Lo intocable en EE.UU.: todo para la guerra

Por Arnaldo Musa

Mientras el proyecto de presupuesto interno de la administración de Joe Biden para mejorar aparentemente la vida de la mayor parte de la población norteamericana sufre recortes de todo tipo, el militar no sólo se mantiene, sino sube y nadie osa ponerle un dedo encima.

Es algo natural que los halcones de la guerra monten todo tipo de pretexto para mantener el alto saldo de gastos militares que engrosan el ya relleno caudal de las corporaciones que explotan el rubro, pero este año se incrementará aún más, con las inventadas amenazas de Rusia y China y sus avances en ese sector.

Como deben saber nuestros lectores, esa tensión no sólo es en lo militar, sino también en lo político y económico, agravada por el anterior mandatario, Donald Trump y que ahora Biden –como se ha hecho común- mantiene y hasta agrava.

La más reciente elucubración provino de la Jefatura del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, aprovechando su reciente fracaso en la prueba de un arma hipersónica para llamar a dar más espacio al presupuesto en ese sentido.

“No sé si es un momento Sputnik, pero creo que está muy cerca de ello. Tiene toda nuestra atención”, señaló el general Mark Miller, Jefe del Comando, en referencia al satélite que lanzó la Unión Soviética en 1957 y con el que se adelantó en la carrera espacial con Estados Unidos.

El diario The Financial Times, especializado en economía, fue el primero en informar la semana pasada de que China había llevado a cabo dos pruebas con armas hipersónicas en agosto último, incluido el lanzamiento al espacio de una capaz de transportar carga nuclear y que permaneció en órbita durante un tiempo hasta volver a la Tierra.

China lo negó y adujo que se trataba de una prueba espacial, lo cual fue demostrado, pero los medios estadounidenses, dependientes del Pentágono, no se hicieron eco de ello.

Las armas hipersónicas operan a una velocidad al menos cinco veces superior a la del sonido, a más de 3 700 millas por hora, según explica el libelo derechista español El País, y son extremadamente difíciles de detectar e interceptar porque rebasan las capacidades de las defensas tradicionales contra misiles.

Podrían ser usadas así para enviar ojivas nucleares sobre el Polo Sur o evitando los sistemas antimisiles, y EE.UU. dice temer que China lo pudiera sobrepasar al efecto, porque también está experimentando, probando y desarrollando tecnologías en materia militar, en concreto “la hipersónica, la inteligencia artificial y la robótica”.

Lo cierto, y como respuesta natural a las continuadas amenazas e injerencias norteamericanas, China ha ido desarrollando nuevas armas de alta tecnología y renovado su ejército.

«En algunas áreas, ya es líder», indica el estudio castrense estadounidense, titulado «El Poder Militar de China» y publicado este mes, que admite que el lógico secretismo de Beijing en torno a su ejército o desarrollo militar imposibilitan saber muchos detalles de sus avances en este sector.

Aunque el país quiere aumentar su gasto militar bajo el pretexto de “la amenaza china”, las corporaciones que hacen una vida cómoda a los halcones de la guerra, al conseguir que EE, UU, siga gastando más en su ejército que el resto de los países en el mundo. Solo lo que dedica a los servicios secretos supera a la de todo el presupuesto militar ruso de 42 000 millones de dólares.

En el 2019, su enorme presupuesto fue de más de 600 000 millones de dólares, dinero destinado a la única fuerza de combate global en la historia del mundo.

El tamaño del liderazgo de Estados Unidos en el gasto militar anual esconde lo mucho que ha acumulado esta diferencia a lo largo de las décadas. No en la cantidad de personal, sino en tanques, barcos, aviones, helicópteros, satélites y otro hardware militar, y en entrenamiento y sistemas que permiten que todas estas máquinas y personas trabajen juntas de manera efectiva. En número de personas, el ejército de China es un poco más grande que el de Estados Unidos.

En función de cómo se mire (muchas bases estadounidenses más pequeñas son secretas), EE. UU. tiene presencia militar en 80 países, más de 800 bases, donde, estima The New York Times, hay unos 200 000 soldados estadounidenses desplegados en el extranjero.

En cambio, China tiene una base en Yibuti y un número considerable de tropas desplegadas como parte de las misiones de mantenimiento de la paz de la ONU en la República Democrática del Congo, El Líbano, Malí, Sudán y Sudán del Sur.

Varios años de enormes presupuestos militares han facilitado a Estados Unidos mostrar su poder, pero como demuestra su fracaso en la agresión y ocupación militar de 20 años en Afganistán, no siempre prevalece.

La capacidad de China para defender sus fronteras y alrededores ha aumentado drásticamente en las últimas décadas. Las recién construidas islas artificiales del Mar del Sur de China funcionan de manera similar a los portaviones estacionarios. El pequeño número de submarinos de propulsión nuclear de China se ve compensado, en parte, por una gran flota de motores diésel. El equilibrio de poder en Asia es claramente diferente de lo que era hace una generación.

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