El terrorismo sigue vigente

Por José Luis Méndez Méndez (*) / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

El empleo del terrorismo es una opción vigente en la diversidad de agresiones contra Cuba, se han urdido planes para causar pavor en la población cubana, atemorizar a visitantes y causar daño a la deprimida economía cubana.

Rememorar en estos tiempos lo acontecido en el pasado reciente y presente en la memoria histórica de la Nación, es imprescindible parta mantenernos alertas, preparados, atentos y vigilantes ante cualquier variante agresiva.

El terrorismo contra intereses cubanos en el exterior, tan común en las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado, se combinó con estos actos dentro del país. Los ejemplos de los ataques contra la Embajada de Cuba en Estados Unidos y en Francia, son alertas de peligros tangibles.

Corría entonces el año 1994 y desde las costas floridanas partían comandos para agredir a la Patria, el 4 de septiembre por la zona de Palo Quemado, en la costa norte de Villa Clara, son capturados 3 terroristas cuando intentaban penetrar en el territorio nacional.

Tres años después, el 3 de agosto de 1997 el estallido de una bomba estremeció el inmueble donde radicaban las oficinas de la agencia cubana de turismo Havanatour, en Nassau, capital de Bahamas, nudo de conexiones de viajes hacia Cuba.

A las nueve de la noche se produjo la explosión de la bomba colocada en la entrada de la oficina, con tal fuerza que echó abajo a la puerta y la cristalería de oficinas colindantes se hicieron añicos, además de producir otros daños materiales en el mobiliario.

Evidencia de la planificación de la escalada terrorista fue la bomba que estalló, por segunda vez en el Hotel Meliá Cohíba de La Habana, entre las 07:00 y 07:08 a.m. del 4 de agosto, el artefacto fue colocado al lado del sofá cercano a la caja de cambio en el vestíbulo. Los peritos especializados determinaron el empleo, en su elaboración, de una combinación de explosivos plásticos, presencia de TNT y Hexogeno (RDX), combinación química de alto poder destructivo, propia de profesionales muy actualizados en los novedosos adelantos en el crimen.

Apenas dos semanas después, el concurrido balneario de Varadero era blanco de los terroristas empecinados en crear el caos en Cuba, esta vez seleccionaron al hotel Sol Palmeras,  sería un intento más criminal y peligroso, no les impidió dañar la instalación, amedrentar, causar pavor en los turistas que ocasionalmente se encontraran en el lobby en el momento del estallido.

El 22 de agosto, a las 03:20 de la madrugada, en el momento de cierre de las actividades nocturnas en discotecas, bares y cuando los hospedados se disponían a tomarse el último trago antes de irse a la cama, detonó una bomba colocada dentro de un jarrón ornamental, ubicado detrás del lobby-bar en el pasillo por donde debían pasar los turistas para dirigirse a sus habitaciones.

A los nueve días de este criminal acto terrorista, el joven salvadoreño Raúl Ernesto Cruz León, convertido en mercenario por el delincuente de igual nacionalidad Antonio  Chávez Abarca ha pedido del criminal Luis Posada Carriles.  El agresor  con serios trastornos de personalidad, pero con plena capacidad para discernir entre el bien y el mal, aventurero empedernido como admitió al ser detenido, y envalentonado por sus éxitos del 12 de julio de ese año, cuando colocó bombas que estallaron en los Hotel Capri y Nacional en la capital cubana, se arriesgó a viajar una vez más  a Cuba, para reeditar lo hecho en esa fecha, pero con mayor envergadura, esta vez colocaría cuatro artefactos, que debían detonar con breves intervalos de tiempo según su decisión. Era una obsesión enfermiza, le satisfacía escuchar el resultado de su obra macabra, se consideraba un terrorista serial, ese estilo lo había visto en películas y él estaba decidido a encarnar el personaje protagónico, al estilo de un nuevo Rambo hollywoodense.

Así, el 4 de septiembre de 1997, el mencionado terrorista hizo detonar cuatro bombas en los hoteles capitalinos Château Miramar, Copacabana, Tritón y en el afamado restaurante Bodeguita del Medio en el centro histórico de la capital. El artefacto, que estalló a las 12:40 en el hotel Copacabana, colocado en su bar del lobby, ultimó al joven italiano de treinta y dos años, Fabio Di Celmo, una esquirla le cercenó una artería en su cuello y murió de inmediato, al llegar a la Clínica “Cira García”, era cadáver.

Sobre el asesinato de este joven, el terrorista impune Posada Carriles, declaró al diario The New York Times en julio de 1998, que había sido un caso fortuito, de esos que después se denominaron “daños colaterales”, “ese italiano estaba sentado en el lugar equivocado en el momento equivocado” y a continuación “tengo la conciencia tranquila, duermo como un bebé”. [1]

El mismo día el terrorista, que cumplía órdenes de Posada, fue detenido por las autoridades cubanas, antes de que detonara su última bomba, fue interrogado y en varias ocasiones preguntó a los especialistas que lo interrogaban la hora. Después de las 23:33 horas, no preguntó más, la bomba colocada por él en el salón del piso superior del mencionado restaurante “Bodeguita del Medio” había detonado. Después diría con maldad infantil, que no había alertado sobre este último artefacto, para aparentar no haber sido el autor del hecho. Él había programado con el mecanismo electrónico, para que estallara a esa hora.

No solo salvadoreños fueron utilizados como mercenarios. También guatemaltecos intentaron participar en la cadena de actos terroristas. Dos de ellos, colocaron una bomba el 19 de octubre de 1997 en el interior de un microbús de la empresa turística cubana Transtur, dedicada al movimiento de turistas por el país.

Un poco después de iniciada la jornada laboral cubana, a las 8:30 de la mañana empleados observaron que dentro de una cubeta plástica, que estaba tapada dentro del mencionado microbús marca Toyota, había un artefacto que analizado por los peritos antiexplosivos, determinaron que consistía en una masa explosiva a la cual estaban adicionados un detonador eléctrico, batería y un reloj digital marca Casio, además de los cables necesarios para poner en marcha la máquina infernal en un transporte cargado de turistas. No se trataba de asustar, las intenciones eran más peligrosas. Ahora, mercenarios nacionales pagados por el imperio pretenden reeditar estos hechos.

Hoy, se evoca la infausta fecha del asesinato del querido Fabio, amigo de Cuba, italiano solidario como su padre Giustino, hasta el momento de su deceso, quien batalló por la justicia y contra el terrorismo. Han pasado 24 años y la amenaza continúa y se perpetuará hasta que cese la política hostil estadounidense contra Cuba, que inspira actos como estos.

Para quienes ahora baten los tambores de la guerra y añoran con ver bombardeadas las ciudades cubanas como clama el irracional Francis Suárez,  alcalde de Miami y ser asesinados sus familiares y amigos para alcanzar un fin político, el terrorismo sigue vigente.

[1]“Causa conmoción en los Estados Unidos artículos publicados en The New York Times sobre actividades terroristas contra Cuba”, periódico Granma, 17 de julio de 1998, La Habana, Cuba, p. 1.

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, «La Operación Cóndor contra Cuba» y «Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba». Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

Foto de portada: Giustino Di Celmo, padre de Fabio, junto a la tarja que honra su memoria en el Hotel Copacabana, año 2014 / Yaimi Ravelo.

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