Seamos críticos, pero no resentidos

Por Karima Oliva Bello

Comienzo diciendo que tal como un día se quitó el permiso de salida y el de residencia, desearía que en algún momento se eliminara cualquier trámite que condicione el estatus de residencia y los derechos en Cuba de los cubanos que estén fuera de la isla y, segundo, que se elimine el bloqueo y tengan buen curso las transformaciones económicas que se están llevando a cabo, para que Cuba esté en mejores condiciones de normalizar todos estos procesos. Lo primero sé que es muy posible que suceda; la eliminación del bloqueo, no me consta. En mi gobierno confío, en el otro, no.

Y resulta que el gobierno de Cuba ha dado muestra una vez más en los últimos tiempos de sensibilidad, de capacidad de escucha, de una actitud de apertura al diálogo y de la voluntad política de rectificar cuando es pertinente y justo, incluso, ante quienes a pesar de hablar todo el tiempo de democracia, libertad de expresión y pluralidad, no hacen más que ofender, atacar y calumniar al gobierno cubano. Tampoco es que vaya a cambiar todo lo que caprichosamente le pedimos en las redes, no seamos tan optimistas, no es que podamos tumbarlo con nuestra intensa capacidad de insultarlo en Internet.    

Pero lo más interesante ni tan siquiera es la capacidad de diálogo y escucha del gobierno cubano sobre todo lo que nos afecte, ya estemos dentro o fuera, eso no es nuevo. Lo más doloroso es que ahora descubrimos, después de tantos años diciendo que Cuba es el único país del mundo donde quien trabaja no puede viajar, comprarse una casa, un carro, ahorrar, etc., que no todos los que vivimos fuera de Cuba podemos pagar 40 dólares mensuales, que tampoco podemos pagar un pasaje, que la vida es muy difícil, que el salario no permite ahorrar y se vive al día, que con esta situación de pandemia muchos estamos varados en una crisis, que la abundancia del capitalismo es un cuento muy mal contado, que pagar 40 dólares nos pondría en una situación de miseria en un país donde nadie te garantiza nada, que muchos tendríamos que elegir entre pagar la prórroga y comer. ¿Y dónde quedó la prosperidad capitalista? ¿La justicia, las oportunidades? Lo peor es que para muchos esa es una realidad. Pues ese es también el rostro del capitalismo, aunque en nuestras redes y en nuestros viajes a la isla, no siempre sea la versión que elegimos contar.

Y yo me digo con orgullo, qué “echaditos para adelante” somos los cubanos, como en una cuestión de segundos decimos públicamente sin miedo alguno todos los insultos que nos pasan por la cabeza contra el gobierno en Cuba, sí, Cuba, donde no hay democracia y nadie puede hablar mal del gobierno, nadie, menos todos, que lo hacemos constantemente claro, jugándonos la vida, ¿será? Pero resulta que ahora somos el rostro de la vulnerabilidad en el capitalismo y sobre el sistema que nos vulnera no decimos nada. Estamos viendo atrocidades, cosas que no vimos en Cuba, porque sí que las estamos viendo y sobre eso no tenemos una sola palabra que alegar a pesar de vivir todos en “prósperos paraísos democráticos”.

Pero contra un gobierno que con un bloqueo clavado en la yugular garantizó atención médica a cientos de miles de cubanos sí enseguida arremetemos, no importa que entre esos cientos de miles hayan podido estar nuestros padres. Un gobierno que está en medio de una crisis tremenda resistiendo para no caer en un cambio estructural neoliberal, y quienes hemos visto el rostro del neoliberalismo en Argentina, Ecuador, Brasil, México, Chile, España, EEUU, Europa, ¿de verdad lo vamos a insultar ante la primera oportunidad que encontramos? Un gobierno que va a devaluar moneda y a bancarse los subsidios de las empresas estatales que no puedan afrontar la inflación para que no pierdan el empleo centenares de miles de cubanos, ¿vamos a insultarlo, quienes sabemos lo que es un paro y lo que es morirse sin conseguir una plaza fija y digna a pesar de títulos, doctorados y nuestras brillantes mentes de cubanos?

Yo iba a pagar sí los 40 dólares, en primer lugar, porque si los tengo es gracias a la formación que recibí en Cuba, que me permite sobrevivir en un contexto donde las mujeres que nacen pobres y negras como yo no tienen mi destino. Y no me vengan a decir que mi educación no fue gratis porque el estado lo sacó de lo que dejó de pagarle a mis padres, que en muchos de los países donde vivimos la mayoría está muy explotada y de lo que les dejan de pagar se enriquecen unos pocos y ni así el estado les garantiza nada. Y en segundo lugar los iba a pagar porque mi madre y mi abuela de casi 90 años, y muchos familiares y amigos queridos están en Cuba, y ante la menor tos o fiebre sé que les van a hacer una prueba por la que tengo que pagar aquí miles de pesos, más de 40 dólares, por cierto, y van a ser atendidos por un personal de salud de muchísima calidad y con el amor que yo no podría darles por la distancia, y eso no tiene cómo pagarse. Y si no hubiese tenido los 40 dólares para pagarlos, le escribiría sí, no con insultos, sino con capacidad de dialogo al gobierno en Cuba para que repensara la medida, pero con la misma valentía iba a denunciar las miserias humanas que se viven en el capitalismo ante las que viramos la cara y hacemos silencio.

Creo que en un momento como el que estamos viviendo no es para que nos importe únicamente nuestro bolsillo, aunque sabemos que en este mundo brutalísimo hay contextos de hecho en que es lo único que importa, y los emigrados cubanos lo sabemos mejor que nadie en Cuba. Los emigrados cubanos, que siempre estamos reclamando nuestros derechos, y no es malo que así sea, le debemos a nuestra nación una postura de mayor apertura al diálogo, de mayor reconocimiento de lo que es y de lo que se hace, y le debemos también una versión más honesta sobre lo que es el mundo fuera de Cuba.

Debemos dejar a un lado tanto resentimiento ante un gobierno que muestra capacidad de escucha. El resentimiento es una actitud regresiva e infantil, depositar en otro toda la responsabilidad de lo que creemos que nos merecimos y no nos fue dado, nos coloca en un círculo vicioso de demanda y queja sin que nosotros mismos estemos ya en condición de aportar nada, el resentimiento pudre el alma y el carácter, es la más triste y cobarde de las pasiones.
¡Seamos críticos, pero no unos resentidos!

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