“Quien no ha visto las Cuevas de Bellamar, no ha visto Cuba”

Las Cuevas de Bellamar fueron descubiertas en febrero de 1861. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Casi 160 años después de que quedaran al descubierto cuando un esclavo perdió una barreta al golpear en un punto donde sus cavidades se acercaban demasiado a la superficie, las Cuevas de Bellamar siguen atrayendo a miles de cubanos y extranjeros cada año, que visitan la ínfima parte de su extensión (unos 700 metros de un total superior a los 20 kilómetros) abierta al público. Es la atracción turística más antigua de Cuba, la primera excursión a su interior data de 1862.

Las Cuevas de Bellamar, decimos, aunque los espeleólogos aclaran que es una cueva con varios salones y galerías. Una sola, como la Gran Caverna de Santo Tomás, con sus tantas galerías en siete niveles, que totalizan unos 45 kilómetros.

En su tesis para alcanzar el título de Doctor en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana, a inicios de la década de 1950, Antonio Núñez Jiménez señaló que la Cueva de Bellamar es “una de las más notables maravillas espeleológicas” de nuestro país, y recordó las impresiones del viajero norteamericano Samuel Hazard, que en 1866 escribió:

“Quien no ha visto las Cuevas de Bellamar, no ha visto Cuba”.

Bajar a ese mundo de la caverna es una experiencia inolvidable. Caminar por los túneles accesibles a los visitantes, con total seguridad pero aun así con la percepción de que se vive una aventura, permite apreciar las hermosas formaciones cristalinas moldeadas por milenios de actividad del agua entre la roca calcárea.

Bellamar, a poco más de 100 km de La Habana, en la ciudad de Matanzas, es reconocida en el mundo por la belleza de sus variadas estructuras cristalinas.

Hay espacios que impresionan por sus formas, la magia que reflejan o las historias asociadas a ellos, como el gran Salón Gótico o Salón Principal, de 80 metros de largo y 25 de ancho, con su enorme columna por la unión de una estalactita y una estalagmita; el Manto de Colón, una caída de agua de 12 metros; el Baño de la Americana, el Lago de las Dalias o La Capilla de los Doce Apóstoles.

Dividida en cuatro sectores, sus galerías y salones están tapizados de estalactitas, estalagmitas y helictitas. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

En el salón principal se encuentra la formación rocosa conocida como Manto de Colón. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

 

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