Más de seis décadas de agresiones contra Cuba (III)

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Por José Luis Méndez Méndez 

En el mes de agosto de 1959, coincidentemente con el estruendoso fracaso de la “conjura trujillista” para invadir a Cuba en ese mes y el descalabro de sus campañas anticomunistas contra Cuba, la Agencia Central de Inteligencia comenzó a dar los primeros pasos en la organización de un nuevo programa subversivo, en el cual se emplearían a fondo durante todo el segundo semestre de 1959 y el primer trimestre de 1960, hasta su secreta aprobación final por el Presidente Eisenhower el 17 de marzo de 1960.

El 11 de diciembre de 1959 se remitió un memorando al Director de la Inteligencia Central de Estados Unidos, por medio del subdirector de planes referido a “los problemas cubanos”. En el texto se requería la aprobación por parte del Director de la las recomendaciones contenidas en el punto 3 del memorando.

Los parcializados gestores del documento aseguraban un estimado de la situación en la Isla: “Se estableció ahora una dictadura de extrema izquierda. No solamente es desafecta a los Estados Unidos por medio de la crítica oral, sino que además ha realizado acciones contra las propiedades norteamericanas, tanto industriales como agrícolas, y si se le permite que se mantenga, alentará acciones similares contra las propiedades estadounidenses en otros países de América Latina”.

Continuaban en el plano de ejercer influencia en la toma de la decisión solicitada: “Esperamos con toda seguridad que haya un gran incremento en la escala y efectividad de la ayuda y participación de Cuba en acciones revolucionarias contra otros países de América Latina, que ahora son amigos de los Estados Unidos. Además de aquellos que ya constituyen objetivos–Nicaragua, Panamá, República Dominicana y Haití–la reciente información de inteligencia indica un interés directo en Colombia y Perú por parte de Castro. La posición de Rómulo Betancourt en Venezuela se podría debilitar gravemente por los éxitos de Castro, y se cree que esto sea solamente una cuestión de tiempo, antes de que se establezca una alianza entre el poderoso Partido Comunista de Venezuela y los Castro”.

Habían transcurrido apenas once meses del triunfo revolucionario en Cuba y estaban atemorizados por el posible ejemplo que se derivará del ejemplo cubano en medio del mar de desigualdad social que imperaba en América Latina a punto de estallar, además la prepotencia imperial no podía admitir las legítimas y justas medidas tomadas contra transnacionales estadounidenses radicadas en Cuba, las cuales de inmediato comenzaron a entorpecer el proceso radical iniciado y así lo anunciaban: “Se contempla asimismo una rápida nacionalización de los bancos, las industrias y el comercio. Si esto ocurre, el pequeño grupo que posee el control dispondrá de unos cuantos cientos de millones de dólares a partir de la venta de la zafra a principios de 1960. Parte de estos fondos pueden ser utilizados para otros de sus objetivos revolucionarios contra países del Caribe y de América del Sur”.

Los análisis realizados desde sus alejadas oficinas en Washington expresaban más un deseo, que una realidad avalada por certeras informaciones al diagnosticar: “Castro ha perdido el apoyo de la clase alta y de la mayoría de la clase media. Probablemente todavía él tenga suficientes seguidores entre las masas como para mantener el control hasta que se pueda irrumpir de forma adicional dentro de su apoyo popular y la oposición se unifique de forma más efectiva”.

No todo era especulación en el mencionado memorando, la CIA, había estudiado la personalidad, los principios y convicciones del Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz y desde fecha tan temprana abogaban por la violencia como vía para derrocarlo, al definir: “La acción de propaganda para reducir a sus seguidores, aunque es esencial, probablemente no sea suficiente para dialogar con él. Su control sobre Cuba solo se podrá romper por medio de la acción violenta”.

Otro acierto contenía la propuesta; “Soy de la opinión que si Castro tiene éxito en consolidar su posición y mantenerse en el poder durante otros dos años, puede producirse un daño prolongado a la posición de vanguardia, ya debilitada, de Estados Unidos en América Latina”. Reconocía el deterioro de la imagen norteamericana en el continente y de manera diáfana exhibía sus propósitos intervencionistas: “El derrocamiento de Castro en el término de un año y su reemplazo por una Junta que sea del agrado de los Estados Unidos, la cual convocará a elecciones seis meses después de su llegada al poder”.

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, «La Operación Cóndor contra Cuba» y «Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba». Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

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Tomado de Cuba en Resumen

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