LA FOTO: Titán

Por:  Yuris Nórido/ CubaSí

Miramos las grandes estatuas ecuestres desde lejos y desde abajo. Apenas podemos distinguir los rasgos del héroe. Los grandes monumentos imponen un respeto y una solemnidad que suelen establecer distancias con el referente. 

Este es un detalle del monumento a Antonio Maceo en el parque habanero que lleva su nombre, frente al hospital Hermanos Ameijeiras. La firmeza del hombre domina el ímpetu del caballo. Su expresión es casi divina. Parece un titán. 

A Antonio Maceo, de hecho, sus compatriotas lo bautizaron como «El Titán de Bronce». Fue el homenaje a un hombre que dio muestras de valentía y audacia extraordinarias, que a muchos les resultaron casi sobrenaturales.

Decenas de heridas de bala no detuvieron al general mambí. Algunos creían que tenía un pacto con fuerzas ocultas. Otros se sentían protegidos por un manto invisible cuando galopaban a su lado. Lo asumían inmortal.

Pero era un hombre. El 7 de diciembre de 1897 murió en combate. Cuba perdió a uno de sus más valiosos hijos, a uno de los más útiles. Pero ese día se consolidó el símbolo. 

Se erigen estatuas para eternizar los símbolos. Pero algunas estatuas trascienden la gloria del personaje. Valen más por su estética que por su significado.

No es el caso.

Antonio Maceo no es un nombre más en la lista de figuras de la guerra de independencia. Es el hombre y su leyenda, que es historia palpitante. Ninguna estatua (y las hay excelentes) le hace pleno homenaje.

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