EE.UU: ¿a quién va a culpar ahora?

La tragicomedia de los llamados “ataques acústicos” parece no tener fin, así el 17 de mayo del año en curso, CNN revelaba que, dos funcionarios de la Casa Blanca sufrieron una misteriosa enfermedad a fines del año pasado, uno mientras atravesaba una puerta de acceso a ese superprotegido lugar, y el otro en áreas cercanas al mismo. Según el medio la sintomatología descrita por las “víctimas” de estos eventos y de otro acaecido en el norte de Virginia en 2019, se corresponde con la de los que se incluyen dentro de lo que han denominado como el «Síndrome de La Habana», lugar donde dicen los norteamericanos presuntamente ocurrieron por primera vez.

En este contexto EE.UU. lleva desde el 2016 buscando a quien responsabilizar de ser el autor de esos “hechos” que, según el gobierno de ese país han causado afectaciones de salud a más de 100 ciudadanos norteamericanos, entre diplomáticos, oficiales de la CIA y otros funcionarios.

Al no poder establecer su agente causal, ni lograr asociarlos a ninguna enfermedad conocida, dadas las inespecíficas e inexplicables experiencias sensoriales y síntomas físicos que refieren los “afectados” y ante el rechazo de la comunidad científica internacional a todas las hipótesis con las cuales han pretendido explicarlos, algunas de un carácter absurdo, han tenido que terminar llamándolos “incidentes de salud”.

Este tipo de inventos al más depurado estilo antiético norteamericano, no son nuevos. Conocido es que los servicios especiales norteamericanos cumpliendo indicaciones de su gobierno han creado en el pasado suspensos de ficción parecidos. Recordemos la famosa “Señal Moscú” que, según documento del Departamento de Estado de Norteamérica revelado por Wikileaks estuvo relacionada con microondas direccionales dirigidas a los pisos superiores de la embajada norteamericana en Moscú entre los años 1962 y 1965. Sin embargo, las investigaciones que duraron aproximadamente 13 años concluyeron que, no había evidencia que estableciera una conexión entre la radiación y cualquier problema de salud experimentado por los que estaban en la embajada en esos momentos o habían estado en el pasado. Luego el gobierno norteamericano y los medios se encargaron de crear un final diferente.  Se ordenó indemnizar a las “víctimas”.

No sé cuántos años estarán “investigando” o siguiendo el guion de su nueva creación de ficción, ni a que amañadas conclusiones arribarán, pero de lo que si estoy seguro es que al final como ocurrió con la “Señal Moscú” no dirán la verdad.

No obstante, si algo de verdad pudiera existir en todo esto posiblemente los responsables serían ellos mismos. Un poco de historia.

Desde época tan temprana como 1962 según asegura el sitio Año Cero el Ejército estadounidense comenzó a interesarse por los efectos de las microondas sobre los seres humanos.

Asegura el medio que, en 1968, agentes y científicos de la CIA llevaron a cabo terribles experimentos con prisioneros vietnamitas en el Hospital de Bien Hoa. Pretendían conocer si era posible doblegar la mente de una persona mediante impulsos eléctricos. Los resultados obtenidos se consideraron alto secreto y los prisioneros fueron ejecutados para que no quedaran pistas de los ensayos.

Por su parte el sitio DSalud  reseña varias investigaciones sobre la influencia de las ondas electromagnéticas en los seres humanos realizadas por EE.UU. con fines no médicos entre ellas:

La doctora Elisabeth Rauscher física nuclear que dirigía el Laboratorio de Investigación Tecnológico de San Leandro en California (Estados Unidos) investigó las posibilidades de las ondas ELF (siglas en inglés de Extremadamente Baja Frecuencia) y consiguió utilizándolas inducir a distancia en sujetos náuseas y estados de euforia. Llegó a afirmar: “…puedo modificar el comportamiento del 80% de los habitantes de esta ciudad sin que lo sepan…”

En 1984, el capitán Paul Tyler médico de la marina norteamericana responsable de la investigación sobre los efectos de las radiaciones en humanos reconocía en el Centro Universitario para la Doctrina Aeroespacial sito en Alabama (EEUU) que, se podían alcanzar efectos biológicos precisos con la ayuda de ondas electromagnéticas que ya estaban identificadas.

El director del DARPA durante el Proyecto Pandora Richard Cesaro, agencia ultrasecreta, que tiene sus instalaciones en el estado de Virginia, muy cerca de la universidad en la que el estudiante coreano Cho Seung-hui llevó a cabo en abril del 2007 una inexplicable matanza, afirmó: “La posibilidad de ejercer cierto grado de control sobre el comportamiento humano mediante microondas de baja intensidad es, a la luz de nuestras investigaciones, algo razonable”.

Según DSalud a Cameron, presidente de la Asociación de Psiquiatras Americanos y Canadienses durante largos años y director del Allen Memorial Psychiatric Instituteen Montreal (fundado en 1943 con fondos de la Fundación Rockefeller para desarrollar el proyecto de control mental Monarca, una rama más al igual que el Proyecto Pandora– del famoso MK Ultra), la CIA le financió investigaciones a través de la Fundación Cornell para el estudio de este tema.

El medio sostiene que existe constancia de que investigaciones similares para  alterar las funciones cerebrales en función de manipular la conducta de seres humanos se han llevado a cabo en Estados Unidos en: El Hospital de Kansas City en Missouri, en la Universidad de Rochester de Nueva York, en los centros Brooks Airforce Space de San Antonio (Texas), en el Johns Hopkins de Baltimore (Maryland), en el Instituto Tecnológico de Massachussets, en la Universidad de Pennsylvania y en otros laboratorios.

Año Cero corrobora lo anterior al plantear, “El interés de la comunidad de inteligencia de EE UU en esta clase de armamento provocó que no solo la CIA, sino diversos servicios secretos, financiaran investigaciones en universidades y empresas. Por ejemplo, la inteligencia de la Marina invirtió millones de dólares en proyectos para inducir paros cardíacos, trastornos del comportamiento y alucinaciones auditivas empleando el potencial de las microondas”.

Vaya que Estados Unidos al parecer debería investigarse a sí mismo, porque además, los últimos “hechos” supuestamente ocurridos dentro de su propio territorio, más en los lugares que se señalan, dejan pocas opciones de andar culpando a otros de ellos, de ahí la pregunta, ¿A quién van a culpar de estos misteriosos nuevos “incidentes de salud”?, tal vez en los elementos anteriores, aunque se la guarden esté la respuesta.

1El Proyecto Pandora, fue un programa de la CIA cuyo objetivo era sembrar la mente de los “enemigos” con voces que les dieran órdenes. El plan era utilizar microondas de muy baja frecuencia. La CIA reclutó al psicólogo Donald Ewen Cameron como líder del proyecto.

Tomado de Postcuba

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