Cuando lo irracional tiene nombre de presidente: Jair Bolsonaro

Hace apenas unos días Bolsonaro anunció en tono de una gran celebración, la eliminación del impuesto para importar pistolas y revólveres

Por Bertha Mojena Milian

“Estamos viviendo el final de la pandemia”, dijo el viernes último el presidente brasileño Jair Bolsonaro en un acto multitudinario en el que nuevamente mostro su afán desmedido por imitar a su ídolo Donald Trump, al minimizar los efectos de la Covid 19 en su país y en el mundo y hasta se atrevió a criticar las acciones y el papel de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Parece que a Bolsonaro poco le interesan los más de 180 mil fallecidos que ha provocado la pandemia en el gigante suramericano, cuando no cesa de hacer llamados a “evitar el pánico”, lo que se traduce en dar poca importancia al uso de mascarillas, incitar a la realización de actos multitudinarios sin que se cumpla medida sanitaria alguna, proponer el uso de la cloroquina, negar o restar importancia a los estudios científicos realizados por algunos países y al papel de la cooperación internacional para enfrentar juntos tal situación, rechazando además, públicamente,  la efectividad de las vacunas en ensayo clínico desarrolladas en varias naciones.

Al mandatario brasileño se le ha ocurrido ya llegar al extremo de decir que quienes aún están preocupados por la Covid 19 y temen por su vida, son “unos blandos”, utilizando incluso, palabras obscenas para referirse a estas personas y lo que es peor, emplear los calificativos homofóbicos más deplorables contra quienes expresen temor a infestarse con el Sarvs Covs 2.

Esta semana también se le vio dedicar tiempo junto a su esposa, a inaugurar una exposición que, curiosamente, solo cuenta con el traje y el vestido que usaron el día de su toma de posesión el primero de enero de 2019 y que se exhibirá desde entonces en el salón de entrada del Palacio Presidencial. En palabras de la primera dama, Michelle Bolsonaro, era un “momento de alegría” por “la presentación de los trajes que usamos en un día memorable para la Nación”.

Hace apenas unos días Bolsonaro anunció en tono de una gran celebración, la eliminación del impuesto para importar pistolas y revólveres desde un 20 por ciento hasta cero, decisión aprobada por la Cámara de Comercio Exterior de su país, pero sin dudas, muy ajustada a su deseo de que “todo el mundo esté armado”, que la liberación de estas sea una de las “banderas imprescindibles” de su gabinete y su nostalgia por la época de las dictaduras, aunque lo justifique con el supuesto interés de combatir la violencia y que los ciudadanos puedan defenderse de los criminales.

De lo que no se oirá hablar al nefasto personaje, es de la tala indiscriminada y los incendios sin límites en la zona de la Amazonia bajo su mandato a niveles desproporcionados, a la arremetida contra los líderes sociales y de comunidades indígenas,  los homosexuales, al aumento de la violencia por motivos raciales pues desde que inició su presidencia, cada 23 minutos un joven negro es asesinado en Brasil, a lo cual todo el tiempo le ha restado importancia. Por cierto, cualquier similitud con el país que dirige su admirado presidente estadounidense, no parece pura coincidencia.

Como si fuera poco, este sábado salió a la luz el posible uso por parte del mandatario de la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN)  para respaldar a su hijo Flávio Bolsonaro, acusado en repetidas ocasiones de corrupción, por lo cual cuatro partidos opositores solicitaron a la Fiscalía General que investigue. Al parecer,  la ABIN contribuyó a preparar la defensa del hijo del mandatario al acusársele de desvío de dinero público cuando era diputado en Rio de Janeiro, beneficiándose de la devolución de parte de los sueldos  de su oficina cuando solo era representante estatal.

A propósito, la presidenta del Partido de los Trabajadores de Brasil, Gleissi Hoffman, aseguró que estos son motivos más que suficientes para que se solicite la destitución inmediata de Bolsonaro, contra el cual ya se acumulan 52 peticiones similares.

Definitivamente, ya cualquier cosa podría esperarse de Jair Bolsonaro. Solo el tiempo dirá cuánto daño provocará aún su irracionalidad sin límites, su falta de sentido común y de respeto por la dignidad humana. El pueblo brasileño y la historia sabrán ponerlo en el lugar que le corresponde. Esperemos.

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