Cuba recuerda a Juan Almeida en el 95 aniversario de su natalicio

Cuba Historia

Gala homenaje por el aniversario 95 del natalicio del Comandante Juan Almeida Bosque. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.


Asiste Díaz-Canel a homenaje al Comandante Juan Almeida Bosque

José Manuel Lapeira Casas

La Habana, 16 feb (ACN) Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, asistió hoy, en esta capital, a la gala homenaje al Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, por el aniversario 95 de su natalicio.

En la Sala Universal de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), estuvieron presentes también Esteban Lazo Hernández, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular; el primer ministro, Manuel Marrero Cruz, y otros funcionarios del gobierno, así como altos oficiales de las FAR y del Ministerio del Interior.

Durante la ceremonia se proyectó un material audiovisual referente a la vida y obra del destacado revolucionario, con palabras del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en reconocimiento a la dedicación y tesón que distinguieron al entrañable combatiente.

Se presentaron, además, obras musicales de la autoría de Almeida interpretadas por la Banda Nacional de Conciertos, la Compañía Infantil La Colmenita, su hijo Juan Guillermo Almeida y Beatriz Márquez.

La velada resultó un momento oportuno para recordar al hombre que encarnó el espíritu de lucha y el coraje del pueblo cubano al gritar en Alegría de Pío: ¡Aquí no se rinde nadie…!

Juan Almeida Bosque nació un 17 de febrero de 1927 en La Habana, y llegó a ostentar el grado de Comandante gracias a su participación en acciones decisivas para el triunfo revolucionario en Cuba, como el asalto al cuartel Moncada (Santiago de Cuba, 1953), el desembarco del Granma (1956) y la guerra de guerrillas en la Sierra Maestra.

En ese periodo condujo el Tercer Frente Mario Muñoz, en el cual, además de los seis mil kilómetros cuadrados que abarcó, se ganó el amor de los pobladores, como símbolo de consagración por la Patria.

Luego del triunfo de la Revolución en 1959, ocupó numerosas responsabilidades como integrante del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba desde su fundación en 1965, vicepresidente del Consejo de Estado y presidente de la Asociación de Combatientes.

Además de su labor revolucionaria, tuvo una prolífica obra musical y literaria, entre la que se incluyen más de 300 piezas musicales y nueve libros.

Almeida, un cubano especial

Eduardo Palomares Calderón

Granma

Cuánto puede decirse del revolucionario nacido en la barriada habanera de Poey hace justamente hoy 95 años; aquel que, convertido en Comandante de la Revolución, vive eternamente en la cumbre de Loma de la Esperanza, allá en el corazón de la Sierra Maestra: Juan Almeida Bosque.

Enaltece la historia de Cuba la vida de quien desde los nueve años limpiaba zapatos, que para respetar a los albañiles se consideró «media cuchara», pero cuyas ideas y valor lo hermanaron a Fidel y a Raúl como moncadista, expedicionario del Granma y jefe de columna guerrillera.

En el juicio del Moncada, aquel que ante la fortaleza amurallada no vaciló con un fusil calibre 22, fue de los primeros en reconocer su participación y dejar sentado que volvería a hacerlo. Tras el revés siguió a Fidel por el lomerío de la Gran Piedra y, encarcelado, coreó el Himno Nacional en la visita de Batista al mal llamado Presidio Modelo.

Capitán desde el Granma, como un rayo bajo el sombrío bautismo de fuego resonó en Alegría de Pío el grito lanzado pistola en mano: «¡Aquí no se rinde nadie, c…!», para definir por siempre a un país, y luego en El Uvero solo paralizó su avance el balazo en el pecho, cuyo corazón salvó milagrosamente la cuchara en el bolsillo de la camisa.

Al ascenderlos a Comandantes, en él y Raúl depositó Fidel toda la confianza para extender la lucha guerrillera, y bajo su mando, en el Tercer Frente Mario Muñoz Monroy se combatió todos los días. La grandeza y la sencillez del jefe sellaron la admiración de su tropa, y una especial interrelación predominó con los campesinos.

 Surgido así del pueblo, con la victoria haría gala, aún más, de sus dotes para dirigir, de las virtudes políticas, revolucionarias y humanas, del patriotismo que ardía en sus venas, ya sea al frente del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias luego de la desaparición de Camilo, como jefe fundador del Ejército Central en los días de Girón, o en la dirección política de la otrora provincia de Oriente.

No pocos piensan que era santiaguero el campechano y sonriente Héroe de la República, el hijo amoroso que reservó a su lado un espacio a los padres, el que dialogaba con hombres, mujeres y niños en Enramadas, Plaza de Marte, el Parque Céspedes o la Casa de la Trova, quien en el ataque a El Cobre advirtió: «ni un solo tiro en el Santuario de la Virgen».

Era, en fin, un cubano especial, el guerrillero y dirigente político que compuso más de 300 canciones, que escribió numerosos poemas y una docena de libros imprescindibles a la hora de pulsar esta hermosa etapa en la historia de Cuba, quien sintió a Fidel como a un padre, y como a un hermano a Raúl, quien lo definió como el combatiente que más se parecía a Antonio Maceo.

Aquí no lo olvida nadie, Comandante y cantor de la Revolución

Gladys Leidys Ramos López

Granma

Puro arte: en el alma y hasta los huesos, con la pluma e igual con el fusil. Por eso se echaba al bolsillo el papelito que luego sería canción, mientras combatía sin miedo, sin importar el cansancio o un disparo en el pecho, para lograr la Cuba libre que su generación, la del Centenario, soñó.

Es este 17 de febrero el aniversario 95 del natalicio de Juan Almeida Bosque, y vale recordarlo tal y como el Comandante en Jefe Fidel Castro lo describió una vez: «joven negro, obrero, combativo, que sucesivamente fue jefe de célula revolucionaria, combatiente del Moncada, compañero de prisión, capitán de pelotón desembarcando del Granma, oficial del Ejército Rebelde, Comandante de Columna, marchando para crear el Tercer Frente Oriental, compañero que comparte la dirección de nuestras fuerzas en las últimas batallas victoriosas que derrocaron a la tiranía».

También vale evocar al hombre que, mientras crecía, le aumentaban las ganas de convertir en esperanzas todas las penurias y eliminar la discriminación de los barrios pobres donde vivió, lo que lo llevó a sumarse a la lucha para transformar una sociedad que auguraba más privaciones y vicios con el golpe de Estado de Fulgencio Batista, en 1952.

Y como esa lista sigue, hay que rememorar, especialmente, al cantor de la Revolución, a ese compositor de música y al autor de una docena de libros, entre ellos, Contra viento y marea, merecedor del Premio Casa de Las Américas, de 1985.

La víspera de su cumpleaños fue el momento preciso para rendirle homenaje, con la presencia del Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez; los miembros del Buró Político, Esteban Lazo Hernández, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular; Manuel Marrero Cruz, primer ministro, y el general de Cuerpo de Ejército Álvaro López Miera, ministro de las far; así como el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez, vice primer ministro, y el Comandante José Ramón Machado Ventura, y otras autoridades del Partido y del Gobierno.

La Sala Universal del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias se estremeció al escuchar, mediante un audiovisual, el ¡Aquí no se rinde nadie!, en la propia voz de Almeida, frase suya tan legendaria como famosa su canción La Lupe, que interpretó la compañía infantil La Colmenita.

Sobre su prolífera creación de piezas musicales, esas que incluso ahora tararean hasta los más jóvenes, dijo Fidel que Almeida la ignoraba, no sabía que había escrito más de 300 canciones, las cuales sumó a su obra literaria.

Por ejemplo, en la memoria popular se coloca Dame un traguito, obra que cantó su hijo Juan Guillermo en la gala, a la que se sumaron muchas más interpretaciones como A Santiago, El gran día de enero y Mejor concluir.

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