Más sobre la actualidad cubana

Por Fabián Escalante

La recién concluida cumbre de la CELAC nos trajo vientos de principios, decisiones y medidas a tomar por el conjunto de países Latinoamericanos y del Caribe. Acuerdos que contemplan la ejecución de importantes acciones en diferentes frentes: la lucha contra la pandemia, la integración de una agencia espacial regional y la creación un organismo financiero, con un modesto fondo monetario, para ayudar a las pequeñas naciones caribeñas afectadas por periódicos y terribles desastres naturales.

Los representantes de Uruguay y Paraguay marcaron sus diferencias, imagino después de recibidas instrucciones y amenazas de Mauricio Claver Carone, el todo poderoso presidente del BID, quien en urgente visita arribó a sus países pocos días antes del conclave. Las intervenciones del Presidente Díaz Canel fueron contundentes, a la altura de un estadista de la estirpe que representa: me siento orgulloso. Hay que decir que brilló, particularmente, sus respuestas al lacayo de La Calle.

En Cuba todos estuvimos pendientes del evento. La solidaria, afectuosa y magistral intervención de Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, denunciando al imperio por su inhumano bloqueo a la Isla, calificándola como la nueva “Numancia”, a la vez que condenaba abierta y directamente a la OEA como mecanismo colonial de Estados Unidos, junto a los acuerdos antes descritos, han infundido nueva vitalidad a la CELAC fundada por Fidel y Chávez.

Por supuesto, nos quedamos con deseos de revitalizar otros instrumentos políticos y económicos que antaño existieron, la desaparición de la despreciable OEA y la creación de una secretaría general que le diera ejecutividad al organismo, pero no todo no se puede en un día; se dice que hasta Dios necesitó siete para construir el mundo.

La América Latina y el Caribe de hoy, no son los de ayer, el neoliberalismo enarbolado por el presidente de Ecuador y sus colegas del área, encabezados por el fascista Bolsonaro conspiraron contra los deseos de unidad e integración. La diplomacia de México, país anfitrión, fue capaz de conducir el cónclave a buen puerto en medio de un mar embravecido que perseguía la extinción de la CELAC. El plan de CEPAL presentado por Alicia Bárcenas y aprobado por todos, representó una plataforma unitaria de trabajo de vital importancia, que preservó la unidad latinoamericana, sin dejar de servir de tribuna a distinguidos mandatarios, para exponer sus puntos de vistas, demandas y condenas.

Quedaron álgidos asuntos pendientes, entre ellos la revitalización de comisiones gubernamentales y otros instrumentos regionales, así como la emigración latinoamericana y caribeña; es escandalosa y cruel la medida deportadora de miles de haitianos, por parte del gobierno de Estados Unidos, responsable de las desgracias y angustias de ese viril y heroico pueblo. Lograr todo era imposible y la política es el arte de lo posible.

En Cuba, la situación socio política continúa compleja, aunque no se manifiesten signos demasiados visibles. Estados Unidos continúa con sus políticas y medidas criminales para asfixiar nuestra economía y colapsar al país, como bien decía el querido AMLO, el que además señalaba que el objetivo imperial era conducir al pueblo cubano por medio de la desesperación y las penurias a una “revuelta popular”, que no solo derrocara a sus autoridades, sino destrozara el ejemplo, la esperanza.

Esa es la estrategia enemiga de siempre, provocar una “sublevación popular”, en tanto es la solución en la cual el imperio no aparecería involucrado públicamente y podría destruir la Revolución cubana y su proyecto liberador. Para esos fines, trabajan activamente la CIA, la USAID, la NED y toda la red de organismos subversivos de ese país.

Utilizan todo el arsenal terrorista a su alcance, desde el sabotaje, al estilo de Venezuela, el bloqueo multilateral impuesto y una muy bien orquestada campaña de mentiras, medias verdades y desinformaciones coordinada en una operación mediática que involucra desde “serias” organizaciones internacionales como la Unión Europea, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, gobiernos regionales y del viejo continente, hasta los medios de prensa, radiales, televisivos y las redes sociales digitales.

Imagino que la “bondadosa” medida del presidente Biden de permitir el regreso de “algunos” familiares de diplomáticos norteamericanos destacados en su embajada de La Habana, tenga algo que ver con el refuerzo de tales acciones.

Otro asunto de no menor importancia es la actividad de los agentes reclutados en nuestro patio, que han recibido órdenes de sus manipuladores de Miami, para sabotear y asesinar y que deben estar diseminados –por lo apreciado el 11 y el 12 de julio pasado- por todo el país. De ahí, que cada hecho extraordinario o sospechoso, debe ser analizarlo en ese tenor. El enemigo está entre nosotros, en la sociedad en la cual trata de ganar adeptos y aunque son minoría, pueden y hacen daño.

El 28 de septiembre de 1960 al crear los CDR, Fidel nos señalaba el camino a seguir para enfrentar al enemigo interno: “…Vamos a implantar un sistema de vigilancia colectiva revolucionaria, y que todo el mundo sepa quién es y qué hace el que vive en la manzana, qué relaciones tuvo con la tiranía; y a qué se dedica, con quién se junta;…porque si creen que van a poder enfrentarse con el pueblo ¡Tremendo chasco se van a llevar! Porque le implantamos un comité de vigilancia revolucionaria en cada manzana, para que el pueblo vigile, para que el pueblo observe… Y en la noche siguiente, en un programa televisivo profundizaba en aquella idea la que calificaba como “una nueva forma de lucha”, aprovechando nuestro principal y más valioso recurso “el pueblo, el apoyo del pueblo, la organización del pueblo, barrio por barrio, manzana por manzana….,…” “..Hemos organizado la milicia para la lucha frontal, hay que organizar al pueblo para la lucha subterránea…”

Sin lugar a dudas, esa es y debe ser nuestra consigna, hoy renovada en el enfrentamiento a la nueva ofensiva enemiga.

En ese sentido y analizando el escenario político-operativo actual, sería conveniente retomar algunas ideas y conceptos expresados por Fidel en las conclusiones del IV Congreso del Partido, evento recordado también por el estreno de la canción “El necio”, de Silvio Rodríguez, esa maravillosa, combativa e inclaudicable canción, que debe ser el norte de todos los revolucionarios.

En aquellas conclusiones Fidel refiere dos temas vitales para la Revolución: el concepto de democracia y el Partido único y necesario para triunfar en aquel escenario del desmerengamiento soviético, la crisis económica interna, a causa esencialmente de ello y del incremento del bloqueo y la agresión norteamericana. Propone atraer a sus filas a todos los revolucionarios con independencia de sus convicciones religiosas. Explicaba en ese sentido:

Hemos dado importantes pasos de avance y no para complacer a nadie, no por hacernos el gracioso con nadie, sino para cumplir nuestra voluntad de perfeccionar cada vez más nuestro Partido, para democratizar cada vez más nuestro Partido, para democratizar cada vez más nuestro sistema, porque solo un sistema socialista puede ser democrático”…….

Nuestro sistema electoral es el más democrático de los existentes –no importa que traten de ignorarlo en otras partes– porque es el pueblo el que postula y no solo postula, sino que elige a sus delegados de circunscripción. Esos delegados elegidos por el pueblo son los que eligen a los delegados provinciales y a los diputados a la Asamblea Nacional. Pero ahora hemos dado un paso más, los delegados de circunscripción seguirán siendo elegidos por el pueblo, postulados por el pueblo, y sobre los mismos principios y a partir de esos delegados de circunscripción proponemos a la Asamblea Nacional postular y elegir directamente, sin politiquería y a través de los mecanismos más justos que brinden igual de oportunidades para todos, a los diputados de la Asamblea Nacional, que constituye la máxima autoridad del Estado….. Porque repito solo en el Socialismo puede haber democracia, solo el Socialismo puede desarrollar la democracia”…

Otros pasos hemos dado que venían discutiéndose con relación al Partido y sus estatutos: resolver el problema de aquellos no tenían acceso al Partido por sus creencias religiosas. Fue muy discutido este tema y una prueba de la pureza y la lealtad de nuestro Partido a las doctrinas no solo políticas, sino también filosóficas. Pero tenemos un solo Partido, un Partido como tuvo Martí, un Partido, un solo Partido para hacer la Revolución; y es necesario que en ese Partido QUEPAN TODOS LOS PATRIOTAS, EN ESE PARTIDO QUEPAN TODOS LOS REVOLUCIONARIOS, QUE EN ESE PARTIDO, QUEPAN TODOS LOS QUE QUIEREN EL PROGRESO DE SU PUEBLO, TODOS LOS QUE DEFIENDEN LAS IDEAS DE JUSTICIA DE NUESTRA REVOLUCIÓN, SIEMPRE Y CUANDO, DESDE LUEGO, AQUELLOS QUE PUEDAN TENER ALGUNA CREENCIA RELIGIOSA ACEPTEN EL PROGRAMA Y COMPARTAN TODOS LOS PRINCIPIOS POLITICOS Y ECONOMICOS DE NUESTRO PARTIDO, DE TODOS LOS QUE PARTICIPEN DE NUESTRA CONCEPCIÓN SOCIALISTA”

Concluyo reiterando las ideas de Fidel: tenemos y queremos un solo Partido, el más democrático, el forjador del Socialismo, el Partido cuyas raíces están en aquel que fundó Martí, que hizo la revolución del 95, organizó las luchas de los años 30 y derrocó la dictadura Machadista, el de Jesús Menéndez y Lázaro Peña, el de Frank País y José Antonio Echeverría, el del Moncada, de la Sierra, del Llano, de Girón, de la Crisis de Octubre, de tantas y tantas batallas ganadas, por ello reitero la necesidad de repensar el trabajo que realizamos en toda la estructura partidista concebida en otra época y escenario político, influida por la experiencia soviética, dentro de la cual –no olvidar– se generó la burocracia que fue la principal causante del desmerengamiento.

El combate, la batalla de ideas a la cual en su momento nos convocó Fidel, se desarrolla en la base de la sociedad, no en los Ministerios y otras instituciones similares, por ello debemos analizar dónde debe estar el grueso de nuestros combatientes, es decir la militancia, en la superestructura o en las bases.

Es necesario organizar el enfrentamiento político al enemigo allí donde se manifiesta. Los ejemplos del 11 y 12 de julio son demostrativos de ello. Pero además, allí en la comunidad es donde el pueblo se queja amargamente de las deficiencias y errores que se cometen en la superestructura. Allí es donde el Poder Popular, si funciona, es deficiente, porque no resuelve aquellos problemas que afectan a la población y están a su alcance, y no me refiero a los arreglos de calles, o iluminación de las mismas, sino a los desmanes que realizan los administradores locales, sea el bodeguero, el del agromercado, el responsable de abrir las llaves del agua, la limpieza y recogida de basura, la fiscalización del trabajo de los médicos y enfermeras de la familia etc. etc.

Se planea traspasar el poder popular a los municipios, algo correcto, pero para lo cual no hay preparación alguna. La estrategia no puede ser de arriba hacia abajo, sino al revés. Fortalecer la base, convocar a las organizaciones de masas y sociales, hacerlas atractivas, extirpar el formalismo, para que la gente comprenda la importancia de su participación y no se inhiba de ocupar cargos dirigentes.

También el Partido ha de fortalecer sus organismos de base, los territoriales, aquellos donde militan los hombres y mujeres que se enfrenta cotidianamente al enemigo en las colas, en las comunidades, en los territorios, excelentes combatientes, hoy envejecidos por el decursar del tiempo. Es necesario sangre joven, atrayendo a las filas del núcleo zonal a todos aquellos que hoy militan en estructuras administrativas, para que en concertación con las organizaciones de masas y sociales, organice la resistencia y el combate a “los errores y tendencias negativas”, y sean realmente capaces de influir políticamente en las comunidades, entidades culturales y educacionales, centros de trabajos etc.

Contar con una organización combativa en la comunidad, fuerte, politizada y respetada por la colectividad, a la vez que sea su reflejo y ejemplo, para lograr la unidad de nuestro pueblo en este empeño de construir una sociedad más justa y equitativa, el socialismo.

Recordar el ejemplo de Fidel en sus convincentes intervenciones en la cual nos demostraba que la mejor manera de hacer política es escuchando, discutiendo, debatiendo, dialogando, saliendo de los parapetos para combatir a campo abierto, con nuestras verdades, con la obra realizada por la Revolución, con un programa que incorpore a nuestra juventud que tiene y debe tener expectativas propias de desarrollo y aspira con derecho a mejorar sus condiciones de vida, sin abandonar la Patria.

Salvando las distancias, hoy nos encontramos en condiciones similares a las enunciadas por Fidel en aquel histórico Congreso y por tanto debemos y tenemos que desplegar sus banderas y conceptos, aquellos que siempre nos señaló, sin dogmatismo ni burocracia y combatiendo sin treguas a la corrupción.

TRINCHERAS DE IDEAS VALEN MÁS QUE TRINCHERAS DE PIEDRAS

La Pupila isomne

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