A un año del #11J en Cuba, algunas ideas

Por Pedro Antonio Santander Medina

Imagen: Razones de Cuba

El 11 de Julio del 2021 Cuba vivió un intento de desestabilización propio de lo que se conoce hoy como “golpe blando”. Estos tienen características comunes a los golpes de estado tradicionales que los latinoamericanos bien conocemos, y otras características que son menos clásicas y, podríamos decir, propias de estos tiempos, como tal responden a sus propios contextos epocales. Como todo golpe lo que se busca es la desestabilización y el derrocamiento de un gobierno legítimo que es considerado una amenaza. Como suele ser común en nuestro continente (y más allá de éste), la mano gringa está siempre detrás de esos intentos de hacer caer gobiernos considerados no sumisos a los dictados del imperialismo.

El adjetivo “blando” apunta a una característica que distingue este tipo de golpes de aquellos golpes militares que bien conocimos los chilenos, uruguayos, argentinos, paraguayos, etc. Si bien también hay una conspiración intensa para derrocar a un gobierno, la forma de resolverla es menos militar y menos frontal que en los putch al estilo Pinochet. No siempre hay violencia armada, y cuando la hay ésta no proviene de las fuerzas armadas regulares, sino que de elementos civiles extremistas (muy bien apertrechados) como ocurrió en Ucrania en 2014. A veces incluso no hay en absoluto violencia armada en estos golpes blandos como le sucedió al presidente Lugo en Paraguay o a Dilma en Brasil.

Lo que sí siempre vemos es una campaña comunicacional previa al golpe que apuesta por envenenar el clima social y generar un daño reputacional extremos a los líderes o lideresas que encabezan procesos de transformación social. Es lo que, por ejemplo, le ocurrió a Pablo Iglesias en España; se trató de un ataque a su persona tan sostenido que él terminó dando un paso al costado; y actualmente ese ataque mediático-comunicacional está enfocado en su compañera, la Ministra Irene Montero (ella ha mostrado bastante mayor aguante, en todo caso, que Iglesias).

Estas campañas se encuadran con marcos (frames) que fabrican escándalos, lo que a su vez genera juicios mediáticos, que, en paralelo, son avivados con procesos judiciales. Se intoxica así el ambiente social, apostando a generar las condiciones subjetivas necesarias que permitan que la temperatura comunicacional suba lo suficiente para que haya un traslado, un cambio de estado físico y un salto de esa intoxicación desde lo mediático-virtual a lo social-material, con el propósito de generar así movilización ciudadana en calle.

Golpe comunicacional contra Cuba

Esto último, claramente ocurrió en Cuba el 11J; me refiero a los intentos de intoxicación del clima social. Para ello se aplicó un guión similar al usado en Bolivia el 2019, adecuado a la específica realidad cubana: uso de cibertropas, de hashtags, de tendencias, de fake news, etc., sumado al intento de silenciar nuestros medios mediante ataques cibernéticos. Al menos desde el 27 de noviembre de 2020 se pudo observar que se transitó de una fase crónica de ataque comunicacional contra la revolución a una fase aguda que fue in crescendo, hasta llegar el 11 de julio. El objetivo político es claro: traspasar la dinámica de reclamos on line a las calles. Y hubo en esa operación un “disparador” o evento gatillo acompañado de un hashtag (#SOSCuba), éste último aupado por artistas del mundo y luego por la mediática mundial. Este evento gatillo ocurrió en mismo 11 de julio por el alza de casos de Covid, y es interesante constatar que estuvo vinculado a un tema donde Cuba es fuerte, el tema sanitario. Se mostró ese día, efectivamente, una capacidad movilizadora desde lo comunicacional a lo territorial.

Pero, afortunadamente, el imperialismo la tiene más difícil en Cuba. No tiene control, como sí ocurre en otros países, de los medios tradicionales, no puede hacer el daño reputacional personalizado que sí logra desplegar en otros países, ya que la dirigencia cubana, bajo la escuela de Fidel, ha sabido combatir la corrupción de tal modo que ni el imperialismo puede entrar por ese flanco. Le quedaba entonces, casi a modo natural, la opción y la vía de las redes sociales para intoxicar. Y eso, efectivamente ocurrió en el marco de lo que se ha conocido como el 11J.

Mecanismo golpista epocal

Entonces, cuando hablamos de golpe blando estamos hablando de un mecanismo desestabilizador que es propio de esta época. Hoy la atención de miles de millones de personas está a diario puesta y dirigida hacia pantallas de diverso tipo, generalmente móviles y que caben en la palma de la mano. El consumo de comunicación mediatizada nunca en la historia de la Humanidad había alcanzado estas dimensiones, por lo tanto, se abre ahí una vía de acceso a un territorio aún no plenamente conquistado por el imperialismo que es la mente humana. Por lo mismo, la nueva doctrina político militar de la OTAN, por lo tanto, de USA, apuesta explícita y públicamente desde finales del 2020 a lo que se denomina Cognitive Warfare (CW), guerra cognitiva que plantea la mente humana como el nuevo teatro de operaciones y campo de batalla que mediante las posibilidades de las tecnologías de la información puede ser conquistado (el ajeno), así como ser defendido (el propio).

En ese sentido, el imperialismo seguirá apostando indudablemente por estas modalidades de agresión. Son modos propios de su tiempo, de esta época de 4ª Revolución Industrial, expresiones superestructurales de una etapa del capitalismo en la cual el vínculo central entre fuerzas productivas y relaciones de producción está  mediado como nunca por la tecnología y la comunicación.

Sin embargo, también es importante señalar que éstos no siempre triunfan y logran sus objetivos. Por el contrario, los casos recientes de Chile, Colombia, Honduras y – creo- próximamente Brasil donde triunfan opciones que no son las preferidas del imperialismo y ni de la gran burguesía criolla demuestran que estamos en un momento en que los golpes blandos no la tienen tan fácil como ocurrió el 2009 en Paraguay o el 2016 en Brasil.

Este dato es importante, los pueblos tienen sus propios mecanismos de resistencia frente a la guerra no convencional, cognitiva y de 4ª generación que se despliega y se les hace.

Un antes y un después del 11J

Hay un antes y un después del 11J en Cuba. No hay opción, es una cuestión de la máxima importancia política. Como decía el Che, hay que saber sacar ventaja de las situaciones desventajosas en que el imperialismo ha colocado a Cuba. Y la lección que hay que sacar es que el tema comunicacional es hoy – en el marco de la llamada 4ª Revolución Industrial, del capitalismo cognitivo, de la economía de la atención, de la Guerra de Cuarta Generación, etc.-   un tema prioritario. Diría que junto con el militar y el económico debe encabezar las preocupaciones políticas de la revolución. En ese sentido y por razones muy obvias, Cuba llega con atraso a este terreno, pero, y por la cita del Che, hay una tradición de estudio, de lucha, de compromiso y de creatividad revolucionaria en la Isla tan inmensa que cabe ahora orientarla a la cuestión comunicacional y desde ahí saber defenderse incluso contratacar. Hay que meterle mucha inteligencia a esta cuestión, y esa Cuba la tiene de sobra.

No es ningún misterio que el centro conspirativo contra Cuba tiene sede en EE.UU. y que el Departamento de Estado gasta millones de dólares en atacar la Isla sin pausa ni tregua. Es del suyo evidente que eso es así, ha sido así y seguirá siendo así. Lo central es cómo actuar en este frente de combate, el comunicacional, que se abre de un modo inusualmente intenso; y hacia allí debe ir dirigida nuestra inteligencia. No es algo completamente nuevo, siempre la Revolución ha sido atacada en el plano simbólico, pero sí se ha pasado a otra fase en este campo. Y el desafío de la Revolución es saber responder, a pesar de la asimetría, conociendo esta fase, estudiándola, aplicando creatividad e inteligencia, y sabiendo operar en ella. Por lo tanto, con lógicas comunicacionales del siglo 21 y no del siglo 20.

Internet y los clásicos revolucionarios.

Siempre está la duda respecto de cuánta fuerza tiene Internet para condicionar estos golpes. Pienso que es un error conceptualizar la web o Internet (que no son lo mismo) como variables independientes que puede generar linealmente manipulación y desestabilización a gusto. La relación no es tan lineal ni tan causal. Lo que hay es correlación, sin duda, pero no necesariamente relación causal. Como revolucionarios/as no debemos olvidar nunca que la conciencia y la moral son nuestros mecanismo por excelencia, son nuestra fuerza, nuestro blindaje y enfrentados a ellos la fuerza comunicacional del enemigo rebota.

Es decir, el problema siempre es, en primer lugar político, nunca exclusivamente comunicacional. Lo comunicacional no opera a solas, desacoplado de lo político, ni resuelve cuestiones que la política no ha sabido resolver o enfrentar. En ese sentido, debemos siempre recordar que personas con conciencia política son un público, una audiencia, usuarios, etc. cualitativamente diferentes; es un pueblo-audiencia mejor preparado para enfrentar la Guerra Cognitiva que aquellos que no están politizados. Y esa conciencia política se adquiere fundamentalmente en la dimensión material-social.

En segundo lugar, dado que por contraparte todo tiende a lo digital debemos conocer esa dimensión exhaustivamente, saber navegar en ese océano. Debemos estar en las redes, por supuesto, pero no basta con ser usuarios talentosos, debemos también entender la dinámica digital, el comportamiento del dato digital, el fenómeno del filtrado algorítmico, la diferencia entre burbujas digitales y las cámaras de eco, saber distinguir entre influencers y autoridades en red y aspirar a contar con ambas. Creo también que habría que incentivar la educación digital desde la enseñanza básica, para generar un pensamiento crítico en esa área en chicos y chicas que sabemos que estarán horas con su atención dirigida a pantallas y plataformas móviles. A su vez, pienso que también es fundamental que una parte de la máxima dirigencia de nuestra fuerza se sensibilice con el tema comunicacional, incluso que lo conozca técnicamente, al menos lo básico. En esa línea el Comandante Chávez es un ejemplo a seguir. Incursionó en el formato radial, en el televisivo, en la comunicación directa, en el “en vivo y en directo”, fue influencer en Twitter, experimentó con la modalidad áulica televisada, y siempre recordaba a Simón Bolívar: “Otra de las grandes cosas que dijo Bolívar es que la primera de todas las fuerzas es la opinión pública, la opinión colectiva”. Y esa frase Chávez la complementaba con otra, propia de él y propia de su tiempo de Comandante del siglo 21: “la falla tectónica de la revolución es la comunicación”.

Y ya que estamos citando a Bolívar, creo que tenemos en la izquierda un déficit teórico-conceptual: no hemos estudiado detenidamente a nuestros clásicos en relación con la visión que ellos tenían de la comunicación. Marx, por ejemplo, la única profesión remunerada que ejerció en su vida fue la de periodista; tiene centenares de publicaciones en la prensa occidental, mucha de la cual da cuenta de su visión acerca de la cuestión comunicacional. De hecho, me atrevo a decir que el ejercicio periodístico en Marx fue un modo significativo para él de contactar empíricamente con la teoría que estaba construyendo, de aterrizar su monumental vuelo teórico y así estimular su divulgación. No me cabe duda que sus cientos de crónicas, especialmente aquéllas escritas para New York Tribune fueron fundamentales para que él alcanzara una visión de análisis mundial del capitalismo y también para su transición de su discurso filosófico- humanista a uno histórico-economicista. Lenin a su vez hizo de la creación del “diario” una cuestión de primer orden. La fundación de Iskra es vital para el partido bolchevique. Entiende el diario como un “andamio que articula una obra en construcción”, discute eso en “¿Qué hacer?” y existe una concepción leninista de la prensa que no hemos actualizado. Lo mismo Bolívar y Martí. El primero conceptualiza la prensa como “artillería del pensamiento” y Martí, a su vez, es un cronista destacado que, igual que Marx, usa la pluma periodística para realizar los más agudos análisis, por ejemplo, de EE.UU. donde entre 1881 y 1991 escribe 292 crónicas.

Lo positivo del 11J

El 11 J tiene una contra-cara positiva: permitió aquilatar la importancia del elemento político-comunicacional, especialmente en circunstancias tan adversas como las que afectan a Cuba hoy. Estamos sobre aviso y en el marco de esa realidad creo que las fuerzas revolucionarias han sabido reaccionar de múltiples e inteligentes modos. La clave es la base social. Cualquier iniciativa comunicacional revolucionaria, no importa su tamaño, su localidad, su naturaleza (digital o analógica), su formato, debe aspirar siempre a lograr conexión comunicacional con su público, con la audiencia, si no logra eso, de nada sirve. También me parece importante entender que “iniciativa comunicacional” no equivale ni se reduce a “iniciativa mediática”. Hoy los medios de comunicación tradicionales no son el único campo en esta batalla ideológica y cultural, también las redes, los memes, los servicios de mensajería, la comunicación directa, los eventos de calle, etc. lo son. Igualmente importante es recordar que el hecho comunicacional por sí solo no explica mucho; debe ser correlacionado con circunstancias concretas, reales y materiales que forman su contexto y generan sus condiciones de posibilidad y viabilidad. La cuestión, por lo tanto, siempre es “político-comunicacional”, no “comunicacional” a secas.

Veo en la Isla, desde la distancia, iniciativas renovadas, que están aireando y trayendo brisas refrescantes a un panorama comunicacional, en general, aún muy anclado al siglo 20 como el de Cuba. Veo desde la distancia y limitado por ella, una actividad intensa y creativa en Telegram como los foros y audiochats que hace el grupo La Manigua, también grupos feministas como Las Cimarronas; o la Plataforma Revolucionaria Sierra Maestra que es un intento de articulación. Veo tuiteros y tuiteras muy talentosos/as que me informan  con ingenio, agudeza política y talento acerca de lo que ocurre en la Isla, veo nuevos rostros, jóvenes, en la televisión, una presa digital sólida y veo un Presidente con claridad política acerca de esta cuestión.

Si se me permite una crítica – insisto, desde la distancia- creo que falta saber poner al servicio del proyecto comunicacional revolucionario la robusta red radial cubana. Además, y, de eso sí que no tengo dudas, falta abrirle más espacios y contar con una mayor presencia y una mayor visibilidad de compañeras revolucionarias en este campo. La pantalla cubana es una pantalla muy masculinizada, Cuba debe ponerse al día con la cuestión de género; se trata de una ola continental, intensa, fuerte y revolucionaria que debe reflejarse en la dimensión comunicacional también. De lo contrario, se abrirá por ahí un flanco político-comunicacional que será aprovechado por el imperialismo, por las fuerzas reaccionarias criollas y, qué duda cabe, también por los llamados “progresistas”.

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