Honrar, honra: 27 septiembre 1933 – Llegan a Cuba las cenizas de Mella

El arribo a Cuba de las cenizas de Julio Antonio Mella, traídas desde México por una comisión que presidía Juan Marinello, fue acompañado por amplias manifestaciones del pueblo, que veía un símbolo de rebeldía en el líder asesinado. Dos días después de su llegada, las cenizas debían ser depositadas en un pequeño obelisco erigido para ese fin en la Plaza de la Fraternidad. Entretanto, fueron llevadas al local de la Liga Antimperialista, en la calle Reina, desde donde Rubén Martínez Villena habló a los presentes por última vez: “Estamos aquí, sobre todo, porque tenemos el deber de imitarlo, de seguir sus impulsos, de vibrar al calor de su generoso corazón revolucionario». En la mañana del entierro se recibió la orden de suspensión del acto, en tanto que los soldados destruían el obelisco.

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