EE.UU. y las sanciones: Otro instrumento de agresión

Por Arnaldo Musa / Cubasí

Todavía hierve la sangre del honesto cuando se recuerda la declaración del presidente norteamericano, Joe Biden, acerca de que las manifestaciones en Cuba – breves e inusuales, manipuladas y vandálicas- le hacían ver que su política hacia la Isla es correcta, mientras antes su vicepresidenta, Kamala Harris, afirmaba que el bloqueo se levantaría con la anuencia de la “gusanera” miamense y Cuba dejara de ser una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos.

Así, se justificaba que Biden incumpliera su repetida promesa de levantar las 432 medidas adicionales al bloqueo decretadas por Trump y añadiera otras, además de que se incluyera a la solidaria Isla en una lista patrocinadora del terrorismo por el principal Estado terrorista.

Se ha hecho hincapié que EE.UU. utiliza ahora las sanciones como un instrumento de guerra, pero eso ya ha existido durante muchos años, como lo demuestran más de seis décadas de bloqueo contra Cuba, que también ha sufrido acciones vandálicas, sabotajes, una invasión mercenaria por Playa Girón y la acción de grupos de bandidos que asesinaron a campesinos y maestros.

Aprovechando su poder militar y económico, las sanciones estadounidenses pululan contra gobiernos no afines, pero sus drones siguen asesinando personas inocentes, esos “daños colaterales” que tanto abundan, con un saldo conservador de 22 000 en los últimos años.

Algo más que una simple sanción fue el sabotaje al avión de cubana que rendía el Vuelo 456 cerca de Barbados; los asesinatos de diplomáticos cubanos y un ceremillar de males que se multiplicaron en América Latina con la malhadada Operación Cóndor y dictaduras militares utilizadas por el Imperio como instrumentos esclavizantes y saqueadores de pueblos.

El gran pretexto es combatir el terror, desde antes de los atentados a las Torres Gemelas y el Pentágono en el 2001, nunca bien explicados, y en el que se sospecha estuvo la mano del sionismo, controlador de las comunicaciones, banca y finanzas estadounidenses, porque, sin ser día festivo, se había dado asueto a unos 200 funcionarios judíos que trabajaban en lo más alto de uno de los inmuebles destruidos.

DERECHOS HUMANOS VIOLADOS

Estados Unidos siempre justifica que las sanciones que aplica son mayormente para castigar las violaciones de los derechos humanos, pero, como apuntó recientemente Irán, es una nueva forma de guerra que castiga a los pueblos, y más en tiempos de pandemia.

Ello es particularmente importante cuando se añade que esas sanciones se utilizan en gran medida porque los entes condenados no hacen lo suficiente para combatir el terrorismo, lo cual contradice los propios informes del Departamento norteamericano de Defensa que han admitido en más de una ocasión que los datos muestran una fuerte correlación entre la participación de Estados Unidos en el extranjero y un aumento de los ataques terroristas contra Estados Unidos.

La verdad muestra que si EE.UU. está interesado realmente en ganar “la guerra contra el terror”, es si deja de dar a los terroristas la motivación y los recursos para atacar a Estados Unidos.

El terrorismo es el síntoma; el imperialismo estadounidense es el cáncer. En pocas palabras, la guerra contra el terrorismo es terrorismo; sólo que la llevan a cabo a una escala mucho mayor personas con jets y misiles.

Y como este tema es amplio y muy diverso hay que hacer hincapié en que el propio imperialismo norteamericano dio pie o sentó las bases para crear las principales organizaciones terroristas que abundan en el mundo, y de lo cual traemos dos connotados ejemplos:

Al Qaeda, acusado de ser el autor del atentado a las Torres Gemelas; y el Estado Islámico, un instrumento de terror diseñado para dividir y conquistar el Medio Oriente, rico en petróleo, contrarrestar la creciente influencia de Irán en la región, y combatir al Talibán, vencedor del Imperio en Afganistán.

No es propaganda ni invento que Estados Unidos tiene una larga y torcida historia de apoyo a los grupos terroristas, lo cual solo sorprendería a aquellos ignorantes de la realidad, víctimas de los medios de información tarifados del Imperio.

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