Honrar, honra: 3 febrero 1901 – Comienza a aplicarse en Cuba la teoría de Finlay para el saneamiento del medio ambiente contra la Fiebre Amarilla

El 3 de febrero de 1901 comienza a aplicarse en Cuba la teoría del doctor Carlos J. Finlay para el saneamiento del medio ambiente contra la Fiebre Amarilla.

Los europeos conocen la Fiebre Amarilla en nuestro continente a partir del año de 1648, aunque se puede inferir por lecturas y estudios realizados con documentos precolombinos, como los «Códices de las antiguas civilizaciones mayas», que esta enfermedad ya era conocida desde mucho antes del arribo de las huestes españolas a las Américas.

Ahora, si la fiebre amarilla ya estaba presente en América desde mucho antes de la llegada de los españoles a tierra firme (esto ocurrió en 1519) ¿por qué es que existió un período de tiempo tan largo, hasta 1648, casi un siglo y cuarto después, para que se presentará una epidemia entre ellos, aún teniendo en cuenta que no la conocían y que no tenían experiencia inmunológica frente a la misma?

Mosquito Aedes aegyptiLa fiebre amarilla tiene dos formas de presentación: una selvática y otra urbana, donde los vectores de la transmisión del virus son especies diferentes de mosquitos, y la ecología de la enfermedad es diferente. Los brotes que existieron antes de 1648 en nuestro continente fueron de fiebre amarilla selvática. El mosquito Aedes aegypti, vector transmisor de la variante urbana, no existía en América al arribo europeo, sino que fue introducido años después desde las costas de África Occidental, donde sí pertenecía al ecosistema del lugar y formaba parte de la cadena de transmisión de la fiebre amarilla en aquel continente.

Entonces fue necesario primero un proceso de adaptación de esta especie animal en el nuevo territorio, para que pudiera posteriormente aparecer una epidemia de Fiebre Amarilla en su variedad urbana. Esta situación necesita tiempo, por ello no se presentaron las epidemias hasta casi un siglo después de iniciado el comercio esclavo.

Pero todo esto no se conocía en los momentos de aparición de los primeros brotes. No fue hasta que el doctor Carlos J. Finlay enunciara doscientos treinta y tres años después, en 1881, la suposición de que el mosquito Aedes aegyptifuera el agente transmisor de la enfermedad, y que la Cuarta Comisión Médica del Ejercito Norteamericano lo comprobará en territorio cubano en 1900. Esta teoría de Finlay que en un inicio pareció descabellada, realmente no era tan nueva. Ya en 1790 el médico irlandés John Crawford, relacionó directamente a la fiebre amarilla con el contagio a través de los insectos. El elemento medular de la doctrina de Finlay, fue la transmisión de la enfermedad desde un sujeto enfermo, a uno sano, a través del mosquito, completando la cadena epidemiológica de la transmisión de la enfermedad.

La Fiebre Amarilla o Vómito Negro, como se le bautizó popularmente, fue para los españoles una enfermedad nueva, terrible, mortal, que diezmó a sus tropas y frenó el desarrollo económico y social de estas tierras del mundo, por lo menos por un prolongado lapso de tiempo.

La Fiebre Amarilla, Barcelona. Tomás Padrón. Fundación J.DíazFue además una de las principales entidades noseológicas a que los galenos de la época se tuvieron que enfrentar, por eso no es de extrañar que fijaran su interés en la misma un grupo grande de profesionales desde casi los primeros momentos de su aparición. Por ejemplo, en Cuba, el primer libro sobre medicina publicado fue justamente sobre esta enfermedad: «Memoria sobre el vómito negro enfermedad epidémica de las Indias occidentales…», del insigne médico doctor Tomás Romay y Chacón, una de las figuras más grandes de la medicina cubana de todos los tiempos, con una admirable labor en el campo del salubrismo y la prevención de enfermedades.

La «Guerra de los Diez Años» (1868-1878) obligó al sistema de salud pública colonial a subordinarse a la sanidad militar del ejército español. Un poco después, en el período entre guerras (1878-1895), se produce una verdadera recuperación de la organización de la salud pública colonial. Por esta época, el doctor Carlos Juan Finlay Barrés da a conocer al mundo científico, en 1881, su descubrimiento de la teoría metaxénica del contagio de enfermedades infecciosas y las medidas para la erradicación de la fiebre amarilla.

Dr. Carlos J. FinlayPor la orden Civil No.15 de 7 de agosto de 1899, fue creada la «Comisión de Fiebre Amarilla», encargada del estudio y consideración de todos los casos comunicados a las oficinas municipales de sanidad como sospechosos o confirmados de fiebre amarilla. Esta Comisión fue presidida desde su fundación por el doctor Carlos J. Finlay y el doctor Jorge Le Roy y Cassá como secretario. En esa primera ofensiva de 1901 contra el mosquito vector, se aisló a los enfermos, se destruyeron los mosquitos infectados y se acabó con sus criaderos en depósitos de agua. Esto permitió que de 310 defunciones reportadas en 1900, cuando no se había comenzado la campaña, se descendiera a 18 en 1901 y fuera erradicada a partir de 1902.

Al instaurarse la República el 20 de mayo de 1902, se nombra al doctor Diego Tamayo Figueredo, Secretario de Gobernación, que, inmediatamente nombró al doctor Carlos J. Finlay al frente de los servicios de Sanidad y al ilustre higienista doctor Manuel Delfín Zamora, en los servicios de Beneficencia. Los salubristas cubanos, bajo la dirección de Finlay, logran erradicar la fiebre amarilla definitivamente en 1908.

Importantes trabajos han demostrado  el paralelismo existente entre el método utilizado por el doctor británico John Snow en su investigación del brote de cólera ocurrido en el Soho londinense, que le valió el ser denominado Padre de la Epidemiología Moderna, con el método empleado por el doctor Carlos J. Finlay y de Barré en Cuba, solamente 13 años después de aquél, para estudiar un brote de cólera que se presentó en la barriada del Cerro durante el transcurso de la tercera de las epidemias de cólera que tuvimos que afrontar durante el siglo XIX. Toda la experiencia acumulada en su vida profesional y los éxitos alcanzados en la intervención sanitaria para controlar los brotes epidémicos, son razones bien convincentes para reconocer a Carlos J. Finlay como el Primer Epidemiólogo Latinoamericano.

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