No se puede confiar en los Estados Unidos (Parte I)

Por Miguel Angel García Alzugaray

eeuuflag

Desde hace tiempo, para muchos analistas internacionales, confiar en el gobierno norteamericano equivale a hacerlo en un “lobo feroz”. Tal parece que este axioma se ha visto reforzado después de que el presidente Donald Trump anunciara la retirada de su país del Acuerdo Nuclear con Irán.

Al respecto, la canciller alemana, Angela Merkel, aseguró durante su reciente discurso en la entrega del Premio Carlomagno al presidente francés, Emmanuel Macron, que: “Europa ya no puede confiar en Estados Unidos”.

Tras las recientes decisiones de Washington que afectan el panorama en Medio Oriente, la canciller señaló que el continente europeo “debe tomar su destino en sus propias manos, es nuestro desafío para el futuro” pues la nación norteamericana ya “no es capaz de defender al Viejo Continente de los conflictos mundiales”, algunos de los cuales tienen lugar “a las puertas” de Europa.

Por su parte, Irán alertó sobre las intervenciones estadounidenses, indicando que es un país en el que no se puede depositar confianza alguna.

La esperada respuesta de Irán ante una serie de bombardeos llevados a cabo por Israel en Siria llegó este viernes. Teherán dijo apoyar a Siria “en su derecho a defenderse” luego de que Tel Aviv lanzara bombardeos aéreos sobre lo que describió como infraestructura militar iraní en territorio sirio.

El general Mohammad Ali Jafari, dijo durante el Encuentro de “Habilidades Educacionales de los trabajadores en las Fuerzas Armadas”, que la retirada de Estados Unidos del acuerdo nuclear no es un nuevo acontecimiento y no tendrá efecto ni incide en el destino de cualquiera de las áreas, simplemente demuestra que no se podían fiar de ese país ni en el trato ni en las negociaciones.

Esta verdad que ahora descubren los ingenuos europeos, como reza el dicho popular, “es más vieja que andar a pie” y los cubanos la tenemos siempre muy presente.

No en balde el Che Guevara subrayó que “No se puede confiar en el imperialismo pero ni tantito así”.

Una política de permanente agresión

El término que mejor define la política exterior norteamericana es la agresión. Desde su nacimiento como país soberano (1776) han demostrado una profunda vocación expansionista, evidenciada durante los gobiernos de Thomas Jefferson, pero que tendría una mayor definición en la presidencia de James Monroe con su famosa doctrina “América para los Americanos”, o lo que es mejor decir “América para los norteamericanos”.

Si bien el Siglo XIX es tiempo de consolidación de la economía norteamericana y de su política interna (guerra de secesión, 1861 – 1865), esto no los aisló de su ideal expansionista, que ya se había manifestado sobre Luisiana y la Florida, pero que se profundiza con la anexión de los hasta entonces estados mexicanos de Texas y California (ricos en minerales como el petróleo).

Simón Bolívar fue quien con mayor visión se percató de esta agresiva política exterior norteamericana, evidenciada fundamentalmente en los preparativos del Congreso de Panamá en 1826; un evento que se surge con la idea de consolidar la integración de los países recién liberados del dominio español sin involucrar a los EE.UU. Sin embargo, el boicot norteamericano estuvo claramente presente en la derrota de este plan integracionista latinoamericano.

Para 1829 se hace aún más clara la percepción de Bolívar sobre el país del norte, cuando señaló: “Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia a plagar a la América de hambre y miseria en nombre de la libertad”. Precisamente la mayor desviación de este proyecto fue la constitución del Panamericanismo en 1890.

En cuanto a ello dijo José Martí: “Los Estados Unidos se han palpado los hombros y se los han hallado ancho. Por violencia confesada, nada tomarán. Por violencia oculta, acaso. Por lo menos, se acercarán hacia todo aquello que desean. Al istmo lo desean. A México, no lo quieren bien…”

Sobre este asunto, el apóstol expresó además: “Es nuestra raza mal entendida la que está en peligro. Es la caterva de cuatreros y matones ambiciosos de la frontera americana, la que quiere forjar un pretexto para echarse sobre el Estado minero de Chihuahua, que excita su codicia. Es nuestro corazón americano, que allí duele” (…) El único modo de vencer al imperialismo en los pueblos mayores y el militarismo en los menores, es ser todos soldados”.

Según diversas fuentes, el gobierno de Estados Unidos ha derrocado o tratado de derrocar a numerosos gobiernos extranjeros percibidos como hostiles. Han practicado esta política a través de la participación directa de sus agentes, la financiación y la formación de grupos insurgentes dentro de diferentes países, han generado campañas de propaganda, golpes de estado y otras actividades realizadas generalmente por la CIA.

Estados Unidos también ha realizado cambios de régimen mediante la acción militar directa. Así lo refiere el historiador Spencer Weart, al afirmar que Washington ha apoyado más golpes de estado contra democracias que contra no-democracias.

Expansión territorial

La lista de expansión a cualquier costo por parte de los Estados Unidos se torna larga. Por ello, se mencionarán solo algunos ejemplos que evidencian el afán expansionista de esta Nación.

En 1803, el territorio francés de la Louisiana, vasto territorio inexplorado, fue comprado a Napoleón por el gobierno estadounidense, para duplicar así el territorio estadounidense. El gobierno envió a los exploradores Lewis y Clark, quienes para 1806 ya habían trazado las rutas que llevarían al Pacífico, iniciándose el período de la conquista del oeste y la guerra contra el indio.

Para 1819 el gobierno de Estados Unidos firmó con España, presionada por las guerras de independencia americanas, un “tratado transcontinental” (Tratado Adams-Onís), que implicó la venta de Florida (y así se proyectaban geográficamente sobre la codiciada Cuba).

El año 1845, marca la anexión de la autoproclamada República de Texas, que incluía todos los territorios del actual Estado de Texas, además de porciones de Nuevo México, Oklahoma, Kansas, Wyoming, y Colorado. La llamada República de Texas era un territorio secesionista de México. A pesar de que el Presidente de México, Antonio López de Santa Anna, advirtió que la anexión sería “equivalente a una declaración de guerra”, el presidente de los EE.UU., John Tyler, firmó el tratado de anexión de Texas en abril de 1844. El Congreso aprobó la anexión de 28 de febrero de 1845.

En 1867 el Secretario de Estado estadounidense William H. Seward llevó a cabo la compra de Alaska a Rusia por 7,2 millones de dólares estadounidenses. La falta de efectivo de Rusia y el deseo de que Alaska no cayera en manos británicas impulsaron a Rusia a vender el territorio a los Estados Unidos tras el fracaso en la Guerra de Crimea. La compra se hizo efectiva el 18 de octubre de 1867, hoy recordado como el Día de Alaska. Aunque la compra recibió duras críticas en el momento de producirse, finalmente se vio como un negocio ventajoso gracias al descubrimiento de oro en Yukón.

Mientras, en 1898, con la dudosa explosión del barco Maine, con la que la prensa y el gobierno norteamericano culparon a España, se acuerda la futura “independencia” de Cuba, mediante los Acuerdos de París de 1898 que se concretarían sólo formalmente años más tarde en 1902. Además, España cede Filipinas, Puerto Rico y Guam. Las restantes posesiones ibéricas en Asia, (Islas Marianas, Islas Carolinas y Palau), incapaces de ser defendidas debido a su lejanía y la destrucción de buena parte de la flota española, fueron vendidas a Alemania en 1899 por 25 millones de pesetas, por el Tratado Germano-español; posteriormente serían administradas por los EE.UU.

Cinco años antes, en 1893, un grupo de estadounidenses derrocan al gobierno del Reino de Hawai y forman una Comisión de Seguridad, con la oposición de la Reina Liliuokalani, tomando el control del gobierno. Estados Unidos convoca a una compañía de infantería de marina a las islas para hacer cumplir la llamada neutralidad, pero la presencia de estas tropas hizo imposible que la monarquía se defendiera. El presidente William McKinley firma un tratado de anexión en el año 1897, de acuerdo con un comité de anexionistas de la República de Hawai.

Más adelante, en 1903, tropas norteamericanas desembarcaron en la provincia colombiana de Panamá para fomentar un movimiento independentista y apropiarse automáticamente de la región proclamando unilateralmente la independencia. El gobierno de Colombia, involucrado en una interminable guerra civil, no pudo resistir a esta invasión. El Tratado Hay-Bunau Varilla entre EE.UU. y la joven república cedió a perpetuidad a la Nación norteamericana los derechos sobre una zona del istmo en la que se construirá el futuro canal de Panamá. Este canal había sido proyectado por el explorador francés Ferdinand de Lesseps, constructor del Canal de Suez, pero había fracasado en su intento. Los estadounidenses terminarían de construirlo. El canal fue devuelto a Panamá en 1999, en cumplimiento del Tratado Torrijos-Carter, y en el ínterin se sucedieron diversas intervenciones militares para reprimir los intentos panameños de recobrarlo.

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