Los niños que no encontró

Debía llamar a quienes le pagaron el encargo; una galería de fotos que, en su cámara moderna, no era más que una carpeta vacía. Por contenido, solo el título: Terribles imágenes de la infancia en Cuba. Esos niños nunca los encontró

Autor: Miguel Cruz Suárez | internet@granma.cu

Proteccion contra el coronaviros,niños felices en Cuba
Cuba garantiza la realización, protección y disfrute de los derechos de sus niños, niñas y adolescentes. Foto: Ismael Batista Ramírez

Le dieron una guía para detectar miserias, indigencia y maltrato infantil. Entonces lo dejaron allí, sobre un extremo de Cuba, y le pidieron que caminara, buscara, retratara y anotara.

Aquello sería pan comido –pensó–, mientras repasaba en su mente el anterior periplo por África y algunas capitales de América Latina. Ya le habían dicho que en el archipiélago la situación era de espanto y conmoción.

Comenzó la búsqueda. Lo primero sería tomar imágenes de los críos del campo, siempre los más afectados, a los cuales seguro encontraría sin zapatos, harapientos y famélicos, muy a tono con un país del tercer mundo y, para colmo, «comunista».

Sin embargo, a pesar de que uno tras otro surgían pequeños pueblos aquí y allá, con sus casas campesinas modestas, no había forma de chocar con los desarrapados. Era un lunes extraño, y dondequiera que llegaba los encontraba de uniforme, con zapatos, y con libros en las manos.

¡Qué demonios de país era este, sin infantes campesinos indigentes! Probaría en alguna ciudad, donde siempre pululan los mendigos.

Por el camino tomaría una foto de esos chavales que venden cualquier porquería barata cerca de las carreteras, en aras de subsistir. Pidió al chofer que fuera despacio, para tener el tiempo suficiente de una foto. Resignado, se durmió.

Ya en la capital, bajó el vidrio de la ventanilla. No quería perder la oportunidad de tomar las imágenes de aquellos niños que vendrían a limpiar los cristales del auto, o a extender sus manitas sucias en busca de alguna dádiva.

El taxi cruzó veloz por las cercanías de Habana del Este, tomó a ritmo lento todo Malecón, regresó por San Lázaro, penetró el corazón de Centro Habana, se fue hasta la Calzada del Cerro e incluso a la populosa barriada de Diez de Octubre. A medianoche, en el hotel, lucía cara de pocos amigos.

La jornada lo dejó completamente aturdido. Había sido un largo viaje, desde el oriente al occidente de la Isla. Debía llamar a quienes le pagaron el encargo; una galería de fotos que, en su cámara moderna, no era más que una carpeta vacía. Por contenido, solo el título: Terribles imágenes de la infancia en Cuba. Esos niños nunca los encontró.

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