Cuba fue noticia por disturbios promovidos por lúmpenes alimentados por EEUU.

Por SERGIO ORTIZ

En noviembre pasado muchas agencias internacionales, sobre todo las que sintonizan la onda del Departamento de Estado todavía a cargo de Mike Pompeo, exjefe de la CIA, inundaron las redes con la supuesta represión en Cuba a un presunto movimiento de artistas. A éstos lo llamaron «Movimiento San Isidro» (MSI), por el barrio de la Habana vieja donde se habían dado cita para una presunta huelga de hambre porque estaría «desaparecido» un artista.

No había tal cosa. El rapero Denis Solís había sido detenido y luego condenado a ocho meses de prisión por desacato, pese a que la pena podía ser de hasta un año. El delincuente, que no apeló la sanción, era miembro del MSI alimentado con subsidios y promesas de pagos baratos en dólares por gusanos cubanos que pululan en Miami y reciben a su vez sobras de los millonarios subsidios estadounidenses a ONG y fundaciones que buscan, sin éxito, sabotear la revolución cubana.

Esos seudo opositores son bastante salames (inútiles, para traducir del argentinismo) y los servicios de inteligencia cubanos son muy capaces, rápidamente el gobierno del presidente Miguel Díaz-Canel puso a disposición del público cubano e internacional una síntesis de videos donde los inculpados decían que su presidente era Donald Trump y que tenían vínculos con gusanos miamenses, algunos con antecedentes terroristas de atentados en la isla para tratar de reforzar el bloqueo vigente desde 1962.

Conviene recordar que La Florida fue ganado por Trump y el partido republicano en las recientes elecciones. El neonazi perdió en muchos estados pero no en ese.

El argumento legal con que Denis Solís fue detenido fue válido: insultó al policía que fue a llevarle una notificación a su domicilio pues no había concurrido a sede policial en citaciones anteriores. Y los 14 cubanos que hacían la «huelga de hambre» fueron objeto de un allanamiento policial porque uno de ellos, venido del extranjero, violó los procedimientos de cuarentena sobre el Covid-19. Dicho sea de paso, esa política dio a Cuba grandes éxitos en la materia (apenas 136 muertos desde el inicio de la pandemia).

Ese allanamiento ocurrió el 26 de noviembre. Al día siguiente, y aprovechando la confusión, con una agitación de que se había encarcelado a «artistas independientes», el MSI organizó una movilización hacia el Ministerio de Cultura. Tuvieron un relativo éxito porque juntaron casi 300 personas, muchas de ellas honestas y que pecaron de ingenuidad al participar de un acto cuyo sentido político era antisocialista. En la oportunidad esa cartera les prometió que recibirían a una delegación para dialogar, algo que se concretó el 5 de diciembre con cinco horas de conversaciones con el ministro de Cultura, Alpidio Alonso, y el presidente de Casa de las Américas, Abel Prieto. Ahí se pudo separar la paja del trigo.

La revolución cubana tiene alta sensibilidad política y poética, y habrá tomado nota de la necesidad de revisar si se han cometido errores para que los gusanos de San Isidro pudieran en un primer momento confundir a algunos artistas.

El contragolpe político y cultural fue el domingo 29/11 en el Parque Trillo de la capital, con un recital de jóvenes artistas e intelectuales comprometidos con la profundización de la democracia socialista y la defensa de su Revolución, al que asistió Díaz-Canel.

Es la economía…

Aquellos gusanos y mercenarios, más algunos honestos confundidos, no parecen ser el problema más grave, más allá de la propaganda que hagan los medios al servicio de Washington. Cuba los ha derrotado y seguirá derrotando.

Los dramas mayores tienen que ver con las estrecheces económicas derivadas del bloqueo, que Trump recrudeció con numerosas sanciones a empresas, incluso de su país, que violaban parcialmente sus prohibiciones. También tomó medidas contra los viajes, inversiones, comercio y autorizó a demandar judicialmente a la isla en función del Título III de la ley Helms-Burton (por propiedades expropiadas por la revolución).

Esas limitaciones se graficaron en algunos números del presupuesto nacional 2021 que fue elevado a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Por cierto que las limitaciones provocadas por la pandemia, en cuanto a la caída de la actividad económica y el turismo, etc, le pusieron cifras aún más preocupantes al balance del año 2020.

Por ejemplo, el turismo en 2019 había atraído a más 4 millones de turistas, con toda la importancia de esa, la mayor fuente de divisas para la isla bloqueada. Y en 2021 se estima que sólo recibía a 2.2 millones.

Alejandro Gil Fernández, viceprimer ministro y titular de Economía y Planificación, comentó que se prevé un crecimiento del 10,4 % con respecto a 2020 de los ingresos en divisas. Aun así, señaló: «nos estaremos quedando en 2021 en un 16,2 % por debajo de lo que alcanzamos en 2019, y si bien iniciamos una gradual recuperación, todavía en el próximo año no alcanzaremos los niveles de ingresos de años anteriores».

El crecimiento del Producto Bruto Interno será muy leve, lejos del también modesto 2 por ciento que registró en 2019. La aspiración de años anteriores, sobre todo motorizados por los planes de inversión nacional y extranjera en la Zona Económica Especial de Mariel, era crecer hasta 5 por ciento anual.

A partir del 1 de enero de 2021, aniversario 62 de la revolución, cuando empieza a correr el número 63, se añadirá una dificultad extra, si bien en caso de solucionarse positivamente puede aliviar bastante el trabajo: se suprimen las dos monedas existentes desde 1994 y se unifican en una. Hoy existen el CUP, peso cubano, y el CUC, peso convertible y equiparable al dólar. Quedará de pie sólo el CUP, con una cotización de 1 CUC igual a 24 CUP, lo que supone una devaluación del peso cubano. Según las autoridades cubanas, esa devaluación, con la inflación subsiguiente, no afectará el salario de los trabajadores ni pensiones, que subirán proporcionalmente, ni a los depósitos de las personas y empresas en los bancos. Prometieron que «no se aplicarán bajo ningún concepto terapias de choque».

A los argentinos la palabra devaluación les provoca ataques de pánico. Claro que en Cuba hay otro tipo de gobierno, socialista, con funcionarios al servicio de su gente, muy diferentes a los Cavallo, Prat Gay, Dujovne, Caputo y González Fraga. La gran diferencia es que en camino al VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba, se ratificó que «la empresa estatal socialista está llamada a cumplir el papel principal que le corresponde en la economía nacional».

En Argentina en cambio la nave insignia es la Patria Financiera, los monopolios, las multinacionales y exportadores, todos privados. ¡Pequeña diferencia!

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