La Pandemia y el fracaso de la guerra psicológica. Nuevos actores que se incorporan.

PostCuba / Por: Marco Velázquez Cristo.

La pandemia de la Covid-19 va dejando sin argumentos a los que pronosticaban el próximo fin de la Revolución y el fracaso del socialismo en Cuba. Está exponiendo la verdadera esencia inhumana del capitalismo y su incapacidad para dar respuesta a situaciones complejas como la generada por esa enfermedad.

En este contexto resulta evidente que el incremento de la agresividad de elementos contrarrevolucionarios internos y externos que se aprecia en las redes sociales, el aumento de las publicaciones nocivas dirigidas a distorsionar nuestra realidad, plagadas de mentiras cada vez más burdas y la incorporación de organizaciones (herramientas de agresión del imperio) como Reporteros Sin Fronteras a esta nueva campaña contra Cuba, responden al fracaso de las medidas aplicadas como parte del plan de guerra psicológica diseñado para tratar de desacreditar y desestabilizar  al país aprovechando la actual coyuntura generada por la pandemia.

Hacia lo interno, los mercenarios a sueldo del imperio cumpliendo su miserable tarea de hacer el juego al peor enemigo de su patria, y como buenos clones de la rancia contrarrevolución que anida en Miami, reproducen el comportamiento de esa pléyade de irracionales que cegados por el odio y el fracaso, recurren a la amenaza y llaman a la violencia contra los que no pueden derrotar en el campo de las ideas. Huérfanos de ellas, no son más que el  muñeco que sostiene el ventrílocuo. Mienten como ellos sin ningún pudor.

Recientemente un destacado periodista fue víctima de este tipo de conductas por el solo hecho de publicar un artículo en el periódico Granma, en el cual realizó un análisis objetivo de la situación del país y del comportamiento de las acciones mediáticas contra él. Algo de lo que estos elementos no quieren que se hable.

Abro un paréntesis para señalar algo que también va dejando al descubierto la Covid-19 y es la hipocresía de algunos autoproclamados guardianes del respeto a la justicia y “enemigos jurados” de  la violencia que, ante el hecho  mencionado y en momentos como los que vive el país, han callado. Eso indica que no los mueve un verdadero sentido de lo justo y que otras son sus motivaciones. Existen algunas nominillas por ahí que dan algunas pistas sobre ellas.

Volviendo al comportamiento de la guerra mediática contra Cuba en su versión pandémica, vamos a retroceder a la etapa antes de la entrada de la Covid-19, para poder  definir qué esperaban el enemigo y sus lacayos que sucediera y cuáles objetivos se trazó el imperio en base a los resultados de su apreciación.

En ese escenario pre Covid-19 las principales líneas de mensajes se centraban en: presentar al modelo político económico social cubano como un sistema fallido, con economía al borde del colapso, caracterizado por la existencia de una burocracia que definían como corrupta, la cual planteaban lo tornaba inoperante, tildaban al gobierno de ineficiente y lo señalaban culpable de la ralentización del desarrollo de la nación, minimizando así los efectos del bloqueo, sociedad en general apática, agobiada por las carencias, la juventud deseosa de emigrar al igual que los médicos, el sistema de salud depauperado, los hospitales insalubres, instigaban a los médicos a abandonar las misiones, acusaban de supuestas violaciones a los derechos humanos, ponderaban las “bondades” de la propiedad privada, mostrándola como la posible “salvadora” del país y un largo etc. de infamias más.

La CIA que había orientado a sus fuentes dibujar ese panorama apocalíptico y que recibía, de rebote de estas, que el mismo se correspondía con la realidad, versión que reforzaban los “progresistas” de la “izquierda” del patio con sus artículos, terminó al igual que todos ellos, incluyendo al gobierno norteamericano, creyéndose sus propias mentiras como buenos  mitómanos empedernidos que son todos. Confunden deseos con realidades.

Por eso estimaron erróneamente que Cuba no estaba preparada para resistir el impacto de la Covid-19 y que su economía se derrumbaría provocando el colapso de su sistema de salud al que también subestimaron.

La continuación de las medidas de recrudecimiento del bloqueo, la publicación de artículos pronosticando una evolución incontrolable de la enfermedad, con la ocurrencia de miles de fallecimientos (el redactado por un becario de la Universidad  de Columbia fijando la cifra de muertes por encima de las 300 mil y augurando carencias de camas y medicamentos para dar respuesta a la enfermedad, son un claro ejemplo de este tipo de publicaciones), así como el arreciamiento de las campañas de descrédito del sistema de salud, demuestran que esa fue su valoración y que estas acciones estaban dirigidas a contribuir a tratar de darle el jaque mate a la Revolución.

Al penetrar la enfermedad en el país y no ocurrir la debacle que entendían inexorable, la desesperación los condujo a improvisar y a divulgar mentiras aún más burdas. Así comenzaron a  cuestionar las cifras de afectados por la pandemia y de muertes que informaban las autoridades, hicieron aparecer falsos muertos en las calles e inexistentes camiones entrando cargados de féretros al IPK, publicaron declaraciones de imaginarios enfermos cuestionando el tratamiento y las condiciones de los locales donde supuestamente se les atendía y pusieron a apátridas disfrazados de médicos a quejarse de la presunta falta de medios de protección, etc.

En honor a la verdad no necesitaban mucha imaginación creadora para construir estas mentiras, les bastaba mirar hacia el escenario que exhiben  EE.UU. y otros países de gobiernos afines a este, pues en ellos todo eso era y es una dura realidad.

También los “progresistas de la izquierda” se vieron forzados a cambiar su discurso, no solo por la fuerza de las circunstancias, sino también por acción de subordinación, de esa forma se transformaron en epidemiólogos, virólogos, biólogos y sociólogos entre otras “especialidades”, publicando textos de contenidos seudocientíficos donde desacreditaban las medidas de las autoridades sanitarias y del gobierno, ponderando conceptos de enfrentamiento a la pandemia sostenidos por el gobierno de EE.UU. y que la práctica ha demostrado que estaban equivocados, como el de dejar que el virus se expandiera para generar lo que se llama una inmunidad comunitaria.

Así llegamos al momento actual en el cual su frustración les genera una desesperación que motiva la agresividad que estamos viendo como recurso extremo para tratar de evitar que la verdad se conozca y el mundo pueda apreciar, en toda su magnitud, la colosal mentira que le han estado vendiendo sobre la realidad de Cuba.

Por eso salta a escena Reporteros sin Fronteras (RSF) supuesta “ONG”, nacida en EE.UU. pero inscripta en Francia, organización pantalla de la CIA que la financia de conjunto con la NED.

La verdadera misión de RSF es organizar campañas políticas contra objetivos que la administración estadounidense y sus gobiernos aliados visualizan como perjudiciales para sus intereses o que se oponen u obstaculizan el desarrollo de sus políticas de dominación y saqueo de otras naciones. Un caso representativo de este accionar lo constituye el apoyo brindado por RSF al secuestro del presidente constitucional de Haití Jean-Bertrand Aristíde  por parte de las Fuerzas Especiales norteamericanas, aportando el argumento que  Bertrand Aristíde era un «depredador de la libertad de prensa».

En el caso de Cuba su misión en estos momentos es apoyar la campaña dirigida a tratar de restar crédito a toda la evidencia que avala el éxito de la nación y su socialismo frente a la Covid-19 y que desmonta la imagen de un país camino al abismo. Su tarea concreta es trasladar al mundo la imagen de una Cuba donde la libertad de expresión es coartada; de esa forma esperan desacreditar las informaciones que divulgan los medios oficiales y crear la matriz de opinión de que la verdad es ocultada mediante la “represión” de los que ellos llaman “periodistas independientes”.

Esos elementos ni son periodistas, ni independientes, son sencillamente mercenarios a sueldo de EE.UU., a los que tampoco se les encarcela por informar, algo que nunca hacen. Son expertos en desinformar y mentir y si alguno va a la cárcel es por violar las leyes. En Cuba no existen periodistas desaparecidos, ni torturados, ni muertos, tampoco presos.

Acorde con su subordinación y misión RSF, en la lista que recientemente ha publicado, “evaluando” el estado de la libertad de expresión o de prensa, da lo mismo, la primera contiene a la segunda en los países, le ha reservado infamemente a Cuba uno de los últimos lugares. Mientras a EE.UU hábilmente le otorga el 45, pero en el mapa donde por los colores se definen los que mejores “records” exhiben está entre los primeros.

De un plumazo RSF  borra las públicas y escandalosas  presiones a la prensa y las exigencias a esta de reportar faltando a la verdad, induciéndola a apoyar espurios intereses políticos, amén de que los dueños de los grandes medios responden a esos mismos intereses y los periodistas deben subordinarse a sus exigencias.

Finalmente, tomando en consideración el actual comportamiento de la campaña contra nuestro país y el sistemático fracaso de todas las variantes de desinformación que han aplicado sobre la situación interna, así como la evolución controlada de la Covid-19 en territorio nacional, es de esperarse que EE.UU. incorpore a esta nueva agresión contra Cuba, otro de los instrumentos de los que dispone para este tipo de viles acciones como Human Rights Watch (HRW, ‘Observatorio de Derechos Humanos) otras de las “ONG” pantallas de la CIA. Esperemos.

“No existe en el mundo fuerza capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas”

Fidel.

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