Cuando no pueden vencer asesinan

Por Arthur González

Imagen de Razones de Cuba

Quien revise la historia podrá comprobar que los yanquis emplean el asesinato como método, cuando no pueden vencer a quienes no se dejan doblegar. Los ejemplos son muchos y Cuba acumula una buena parte de ellos, porque ante la impotencia de no poder impedir el triunfo de la Revolución de 1959, a Fidel Castro le organizaron más de trescientos planes para asesinarlo, según consta en documentos secretos y declaraciones de sus implicados.

Un amplio memorando para el director de la CIA, fechado el 11 de diciembre de 1959, firmado por J.C. King, jefe de la División del hemisferio occidental de la CIA, donde analiza la situación cubana en los primeros 11 meses, propone un grupo de acciones para alcanzar el objetivo deseado de Estados Unidos:

“El derrocamiento de Castro en el término de un año y su reemplazo por una Junta que sea del agrado de los Estados Unidos, la cual convocará a elecciones seis meses después de su llegada al poder”.

La última proposición plantea sin el menor respeto a los derechos humanos:

“Se le debe dar una cuidadosa atención a la eliminación de Fidel Castro. Ninguno de los que se hallan cercanos a Fidel, como por ejemplo su hermano Raúl y su compañero Che Guevara, tienen el mismo carisma sobre las masas. Muchas personas bien informadas consideran que la desaparición de Fidel aceleraría grandemente la caída del gobierno actual”.

El 23 de marzo de 1967, el director de la CIA, Richard Helms, solicitó al Inspector General, J. S. Earman, la confección de uninforme sobre conspiraciones para cometer el asesinato de Fidel Castro, a partir de una orden del presidente Lyndon B. Johnson, después de aparecer el 7 de marzo en The Washington Post, un artículo sobre ese tema escrito por Jack Nicholson, en la columna del periodista Drew Pearson, donde denunciabaun plan reportado de la CIA en 1963, para asesinar a Fidel Castro de Cuba.

Ese voluminoso informe del Inspector General de 1967 sobre los planes de la CIA para asesinar a Fidel Castro, fue considerado como el documento más importante realizado por la CIA, desclasificado en 1994, donde se exponen las relaciones de la CIA con la mafia italo-norteamericana para ejecutar alguno de esos planes, con la promesa de permitirle volver a ser dueños de los casinos de juego, la prostitución y las drogas en Cuba.

En 1975 se creó en el Congreso de Estados Unidos el Comité Selecto, para estudiar las Operaciones Gubernamentales respecto a las Actividades de Inteligencia (Comité Church), bajo el título: “Conspiraciones para cometer asesinatos que implican a líderes extranjeros”.

El Comité Church puso al descubierto el papel de la CIA en los planes para asesinar a Fidel Castro y la prensa lo divulgó la historia de las conspiraciones de la CIA con la mafia para cometer asesinatos, algo que no pudieron negar, evidencias de que cuando Estados Unidos no puede lograr el objetivo de doblegar a los dirigentes de otros países o líderes internos, el asesinato es la mejor solución. Martin Luther King fue uno de ellos.

Igualmente, el magnicidio de John F. Kennedy, vincula a la CIA, la mafia y a miembros de la comunidad cubana, de ahí la oposición a desclasificar todo el material disponible de la investigación.

Documentos secretos también exponen la participación de Clare Timberlake, embajador yanqui en el Congo Belga, en el asesinato de Patricio Lumumba, dirigente de esa nación africana.

El golpe militar en Chile contra Salvador Allende, tantas veces negado, finalmente fue reconocido que se fraguó en el cuartel general de la CIA, con apoyo del Departamento de Estado.

Realmente son múltiples los ejemplos y el más reciente intento de asesinato ocurrió la noche del 3 de mayo 2023 en Moscú, cuando dos drones lanzados por Ucrania impactaron contra las instalaciones del Kremlin, lugar donde se encuentra la residencia oficial del presidente Vladimir Putin. La participación de Estados Unidos es evidente, por ser el país que dirige la guerra contra Rusia y abastece de armamento a Kiev.

Por supuesto que resulta usual la negación de la CIA, bajo el viejo principio establecido en la Carta de la Agencia para todas sus operaciones, de la negación plausible.

Ucrania dispone de drones propios (UJ-22 de Ukrjet) que pueden alcanzar blancos a 800 kilómetros de distancia y entre la frontera ucraniana al Kremlin hay aproximadamente 450 kilómetros en línea recta.

El pasado mes de febrero un dron UJ-22, cayó a 10 kilómetros al sur de Moscú y a principios del 2023 la empresa estatal ucraniana Ukroboronprom, informó la producción del primer modelo de un dron con un alcance de mil kilómetros.

Ante tantas evidencias y antecedentes históricos, rápidamente Kiev y Washington, niegan cualquier implicación en el intento de asesinar al líder ruso y despliegan su arsenal mediático siempre listo a modificar la verdad, algo que durante años hicieron con los planes para asesinar a Fidel Castro, sin el menor ápice de humanidad.

No se equivocó José Martí cuando afirmó:

“Viví en el monstruo y le conozco las entrañas”.

El odio no acaba, se multiplica

Por Arthur González

Imagen de Razones de Cuba

Han transcurrido 64 años del triunfo de la Revolución cubana, que Estados Unidos no pudo impedir, y el odio que sienten no se acaba, se multiplica cada vez más, con el marcado deseo de derrocar el proceso socialista, algo que no han podido lograr.

El asunto no se inició a partir de la nacionalización y confiscación de las propiedades de empresas estadounidenses, como quieren hacer ver desde Washington para justificar su criminal guerra económica, comercial y financiera, la más larga en la historia humana.

La verdad está recogida en los propios documentos del régimen yanqui, donde se demuestra que el odio hacia la Revolución comenzó antes del triunfo de enero de 1959, demostrado en las palabras del director de la CIA, Allen Dulles, durante la reunión del Consejo de Seguridad Nacional celebrada el 23 de diciembre de 1958, cuando expresó:

“Es necesario evitar la victoria de Fidel Castro”. Y agregaba el presidente Dwight Eisenhower:

“Tengo la esperanza de lograr una tercera fuerza que crezca en fortaleza e influencia, si se organiza alrededor de un hombre capaz, equipado con armamentos y financiamiento”.

Una victoria de Fidel no era la mejor opción para los intereses yanquis, después de conocer sus posiciones nacionalistas expuestas durante el juicio por el asalto al Cuartel Moncada, en 1953.

Esto prueba que el odio hacia Cuba comenzó mucho antes y crece con cada revés que sufre la política criminal y subversiva diseñada por Estados Unidos.

Según datos desclasificados, en los años 50 del siglo XX, la Estación de la CIA y el FBI en Cuba, ya utilizaban agentes encubiertos bajo la fachada de comerciantes, sumado a los oficiales designados como “diplomáticos” en la embajada y el consulado en la ciudad de Santiago de Cuba, quienes desde enero de 1959 incrementaron su trabajo para socavar a la Revolución, mediante la organización de redes de agentes que buscaban información para facilitar los planes de hacer fracasar los programas revolucionarios.

El gobierno cubano no tuvo alternativas para defenderse y ante cada acción yanqui se vio obligado a tomar medidas de respuesta, entre ellas la nacionalización y expropiación de sus propiedades.

Los cubanos que abandonaron el país y dejaron atrás sus bienes, incluidas industrias y centros de servicio, los perdieron. Quienes permanecieron en Cuba recibieron la indemnización correspondiente y ahí están los documentos que lo avalan.    

Sin embargo, desde Miami, aquellos que viven del cuento del “exilio”, que les permitió enriquecerse y hasta hacer carreras políticas, no cesan de destilar su odio enfermizo que corroe hasta la política exterior de Estados Unidos.

Ejemplo de ello es el recién proyecto de ley sobre marcas nacionalizadas en Cuba, presentado el 9 de marzo 2023 por un grupo de legisladores, denominado «No Stolen Trademarks Honored in America», que procura prohibir a los tribunales yanquis, validar cualquier derecho sobre negocios o activos que fueron nacionalizados por el Gobierno revolucionario, con el objetivo de evitar que Cuba pueda vender en un futuro, sus productos en el mercado norteamericano.

Dicho proyecto es promovido por congresistas miembros de la mafia anticubana y como es habitual en esas acciones contra Cuba, está encabezado por el corrupto senador Bob Menéndez, presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado y Marco Rubio, miembro del Subcomité de Relaciones Exteriores del Senado para el hemisferio occidental, quienes constantemente chantajean al presidente Joe Biden, para evitar que mejore las relaciones con La Habana.

Para esos mafiosos, que no soportan la victoria de Cuba ante los 64 años de agresiones yanquis, cualquier confiscación o incautación de activos por parte del régimen cubano, es y será siempre un “acto criminal” que no debe ser recompensado por el Gobierno de los Estados Unidos”.

De ser aprobada esa ley, “prohibiría el uso de las marcas comerciales, cuando quien las utilice haya conocido en el momento de adquirirlas, que el nombre de las mismas es igual o similar al de las que fueron confiscadas por el Gobierno revolucionario cubano”.

Una de las marcas que más persiguen es la de los rones cubanos, principalmente el afamado Habana Club, porque detrás está el consorcio Bacardí, debido a que ese ron es muy superior al de ellos, al alcanzar desde hace años altos niveles de venta en el mundo.

Es conocido que la compañía Bacardí sufraga planes subversivos contra Cuba desde la creación de la Fundación Nacional Cubano Americana, que presidió el terrorista Jorge Más Canosa, y aporta sumas millonarias a las campañas electorales de esos senadores y otros, incluidos varios representantes que hacen carrera gracias al dinero que reciben de dicha compañía.

Cuba Ron, con su socio el grupo francés Pernod Ricard, logró registrar en Estados Unidos la marca Havana Club, que lleva el nombre de una marca nacionalizada en la Isla, pero que su registro original estaba vencido y por tanto, no era legalmente propiedad de sus antiguos dueños, situación que ocultan los enemigos de la Revolución, pero sí reconocido por los tribunales estadounidenses al fallar a favor de Cuba, en abril del año 2022, en sentencia firme ante demanda impuesta por la compañía Bacardí, que expresa: “La marca Havana Club, es una propiedad totalmente cubana”.

La verdadera historia que manipulan desde Estados Unidos, es que en 1960 el gobierno cubano confiscó legalmente la marca Havana Club, junto con otros activos de la empresa de José Arechabala S.A., grupo productor de bebidas alcohólicas y azúcar. En esa fecha Arechabala ya no vendía esa marca y había dejado de pagar su registro.

Ante el incremento de las ventas cubanas del ron Habana Club y la fama alcanzada a nivel mundial, Bacardí oportunistamente compró en 1995 la marca que fuera de José Arechabala, aprovechándose de que, por las leyes del bloqueo impuestas desde 1962 por Estados Unidos contra Cuba, no se podía comercializar ningún producto cubano en ese mercado.

Bacardí inició las ventas de un ron producido fuera de Cuba, bajo la marca Habana Club, engañando a los compradores que suponían era un producto netamente cubano.

Sin embargo, la marca del ron Bacardí sí estaba vigente cuando sus propietarios abandonaron la Isla después de 1959 y por eso, aunque la fábrica en Santiago de Cuba fue expropiada, Cuba no continuó utilizándola.

Su odio hacia Cuba no tiene fin, porque como afirma el plan de Acciones Encubiertas de la CIA, aprobado en marzo de 1960: “El objetivo es provocar la sustitución del régimen de Castro por uno que sea más aceptable para Estados Unidos”.

Exacto fue José Martí al decir:

“El odio no construye”.

Golpes de Estado en el siglo XXI, el putsch de los conglomerados mediáticos

Los golpes del siglo XXI apelan al caos, a aplicar terapias de choque mediante la guerra económica, sicológica, cultural y si es necesario entran a desempeñar su papel las fuerzas armadas, siempre como libertadoras o tras el manto de la «ayuda humanitaria»

Autor: Raúl Antonio Capote | internacionales@granma.cu

La violencia contra el pueblo en los golpes de Estado se justifica como «estado de necesidad». foto: afp
La violencia contra el pueblo en los golpes de Estado se justifica como «estado de necesidad». Foto: AFP

En la madrugada del 10 de marzo, previo a las elecciones de 1952, un golpe de Estado perpetrado por Fulgencio Batista instauró una cruenta dictadura en Cuba.

El régimen implantado por el «hombre fuerte» de EE. UU. fue uno de las más bárbaros en el continente. Los órganos represivos articulados dentro del Ejército, la Policía y la Marina, bajo la asesoría directa del FBI y la CIA, sembraron el terror y la muerte en la Isla.

A partir de 1947, una ola de asonadas se había extendido por el continente americano.

No debemos olvidar que, en 1946, se creó el Western Hemisphere Institute for Security Cooperation, nombrado Escuela de las Américas a partir de 1963; se instituyó en 1948 la Organización de Estados Americanos (OEA), y el 2 de septiembre de 1947, en Río de Janeiro, se firmó el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR).

En los años 60 y 70, en el marco de la Estrategia de Contención de Washington, y de la Doctrina de Seguridad Nacional, se produjo, de nuevo, una constelación de cuartelazos en numerosas naciones latinoamericanas, entre ellas Brasil, Bolivia, Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile.

Los regímenes creados a partir de las asonadas militares de esos años, bajo la fuerte presión de las denuncias internacionales sobre violaciones de Derechos Humanos, pero, sobre todo, por la resistencia cada vez más organizada de los pueblos, comenzaron en los 80 a dar paso a transiciones democráticas, muchas de ellas mediatizadas, para impedir el triunfo de procesos radicales que afectaran los intereses de Washington en la región.

Sin embargo, ¿el regreso de la «democracia» significó el fin de los golpes de Estado?

Si definimos estas acciones como «la toma ilegal del poder por parte de una facción política, una secta, un grupo rebelde o militar, por cualquier medio», como lo precisan varios manuales y especialistas del tema, pudiéramos llegar a la conclusión de que, lejos de desaparecer, las tomas violentas del poder solo han cambiado de matices.

¿Cómo definiríamos lo sucedido en Bolivia en 2019, o en Brasil, contra el gobierno de Dilma Rousseff; los intentos por derrocar a Hugo Chávez en Venezuela y a Daniel Ortega en Nicaragua?

Hoy las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones permiten trasladar las acciones a un terreno diferente y mucho más efectivo.

Los grandes conglomerados mediáticos, las redes sociales digitales y la ciberguerra entran a desempeñar un papel primordial en las asonadas actuales, elementos a los que se suman métodos más tradicionales, como el uso de paramilitares, grupos criminales, etc.

En el caso de América Latina y el Caribe, hay que tener en cuenta el papel que tienen el lawfare, las ong al servicio de la comunidad de inteligencia yanqui y los militares.

No exentos de violencia, a pesar del apellido impostado de «suaves», los golpes del siglo XXI apelan al caos, a aplicar terapias de choque mediante la guerra económica, sicológica, cultural y si es necesario entran a desempeñar su papel las fuerzas armadas, siempre como libertadoras o tras el manto de la «ayuda humanitaria».

¿Solo existe preocupación por los presos en Cuba?

Por Arthur González

Imagen de Razones de Cuba

Se conoce que la manipulación mediática contra Cuba es total y abarca todos los ámbitos de la sociedad. Es el método empleado por el régimen de Estados Unidos para satanizar a la Revolución, porque no soportan que exista un país con un sistema socialista a solo 90 millas de sus costas.

Por esa razón, esgrimen el miedo al comunismo basado en campañas de que “ese sistema es un fracaso”, como hacen desde 1947 bajo la doctrina Truman, utilizada maquiavélicamente por el senador Joseph R. McCarthy, quien desató una cacería de brujas dentro de los Estados Unidos, para perseguir y condenar a miles de ciudadanos acusados de ser comunistas, con el propósito de que nadie tuviera ideas afines con el socialismo.

Lo mismo concibieron contra la Revolución cubana y lo confirman los planes de la CIA aprobados desde abril de 1959.

El tema de los presos en Cuba es desarrollado por los yanquis como un método para acusar a la Revolución, cuestionando las razones para condenar a quienes actúan a favor de Estados Unidos, en su intento sostenido de desestabilizar el orden interno, con el objetivo de derrotar el proceso revolucionario.

Así sucedió con los juicios celebrados a los asesinos, torturadores y esbirros del dictador Fulgencio Batista; con los agentes de la CIA que cometieron actos terroristas, asesinatos y otros crímenes; con los miembros de los grupúsculos contrarrevolucionarios creados y financiados por Estados Unidos; hasta los más recientes detenidos por los actos de violencia ejecutados contra centros comerciales, agentes y medios de la policía, durante los disturbios del 11 de julio 2021, estimulados por los yanquis a través de las redes sociales.

El denominador común empleado por Estados Unidos ha sido condenar las sanciones impuestas por los tribunales revolucionarios y exigir la liberación de los comisores de esos delitos, algo que no piden para los presos en sus cárceles, latinoamericanas o europeas.

A tal punto llega la tergiversación que hacen contra Cuba, respaldada por amplias campañas de prensa, que lograron que el Vaticano solicitara a través del cardenal Beniamino Stella, enviado especial del Papa, la amnistía para los presos en la Isla calificados por los yanquis de “políticos”, pedido que mucho agradó a la contrarrevolución y sus patrocinadores en Estados Unidos.

Sin embargo, resulta llamativo que esta “preocupación” por los presos en Cuba, a la que se suman diplomáticos de la Unión Europea, no se manifieste ante la terrible situación que sufren los presos en las cárceles de Ecuador y los detenidos injustamente en Perú, por protestar pacíficamente ante el golpe de Estado respaldado por la embajada de Estados Unidos en Lima.

Para los presos y detenidos en países afines a Washington, nunca hay preocupaciones ni súplicas, entre ellos Julián Assange, quien, por practicar un periodismo de denuncia ante los crímenes cometidos por los yanquis, sin haber sido juzgado está recluido en una cárcel de máxima seguridad en el Reino Unido y no es calificado como preso político, situación que corrobora la falsedad de la “preocupación” por Cuba y sí una posición politizada con fines mediáticos.

¿Por qué no existen solicitudes de clemencia y amnistía para los casi 3 mil menores de edad que cumplen condenas de cadena perpetua y morirán en prisiones estadounidenses, sin esperanzas de obtener la libertad condicional?

En ese país convertido en el “juez supremo” del mundo, hay 2,500 reclusos que cumplen cadena perpetua, sancionados cuando aún eran niños, sumandos a 10 mil menores internados en prisiones para adultos y sometidos a todo tipo de agresiones, sin que los “preocupados” países de la Unión Europea, ONG dedicadas a velar por los derechos humanos en Cuba y otros países afines a Estados Unidos, condenen tal situación.

No hay preocupaciones porque los yanquis consideren que un niño entre 10 y 14 años, pueda ser juzgado como adulto y enviado a centros penitenciarios junto con mayores, pero cuando Cuba juzgó a menores con 16 años, los gritos se escucharon en todo el mundo, hurgaron en qué lugares eran internados y el trato que recibían, a pesar de que la Isla posee un sistema diferenciado para los menores que cometen delitos y cuenta con personal profesional para trabajar en los planes de reeducación.

Hasta el año 2005 en Estados Unidos se ejecutaba a los niños y se calcula que desde inicios del siglo XX hasta el 2005, se le aplicó la pena de muerte a 365 niños, de ellos 22 con posterioridad a 1985, sin que se conformaran campañas internacionales para exigir una amnistía.

Un estudio de la organización Equal Justice Initiative, afirma que “los niños encarcelados en Estados Unidos caen en situaciones desesperadas, conduciéndolos a un punto en el cual no pueden manejar sus emociones y los retos de la adolescencia, encuentran respuesta en la violencia y agresividad”.

Al menos en 14 estados se trata a toda su población penal como si fueran mayores de edad, lo que implica que muchos niños sean violados y maltratados por los presos adultos, pero esto parece no preocupar a los que ahora lo hacen con Cuba.

Pero no solo Estados Unidos condena a niños, hay 72 países en el mundo donde los menores pueden recibir esa pena, entre ellos 49 de los 53 Estados de la Mancomunidad Británica de Naciones, según un estudio de 2015 de la Red Internacional de los Derechos de los Niños, a pesar de estar vigentes varios tratados internacionales que prohíben la imposición de esas condenas, entre ellos el artículo 37 de la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño de 1989, ratificada por todos los países salvo Estados Unidos y Somalia.

Solo en el año 2019, más de 696 mil niños y adolescentes, fueron encarcelados y de esos, 653 solo en una sola noche de ese año, los que fueron internados en prisiones de adultos, pero Estados Unidos no recibe sanciones de la comunidad internacional, del Parlamento Europeo o la OEA, ni se aprueban resoluciones que muestren la preocupación ante tantas violaciones a los derechos de niñas y niños.

Un ejemplo de la crueldad del régimen estadounidense fue la ejecución en la silla eléctrica del niño George Stinney, de 14 años, el 10 de junio de 1944 y que 70 años después, las autoridades judiciales admitieron que se le habían violado sus derechos porque realmente era inocente.

¿Dónde está la preocupación y exigencias de amnistía para los presos de Ecuador, hacinados y masacrados en cárceles de ese país?

Entre el año 2020 y el 2021, fueron asesinados más de 400 reclusos en cárceles ecuatorianas, por diferentes riñas entre bandas rivales que se disputan el control de las prisiones, pero no hay condenas al gobierno ni enviados especiales, porque es un aliado incondicional de los yanquis.

Cuba, que no tiene situaciones similares, recibe constantemente presiones y “preocupaciones”. La razón es sencilla, es un país socialista que no se somete a las órdenes yanquis.

Pero como expresó José Martí:

“Alzar la frente es mucho mejor que bajarla”.

La guerra biológica contra Cuba

Cuba Contra Cuba Historia Contrarrevolución

La pupila asombrada.- El dengue hemorrágico y su introducción en Cuba por la CIA.

Ciencia cubana vs Bioterrorismo

Martha Pon – Capitán San Luis

El futuro de nuestra Patria tiene que ser, necesariamente, un futuro de hombres de ciencia, de hombres de pensamiento. Fidel Castro

Cuba es ejemplo ante el mundo por los importantes logros en la ciencia y por la colaboración internacional en las diferentes ramas de la salud. Hombres y mujeres que trabajan en los órganos científicos del país y fuera de estos, se esfuerzan diariamente por salvar al género humano de las consecuencias de la llamada “ciencia sin conciencia”, como formulara Rabelais en el siglo XVI. Y es que nuestro pueblo ha sido objetivo de ataques bioterroristas durante los ya 60 años de Revolución. En un estudio realizado en Estados Unidos sobre los aspectos del desarme de la guerra química, biológica y radiológica, se menciona una lista de patologías contra personas, animales y plantas como armas para la guerra biológica y se reconoce el uso de estos medios como muy “efectivos” para acciones encubiertas.

La Editorial Capitán San Luis publicó en el 2008 el libro La guerra biológica contra Cuba, de Ariel Alonso Pérez donde aparecen las historias de esa guerra biológica a la que hemos sido sometidos.

Confesiones de un ex oficial de la CIA sobre las agresiones de bioterrorismo contra Cuba

En agosto de 1983, un ex oficial de la CIA reveló en visita no oficial a Cuba elementos muy interesantes sobre las acciones de bioterrorismo contra nuestro país, así como algunos de sus aspectos metodológicos. Asimismo mencionó hechos relacionados con algunos casos detectados, explicando lo siguiente:

Que conoció sobre la introducción del dengue en Cuba y los preparativos de un dispositivo de enmascaramiento —simulando un bombillo— para entrar, de forma ilegal, parte del material biológico a través del Aeropuerto Internacional José Martí. Justamente a menos de dos kilómetros de ese lugar se produjo el foco inicial en Ciudad de La Habana.

Que una colega le había manifestado que se estaba preparando una acción encubierta contra Cuba, relacionada con el uso biológico, que traería serias afectaciones a la población cubana.

Esta fuente le había dado los nombres de varias personas que participarían en la acción y le habría dicho que el grupo era de unas 10 ó 20 personas, la mayoría médicos y especialistas. Que una parte de los encargados de introducir el material en Cuba lo harían, probablemente, a través de Canadá —como turistas y con pasaporte falso—.

En 1980, en conversación con otra doctora que participó en la acción, ella le había manifestado: “Ahora nosotros tenemos el poder y el control sobre ellos —los cubanos— de la forma que queramos y no pasará mucho tiempo para que tengamos pruebas de lo que nuestros amigos hicieron en Cuba”.

Sobre la fiebre porcina africana manifestó que —aunque no conocía los detalles de la acción— sabe que la CIA tuvo que ver con eso y conoció de un experimento que se efectuó en el propio territorio de Estados Unidos de América, donde se inoculó a un grupo de cerdos, para ver el comportamiento de la cepa.

Sobre los aspectos metodológicos y las normativas para la utilización de los medios biológicos, dio a conocer que:

•       Los oficiales que trabajan contra Cuba hacen la propuesta tomando en cuenta la información que tienen, y la afectación político-económica que produciría esa acción.

•       Se utiliza como manto o fachada para las investigaciones sobre esas enfermedades a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos de América, tratando siempre de realizar los experimentos en condiciones similares a las de nuestro país, para conocer cómo se comportaría y se propagaría, así como otros detalles.

•       A tal efecto, la CIA y las Fuerzas Armadas cuentan con casi todas las cepas de las más disímiles enfermedades, dado que la CIA tiene estrechas relaciones con las principales instituciones científicas del gobierno estadounidense.

•       La introducción se realiza a través de personas —o agentes— de alta confianza, a quienes no se les da una clara definición de la actividad que van a realizar. Deben enmascararse para que no aparezcan como estadounidenses ni que proceden de ese país. Utilizan mucho los viajes desde Canadá y la aviación.

•       Se garantiza, además, que estas personas no tengan ningún contacto con las representaciones diplomáticas, en este caso la SINA (Sección de Intereses estadounidense en Cuba).

•       Significó que el aspecto económico se considera mucho, que la acción debe causar grandes pérdidas, y las consecuencias, crear problemas políticos o tener una repercusión en este sentido.

La Patria como grandioso monumento

Así como las familias no sanan sus heridas, la nación no puede olvidar ese dolor ni a quien lo causó

Autor: Yeilén Delgado Calvo | nacionales@granma.cu

6 de octubre de 2022

Foto: José M. Correa

No se deja de amar. Lo dicen los familiares de las víctimas. Con los años, tal vez el dolor se hace menos punzante, más sordo, pero sigue estando ahí y se acrecienta en las ausencias: la boda sin padre, el cumpleaños sin hija, las conversaciones que no fueron, las alegrías que no serán.

Esas familias, signadas por la pérdida, sufren un peso adicional, el del crimen sin justicia. Sus seres queridos compartieron vuelo con los asesinos, esos que les vieron sus rostros, escucharon las charlas triviales de quien no presiente la tragedia, y tal vez hasta recibieron alguna de sus sonrisas, y aun así fueron capaces de dejar una bomba para matarles. Luego se jactaron. Tenían la tutela poderosa de la cia y nunca la perdieron.

En la nave de Cubana de Aviación, procedente de Barbados, que explotó en el aire el 6 de octubre de 1976, con 73 pasajeros, de los cuales ninguno sobrevivió,  viajaba también –de cierta forma– Cuba.

Y no solo porque, como dijo Fidel en el acto de despedida de duelo, «la Revolución (…) a todos nos hizo hermanos entrañables en los que la sangre de uno pertenece a todos», sino también porque allí estaban el deporte, el internacionalismo, la juventud formada en una sociedad nueva, el mestizaje, la heroicidad laboral…

Estupor frente a la barbarie, eso fue lo que sintió un país entero, y parte del mundo, ante uno de los ejemplos más rotundos de hasta dónde es capaz de llegar el terrorismo de Estado, instigado desde suelo estadounidense, contra la Isla. Estupor frente a la barbarie, eso es lo que se siente aún si se repasan los hechos reposadamente, sin el velo de lo rutinario.

Así como las familias no sanan sus heridas, la nación no puede olvidar ese dolor ni a quien lo causó. La memoria es un arma. En la historia está uno de los asideros para cumplir con el vaticinio del Comandante en Jefe, el 15 de octubre de aquel año:

«¡Una patria cada vez más revolucionaria, más digna, más socialista y más internacionalista será el grandioso monumento que nuestro pueblo erija a su memoria y a la de todos los que han caído o hayan de caer por la Revolución!».

En las jornadas de aquel octubre, como en tantas otras, hizo falta mucho coraje. Uno que se enciende todavía ante las palabras de Fidel al final de aquel discurso, esas que, aunque se lean, siempre se escuchan:

«No podemos decir que el dolor se comparte. El dolor se multiplica. Millones de cubanos lloramos hoy junto a los seres queridos de las víctimas del abominable crimen. ¡Y cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla!»

A Cuba el coraje no se le agota, la memoria tampoco. La Patria es nuestra.

Los crímenes impunes de la Operación Northwoods

Por Jorge Wejebe Cobo

Iniciaba la segunda quincena de junio de 1962 y las acciones de la CIA y el Pentágono contra Cuba dentro de la Operación Mangosta, actualmente desclasificada por el gobierno de EE.UU., se encontraban en su etapa culminante de sabotajes, actos terroristas, atentados y alzamientos en zonas rurales que debían desembocar en los meses inmediatos en un supuesto levantamiento popular.

Pero detrás de ese frenesí de la Casa Blanca por vengarse de la derrota de Playa Girón en 1961, descollaba la acción Dirty Tracy (juego sucio) que conllevaría a una autoagresión en barcos, aviones civiles de Estados Unidos o países aliados y principalmente contra la Base Naval de Guantánamo, que adjudicarían a los cubanos la muerte de ciudadanos y militares y sería el pretexto para la invasión a la ínsula.

Según documentos desclasificados en 1998, el plan dentro de la llamada Operación Northwoods (madera del norte) fue presentado en marzo del 62 al Secretario de Defensa, Robert McNamara, por el general de cuatro estrellas Lyman Louis Lemnitzer, y rechazado después de más de tres horas de tensas discusiones, en las cuales los militares presionaron a McNamara con la propuesta.

Aunque muy lejos de esas reales o presuntas contradicciones en Washington, en ese verano y en los años posteriores de la década de 1960, los jefes de la Base Naval de Guantánamo incrementaron las provocaciones como si se dispusieran a seguir con ese macabro plan.

Así, aviones y embarcaciones violaron el espacio aéreo y sus aguas, los soldados agredieron a las postas cubanas y continuaron entregando armas a los elementos contrarrevolucionarios de la zona.

Inclusive, la contrainteligencia de la Isla conoció que entre las tareas de la inteligencia naval del enclave figuraba la captura de supuestos agentes o saboteadores nacionales para provocar una respuesta.

En ese difícil contexto, el joven pescador de Caimanera Rodolfo Rosell, quien estaba incorporado a la Revolución y mantenía a su familia con su pequeña embarcación Las Dos Hermanas, desde el 11 de julio lo reportaron desaparecido hasta que el día 13 fue encontrado su cadáver en la popa de su lancha en la Playa Conde con horribles marcas de torturas.

De acuerdo con la autopsia, la causa de su muerte fue una irreversible hemorragia intracraneana. Eran visibles en su cuerpo numerosos hematomas y huellas de punzones.

Al hacer una recapitulación de hechos tan deleznables, recordamos que el primer asesinato relacionado con esa ilegal instalación militar fue el del trabajador del enclave Rubén López Sabariego acaecido el 15 de octubre de 1961, que dejó huérfanos a nueve hijos.

Tampoco la muerte de Rodolfo Rosell sería la última, en 1964 cayó el guardafrontera Ramón López Peña, ultimado por disparos hechos desde la base naval. También fue asesinado en iguales circunstancias el combatiente Luis Ramírez López en 1966, víctima de una ráfaga disparada por marines yanquis mientras cumplía su misión de custodiar el territorio nacional.

Por medidas tomadas principalmente por la parte cubana en años posteriores se pudo lograr un clima de normalización en la región fronteriza de Guantánamo, aunque a pesar de las gestiones legales y denuncias realizadas por Cuba, esos crímenes y otros se mantienen impunes sin el menor pudor por parte del gobierno estadounidense que desclasificó algunas de sus operaciones contra Cuba.

Tomado de Cubahora.

De la retórica de Trump a la ofensiva de Biden contra Cuba

Contra Cuba Opinión Bloqueo

Gustavo Veiga – Página 12 – Foto: Página 12 / AFP.- La ofensiva contra Cuba recrudece en estas horas con el gobierno de Joe Biden. La retórica amenazante de Donald Trump abrió paso a políticas de Estados Unidos más agresivas y sostenidas que hoy están a la vista.


La exclusión de la isla en la próxima Cumbre de las Américas. El intento de expulsarla del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. La inyección de cientos de miles de dólares para cambiar su sistema político y económico por agencias como la CIA, NED y USAID. La persistente negativa a cumplir con las cuotas de visas ya acordadas para cubanos que deben tramitarlas en Guyana. El apoyo de Washington a cualquier tipo de expresión artística disidente con fondos gubernamentales, un caso curioso ya que EE.UU no tiene ministerio de Cultura. Un combo de injerencias en esta época de guerra 2.0 al que se agrega una novedosa tesis sobre los problemas que afectan a la mayor de las Antillas. Hay ONG que operan desde Miami y dicen que existe un “bloqueo interno”, pero del Estado cubano a su población y no de Washington a La Habana que, como se sabe, rige hace poco más de sesenta años.

La campaña de medidas simultáneas para rendir a Cuba por la fuerza – algo que se probó ineficaz durante 63 años de Revolución – continúa con prisa y sin pausa desde que llegó Biden a la Casa Blanca. En el campo diplomático, el subsecretario de Estado Brian Nichols confirmó el 2 de mayo que el gobierno de La Habana, pero además los de Venezuela y Nicaragua, no serán invitados a la IX Cumbre de las Américas programada entre el 8 Y 10 de junio próximo en Los Ángeles. El argumento que esgrimió es que “no respetan la carta democrática”.

Cuba replicó en la voz de su canciller, Bruno Rodríguez Parrilla: “Sobre democracia poco podrá exhibir el gobierno de Estados Unidos en esa Cumbre incompleta”. Las críticas a EE.UU también llegaron desde países con mucho peso en la región. El presidente de México, Manuel López Obrador, le pidió a Biden que invitara a “todos los pueblos de América”. No hubo caso.

Las sanciones unilaterales propuestas por organizaciones de la sociedad civil, y ejecutadas por el gobierno de Estados Unidos después, tampoco son originales. Al bloqueo que se extiende hace seis décadas, sistemáticamente rechazado por una abrumadora mayoría de países en votaciones de Naciones Unidas – con la excepción de EE.UU y su socio, el estado de Israel-, se suma ahora la intención de expulsar a Cuba del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, lugar al que llegó junto a Rusia, China y Pakistán en 2020.

Este propósito venía madurando y tomó impulso en julio de 2021. Una comitiva de las organizaciones Cuba Decide y el Centro para una Cuba Libre se reunió en Washington con Juan González, director de Asuntos del Hemisferio Occidental del Consejo Nacional de Seguridad. Los activistas que proponen desestabilizar a la isla desde Miami, John Suárez, Rosa María Payá y el cantante Jen Carlos Canela, fueron recibidos por el funcionario.

Le pidieron a González que “denuncie al gobierno cubano en los foros internacionales, que aplique sanciones a individuos y sus familiares en la isla, que inste a Europa y a los demás países a copiarlos, que planifique el acceso a Internet del pueblo cubano y que someta todas las opciones a discusión”, entre otras iniciativas. El director del Consejo Nacional de Seguridad les recordó palabras del presidente Biden sobre las protestas del 2021 en la isla: “Son el resultado directo de un gobierno comunista fallido”.

La maniobra para intentar la expulsión de Cuba consistió en el envío de una carta a un puñado de presidentes y foros internacionales. La firmaron – aducen sus organizadores – “más de 600 personalidades” que respaldan la medida. Pero no dieron a conocer sus nombres. La solicitud fue entregada en el despacho de Biden, los primeros ministros de Canadá, Justin Trudeau y de Suecia, Magdalena Andersson, y también se la hicieron llegar a la Alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet.

Una fuente especializada en relaciones internacionales le dijo a este diario que la intención de expulsar a Cuba del Consejo de DDHH “no va a prosperar. La única que puede adoptar una medida así es la Asamblea de Naciones Unidas y es prácticamente imposible que tome una decisión de esas características. Las únicas dos veces que pasó algo semejante fue con Libia y ahora con Rusia después de que la propia Asamblea sacó una resolución diciendo que había violado el principio de no uso de la fuerza invadiendo a otro país. No creo seriamente que ningún estado tome esa bandera sencillamente porque perdería. No hay ninguna probabilidad”.

Las ONG de la diáspora cubana son tantas como las que promueve y financia Estados Unidos para que operen como ariete contra Cuba. Sin ese respaldo su incidencia sería relativa. El Foro Transatlántico por una Cuba Libre, liderado por John Suárez, sostiene sin disimulo que se debe “cambiar el actual sistema político y económico hacia la democracia y el estado de derecho”. Su propósito ignora la votación que se ratifica todos los años en Naciones Unidas. En ese ámbito Cuba impulsa resoluciones continuas contra el bloqueo unilateral de EEUU que repudia la comunidad internacional. La tesis del grupo que ahora pide la expulsión de La Habana del Consejo de DDHH sostiene lo contrario.

Dice que “los cubanos huyen de Cuba por el bloqueo económico interno impuesto por el régimen de la Isla que impide el desarrollo individual y la autosuficiencia económica, ya que los militares controlan los medios de producción y la economía…”. También responsabiliza al gobierno de Miguel Díaz Canel por la problemática migratoria que Estados Unidos no resuelve pese a las medidas draconianas que toma: “el régimen en estos momentos está utilizando a los miles de cubanos que huyen de la isla a través de vuelos a Nicaragua y otros países de Centroamérica para crear una crisis y provocar un cambio en la política norteamericana hacia Cuba”.

En la economía, los derechos Humanos, la migración, la cultura, EEUU apela a las más variadas estrategias para provocar en Cuba un cambio de gobierno. Eso que los estados independientes llaman injerencia. La carta magna con que se rige el estado cubano dice en el artículo 4: “El sistema socialista que refrenda esta Constitución, es irrevocable. Los ciudadanos tienen el derecho de combatir por todos los medios, incluyendo la lucha armada, cuando no fuera posible otro recurso, contra cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico establecido por esta Constitución”.

Por si quedaran dudas, el artículo 16 sostiene: “La República de Cuba basa las relaciones internacionales en el ejercicio de su soberanía y los principios antiimperialistas e internacionalistas, en función de los intereses del pueblo y, en consecuencia: a) reafirma que las relaciones económicas, diplomáticas y políticas con cualquier otro Estado no podrán ser jamás negociadas bajo agresión, amenaza o coerción”.

Es apenas una parte de la Constitución actualizada y reformada el 10 de abril de 2019.

Reino Unido conspiró con la CIA para asesinar a Fidel Castro

Contra Cuba Contrarrevolución

Misión Verdad.- El histórico revolucionario y líder cubano Fidel Castro sobrevivió a más de un intento de asesinato durante su existencia. Fidel pasó la mayor parte de su larga vida en el punto de mira, sobreviviendo a medio siglo de planes de asesinato. Pero a pesar de los intentos desesperados de sus detractores, él murió por causas naturales a los 90 años.


Los 638 intentos de asesinato, según el registro de los servicios de inteligencia cubanos, fueron planificados y llevados a cabo por el gobierno de Estados Unidos a través de la CIA, así como de los opositores cubanos y grupos mafiosos instalados en Miami, descontentos porque Castro acabó con el negocio de los famosos casinos y burdeles de La Habana tras la victoria de la revolución.

Si bien las constantes amenazas de muerte formuladas por Estados Unidos contra el líder cubano son de conocimiento público, lo que no se conocía con exactitud era la colaboración del gobierno del Reino Unido en los planes, y sin embargo, no resulta ninguna sorpresa.

Diplomáticos británicos y la CIA conversaron la «desaparición» de Fidel

Recientemente, el periodista John McEvoy publicó en el sitio web Declassified UK un artículo investigativo que muestra la participación de diplomáticos británicos en las conspiraciones anticastristas de Washington. Indica que las pruebas vienen de un documento del Ministerio de Relaciones Exteriores del Reino Unido, desclasificado y publicado en los Archivos Nacionales.

El documento señala al diplomático británico Thomas Brimelow y su colega Alan Clark, que en ese momento tenía un puesto en la embajada británica en La Habana. Ambos se reunieron con servicios de inteligencia estadounidenses y conversaron sobre la «desaparición» del Comandante Fidel.

El encuentro ocurrió en noviembre de 1961, cuando la embajada de Estados Unidos ya se había retirado del país insular. Brimelow y Clark estuvieron con agentes de la CIA y estos le preguntaron directamente a Clark «si la desaparición del propio Fidel Castro tendría graves repercusiones» en Cuba.

Ninguno de los dos tuvo inconveniente con la insinuación de intento de asesinato. Según las actas de Brimelow sobre la reunión, marcadas como «personales y secretas», Clark respondió a la CIA que «Raúl Castro había sido nominado como sucesor de Fidel», y que «podría conseguir ocupar el lugar de Fidel si se le concedía el tiempo adecuado».

«Si Fidel fuera asesinado, entonces era menos seguro que hubiera una toma de posesión sin problemas. El aparato [estatal], que aparentemente era lo suficientemente fuerte como para hacer frente a un cambio gradual, podría no hacer frente a una crisis repentina», dijo después con más detalle.

Para dar más contexto, McEvoy agrega que las conversaciones se dieron unos días antes de que el presidente John F. Kennedy autorizara la Operación Mangosta, cuyo objetivo era derrocar el gobierno de Fidel Castro por cualquier medio.

Brimelow y Clark fueron bien recompensados por sus tareas. Al primero le asignaron la dirección del Ministerio de Asuntos Exteriores bajo la condición de cargo vitalicio y al segundo le dieron el cargo de primer secretario de la embajada británica en Washington.

A Reino Unido le celebran sus labores en los planes de sicariato

El intercambio secreto de información entre Londres y Washington respecto al gobierno revolucionario de Cuba no quedó allí. Los documentos desclasificados indican que, en 1962, Reino Unido entregó un informe al Pentágono con numerosos bocetos del aparato militar cubano en un desfile militar realizado en La Habana.

Según un cable británico, la información provenía en gran medida en las observaciones directas del personal de la embajada de Londres: «Teníamos al embajador y al jefe de la cancillería en las gradas, a tres miembros del personal en la multitud que se alineaba en la ruta y a dos más viendo el procedimiento por televisión», señala el telegrama.

Estados Unidos se mostró satisfecho por la colaboración y expresó su gratitud a los británicos. «Esto es solo para decir lo agradecido que está el Pentágono por los excelentes informes… sobre el desfile militar. Están muy impresionados por el esfuerzo realizado y por los resultados detallados que han obtenido», dice el telegrama citado en el artículo de Declassified UK.

Al año siguiente, en marzo de 1962, el Departamento de Defensa reiteró lo agradecido que estaba por toda la información anterior sobre la situación militar en Cuba.

Unos meses después, el gobierno estadounidense compartió con Reino Unido una lista de «objetivos prioritarios» para la recolección de información militar en Cuba. Un funcionario británico que participó en una reunión secreta con el Pentágono, escribió que casi todos esos «objetivos» estaban «en el área de La Habana, y han sido seleccionados porque están casi todos en áreas que los miembros de la Embajada podrían visitar».

Este es el tipo de noticias que no ayudan en un momento en que los países que representan culturalmente a Occidente andan sermoneando y castigando sin fundamento al resto del mundo para hacer cumplir los «principios» de la democracia liberal.

Por otro lado, el papel proactivo de Gran Bretaña en uno de los seiscientos y tantos intentos fallidos de Estados Unidos para asesinar al entonces Jefe de Estado de Cuba dice mucho sobre su participación en los conflictos a escala internacional. ¿Cuántas décadas más tendremos que esperar para que documentos desclasificados confirmen tareas de sicariato político u otras conspiraciones que probablemente los británicos estén cometiendo actualmente fuera de las fronteras del Reino Unido?

Aquella primavera de heroísmo y victoria de Cuba (+Fotos)

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La Habana (Prensa Latina) El pueblo cubano nunca olvidará la epopeya gloriosa de abril de 1961, días que estremecieron el país y el mundo, cuando se salvó la patria, la Revolución, el futuro de Cuba y también de América Latina.

Marta Denis Valle: Historiadora, periodista y colaboradora de Prensa Latina

Los nombres de Bahía de Cochinos y Playa Girón saltaron a los medios de prensa internacionales hace poco más de medio siglo como escenario de uno de los sucesos históricos trascendentes, recordado siempre por los cubanos.

Eran los tiempos de viajar a todas partes con el uniforme miliciano –a los centros de estudio o trabajo- y el fusil al hombro, a veces más mujeres que hombres, porque ellos pasaban semanas y meses en las trincheras y los entrenamientos militares.

La mañana del sábado 15 de abril nadie tuvo tiempo de pensar en la belleza del cielo y el aire aún fresco que ya anunciaba la primavera…

El ruido de aviones pintados con los símbolos de la naciente Fuerza Aérea Revolucionaria (FAR), explosiones y humo negro perturbaron y ensombrecieron las inmediaciones del aeropuerto militar de Ciudad Libertad, a la misma hora de incursiones similares en la Base Aérea de San Antonio de los Baños y en Santiago de Cuba.

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