».

Y continuó en ese entonces: «Castigó severamente a los torturadores, asesinos y criminales de guerra. Inhabilitó a los políticos venales y traidores, a los dirigentes sindicales corrompidos, cómplices de la tiranía, y les confiscó sus bienes robados al pueblo. Disolvió los órganos del poder reaccionario, emprendió de inmediato medidas radicales de beneficios populares y, sobre todo y ante todo, la Ley de Reforma Agraria radical».

Aquellas medidas marcaron un hito en la historia de Cuba, el «con todos y para el bien de todos» añorado por Martí empezaba a visualizarse y para eso estaba Fidel, lo validaría Raúl, en 1959, en la concentración campesina para conmemorar el vi aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, y en apoyo a la Reforma Agraria:

«Fidel está aquí porque hace falta, porque la nave de la Revolución necesita un timonel como él, para que los traidores no puedan detener la maquinaria de su Revolución, para que los traidores no puedan desviar el curso de la nave de su Revolución. Para cumplir el cometido de nuestra Revolución, hace falta Fidel».

«El más preclaro hijo de Cuba en este siglo», diría Raúl, justo el 26 de julio de 1994, año difícil, mas gracias al líder histórico y su relación entrañable con el pueblo se logró «la heroica resistencia del país (…), el producto interno bruto cayó un 34,8 % y se deterioró sensiblemente la alimentación de los cubanos; sufrimos apagones de 16 y hasta 20 horas diarias y se paralizó buena parte de la industria y el transporte público. A pesar de ello se logró preservar la salud pública y la educación».

En ese entonces y ahora, Cuba continuó defendiendo las banderas del socialismo frente al periodo especial, al bloqueo imperialista, a las campañas mediáticas dirigidas a sembrar el desánimo en la ciudadanía… «Nuestro pueblo bajo la conducción de Fidel –aseveró Raúl– dio una inolvidable lección de firmeza y lealtad a los principios de la Revolución».

Fue él quien nos enseñó que sí se podía derrotar en menos de 72 horas la invasión mercenaria de Playa Girón; erradicar el analfabetismo en un año, proclamar el carácter socialista de la Revolución a 90 millas del imperio, mantener con firmeza los principios irrenunciables de nuestra soberanía sin temer al chantaje nuclear de Estados Unidos en la Crisis de Octubre, enviar ayuda solidaria a otros pueblos contra la opresión colonial, la agresión

externa y el racismo.

«La permanente enseñanza de Fidel es que sí se puede, que el hombre es capaz de sobreponerse a las más duras condiciones si no desfallece su voluntad de vencer», agregaría Raúl en el histórico discurso de despedida de nuestro Comandante en su tránsito a la inmortalidad.

En ese momento evocó, además, cómo bajo el ideal fidelista  se convirtió a Cuba en una potencia médica, se transformó en un gran polo científico en campos de la ingeniería genética y la biotecnología; desarrolló el turismo y resistimos, ayer y hoy, sin renunciar a los principios ni a las conquistas del socialismo.

De hermano a casi padre, Fidel fue y es el referente para todos los cubanos, en especial para quienes guardamos parte de él en nuestros corazones. Fidel es Fidel, y por eso es inmortal su legado, el mismo que Raúl Castro explicó en varias ocasiones.

Su hermano Raúl definió su eterna presencia, tan temprano como el 5 de septiembre de 1959, al expresar que «el pueblo continuará su obra cuando ya no esté físicamente porque Fidel está dondequiera que se trabaje (…), dondequiera que la Revolución avance. Fidel está dondequiera que una intriga se destruya, dondequiera que un cubano se encuentra laborando honradamente, dondequiera que un cubano, sea el que fuere, se encuentre haciendo el bien. Dondequiera que un cubano, sea el que fuere, esté defendiendo la Revolución, allí estará Fidel».

El profeta y las lecciones de la historia

Fidel viene del futuro porque allí habita, ese lugar donde convergen los mejores sueños y esperanzas de la humanidad

Autor: Raúl Antonio Capote | internacionales@granma.cu

Tal parece que está aún en su mesa de trabajo, siguiendo con vista de águila los acontecimientos recientes en Europa, la escalada de la guerra en Ucrania, el resurgir del fascismo y los peligros que acechan a la especie. Foto: Estudios Revolución

Viajar al futuro y regresar para alertarnos de la trampa, de la posible emboscada, del cambio de curso de la política de tal y más cual estratega o país, para advertirnos de los daños irreparables a la naturaleza, para regalarnos optimismo y fe a raudales, no era suficiente para quien cabalga un sueño tan grande y puro.

Llevaba en la frente el beso del Apóstol y en la mano la alquimia para sanar cualquier injusticia. Veía más porque miraba más lejos. Los horizontes convergían en su voluntad de hacer y vencer cualquier contratiempo.

No ser perfecto le hizo perfecto para su pueblo, que ante cualquier duda buscaba la palabra precisa y afirmaba, con absoluta convicción: «lo dijo Fidel».

No hacía predicciones, no era hechicero o brujo, aunque a veces lo creyéramos por su poder anticipatorio; era un revolucionario y un genial estadista, un observador y estudioso consagrado de las realidades de este mundo.

Pero, cómo no creer en sus dotes de adivino, cuando vislumbró la futura victoria de la Revolución en aquel encuentro en Cinco Palmas, o advirtió del reto que significaba esa victoria, y la dura lucha que vendría después del triunfo.

También advirtió del cambio climático y de la amenaza de una guerra nuclear o del fin de la Unión Soviética. Muchos no le creyeron, su pueblo sí.

El actual escenario mundial nos lleva otra vez a sus palabras, alertándonos sobre el papel de la otan, cuando dijo, en una de sus reflexiones, que «esa brutal alianza militar se ha convertido en el más pérfido instrumento de represión que ha conocido la historia de la humanidad».

Sobre la organización guerrerista también señaló: «Muchas personas se asombran al escuchar las declaraciones de algunos voceros europeos de la otan, cuando se expresan con el estilo y el rostro de las ss nazis».

Predijo, digámoslo así, la decadencia económica y política de occidente frente al protagonismo de Rusia y China.

«El imperio de Adolfo Hitler, inspirado en la codicia, pasó a la historia sin más gloria que el aliento aportado a los gobiernos burgueses y agresivos de la otan, que los convierte en el hazmerreír de Europa y el mundo, con su euro, que al igual que el dólar no tardará en convertirse en papel mojado, llamado a depender del yuan y también de los rublos, ante la pujante economía china estrechamente unida al enorme potencial económico y técnico de Rusia».

Cuando se cumplía el aniversario 67 de la victoria sobre el nazifascismo, escribió, en una de sus reflexiones: «Los yankis y los ejércitos sanguinarios de la otan seguramente no podían imaginarse que los crímenes cometidos en Afganistán, Iraq y Libia; los ataques a Pakistán y Siria; las amenazas contra Irán y otros países del Medio Oriente; las bases militares en América Latina, África y Asia; podrían llevarse a cabo con absoluta impunidad, sin que el mundo tomara conciencia de la insólita y descabellada amenaza».

Creía firmemente en la capacidad de la Federación de Rusia para ofrecer respuesta adecuada y variable a los más sofisticados medios convencionales y nucleares del imperialismo, y vencer, certidumbre que debió servir de consejo a los que baten hoy los tambores de la guerra contra ese país.

Alertó sobre el peligro de una guerra en la península de Corea, la que consideró uno de los más graves riesgos de guerra nuclear después de la Crisis de Octubre en 1962, un riesgo que sigue vigente.

«Si allí estalla una guerra, los pueblos de ambas partes de la Península serán terriblemente sacrificados, sin beneficio para ninguno de ellos», previno.

El 21 de marzo de 2012 escribió una de sus más proféticas reflexiones: Los caminos que conducen al desastre. En ella expresó su preocupación sobre el agravamiento de la crisis de supervivencia de la especie humana.

«Cuando expresé, hace 20 años, en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo en Río de Janeiro, que una especie estaba en peligro de extinción, tenía menos razones que hoy para advertir sobre un peligro que veía tal vez a la distancia de 100 años».

Entonces recordó ese día en Río, cuando los líderes mundiales presentes aplaudieron, quizá solo por cortesía, sus palabras, y «continuaron plácidamente cavando la sepultura de nuestra especie».

Su pregunta, centro de la reflexión, nos interroga aún: «¿Alguien piensa acaso que Estados Unidos será capaz de actuar con la independencia que lo preserve del desastre inevitable que le espera?».

Convencido, respondió: «Por mi parte, no albergo la menor duda de que Estados Unidos está a punto de cometer y conducir al mayor error de su historia». Y selló ese escrito con una lección: «Si no aprendemos a comprender, no aprenderemos jamás a sobrevivir».

Tal parece que está aún en su mesa de trabajo, siguiendo con vista de águila los acontecimientos recientes en Europa, la escalada de la guerra en Ucrania, el resurgir del fascismo y los peligros que acechan a la especie.

Fidel viene del futuro porque allí habita, ese lugar donde convergen los mejores sueños y esperanzas de la humanidad.

Fidel, en todas las dimensiones de la Revolución

Al Comandante en Jefe lo podemos encontrar en cada paso, en cada esquina y en cada obra social edificada con el esfuerzo de un país en Revolución

Autor: Mailenys Oliva Ferrales | internet@granma.cu

De su prédica revolucionaria, sustentada en el ejemplo mismo de quien vivió por y para los humildes, hemos aprendido también que la «Revolución es creer que se pueden mover montañas». Foto: Archivo de Granma

Arraigado en la fibra más íntima de la nación cubana, Fidel nos sigue acompañando desde la sobrevida. No hay metáfora en esa afirmación, sino certeza cabal de que su espíritu rebelde pervive en la cotidianidad de un país que no renuncia a la construcción de la obra social, emancipadora y humanista que es la Revolución.

El Comandante en Jefe también vive, especialmente, en el pueblo. Y es esa, quizá, la razón más hermosa que demuestra que su viaje a la inmortalidad –emprendido aquel desgarrador 25 de noviembre de 2016– figura solo como pretexto para extrañar su presencia física, pues hace mucho tiempo que su legado estaba impregnado en el sentir de millones de agradecidos.

Por eso, aunque haya partido a otra dimensión, Fidel no ha dejado de estar entre nosotros. Renace en cada batalla que libra el país, en cada nuevo desafío, en cada victoria, en cada niño que aprende a leer y a escribir la palabra Patria, en cada gesto de solidaridad o altruismo…, en la defensa de la verdad y de lo justo.

En presente también se habla del líder inquebrantable que jamás cedió un ápice frente a las amenazas del enemigo imperial; del hombre de ciencia que avizoró la necesidad de emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; del estadista con visión estratégica de futuro; y del político excepcional que con humanismo, inteligencia y constancia convirtió a una pequeña isla del Caribe en un referente mundial de lucha y resistencia.

De esa herencia moral se nutre hoy la fortaleza de los cubanos para sortear las más complejas adversidades que nos acechan. Los ejemplos sobran.

Basta con recordar que, cuando una pandemia sin precedentes puso en vilo a toda la humanidad, nuestros científicos fueron capaces de desarrollar soberanas vacunas para combatir con eficacia la terrible enfermedad, dentro y fuera de la Isla. No hubo duda de que ese resultado extraordinario era el fruto del empeño del líder histórico por fomentar la industria biofarmacéutica en el país.

Cuando nos quisieron arrebatar la tranquilidad con intentos de disturbios que amañaban los intereses injerencistas del gobierno estadounidense sobre nuestro cielo, la defensa de la soberanía nacional primó en el sentir de un pueblo comprometido con su historia y con la convicción fidelista de defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio.

Cuando otras naciones han necesitado la ayuda internacionalista ante la ocurrencia de epidemias, huracanes, terremotos y diversas situaciones de desastre, ahí han estado nuestros galenos del Contingente Internacional Henry Reeve poniendo en alto el nombre de la Mayor de las Antillas, brindando un servicio de calidad, devolviendo la esperanza a los más humildes y perpetuando, con su hacer, las ideas del Comandante.

Su semilla fértil, además, anda esparcida por todo el continente de América Latina y el Caribe; está en África, en Vietnam y en tantas otras naciones, donde el crisol de su vocación solidaria aún irradia con hondura bajo el principio de compartir lo que tenemos y no lo que nos sobra.

Martiano de honda raíz, nuestro «Quijote americano», como lo bautizara su entrañable amigo Hugo Chávez, no quiso monumentos en Cuba que lo glorificaran ni calles que llevaran su nombre. Y, ciertamente, no los necesita en su tierra. A Fidel lo podemos encontrar en cualquier sitio y en cualquier momento, proyectado en cada obra social edificada con el esfuerzo de un país en Revolución.

Lo podemos encontrar en el campesinado dignificado, en las mujeres emancipadas, en los maestros más consagrados… y en el espíritu deportivo y cultural de una nación que tiene ante sí el reto tremendo de continuar defendiendo la convicción profunda de que no existe poderío en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas.

Por eso ahora, cuando se nos convoca a participar, a construir, a formar parte activa de las transformaciones que demanda Cuba en medio de circunstancias económicas dificilísimas, muchos buscan las respuestas en Fidel, el gigante de verde olivo que nos enseñó que para sostener nuestra obra socialista tenemos que cambiar todo lo que deba ser cambiado, y desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional.

De su prédica revolucionaria, sustentada en el ejemplo mismo de quien vivió por y para los humildes, hemos aprendido también que la «Revolución es creer que se pueden mover montañas», y que es posible convertir en realidad los sueños colectivos si no nos faltan la unidad, la perseverancia y la fe en la victoria.

No existe huracán, por fuerte que sea, que quiebre la voluntad de recuperación de los cubanos. Eso también nos lo enseñó Fidel. No hay, tampoco, ninguna medida coercitiva del bloqueo que amilane nuestro empeño de seguir trabajando, de seguir fundando y de seguir resistiendo, porque la máxima que nos guía es la de luchar con audacia, inteligencia y realismo.

Y aunque sabemos que en lo adelante nada será sencillo, pues la política expansionista y neoliberal de las grandes potencias no se detendrá, Cuba seguirá sorteando los obstáculos bajo los principios inquebrantables de la Revolución, que es lo mismo que mencionar los innegociables preceptos que nos inculcó Fidel.

Absuelto por la historia, su ejemplo nos compromete, la vigencia de su obra nos guía, y su presencia de luz nos ilumina. Porque el Comandante en Jefe vive en todos los que no lo dejaremos morir; se agiganta en los que se levantan cada día a construir un país mejor; y se consolida en la belleza que emana del decoro.

Al retratarlo en versos, el argentino Juan Gelman expresaría: «Dirán exactamente de Fidel / gran conductor, el que incendió la historia etcétera / pero el pueblo lo llama el Caballo y es cierto / Fidel montó sobre Fidel un día / se lanzó de cabeza contra el dolor, contra la muerte…».

Y es que, sencillamente, nuestro líder histórico sigue palpitando en todas las dimensiones de la Revolución.

Lo que tiene Fidel

Lo que tenía Fidel, lo que tiene, es su fidelidad al pueblo: el respeto a los pactos y las promesas, la consulta de las grandes decisiones, el sacrificio de una vida entera en favor del reino de los humildes de la Tierra

Autor: Yeilén Delgado Calvo | nacionales@granma.cu

Foto: Ismael Batista Ramírez

Bastan pocas líneas para trazar su perfil reconocible sobre el lienzo. Con solo unas palabras –verdeolivo, uniforme, botas, barba– el pensamiento remite a su estatura. Apenas un grado, Comandante en Jefe, es suficiente para llegar a la sencillez de un nombre que se tejió, límpido, en la complejidad de un país.

Fidel se dice, y es como si se estuviera diciendo además Revolución y Cuba, y como si se hablara de sucesivas rebeldías, y de la invitación a no dejar de cometerlas, para seguir fundando la herejía de una Patria socialista que cree que con todos es posible el bien de todos.

Fidel es Fidel para el yo y para el nosotros, para sus contemporáneos, para los que crecieron bajo su discurso estremecedor y pedagógico, y para aquellos que conocieron su barba ya blanca y aún así fueron testigos de la apostura de la Sierra.

Es él, sin parangones, también para los nacidos después del 25 de noviembre de 2016, cuando murió para seguir renaciendo en los ojos inteligentes de una niña que mira a la pantalla del televisor y dice «Fidel» con la ternura de quien reconoce a un ser querido.

Se hizo parte Fidel de ese patrimonio simbólico que nos asaeta y consuela. Y en presente nos seguimos preguntando ¿qué tiene que los imperialistas no pueden con él? Esos que militan en el bando del odio, los enemigos indignos, los adoradores del yugo, asisten atónitos y descreídos a la sobrevida de un hombre que entró por los portones agrandados de la historia.

Lo que tenía Fidel, lo que tiene, es su fidelidad al pueblo: el respeto a los pactos y las promesas, la consulta de las grandes decisiones, el sacrificio de una vida entera en favor del reino de los humildes de la Tierra.

Y, asimismo, la fe en esa misma gente, en su agudeza, en su capacidad de sostener grandes proyectos, de entender la justicia de una lucha atroz y sostenida contra el torcido «orden natural» del mundo.

Decía: «Los cubanos no han querido otra cosa sino que sean suyas las determinaciones que solo su conducta; ¡que sea suya, y solo suya la bandera de la estrella solitaria que ondea en nuestra Patria! Que sean suyas sus leyes, sus riquezas naturales; que sean suyas sus instituciones democráticas y revolucionarias; que sea suyo su destino»; y una nación entera entiende la grandeza, la necesidad, de seguir diciendo: ¡Patria o Muerte!

Lo que tiene Fidel es la sensibilidad del líder triunfante que honró a los caídos desde las horas iniciales del proyecto revolucionario, que cruzaba puentes en medio de ciclones tremebundos, que no dejaba de idear cómo sortear, desde la ciencia y desde la habilidad, todos los asedios.

Y tiene la monumentalidad de una obra aún inabarcada en su profundidad, de la que se extraen continuas lecciones de hidalguía: «Nuestra Patria ha vencido las pruebas más duras, hemos llegado hasta aquí, y seguiremos adelante, labrando nuestro futuro, sin que ninguna fuerza pueda doblegarnos, intimidarnos ni obligarnos a renunciar a uno solo de nuestros principios».

Lo que tiene Fidel es que desde ese pensamiento hondísimo nos habla y lo seguirá haciendo. Lo que tiene Fidel es el amor a la Isla, ese que ella le devuelve.

Nos bloquean porque nos temen

Por Domingo Pérez

Imagen de Razones de Cuba

Como cualquier cubano común, muchas veces he reflexionado sobre las verdaderas razones que sostienen el criminal y genocida bloqueo de Estados Unidos contra Cuba. Recientemente, tras el nuevo ridículo que escenificaron 4 países, en el 77 Período Ordinario de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, una vez más volví a reflexionar sobre el asunto que nos ocupa.

Debe ser realmente penoso verse totalmente aislado, esgrimiendo estupideces de todo tipo, que ni el mismo representante de los Estados Unidos se las creía, y escuchar a decenas de oradores que denunciaban en su propia cara el carácter ilegal, extraterritorial y abusivo de ese engendro maquiavélico.

Entonces arribé definitivamente a la conclusión de que las causas no podían ser solo el millonario negocio que se esconde detrás de esa maquinaria de odio o la propia esencia agresiva del Imperio que, por demás, desde su surgimiento ha estado obsesionado con apropiarse de nuestro archipiélago.

Se trata del ejemplo que representa Cuba para el mundo y aunque la prepotencia los ciega, haciendo que cometan constantes errores de cálculo, están conscientes y reconocen que si con cientos de medidas de todo tipo, incluyendo hasta la agresión directa con fuerzas mercenarias, acciones terroristas, guerra económica, comercial, diplomática, financiera, biológica… no han podido destruirnos y el país exhibe indicadores de calidad de vida superior a países desarrollados, qué no seremos capaces de hacer sin bloqueo.

Además, el acoso mediático incluye el cierre de cuentas revolucionarias en diferentes plataformas digitales, para silenciar la verdad. No cabe la menor duda que nos temen y están conscientes de que si eliminan el bloqueo, en muy breve tiempo, hasta los más incrédulos descubrirán que solo el Socialismo es capaz de salvar a la humanidad de la autodestrucción a la que el Capitalismo la está arrastrando.

Testimonios del Periodo especial sobre Fidel que atesora el exministro de Economista José Luis Rodríguez

Cuba Historia

Canal Caribe.- Y como parte de la serie de testimonios realizada por el Centro Fidel Castro Ruz en homenaje al sexto aniversario de la partida física del Comandante en Jefe, hoy nos acercamos a algunos de los tantos recuerdos que atesora el destacado economista de Cuba, José Luis Rodríguez, un hombre que, durante 25 años, fue colaborador cercano del Líder de la Revolución Cubana.

José Luis Rodríguez: “Para Fidel no había economía sin política ni política sin economía”

Cubaperiodistas.cu

septiembre 3, 2019

Para Recordar a Fidel en su 93 cumpleaños, la Unión de Periodistas de Cuba auspició un conversatorio con el Dr. José Luis Rodríguez, quien fuera colaborador del Comandante y ministro de Economía durante los duros años del Período Especial.

Rosa M. Elizalde: Quien va a hablarnos es muy conocido. Fue Ministro de Economía durante todo el Período Especial, uno de los arquitectos —con Fidel, por supuesto, como maestro de obra— de la estrategia que permitió que el pueblo cubano sobreviviera en la peor crisis que ha vivido la Revolución en sus más de 60 años de existencia.

Actualmente José Luis Rodríguez es asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial, colaborador de Cubadebate y uno de los pocos economistas que está tratando de interpretar con objetividad, desde la pedagogía de Fidel y su visión socialista, las transformaciones económicas y sociales que se iniciaron con los Lineamientos del Partido en ya casi una década.

Hoy nos hablará del pensamiento económico Fidel, porque mañana es el cumpleaños 93 del líder de la Revolución. A tono con las nuevas medidas que han celebrado los periodistas y todo el sector público, consideramos que debíamos recordar de dónde vienen estas decisiones que benefician a millones de cubanos, con un hombre que estuvo todos los días junto al Comandante en Jefe —mañana, tarde y noche—, tratando de alimentar a un pueblo y de desarrollar a un país en las condiciones más adversas.

Gracias, José Luis, por estar acá, un abrazo y bienvenido. Tienes la palabra.

José Luis Rodríguez: Gracias a ustedes por la invitación. Hay muchos compañeros que pueden hablar de esa época y de otros momentos, de la obra de Fidel y del trabajo con Fidel. Realmente me considero muy afortunado. La vida de una persona tiene momentos determinantes, y para mí lo fue sin duda alguna haber podido colaborar con Fidel durante veinticinco años.

Esa colaboración empezó cuando se crea el Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM), en 1979, durante el período en que Cuba presidió los No Alineados. El objetivo del CIEM era asesorarlo a él en temas de economía internacional, de economía mundial, y a partir de ahí comenzamos un trabajo, primero de ayuda en la elaboración de materiales y discursos. Pueden imaginar la enorme responsabilidad que tuvimos encima -Osvaldo Martínez, que dirigía el CIEM en ese momento, y yo, que era el subdirector, aunque ambos éramos profesores con cierta experiencia en la universidad.

En mi caso, había trabajado en empresas (era contador) y, además, había trabajado los temas económicos por dentro. La experiencia de haber dado clases en la universidad desde 1967 ayudaba mucho a la hora de traducir ideas, de presentarlas lo más sencilla y objetivamente posible.

Relevancia del pensamiento económico

Hay toda una serie de anécdotas que revelan la importancia que Fidel le daba a ese trabajo y a la economía propiamente dicha, de todas formas era realmente un trabajo de mucha responsabilidad.

Los primeros contactos que tuve con él fueron telefónicos. Me acuerdo que un día de un discurso en un aniversario de los CDR me avisaron en mi casa: “lo va a llamar el compañero Fidel”. Me quedé electrizado, era la primera vez que iba a hablar directamente con él, y estuvimos conversando como dos horas por teléfono. Ustedes saben cómo era Fidel, habló de cuanta cosa en ese momento estuviera discutiéndose en la economía, en la política internacional, etcétera. Él hacía preguntas y yo trataba de responderlas.

Empezamos a trabajar directamente con Chomy (José Ramón Miyar Barruecos) que era el secretario del Consejo del Estado y atendía directamente los vínculos de Fidel con el Equipo de Apoyo. También estaban otros compañeros que atendían los temas que no eran de economía, como el periodista Julio García Luis; Pedro Álvarez Tabío, que era el editor del Consejo de Estado: su último trabajo fue enorme: Cien horas con Fidel, que se desarrolló con mucha calidad, y había otro grupo de compañeros que eventualmente colaboraban en este sentido.

El interés de Fidel por los temas de economía internacional creció mucho a partir su discurso en Naciones Unidas en 1979. Fidel levantó la idea de crear un fondo de trescientos mil millones para impulsar el desarrollo. Empezó un trabajo muy intenso para promover estas ideas con participación en una serie de eventos. Eso fue entre 1980 y 1983, aproximadamente.

La crisis económica y social del mundo

Ya a finales de 1982 y principios del ‘83, Cuba tiene que entregar la presidencia de los No Alineados a la India. Fidel decide hacer un libro que se llamó La crisis económica y social del mundoque se entregó en la Cumbre de Nueva Delhi. En el texto se analizaba la coyuntura internacional en todos sus aspectos: los problemas de alimentación, la industrialización, del medioambiente (que empezaban a tratarse en ese momento). Fue un trabajo muy intenso. Un grupo de compañeros, prácticamente estuvimos internados durante dos meses preparando los borradores, después de haber discutido con Fidel el esquema y los borradores de cada uno de los capítulos. Teníamos sesiones de discusión con él en relación a lo que se presentaba, a lo que él creía.

Fidel revisó y, en definitiva, palabra por palabra de ese libro. Es decir, se leyó todos los capítulos, discutió todos los capítulos y, desde luego, de cada discusión salían nuevas versiones y nuevos elementos a incluir. Al final él tuvo la gentileza de reconocer en el prólogo del libro el trabajo del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial, y de otros como el Centro de Investigaciones de la Economía Internacional, de la Universidad de La Habana, que también había colaborado con un grupo de compañeros.

Sobre ese libro hay muchas cosas que se pudieran contar. Ya en ese momento, los criterios de Fidel eran muy firmes en relación a temas como la crisis. El título del libro él lo defendió (La crisis económica y social del mundo), aunque en el mundo había países capitalistas y países socialistas.

Se hicieron traducciones a cuanto idioma fundamental existía: el inglés, el francés, el alemán, el ruso, el árabe, y todo eso se preparó en paralelo, para entregarlos en la Cumbre de Nueva Delhi en el ’83. Cuando llega la traducción al ruso los camaradas soviéticos dijeron que ellos no estaban de acuerdo con el título, porque se incluían los países socialistas, pero Fidel no cedió y dijo que la crisis económica y social estaba afectando al mundo.

Esto, provocó una reacción no muy agradable por parte de los soviéticos, y la edición rusa del libro fue de sólo cuatrocientos ejemplares, que no alcanzaban ni a uno por biblioteca en la Unión Soviética de entonces. Pero él no cedió con el título del libro y el libro en ruso también se llama La crisis económica y social del mundo. No del mundo capitalista, no del mundo subdesarrollado: del mundo. Porque ya había elementos suficientes para hablar de ciertas crisis en los países socialistas.

Era la etapa, año 1983, en que Cuba estaba participando en las guerras de liberación de África. Hay toda una serie de historias que contar también en ese sentido, sobre la participación de los soviéticos en esos hechos. Ocurrieron también otros intercambios en los que Cuba tuvo que asumir expresamente la defensa del país.

Recordemos la famosa conversación de Yuri Andropov con Raúl cuando le dijo que si había un ataque a Cuba ellos no iban a participar directamente; es decir, había toda una serie de elementos que ya daban señales de que no estábamos, digamos, de acuerdo en una serie de cuestiones, y Fidel tenía sus criterios muy firmes en ese sentido, no todos públicos, desde luego. Él se cuidaba mucho de no crear un cisma, cualquier grieta que pudiera ayudar al enemigo en ese momento, pero en realidad tenía criterios muy definidos en relación a lo que estaba ocurriendo en la economía mundial y la responsabilidad que, en este sentido, tenían los países socialistas.

Fidel en ese momento, inmediatamente después del año ’83, nos pidió que le preparáramos un plan de estudio de los temas de economía en general, pero de economía mundial en particular.

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