Coherencia e incoherencia: Con Filo

Con Filo.- Para los revolucionarios, la falta de coherencia es un pecado capital. El oportunismo y el doble estándar son manifestaciones incompatibles con los ideales que debemos defender. Pero para nuestros enemigos, la incoherencia es un signo habitual: los que alguna vez vivieron en #Cuba, ahora solo saben hablar de sus paisajes más grises; los que tuvieron mil tribunas para decir lo que pensaban ahora claman por libertad de expresión a prudente distancia; los que comulgaron o pretendieron comulgar con nuestros principios se tornan en furibundos opositores. De esos cambiacasacas y sus muchos discursos estaremos hablando hoy en #ConFilo.

Honor al dulce arte de formar mejores seres humanos (+ Video)

La Colmenita y su director, Tin Cremata, recibieron la Orden Félix Varela de Primer Grado

Autor: Laura Mercedes Giráldez | internet@granma.cu

LA COLMENITA
La Colmenita, bajo la guía de Tin Cremata, forma mejores seres humanos, patriotas y ciudadanos. Foto: Ariel Cecilio Lemus

La compañía de teatro infantil La Colmenita –que con la miel de su talento educa a su público– y su director Carlos Alberto (Tin) Cremata Malberti recibieron ayer la Orden Félix Varela de Primer Grado, de manos del Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

Durante más de 30 años ese colectivo de laboriosas abejitas, ejemplo de maestría pedagógica, ha desarrollado «una loable labor artística, social y humanitaria» tanto dentro como fuera de nuestro país, convirtiendo al arte en una manera de «formar y expandir el hacer del buen ciudadano».

Como Varela y Martí, los colmeneros –niños, trabajadores, padres– se han decidido «en pensar», amar y construir un país más culto y justo, donde la historia y los valores éticos son constantes de la formación de los más jóvenes. De ahí que sea el primer grupo teatral del mundo en ser declarado Embajador de Buena Voluntad de la Unicef.

Numerosas generaciones de pequeños creadores han nacido en La Colmenita. Algunos han continuado el camino del arte de manera profesional, otros, han enrumbado su destino hacia distintos oficios; sin embargo, a todos ellos los distingue un mismo sentir, la certeza de que, en cualquier escenario de la vida, el tener talento debe ir acompañado de un buen corazón. 

Tin Cremata, artista y pedagogo, artífice de una obra que durante más de tres décadas ha unido magistralmente al arte y la sociedad, fue reconocido también por «forjar mejores seres humanos, patriotas y ciudadanos, además de fomentar con su quehacer la consolidación de la identidad cultural y el desarrollo de las relaciones entre nuestro país y otros pueblos».

Aun cuando el objetivo de la compañía no sea formar artistas, sino un pretexto para unir familias y donde los niños van a jugar a la música, a la danza, al teatro –como ha manifestado Tin en varias oportunidades–, La Colmenita ha devenido «comunidad y escuela que permanece».

En el acto estuvieron presentes Roberto Morales Ojeda, miembro del Buró Político del Partido y secretario de Organización del Comité Central; Rogelio Polanco Fuentes, miembro del Secretariado del Comité Central del Partido y jefe de su Departamento Ideológico; Inés María Chapman, vice primera ministra; Aylín Álvarez García, primera secretaria del Comité Nacional de la UJC; Alpidio Alonso, ministro de Cultura; Luis Morlote Rivas, presidente de la Uneac, y Abel Prieto Jiménez, presidente de Casa de las Américas.

Foto: Estudios Revolución
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Foto: Estudios Revolución
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Foto: Estudios Revolución
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Foto: Estudios Revolución

FMC: Un espacio para todas las mujeres

Por: Dixie Edith

Publicado en: Letras de Género

En este artículo: CubaFederación de Mujeres Cubanas (FMC)GéneroIgualdadMujerRevolución cubanaVilma Espín Guillois

23 agosto 2022 

Mujer cubana. Foto. Abel Padrón Padilla/Cubadebate

Taymi asumió la dirección de un hospital en medio de unos de los picos más agudos de la pandemia en Cuba; Dagmar y Belinda postergaron muchas horas de sueño tras esas vacunas que fueron antídoto contra el SARS-CoV-2, y también contra el bloqueo; Ada y Margarita tensaron sus vistas cosiendo nasobucos; Matilde y Marbelis escudriñaron una y otra vez las estadísticas en busca de conexiones que ayudaran a frenar la covid-19; Clotilde, Laura, Ada y Arlín estudiaron legislaciones y construyeron protocolos contra la violencia, Yamila y Ana María siguieron soñando -y escribiendo- un código de familias que cambiará la vida de muchas personas de este lado del mundo; Bárbara y Consuelo echaron mano del WhatsApp y brindaron orientación psicológica a distancia; Yunia y Lázara hicieron parir la tierra; Iramis y Sayli construyeron noticias y alertas sanitarias; Zulma mantuvo bien controladas las riendas de una refinería gigantesca…

Son apenas unos pocos nombres de muchísimos posibles. Tienen edades y ocupaciones diversas; andan de un extremo a otro de la geografía del caimán, pero comparten una característica común: viven y construyen dentro de un proceso social que ha ido creciendo a la par que les cambia la vida. Han sido protagonistas, además, de lo que Teresa Amarelle, secretaria general de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) considera “tres años que nos obligaron a remover las esencias”.

Los años duros

Teresa Amarelle Boué, Secretaria General de la FMC. Foto: Miguel Rubiera / Archivo ACN.

Para la también integrante del Buró Político del Partido, las esencias fundamentales de la FMC, históricamente, han sido “la lucha por la igualdad de derechos y oportunidades para las mujeres, la atención a las familias y, por supuesto, la defensa de la Revolución socialista”.

A su juicio, los últimos años han significado una renovación de esas misiones –atravesadas por la prevención y el trabajo social-, pero no solo por el impacto de la covid-19.

“Ya desde 2019, meses antes de que llegara la pandemia, estábamos inmersas en la implementación de los acuerdos de nuestro X Congreso, y sobre todo de los resultados del proceso previo que se realizó en las comunidades. De los encuentros con mujeres de todos los rincones del país se recogieron más de 500 planteamientos y el 70 por ciento de ellos estuvieron relacionados con la necesidad de actualizar nuestro funcionamiento. No es casual, tampoco, que en el VIII Congreso del Partido nuestro General de Ejército llamara a las organizaciones de masas a revitalizar su trabajo. O sea, la necesidad de renovación fue reconocida por nuestras mujeres y también por la dirección del país.  Luego, la aprobación de la actual Constitución de la República trajo otros desafíos para el trabajo de la organización, y no solo por el hecho de ser parte de su equipo redactor o de haber trabajado muy duro en la consulta popular que finalmente la refrendó con más del 86 por ciento de los votos. Las miradas amplias e inclusivas que la Carta Magna aporta a las batallas contra la igualdad y la discriminación también impactan directamente en la agenda cotidiana de la FMC.

— ¿De qué maneras la COVID-19 complejizó el escenario y obstaculizó el proceso de cambios que venían implementando?

La pandemia nos obligó, como nunca antes, a estar permanentemente en nuestras bases, en nuestros barrios. Yo puedo asegurar que para nosotras los mejores años de funcionamiento han sido estos últimos, pues a pesar de la enfermedad y de la situación económica, el propio  confinamiento y las múltiples formas en que se reordenó la vida del país nos obligaron a estar constantemente en la primera línea.

Desde la organización estuvimos siguiendo el trabajo de los estudiantes en las comunidades; participamos activamente en el aseguramiento de las familias que se convirtieron en educadoras de sus hijas e hijos durante el confinamiento. No en todas las comunidades se pudieron aprovechar igual las teleclases, porque hay zonas de silencio y tuvimos muchísimos encuentros con el Ministerio de Educación para evaluar cómo podíamos contribuir.

Hay personas, por ejemplo, que han subestimado los nasobucos que nuestras federadas hicieron en aquellos momentos iniciales de la pandemia. Pero esos nasobucos nos salvaron la vida porque los profesionales, los desechables, comenzaron a entrar al país mucho después. Nuestras mujeres armaron talleres en los barrios, sacaron sus máquinas de coser y se pusieron a hacer mascarillas, pero también sobrebatas, botas quirúrgicas y otras piezas fundamentales para los hospitales. Hubo comunidades que también se unieron para hacer los componedores para los niños que estaban aprendiendo a leer, juguetes con materiales desechables, entre otras muchísimas cosas. Todavía este agosto hay costureras que no han salido de vacaciones por decisión propia, para poder terminar los uniformes escolares, porque esos tejidos siempre llegan con tiempos muy ajustados.

También apoyamos en las farmacias con el envase del hipoclorito, en las primeras labores de mensajería para ayudar a personas mayores en los barrios. Hoy ese es un trabajo institucionalizado, remunerado, pero empezamos a hacerlo de manera voluntaria. Y es bien conocida la participación de nuestras mujeres en la producción científica.  Integramos el grupo temporal de trabajo para la atención a la pandemia, pero muchísimas federadas fueron parte de los equipos de investigación de las vacunas, de los protocolos de atención, de los nuevos tratamientos y medicamentos. Y luego protagonizaron los ensayos clínicos y el proceso de vacunación. Nos dimos cuenta de que teníamos que cambiar las formas de la actuación de las brigadistas sanitarias y eso supuso un desafío tremendo en momentos en que el personal de salud estaba saturado de trabajo. Así que las mujeres estuvimos en zona roja, en los centros de aislamiento, apoyando labores de servicio, de lavandería, de limpieza; pero también en las producción de alimentos.

Fueron años de aprendizajes para la prevención y atención a la violencia de género, pues en este tiempo las mujeres violentadas vivieron prácticamente confinadas con sus abusadores pues el país estaba paralizado. Hubo que crear otras redes de asistencia, otras alternativas, otras maneras de atender ese maltrato. En ese camino, con el apoyo de nuestro grupo asesor para la atención a la violencia, se extendieron los servicios de la Línea 103, se escribieron rutas, protocolos, para atender la violencia en cuarentena, se capacitó a los operadores de las líneas telefónicas de apoyo, de la fiscalía, de la policía, y de otros espacios de atención a distancia. Todo ese trabajo nos demostró que las Casas de Orientación no podían estar solo a nivel de municipio y estamos llevando la experiencia de equipos multidisciplinarios de atención a las comunidades. También creamos grupos de expertos en todas las provincias, porque la experiencia que habíamos tenido con el equipo asesor nos está dando resultados. Hemos retomado la capacitación y adiestramiento en prevención, en técnicas de Educación Popular con el Centro Martin Luther King. En fin, nos estamos renovando.

Si algo han demostrado estos años difíciles es que hay mucho altruismo en el pueblo de Cuba y en nuestras mujeres. Y se confirma una y otra vez: con la pandemia, con los sucesos del Saratoga o con los de la base de supertanqueros de Matanzas. Todavía tenemos compañeras sanitarias, combatientes, bomberas y hasta periodistas recuperándose de quemaduras.

Siempre pienso que eso no hubiera sido posible sin aquel momento fundacional de hace 62 años, donde las mujeres se unieron en una sola organización. Y tampoco sin esa voluntad política y humanista de la Revolución.

Es importante resaltar el valor que ha tenido durante todos estos años contar con el Centro de Estudios de la Mujer (CEM), un espacio propio para la investigación de género, pero también con la Editorial de la Mujer, que ha acompañado desde la comunicación cada tarea, cada cambio, a través de las páginas de Mujeres y Muchacha, pero también de muchos libros de consulta.

Cuando me preguntan cuáles son las fortalezas de la FMC, no tengo ni que pensarlo: son las cubanas y la manera en que estamos organizadas. Dos ideas de Fidel tienen una vigencia extraordinaria en estos tiempos. Que las mujeres convertimos en hazaña el esfuerzo cotidiano y que somos una revolución dentro de la Revolución.

—La atención a madres de familia numerosas, la creación de las casitas infantiles, la atención a vulnerabilidades diversas en las comunidades. ¿También ha sido la FMC parte de la implementación de la política de atención a la dinámica demográfica?

Para nosotros todo lo que tiene que ver con la dinámica demográfica es prioridad por muchas razones. Las mujeres son mayoría entre las personas mayores en Cuba, incluso estadísticas recientes nos dicen que son más de 55% de la población mayor de 80 años, en un país donde la esperanza de vida geriátrica es de 23 años, lo cual impone retos grandes también.

Se estima que para 2030 la mayoría de los hogares cubanos estén siendo dirigidos por una mujeres; eso lleva entrenamiento, preparación para que las cubanas puedan vivir de una mejor manera ese escenario. La mayoría de las personas que se dedican al cuidado en Cuba son mujeres. Al margen de que se trata de una distribución patriarcal de roles que debemos contribuir a cambiar, tenemos que ser conscientes de esa realidad para poder transformarla; desde las instituciones, pero también educando a las familias para que entiendan que esa es una responsabilidad que debe ser compartida.

Por otro lado, la participación en los Observatorios Demográficos nos ha permitido identificar otras realidades sobre las que estamos trabajando como la maternidad temprana o la localización de madres en situaciones de vulnerabilidad por cuestiones laborales o de vivienda, , por ejemplo. También nos están sirviendo como referente para la creación del Observatorio de Género que estamos trabajando con la Universidad de La Habana y la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI). Ya tenemos definidos un grupo de mas de 70 indicadores de seguimiento, pero es un trabajo que lleva recursos, lleva ciencia y es parte de los mandatos del Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres (PAM), que también aprobamos y echamos a andar en estos años difíciles. No es ocioso que uno de los primeros temas que llevamos a debate en el contexto del PAM fue el embarazo en la adolescencia. Y lo hicimos desde los aportes del Centro de Estudios Demográficos (CEDEM), pues es la institución que mejor nos puede brindar elementos para trazar una hoja de ruta que permita su atención.

—La FMC ha participado en estos años de un proceso menos visible a nivel comunitario, pero estratégico: el acompañamiento al cronograma legislativo. ¿Qué implica exactamente ese trabajo? ¿Cuáles son los desafíos?

La FMC es el mecanismo nacional para el empoderamiento femenino en el país y, además, como organización integra el Consejo de Estado. Eso quiere decir que somos parte consultiva para la aprobación de la leyes y normas. Siempre recuerdo que la primera Constitución del período revolucionario decía que las mujeres debían tener iguales derechos y oportunidades que los hombres y cuando se hizo la reforma constitucional en el año 1992, a propuesta de la FMC, eso se cambió. Ya habíamos avanzado en los estudios de género, teníamos un conocimiento mayor y dijimos que no, que el hombre no podía ser referente para el ejercicio de los derechos. Y finalmente quedó que mujeres y hombres tenemos iguales derechos y oportunidades.

O sea, la FMC siempre ha tenido la posibilidad de participar en las discusiones especializadas de las leyes. Ahora, en línea con el intenso cronograma legislativo del país, tenemos un papel mucho más activo en ese proceso. El trabajo se ha fortalecido, además, con la creación del grupo asesor, primero para el tratamiento de la violencia y que luego hemos ido multiplicando, de acuerdo con el estilo de trabajo de nuestro Gobierno de tomar decisiones sostenidas en la ciencia y la innovación. Eso nos ha permitido que las propuestas que hagamos sean mucho más colegiadas, tengan una mirada más integral, porque incluyen no solo el conocimiento de lo que las mujeres sienten y viven en las comunidades, sino la interpretación desde la psicología, el derecho, la sociología, la comunicación, entre otras disciplinas. Hemos desarrollado más de un encuentro con el Tribunal Supremo, la Fiscalía y otros organismos de la administración central del Estado, previos a la aprobación final de cada nueva norma jurídica, en busca de que fueran concebidas desde perspectivas de género y de protección.

Así nació la Estrategia integral de prevención y atención a la violencia de género y en el escenario familiar, pero también acompañamos el Código Penal, el de los Procesos, el de las Familias, por supuesto; y más recientemente otras legislaciones aún en construcción o en proceso de debate especializado como las de Educación, Salud Pública o Comunicación, entre otras.

El propio presidente del Tribunal Supremo reconoce en todas las introducciones a sus leyes los aportes que ha hecho la FMC. Yo lo interpreto como una posibilidad para la organización, sostenida con el trabajo que hizo nuestro grupo asesor y nuestro Centro de Estudios de la Mujer. Lo más importante ahora es la implementación articulada de todas esas legislaciones que complementan y completan la Constitución de la República. Ahí quedan desafíos de instrumentación, de capacitación, para todas las personas involucradas.

—Decía Vilma Espín que “en las tareas de la Revolución siempre se vuelve a empezar y se debe empezar; nunca se termina”. ¿Esa es hoy la cotidianidad de la FMC?

No se puede celebrar un aniversario de la FMC sin recordar a Vilma y esa frase describe perfectamente la vorágine de trabajo que estamos viviendo. Hemos revisado las esencias fundacionales de la organización de hace 62 años y estamos retomando muchísimas cosas, pero atemperadas a las condiciones y el contexto en que vivimos: la visión del trabajo social, de la prevención, del activismo con las más jóvenes federadas.

En un momento la FMC tuvo activistas en las organizaciones estudiantiles y es algo que estamos rescatando. En los inicios tuvimos hasta estructuras en los centros laborales. Obviamente hoy no es necesario. ¿Pero, que son los comités de género que estamos creando en instituciones, empresas, ministerios? Pues una manera de velar por las esencias que defendemos; espacios que van a garantizar que la perspectiva de género no falle en los entornos administrativos.

Uno de los desafíos inmediatos, ya lo comentaba, es la implementación articulada del PAM y las nuevas normas y legislaciones; pero también otro muy importante es generar empleos donde las mujeres puedan realizarse. Igualmente, atender a la diversidad de cubanas que hoy habitan el país, y a sus demandas y necesidades, es un reto enorme.

Las creación de casitas infantiles en instituciones, ministerios, espacios productivos, va en esa dirección. Sabemos que los círculos infantiles no son suficientes para cubrir las necesidades y es muy alto el valor que tiene que pagar una familia para tener un niño o niña en lo que se conoce como casas de cuido, o cuidadoras por cuenta propia. Tenemos ya 52 casitas, pero no hemos avanzado todo lo que queríamos; debemos seguir trabajando con el apoyo del Gobierno.

También estamos insistiendo para que en cada espacio laboral se tenga el cuenta la promoción de las mujeres a puesto directivos, a posiciones clave y mejor remuneradas; en la bonificación de las tareas de cuidado. Muchas medidas aprobadas en el X Congreso o por la propia Política de atención a la dinámica demográfica no han podido implementarse por la compleja situación económica del país, pero hacia allí vamos.

Y siempre está Vilma, animando e impulsando. No hay una sola tarea que no tenga en su espíritu  el pensamiento de Vilma, el ejemplo de Vilma.

Mujer cubana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

—Se habla mucho de feminismo recientemente en los espacios de la Federación de Mujeres Cubanas. ¿Cuál es ese feminismo que defiende la organización?

Cuándo surgió la FMC, aunque no se reconoció literalmente feminista, sí asumió el programa que habían trazado muchas organizaciones feministas que existían en el país. Incluso, varias de las feministas más reconocidas de la época fueron fundadoras de la organización y pasaron a formar parte de su primer Comité Nacional.

Defendemos el feminismo que lucha por la igualdad de derechos y oportunidades para todas las personas, por hacer notar esa capacidad transformadora de las mujeres, porque nadie subestime el papel que ellas pueden desempeñar en la sociedad. Es el feminismo que Vilma reconoció siempre y seguimos orgullosas , agradecidas del papel que jugaron las feministas en la historia de la emancipación de la mujer en esta nación.

Asumimos que la Federación de Mujeres Cubanas es un espacio donde caben todas las mujeres: feministas, ambientalistas, animalistas, afrodescendientes; pero también personas con identidades de género y orientaciones sexuales diferentes; profesionales, obreras y amas de casa. Nuestro horizonte es la igualdad, y si en ese camino hemos retrocedido a veces un poco, es porque hemos tenido que trabajar siempre bajo fuego, en contingencia. Pero no hemos renunciado a ese legado.

Aniversario 60 de la Federación de Mujeres Cubanas. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Siempre en la primera fila. Foto: Abel Padrón Padilla/Cubadebate

Creativas y vitales en la Escuela Cubana de Ballet, como en todas las artes y la cultura cubanas. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Mujer cubana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.
Cubana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Dra. Sonia Resik, jefa del Departamento de Virología del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK). Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Integrantes del Contingente Henry Reeve de médicos cubanos. Foto: ACN.

Decreta el Presidente de la República Duelo Oficial en Cuba

Como justo tributo a los caídos en el cumplimiento del deber, el Presidente de la República de Cuba acordó decretar Duelo Oficial, a partir de las 06: 00 horas del 18 de agosto hasta las 12: 00 de la noche del 19 de agosto de 2022

Autor: Granma | internet@granma.cu

17 de agosto de 2022 20:08:10

bombero
Foto: Ricardo López Hevia

El control y extinción del incendio en la Base de Supertanqueros de Matanzas constituyó un acto heroico en el que prevaleció el coraje personal y colectivo y significó una nueva epopeya de nuestro pueblo.

Como justo tributo a los caídos en el cumplimiento del deber, el Presidente de la República de Cuba acordó decretar Duelo Oficial, a partir de las 06:00 horas del 18 de agosto hasta las 12:00 de la noche del 19 de agosto de 2022.

Durante la vigencia del Duelo Oficial la Bandera de la Estrella Solitaria deberá izarse a media asta en los edificios públicos e instituciones militares.

Búsqueda e identificación de los desaparecidos en incendio en Matanzas: Halladas 14 agrupaciones óseas pero imposible identificación absoluta (+ Video)

Por: Oscar Figueredo ReinaldoAngélica Arce MonteroThalía Fuentes PueblaLissett Izquierdo FerrerLisandra Fariñas AcostaIsmael Francisco

En este artículo: AccidenteBomberosConferencia de prensaCubaIncendioMatanzasMedicina Legal

Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

El Doctor en Ciencias Jorge González Pérez, presidente de la Sociedad cubana de Medicina Legal, informó en conferencia de prensa sobre el proceso de búsqueda e identificación de las personas desaparecidas en el incendio de grandes proporciones en la base de supertanqueros de Matanzas, el pasado 5 de agosto.

En nombre de los peritos y científicos que trabajaron en la búsqueda de los restos, González Pérez transmitió condolencias a familiares y amigos de los 14 desaparecidos y dijo que hace poco minutos terminaron la última entrevista con todos los familiares, quienes fueron informados sobre este proceso de investigación. 

El experto, que dirigió a ese equipo, destacó los años de experiencia del sistema de trabajo de la criminalística cubana, con distintas actuaciones en eventos ocurridos en el país, y puntualizó que el órgano de instrucción penal es el encargado de dirigir el proceso que abarca a los peritos, entre los cuales se encuentran los especialistas de medicina legal.

Agregó que Cuba dispone de tecnología avanzada, acorde al desarrollo del momento actual, para cualquier tipo de investigación que se hubiese derivado de este proceso, y recordó que se ha trabajado en innumerables casos, aunque no con estas características, entre ellos la búsqueda de los restos de la Guerrilla del Che en Bolivia y en la llamada Operación Tributo de repatriación de más de 2 000 cubanos que fallecieron cumpliendo misión en distintos países del mundo.

Precisiones del incendio y la labor pericial

Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

Sobre el siniestro en la occidental provincia cubana, explicó que se trata de un incendio de grandes proporciones y que la labor pericial se concentró alrededor del tanque 51. 

Se estima que la temperatura en el centro del incendio fue de más de mil o dos mil grados centígrados, lo cual —dijo– se probará criminalísticamente.

González Pérez comentó que como parte de la preparación de los trabajos previos a la búsqueda se realizó una modelación de lo que se podía encontrar.

“En un horno incinerador de cadáveres como los que hay en Cuba o en cualquier país del mundo, en dos horas, a 800 grados centígrados, se convierte en ceniza un cuerpo. De forma tal que, partiendo de este concepto, la primera modelación que hicimos era que si las condiciones ahí fueron por el efecto de las llamas podía haberse desaparecido todo”. 

O sea, prosiguió, “la primera modelación era que no íbamos a encontrar nada y que todo era ceniza disuelta en el combustible que se había derramado”.

La segunda modelación tuvo en cuenta un posible derrumbe sobre algún cuerpo, la caída de tubos o el desprendimiento de algún elemento metálico que pudiese haber caído sobre algún cuerpo e impedir una carbonización, o sea, una incineración total de ese cuerpo. 

De acuerdo con el Doctor en Ciencias, los especialistas también tuvieron en cuenta que, debido al derrame de combustible, el cuerpo podría estar debajo del líquido y la combustión no sería total según el momento en el que se extinguió el incendio. 

Puntualizó que, aunque los peritos ya se encontraban listos en Matanzas, fue necesario esperar a que se extinguiera el área para comenzar la investigación en el terreno.  

“Tuvimos que entrar cuando todavía había áreas incendiadas. Había humo, tuvimos que entrar y salir. Hubo compañeros a los que los zapatos se les derritieron producto al calor intenso que había en el suelo. Hubo dificultades que se fueron superando en la medida en que fue pasando el tiempo y por la acción del equipo de extinción que estaba constantemente ahí, además para protegernos a nosotros”.

El experto forense detalló que la investigación arrojó que alrededor del tanque 51 se encontraban 30 personas, lo cual se supo a partir de videos realizados por periodistas y por los órganos del Minint y las FAR, con el empleo de drones. 

De esas 30 personas, uno es el joven bombero de Bayamo fallecido recientemente, y de los 29 restantes, 15 fueron entrevistados por los órganos de la instrucción penal y los médicos forenses de Matanzas durante el trabajo inicial para restablecer las fichas de identificación, quedando 14 desaparecidos.

Dijo que sobre la base de esa información se hizo un primer plano de ubicación de todos los que supuestamente estaban en el lugar, así como de los equipos de extinción de incendios, los carros cisternas, los vehículos civiles y las pipas de abastecimiento de agua de las constructoras militares que estaban en aquel momento apoyando.

Explicó que cuando los especialistas entraron al área trataron de situar el lugar donde se encontraban los 14 desaparecidos, según los testigos, y supieron que en el primer tanque incendiado se había roto un muro de contención, derramándose líquido de un cubeto.

Desde el primer momento se percataron de que el cubeto tenía un ligero plano inclinado, con áreas más húmedas que otras.   

Según González Pérez, esto se consultó con los especialistas del Instituto Nacional de Investigaciones del Petróleo, quienes explicaron que “en la medida que pasa el efecto del calor y del incendio el crudo original va perdiendo las sustancias volátiles que lo componen. 

“El líquido se va convirtiendo en una pasta y, si el efecto del calor continúa, se convierte en lo que se denomina coque, que ya es una piedra”.

El Doctor en Ciencias precisó que en la exploración se observó que en el área del fondo el suelo está “coquificado”. 

Sobre la base de esa información y con el empleo de los drones de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, se trató de establecer el movimiento del flujo de los líquidos. 

La lógica de la física indicó que se había producido un desplazamiento hacia el fondo, lo cual se confirmaba porque “uno de los carros cisternas donde se rompió la pared fue desplazado y el líquido se movió hacia la derecha e incluso penetró por un registro eléctrico”.

González Pérez aclaró que esos datos deben ser verificados posteriormente por los expertos en criminalística que se dedican a este tema. 

“Todo eso se hizo para saber la dinámica de lo que estaba pasando en el lugar y para saber qué pudo haber sucedido con los cuerpos de los que estaban ahí en el momento del incidente”.

Otro dato brindado por González Pérez indica que uno de los vehículos de extinción que se encontraba delante del tanque número 51, había sido desplazado hacia ese lugar. 

Con esos elementos, los peritos comenzaron el rastreo entendiendo que aún cuando los testigos dijeran que las personas las habían dejado en un lugar determinado, “no necesariamente tenía que estar allí”.

De acuerdo con el experto, los peritos fueron barriendo de manera homogénea y organizada un área dividida en cuatro cuadrantes, con sectores que tenían una cuadrícula de 5 x 5 metros. 

Para realizar la búsqueda, los especialistas tuvieron que solicitar a las Fuerzas Armadas picos y palas, cuyos cabos se partieron debido a la fortaleza que tenían los “coques”. En esas condiciones hubo que emplear además un martillo neumático y se logró levantar 1 679 metros cuadrados.

Jorge González: Lo que encontramos fue una identidad relativa

Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

De acuerdo con los parámetros internacionales, la identificación absoluta puede establecerse cuando existe una correspondencia entre el fragmento y la identidad de la persona; mientras la identificación relativa o parcial no define que sea una persona específica, sólo estima si es un hombre o a una mujer, su edad, estatura.

“Estábamos buscando una identidad absoluta y lo que encontramos fue una identidad relativa”, sostuvo.

En el mundo, para establecer una identidad absoluta se necesitan tres elementos:

  • Empleo de la deca dactilar, “que en este caso aunque tengamos ficha no tenemos contra qué comparar”.
  • Estudio de la dentadura, que producto del fuego no queda rastro.
  • Estudios de biología forense (ADN).

El Doctor en Ciencias informó que no fue posible aplicar la extracción de ADN, dado que los restos encontrados estuvieron sometidos a altas temperaturas durante mucho tiempo.

“Consultamos incluso con expertos internacionales de la Red Iberoamericana de Ciencias Forenses, de diversos países de Europa como España y Portugal, y estamos en disposición de recibir cualquier tipo de información relacionada con este asunto.

“Los expertos coinciden con nosotros que en las condiciones del siniestro, que además le hemos descrito y enviado material fotográfico para su valoración, que es imposible aplicar en este caso ninguna técnica de biología forense que pueda identificar.

“Por tanto, en esas condiciones el equipo nuestro llegó a establecer que resulta imposible identificar de forma absoluta los restos. Lo que le hemos explicado a los familiares es que tenemos 14 agrupaciones de restos óseos que se corresponden con las 14 personas desaparecidas, pero que no podemos distinguir o diferenciar una de otra y ponerle nombre a estos restos”.

Interrogado por la prensa nacional y extranjera, el presidente de la Sociedad cubana de Medicina Legal explicó que los peritos y científicos tienen las listas de los desaparecidos, su edad, caracterización, “pero no me corresponde ni tengo autoridad para transmitir esa información. Corresponde a la familia”.

Dijo que en las próximas horas corresponde a las autoridades del país explicar cómo se harán las honras fúnebres.

Sobre hechos similares, recordó que cuando la caída de un avión en Cuba en el año 89 se logró identificar solo el 25% de las víctimas, incluso hay países con mausoleos comunes para las víctimas no identificadas. 

“Cuando existe una identidad absoluta, ahí puede quedar el derecho de la familia de disponer, cuando no hay una identidad absoluta son las autoridades correspondientes quienes determinan dónde se van a colocar los restos”.

Agregó que cuando se entierra un resto que no está identificado, “si existiese mañana una nueva tecnología, que no hubiésemos podido emplear, hacemos la exhumación y la investigación”. 

El presidente de la Sociedad cubana de Medicina Legal comentó que aunque se intentó contactar con expertos de Estados Unidos, lamentablemente no se pudo hacer una videoconferencia mediante la plataforma Zoom, pues su uso está restringido en Cuba debido al bloqueo.

Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

En video, la conferencia

Horas difíciles, héroes renacidos

Varios de los rescatistas observan el episodio desde una prudencial distancia. Es el instante más duro. Se niegan a aceptarlo. Darían cualquier cosa por cambiar los hechos

Autor: Ventura de Jesús | ventura@granma.cu

El rescatista Yoamel Santana Perdomo. Foto: Ventura de Jesús García

Matanzas.–Sí, no te preocupes, ya me afeité y me puse crema en la lesión de la cara, le decía a su esposa por teléfono, acodado en la tubería que delimita el acceso a la batería de tanques devastada por el siniestro.

Al notar nuestra presencia, cambió un tanto el tono de la voz: –«Mi mujer quiere venir hasta el Comando a traerme ropa fresca, pero le dije que de eso nada», se defendió.

Su nombre es Yoamel Santana Perdomo, rescatista del Comando 1 de Matanzas. Su carro, asegura, fue el segundo en llegar el viernes 5 de agosto, en la tarde-noche, al lugar del incendio en la Base de Supertanqueros.

«Pude escapar de varias explosiones, pero otros de mis compañeros no corrieron con la misma suerte», cuenta, al tiempo que dirige la mirada hacia los tanques arruinados por las llamas, donde el 12 de agosto inició una labor de dimensiones extraordinarias a cargo de un equipo de expertos cubanos.

«Están buscando los restos de nuestros compañeros, esto es muy fuerte», dice, y trae a colación un recuerdo muy reciente. «Yo ayudé a subir a nuestro carro al bombero Elier Correa. Venía todo cubierto de petróleo, embarrado por completo y ni siquiera podía abrir los ojos.

«Ya estaba a unos 300 metros de la explosión, y no me explico cómo logró llegar hasta allí, quizás porque tenía la adrenalina a full. Venía subiendo una cresta, cuando mi compañero lo reconoció. Estaba tambaleándose, y en cuanto lo pusimos dentro del camión, pidió un teléfono para llamar a su mamá.

«Denme un teléfono, dénmelo, nos reclamaba. Pero nosotros no teníamos el celular en ese momento. No chico, no, sé positivo, no va a pasar nada, fue lo único que se me ocurrió decirle».

El fuego en la Base de Supertanqueros ya está extinguido, no se divisa peligro, pero las horas siguen siendo difíciles, como parte de estas dramáticas jornadas.

Varios de los rescatistas observan el episodio desde una prudencial distancia. Todos están pendientes de lo que sucede en el sitio donde el incendio sepultó los cuerpos de aquellos valientes. Es el instante más duro. Se niegan a aceptarlo. Darían cualquier cosa por cambiar los hechos.

La certeza de las vidas salvadas es el único alivio.

En sus rostros se refleja el respeto y la admiración por sus compañeros, capaces de sobreponerse al mayor de los peligros por salvar la vida de los demás.

Yoamel, quien también participó en las labores de rescate en el hotel Saratoga, muestra la foto de pantalla de su celular. «Miren, este es mi hijo, tiene 13 años de edad, y creo que heredó el carácter de su padre. Lo estoy preparando para que sea un buen rescatista».

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Por: Michel E Torres Corona

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Caminan en fila, uniformados de las botas al casco, hacia el incendio. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

En un principio fue el fuego, el gran estallido. Un rayo surcó, sangriento, la noche matancera. Uno de los enormes tanques que almacenaba combustible se incendió. Hombres y mujeres, personas bravas, fueron al encuentro de las llamas, a contener a aquel monstruo ígneo para que no terminara devorando todo a su paso. En las primeras batallas fueron derrotados; varios de ellos murieron. Los que, a la distancia, íbamos conociendo de aquel feroz combate, empezábamos a caer en la cuenta de que aquel no era un fuego común. Corrían las primeras horas de uno de los peores desastres que haya sufrido nuestro país en su historia.

En Matanzas fue a congregarse lo mejor de Cuba: bomberos de todo el país, decididos a vengar a sus compañeros caídos con la irreversible muerte de las llamaradas; periodistas que nos llevaron de la mano entre el hollín, el miedo y el humo; el invaluable ejército de batas blancas, curando al herido, calmando a los familiares, poniendo el hombro para los que lloraban a las víctimas del siniestro. También estuvo en Matanzas algo de lo mejor de nuestra porción de humanidad: hermanos de México y de Venezuela que acudieron prestos al llamado de Cuba.

Varios días duró la guerra contra el fuego, pero finalmente el humo se hizo gris y luego blanco, las altas llamas fueron extinguiéndose. Los que amamos a Cuba nos permitimos un minuto de felicidad en medio del dolor por los fallecidos, en medio de la certeza de que, con el combustible perdido, todo sería en lo adelante aún más difícil. Fue una victoria, sí, otra más, aunque no la celebremos en solemne respeto a los que perecieron, aunque sepamos que nos quedan muchos retos y dificultades por superar.

Amén de su signo político aparente, los odiadores, los que nos agreden o son cómplices de nuestros agresores, no pueden reconocer siquiera esa victoria. Son personas de mala entraña que, en secreto o a voces, se alegraron por la potencia del incendio, por la estridencia de las explosiones; gente que invocaron al karma o a un supuesto castigo divino, merecido, ya sea por el proyecto de Código de las Familias o por las décadas del socialismo; frustrados y perdedores que vieron en la fuerza de la Naturaleza la única opción de obtener ese «cambio» para el que carecían de valentía e inteligencia.

Incapaces de celebrar el coraje de nuestros bomberos, dadores de azul, trataron de convertir el triunfo sobre la adversidad en Matanzas en una campaña contra el servicio militar obligatorio. Y sí, es cierto que luchando contra el fuego murieron excelentes hombres, de distintas edades y procedencias. Y también es cierto que, en estos tiempos, debemos repensar el servicio militar, no solo en su contenido, sino también en su carácter voluntario u obligatorio, tanto para hombres como para mujeres: no es lógico que seamos paladines de la equidad y sigamos validando ese tipo de distinciones. Pero lanzarse a esa campaña en estos precisos momentos no es otra cosa que abyecto oportunismo.

Cuando se escriba la historia de ese rayo que surcó sangriento la noche matancera, cuando se recuerde la terrible batalla entre la vida y la muerte, se leerá muy claro que no fuimos nosotros los ponzoñosos, los intrigantes, los tergiversadores; se verá, con perfecta nitidez, todo lo que nos distingue. No se puede ser bueno si se desea el mal para Cuba y a mí, aunque sea por un minuto en medio del luto, me alegra reconocerme en el bando correcto.

Fuerzas especializadas trabajan sin descanso para controlar el incendio. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

(Tomado de Granma)

Héroes que curan héroes

En el puesto médico de avanzada de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, emplazado en la zona del siniestro, se trabaja como en tiempo de guerra

Autor: Yeilén Delgado Calvo | nacionales@granma.cu

BOMBEROS
Aun extenuados, los bomberos le decían: «Médico, enfríeme; médico, cúreme, que voy pa’ atrás, tengo compañeros ahí». Foto: Ricardo López Hevia

El mayor Léster Rodríguez Ruz, especialista en Cirugía Plástica y Caumatología, del hospital militar Dr. Luis Díaz Soto (Naval), en La Habana, no es ningún improvisado. A los 39 años mucho ha visto, porque entre sus misiones están la lucha contra el ébola, la COVID-19, «y ahora esta».

A pesar de la experiencia, dice que el combate al incendio en la Base de Supertanqueros de Matanzas es un escenario diferente e impactante.

Para describir las otras situaciones y su oposición con la actual usa, no uno, sino tres adjetivos: «Aquellas fueron organizadas, planificadas, previstas; pero esta ha sido más parecida a una guerra, hemos tenido que improvisar, desplegar un puesto médico en el terreno, y preparar personal que no está bien adiestrado en la atención masiva de quemaduras, con alta posibilidad de intoxicación y contaminación».

El puesto médico de avanzada de las Fuerzas Armadas Revolucionarias se halla emplazado en un punto relativamente cercano al epicentro del incendio.

Hay una casa de campaña, camillas, balón de oxígeno, instrumental, medicamentos, una ambulancia, y un grupo de trabajo de seis personas: caumatólogo, cirujano general, intensivista, y tres enfermeros. Quienes se relevan para trabajar allí pertenecen al hospital Naval y al hospital militar Mario Muñoz Monroy, de la provincia.

Antes de que el puesto se estableciera el lunes, casi todos ellos trabajaron desde la madrugada del sábado en la evacuación, clasificación, auxilio y traslado de los lesionados.

EL MOMENTO ERA TRISTE

Isbel Viera Capote, chofer paramédico del Mario Muñoz, salió alrededor de las cinco y media del sábado hacia el lugar de los hechos, luego de que al hospital arribaran los primeros lesionados.

«Estuvimos a menos de un kilómetro, no se podía avanzar más; cada vez que veía una llamarada pensaba en las vidas que estaban allá dentro, y me dolía, porque había que esperar que los trajeran, o llegaran.

«El momento era triste, no podíamos hacer otra cosa que mantener la calma, y ponerle mucho asunto a lo que estábamos haciendo, cualquier error les podía costar la vida. Como ya se había evacuado una gran parte de los heridos, decidimos ir al Faustino, para ayudar en la clasificación y el traslado».

Adrián Silvio Ruiz, cirujano del hospital militar matancero, recuerda que esa madrugada las ambulancias dejaban cinco o seis lesionados a la vez, llegaron a tener más de 30.

Vieron lesiones graves y menos graves, contaminadas, predominantemente en la espalda y el dorso de los brazos, las orejas y el cuello, consistentes con la huida del fuego.

Rodríguez Ruz explica que están acostumbrados a las quemaduras caseras, limpias, pero las producidas en este incendio fueron «parecidas a las de guerra. Tenían polvo, agua contaminada, chapapote y restos de sustancias químicas».

Habla entonces de procedimientos que encogen el estómago a los no entendidos: lavados de arrastre, conducta expectante para ver hasta dónde el tejido puede responder o necrosarse, pronósticos reservados, posibilidades de secuelas invalidantes y de tratamiento quirúrgico.

Ilustra, además, que cuando se produce una explosión viene el «fogonazo»: la onda expansiva avanza cargada de humo y con temperaturas de hasta cien o 120 grados, y esa fue la fuente de parte de las quemaduras menos graves.

Cuando se le pregunta sobre los muchos bomberos, incluidos oficiales, que están en el terreno con sus heridas cubiertas de nitrofurazona y vendadas, y cuánto les pueden doler, responde que «las quemaduras, mientras más superficiales son, más duelen; de hecho, es un signo positivo. Cuando no duelen, preocupa, porque no están las terminaciones nerviosas, y son las de peor pronóstico.

«En tiempo de paz se tratan con mercuro y se dejan expuestas, para que sequen y creen una costra; en tiempo de guerra, más si se van a incorporar, hay que lavarlas, echar nitrofurazona y ocluirlas.

«La verdad es que no habrían debido volver, pero ellos nos decían que no, que se morían aquí, que no abandonaban a los suyos; y no quedó más remedio que taparles las quemaduras y contestarles, “bueno, hermanos, cuídense”.

«La mayoría cicatriza bien, algunas se infectan, eso depende generalmente de con qué se apagaron, de si se tiraron al piso y se contaminaron, o no».

MÉDICO, ENFRÍEME, QUE VOY PA’ ATRÁS

El trabajo en el puesto médico de avanzada es esencial para el bienestar de las personas que laboran en el área del siniestro. Foto: Ricardo López Hevia

Después de ese fin de semana tan convulso en el hospital, la labor en el Puesto Médico es de otra naturaleza, sin dejar de ser compleja. Los bomberos llegan con golpes de calor o deshidratación, y ellos proceden a hacerles el «baño de descontaminación»: desvestirlos, bañarlos con agua corriente, enfriarles el cuerpo e hidratarlos; siempre teniendo en cuenta si existe algún grado de intoxicación por monóxido de carbono.

Adrián Silvio Ruiz está habituado a lo impactante, hace solo cuatro meses que volvió a ejercer como cirujano; antes de eso, y por dos años, estuvo al frente de una sala en zona roja.

No obstante, el encuentro con unos bomberos extranjeros se le ha quedado prendido en el alma: «Ayer vinieron unos venezolanos y nos pidieron un poco de pomada, porque no se habían podido bañar y el traje les quemaba la piel. Les dijimos “báñense, acuéstense un rato aquí”, y nos contestaron: “no, no, nosotros vamos para adentro de nuevo, no podemos perder tiempo”.

«Conversamos con ellos alrededor de diez minutos, y nos decían que Cuba y Venezuela son una sola, que ellos le están cumpliendo al Comandante Chávez. Estuvieron toda la madrugada adentro».

El mayor Léster también se conmueve ante esos muchachos que les contaban que allá parecía el mismo infierno, que las temperaturas eran insoportables, con un nivel de asfixia que no los dejaba responder. Pero a la vez le decían: «Médico, enfríeme; médico, cúreme, que voy pa’ atrás, tengo compañeros ahí».

En medio de esa labor de asistencia con la más completa experticia, también han vivido momentos tensos, como ese cuando vieron «una bola de fuego que venía para acá. Todos corrimos y llegamos hasta allá, hasta el agua. De repente se extinguió, pero corrimos, para qué te voy a engañar», relata Rodríguez Ruz.

Posiblemente no haya nadie trabajando para enfrentar el desastre en la zona industrial de Matanzas que no haya corrido por su vida alguna vez en estos días; y, sin embargo, es un escenario plagado de valientes. Después de correr, regresan.

Fidel: lecciones de vida y de amor

Las pautas del concepto de Revolución fueron, para el Comandante en Jefe, pautas de vida, de pensar y de hacer

Autor: Leidys María Labrador Herrera | leidys@granma.cu

FIDEL
La vitalidad de esa herencia de ideales y valores, radica en la decisión colectiva de no dejar perder las conquistas adquiridas bajo su liderazgo. Foto: Yaimí Ravelo

Es sin dudas excepcional y único todo ser que, tras haber cumplido los límites de su existencia humana, se mantiene vivo. No, no se trata de una afirmación mística o religiosa, sino de una contundente verdad, que descansa en el ilimitado alcance de ciertas figuras a lo largo de la historia.

Los cubanos sabemos bien que eso es posible. Hemos tenido el privilegio de que sea esta Isla madre y cuna de personalidades capaces de transgredir la mortalidad de nuestra especie, para habitar eternamente la dimensión del pensamiento, del recuerdo, de la admiración y el amor.

Pero no es cosa simple alcanzar esa estatura. Se necesita mucho corazón, mucho temple, poner la existencia propia a favor del bien de los demás, hacer historia desde principios de humildad y justicia. Se necesita defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio, y todo eso y más, lo logró Fidel.

Cuando definió brillantemente a la Revolución, aquel inolvidable 1ro. de mayo del año 2000, sin proponérselo, sin que eso pasara jamás por su cabeza, se definió a sí mismo, porque, ser consecuente hasta el último suspiro con todo lo descrito en sus palabras, lo convirtió en un hombre inmortal e imperecedero.

Fidel: sinónimo inequívoco de Revolución

Aprendimos tanto del Comandante en Jefe, que su figura se nos dibuja a cada paso. Cómo no recordarlo cuando solo el profundo sentido del momento histórico nos ha permitido sobreponernos a las adversidades y sostener nuestras metas y expectativas.

Cómo no saberlo presente cuando ponderamos los derechos de cubanos y cubanas, la igualdad, el acompañamiento a los más desprotegidos, si para él fue siempre el ser humano el centro de esta obra y nunca, por duros que fueran los tiempos, abandonó al pueblo.

Hay mucho de Fidel cuando decimos que pese al bloqueo genocida, a los ataques perennes contra nuestro país, a la insistencia del enemigo por arrancarnos nuestra ideología patriótica, no vamos a detenernos, ni a cansarnos, ni a renunciar. Porque nuestro eterno líder nos dejó claro que debíamos emanciparnos por nosotros mismos, pero que en ese camino habría que desafiar poderosas fuerzas dominantes.

Con el ejemplo propio demostró que la modestia, el desinterés y el altruismo son valores imprescindibles, que se enriquecen si van acompañados de la solidaridad para con los demás, para con otros pueblos, para con el mundo.

De qué otra forma si no fuera por la audacia, la inteligencia y el realismo con que hacemos frente a los obstáculos, habríamos podido sostener el socialismo cubano en un mundo mayoritariamente capitalista y hegemónico, que no perdona los modos alternativos de vivir y de pensar.

Nuestra mayor fuerza ha sido y será siempre la de la verdad y de las ideas. Gracias a ellas se sostiene la unidad inquebrantable de este pueblo que, con la verdad como bandera, ha sabido edificar sus sueños de justicia, pero se ha erigido como faro de todos los que en el mundo comparten esa esperanza.

Las pautas de ese concepto de Revolución fueron para Fidel pautas de vida, de pensar y de hacer. Fueron los caminos que condujeron su andar por este mundo y que le hicieron merecedor del respeto de cuantos lo conocieron, aunque no compartieran su ideología de pensamiento.

Pero, sobre todo, fueron esas pautas las que hicieron posible algo sumamente sagrado para Cuba: nuestros principios de continuidad. Esos que nos llevaron a exclamar ¡Yo soy Fidel!, y sostenerlo, como el más preciado de los estandartes en cada una de las batallas que libramos.

La constante e innegable presencia

Nada tiene de retórica nuestra firme convicción de la sobrevida de Fidel. Por el contrario, se trata de una certeza que comprendemos muy bien los cubanos, pueblo agradecido y convencido de quién merece el privilegio de su confianza.

La vitalidad de esa herencia de ideales y valores radica en la decisión colectiva que asumimos como nación, de no dejar perder las conquistas adquiridas bajo su liderazgo, el de Raúl, y el de toda la generación que lo secundó en el empeño de sacudirle a Cuba los siglos de opresión que laceraban su dignidad.

Es por eso que los hombres y mujeres que tomaron de sus manos las banderas del socialismo sostienen que una república con todos y para el bien de todos es, y seguirá siendo, la máxima de cada día; que la vida de un revolucionario siempre implica elevadas dosis de entrega y de sacrificios.

Como lo hizo siempre Fidel, no ha habido un solo instante en el que sus continuadores se hayan apartado del pueblo. Con entereza, con paciencia, sacando fuerzas de donde solo el amor puede sacarlas, han sostenido el mismo desvelo por los problemas del pueblo, por sus preocupaciones, por sus necesidades.

Ese pueblo que nunca se ha sentido abandonado, que se sabe bajo el manto protector de la Revolución y, al mismo tiempo, protagonista de su existencia, ha respondido con unidad, con fidelidad, con madurez, con entrega, a la máxima de pensar como país.

En Cuba, el poder es popular

Fidel tiene también entre sus incontables méritos el de haber entendido desde el comienzo de sus luchas, y haber sostenido siempre, después del 1ro. de enero de 1959, que un líder revolucionario tiene que vivir como vive el pueblo, pensar como piensa el pueblo, solo así tendrá la sensibilidad suficiente para conocerlo y escucharlo.

Y ese binomio, líderes-pueblo, que jamás se ha roto, ni lo hará, es una indiscutible carta de triunfo que siempre nos acompaña, porque cada decisión, cada proyecto social, cada nuevo camino que iniciamos, lleva mucho del pensamiento y la sabiduría que se mueve entre nuestra gente.

En Cuba, el poder es popular. No es un trofeo que se exhibe desde posiciones de superioridad, no está ceñido a un cargo, no responde a millones en una cuenta de banco. Como todo aquello que hemos construido, también es un bien común, ejercido de diversas formas, pero, sobre todas las cosas, desde la visión de impulsar aquello que favorezca el bienestar colectivo.

El líder histórico de la Revolución apuntaló siempre desde su actuar, desde cada uno de sus pronunciamientos, desde el hacer cotidiano, la transparencia ante el pueblo, el deber de rendirle cuentas, pero a la vez, fomentó en las masas la convicción de que la Revolución no se hace sola, de que las obras no se construyen solas, de que lo que a todos pertenece, es, a la vez, responsabilidad de todos.

Quizá sea por eso que este pueblo no admite lo mal hecho, que no acepta nada sin pilares sostenibles y bien fundamentados. Quizá sea por eso que el pueblo siempre es parte primordial de todo lo que hace, y no desde la postura de observación pasiva, sino desde la creatividad y la participación.

Nunca estamos solos

Por muy justa y equitativa que sea una sociedad siempre habrá personas que, por las más diversas causas, quedarán en situación de vulnerabilidad en relación con los demás. La grandeza del socialismo cubano radica, precisamente, en promover el reconocimiento de esas particularidades, para que ningún ser humano, familia o comunidad quede a merced del abandono o el desamparo. También eso lo aprendimos de Fidel.

Aprendimos que no siempre el que necesita ayuda es capaz de pedirla, y por eso debe tener la Revolución los mecanismos que les permitan llegar hasta esas personas, aun si no ha existido un reclamo de ayuda. Así hemos construido nuestra propia definición de solidaridad, que se expresa en todos los ámbitos de la sociedad, dentro y fuera de nuestras fronteras. 

Pero ha sido esa máxima la que ha dado un carácter casi épico y pocas veces visto en el mundo, para no ser absoluto, a la práctica, devenida deber inalienable, de que en cada momento difícil o doloroso, las personas sientan el apoyo de sus dirigentes, el acompañamiento que ayuda a aliviar el más hondo pesar, el abrazo para fortalecer el alma.

Un cubano nunca está solo. Ese sentimiento de solidaridad, personificado en nuestros líderes, responde a un sentir colectivo porque, en este país, la alegría y el dolor se comparten por igual, así de grande es el corazón que nos habita.

Por eso agosto ha sido siempre el momento propicio para celebrar su existencia, porque a él, a sus hermanos generacionales, a la inmensa obra que nos legaron, al amor incondicional que siempre profesaron y profesan a esta Patria, les debemos las más hermosas y perdurables lecciones de vida, que nos hacen hoy, a la par, mejores revolucionarios y mejores seres humanos.

La estatura de un hombre

Entre otras muchas misiones, Ernesto Vega González ha estado en el accidente de aviación de 2018, en la explosión del Hotel Saratoga y ahora en el incendio en la Base de Supertanqueros

Autor: Ventura de Jesús | ventura@granma.cu

Autor: Yeilén Delgado Calvo | nacionales@granma.cu

BOMBERO
Vega es enfático cuando asegura que todo bombero sabe que siempre corre peligro. Foto: Ricardo López Hevia

Vega, como lo conocen todos, no es dueño de un físico imponente, pero observándolo se tiene la impresión de que, aun en ropa de civil, a la distancia se podría identificar el bombero que es hace 32 años.

Habla bajo, pausado, y con una voz ronca que tal vez se deba a todo el humo y el polvo inhalados en los desastres a los cuales les ha puesto el pecho a lo largo de su carrera, desde que empezó ese camino como soldado en el Servicio Militar, hasta llegar a ser el Jefe del Comando San José, de Mayabeque, con 30 efectivos bajo su mando.

Entre las misiones en que ha conducido acciones de rescate y salvamento están tres de las que más han estremecido a Cuba en los últimos tiempos: el accidente de aviación del 18 de mayo de 2018, del Boeing 737-200; la explosión del Hotel Saratoga, hace tres meses; y ahora el incendio en la Base de Supertanqueros de Matanzas.

En las inmediaciones del Comando Especial No. 2, en la zona industrial, enfundado en un overol y recostado a un carro, Ernesto Vega González no aparenta ni sus 50 años ni el cansancio que no dice, pero tiene que sentir.

El tizne está prendido en los pliegues de su piel, en las uñas, y con calma responde el aluvión de preguntas que le lanzan dos periodistas y un fotorreportero.

«Estos últimos tres escenarios han sido muy difíciles, pero diferentes. En el Saratoga, que estuvo fuerte, muy duro, sabíamos que estábamos buscando personas reportadas como desaparecidas, y teníamos casi la certeza de que estarían bajo los escombros.

«En este evento desconocemos realmente en qué parte pueden estar los compañeros desaparecidos; no hemos podido acceder a todas las áreas donde trabajábamos al momento de la explosión del segundo tanque; la intensidad del fuego no nos permite entrar.

«Jamás he perdido un compañero de mi Comando, pero sí personas civiles, y nunca es fácil. Puedo asegurar que aquí la Dirección del Cuerpo de Bomberos se ha centrado, además de en sofocar el incendio, en la búsqueda de los bomberos, y que en todos los lugares a los que hemos podido llegar se ha hecho».

El Comando de Vega arribó sobre las nueve de la noche del viernes 6 de agosto, y desde entonces no han dejado de trabajar,  «todo el mundo está aquí, nadie se quiere ir, solo seguir y seguir hasta controlar el incendio».

Aclara que esa primera noche, mientras enfriaban la estructura del tanque, no era un secreto el riesgo que corrían. «Los bomberos desde que entran saben. En todos los trabajos nuestros hay una persona, o más, que se llama vigilante de escena, y se mantiene todo el tiempo buscando elementos de peligro.

«No fallaron, estábamos previendo que pudiera pasar, no hay más personas desaparecidas por eso, por la previsión que siempre tuvo la jefatura y los que estábamos ahí».

Al momento de la explosión de la madrugada del sábado, su tropa corrió hacia una maleza y por allí salió; dentro del fuego quedó el carro de bomberos, y dentro del carro, todos los teléfonos móviles. Después de eso lo vimos a lo lejos, una vez –cuenta–, cuando el humo amainó, pero lo que queda ya no tiene salvación.

Vega es padre de cuatro y abuelo de dos. El sábado en la mañana a su familia le llegó la información de que estaba entre los lesionados graves, «y realmente no tengo ni un arañazo». Dice que estaban muy preocupados y que han buscado la manera de comunicarse con él hasta tres veces cada día.

En su relato se unen los detalles de la labor que están haciendo –«mantenemos relevos de grupos de trabajo, cada tres o cuatro horas»– con notas entrañables, que hacen quizá toda su fortaleza: «El niño mío más chiquito tiene cinco años, y desde los tres lo estoy tirando con cuerdas, es que le gusta; ese parece que va a ser bombero.

 «Mis hijas me dicen: “papá, ya, es suficiente”», pero él reconoce que para un bombero la adrenalina a veces se convierte en una necesidad; lo que no quiere decir que se expongan gratuitamente. «En este oficio es muy importante la disciplina, porque ayuda a evitar accidentes.

«Hay que escuchar siempre la voz del jefe, que es el que más experiencia tiene; lo mío en el terreno es dirigir las acciones, garantizar la seguridad de mi gente».

Esa cultura es la que hace, asegura, que los bomberos sean una familia a nivel internacional, «puedes coincidir con algunos que ni siquiera hablan tu idioma, pero hay códigos; enseguida se entabla empatía y amistad».

Cuando se le pregunta cómo puede amar tanto una profesión tan riesgosa, emprende afablemente la contraofensiva: «Bueno, lo mismo pasa con los periodistas, que hasta van a la guerra, habrá quien piense que son locos».

La cuestión está, lo dice sin decirlo, en el deber. «No me gusta el protagonismo», afirma cuando percibe que la conversación informal es una emboscada con todas las de la ley.

Hablamos entonces de sus tres matrimonios, de si será difícil estar casada con un bombero, y nos manda a entrevistar a su esposa, que lo llama cada vez que puede, temiendo.

Luego nos revela que a los del comando les gusta debatir las películas de bomberos, y que la favorita suya es Infierno en la torre, con Paul Newman; pero todos coinciden en algo, en las películas hay mucha ficción, la realidad es otra cosa, y es mucho más tremenda.

Lo mismo sean bomberos o cirujanos, los cubanos no pueden escapar del choteo ni en la más absoluta adversidad, lo ratifica, y claro que debajo de esa carpa, donde varios tienen quemaduras y esperan la próxima llamada, discuten quién corrió más que un atleta olímpico para escapar.

Cuando el diálogo termina, la oscuridad del atardecer es firme sobre la zona industrial de Matanzas. Los carros de los equipos de prensa avanzan rumbo a la ciudad, pero para Vega no existe esa cama cómoda ni la ducha del hospedaje que les han asignado.

Él no mira hacia allá, mira hacia la fuente de la inmensa y negra columna de humo, a donde irá en breve; y aunque no tiene un físico imponente, a la distancia, a contraluz, su estatura es inmensa.