Impronta de Fidel en el turismo Cubano

Escrito por  Luz Marina Fornieles Sánchez / Especial de la ACN para CubaSí
Turistas provenientes de Canadá, arriban al aeropuerto internacional Abel Santamaría, en la ciudad de Santa Clara, provincia Villa Clara, Cuba, el 9 de agosto de 2016. ACN FOTO/ Arelys María ECHEVARRÍA RODRÍGUEZ
Turistas provenientes de Canadá, arriban al aeropuerto internacional Abel Santamaría, en la ciudad de Santa Clara, provincia Villa Clara, Cuba, el 9 de agosto de 2016. ACN FOTO/ Arelys María ECHEVARRÍA RODRÍGUEZ

A Fidel Castro nada le era ajeno lo mismo fuese sobre la faz de la Tierra como en las profundidades marinas. Por eso con su incesante quehacer también caló hondo en el desarrollo del turismo en Cuba.

   Como en todas las esferas de la vida socio-económica del país, la Revolución Cubana significó un vuelco rotundo para la industria sin chimeneas.  Con el Primero de Enero de 1959 comenzaron a borrarse, bajo su égida y de un plumazo, las secuelas que caracterizaron hasta entonces a la Isla en ese giro: ron, carreras de caballos, drogas, casinos y prostitución…

   En el territorio que era presentado como el paraíso del libertinaje y donde la mafia se hizo presente para manipular, entre otras actividades, la creciente proliferación del juego, se dio paso de inmediato a las expropiaciones, nacionalizaciones de hoteles y otros inmuebles.

   Conforme antes las masas eran privadas del acceso a la salud,  la educación y el empleo, también la recreación era vedada para las inmensas mayorías. Fue así que el 20 de noviembre del 59 surgió el Instituto Nacional de la Industria Turística (INIT), primer organismo especializado en el ramo creado por la Revolución y encabezado por el joven líder.

   Según recuerda el colega Leonel Nodal, en gesto de alto valor simbólico, el 31 de diciembre de ese propio año, Fidel asistía vestido con su traje verde olivo de Comandante y con la cabeza cubierta por un típico sombrero de yarey a una cena de año nuevo en el Hotel Habana Hilton para agasajar, en su condición de presidente del INIT,  a un grupo de personalidades extranjeras, entre ellos notables agentes de viajes y líderes del negocio turístico en Estados Unidos, entre los que sobresalía el famoso campeón mundial de boxeo Joe Luis.

   “A Cuba pueden venir todos los hombres y mujeres del mundo sin  discriminación”, dijo entonces el Primer Ministro a sus invitados, según la crónica escrita por Marta Rojas y reseñada por Nodal.

EL REVERSO DE LA MONEDA

Las extraordinarias potencialidades que ofrecían las riquezas naturales de Cuba no fueron en ningún momento acompañadas antes del triunfo revolucionario por una correcta política de distribución de la   infraestructura al servicio del turismo, sino que, por el contrario, predominó la interesada y anárquica forma de explotación que condujo al débil aprovechamiento y desarrollo de los recursos turísticos.
turismo cuba

Entre las tareas acometidas rápidamente, figuró la de estructurar un turismo que respondiera a los valores culturales, históricos y sociales de la nación cubana.

   Catalogada desde tiempos inmemoriales de seductora por su prodigiosa naturaleza,  la Isla siempre constituyó un imán, por lo cual el rubro del ocio no es ni mucho menos un fenómeno nuevo por estos confines.

   A fines de los años 50 de la pasada centuria, solo aparecían registrados como alojamientos turísticos en el Directorio Hotelero, editado por el Instituto Cubano del Turismo, 125 hoteles y tres moteles de carretera, con un total de siete mil 728 habitaciones, según consta en el libro Cuba y el turismo, de Evaristo Villalba Garrido, consultado como valiosa fuente.

   Como era de esperar, frente a la magnitud de los cambios, el sector prácticamente desapareció de la escena antillana, debido principalmente a las consecuencias del bloqueo económico de EE.UU., que desde entonces y hasta hoy se erigió en obstáculo para las aspiraciones de la ínsula de abrirse al orbe.

   La actividad turística foránea solo pudo resucitar a partir de 1974, aunque no empezó a alcanzar una dimensión comparable al resto de países del Caribe hasta decenios posteriores.

   En 1975 ya se recibieron seis veces más visitantes que en etapas precedentes. Con tal impulso continuaron los años 80, cuando se tomaron un grupo de decisiones y se emprendieron inversiones vitales.

   En cada una de las decisiones relevantes tomadas estuvo su accionar, conforme en el desarrollo de la otrora olvidada Ciénaga de Zapata, el  nacimiento en 1981 del Campismo Popular y la aprobación de la legislación para la constitución de  empresas mixtas (1982). El primer hotel en esta nueva modalidad, el Sol Palmeras, abrió sus puertas en mayo de 1990, en Varadero. Desde entonces, hubo una explosión en la esfera, razón más que suficiente para que la Antilla Mayor apostara por tal variante económica.

EL DESPEGUE LLEGÓ CON LOS 90

Cuando se ponderan las bondades del rubro de inmediato se le reconocen sus significativos aportes monetarios, ser fuente de empleo y, a la vez, su accionar como motor impulsor para otro conjunto importante de ramas en la economía doméstica.

   Durante los años 90 se registraron incrementos sostenidos y que ubicaron al ramo no solo como el corazón de la economía, sino como el más relevante, en una opción que el Comandante vislumbró, como en otras tantas ocasiones, como una de las vías para que la ínsula continuase su desarrollo, en medio de la recrudecida política de la Casa Blanca y la desaparición de la antigua comunidad de naciones socialistas del Este europeo.

   Para esa fecha los veraneantes que escogían esta nación caribeña eran 327 mil, para quienes estaban alistadas 12 mil habitaciones (hoy ya son cerca de 70 mil); mientras que a partir del 2004  y de forma consecutiva se ha rebasado la cota de los millones de llegadas internacionales anuales.

   La propia figura del Fidel constituyó siempre un atractivo dentro y fuera de fronteras. Todos querían verlo, conocerlo, hablar con él, escuchar sus opiniones, tomarse una foto a su lado…

   Sin dejar de atender el resto de sus muchas responsabilidades, siguió al detalle las negociaciones con los grupos foráneos para operar y construir  hoteles en Cuba.
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Se entrevistó con sus presidentes, como sucedió en varias oportunidades con el mallorquín fundador de la cadena Meliá, Gabriel Escarrer Juliá.

   Y así siguió de cerca el despertar del destino cubano, pese a los retos de diverso corte que lo limitaban. También devino impulsor de los pedraplenes- caminos de piedras sobre el mar-, para conectar a tierra firme- respetando el medio ambiente- los paradisíacos islotes de la costa norte, como son los casos de los cayos Guillermo, Coco y Santa María, actualmente entre los destinos más demandados, junto a La Habana, Varadero, Trinidad y Holguín.

DIFICULTA POLITICA DE BLOQUEO TURISMO CUBANO
El turismo en Cuba experimenta severas afectaciones a consecuencia del bloqueo impuesto por la Casa Blanca desde hace más de cinco decenios, según aseguran autoridades del MINTUR.

 De acuerdo con una fuente autorizada se estima que de no existir ese férreo cerco, estos dominios recibirían anualmente entre 1.5 y 2.5 millones de vacacionistas estadounidenses.

A pesar de la prohibición a los ciudadanos de Estados Unidos de hacer turismo en la ínsula, hasta la fecha crecen en espiral los arribos de visitantes de esa nacionalidad, amparados bajo alguna de las 12 licencias permitidas por el Departamento del Tesoro de ese país.

   Esa nación es el principal mercado emisor de vacacionistas al Caribe con poco más de 14 millones en 2015, y si al menos el 15 por ciento pudieran visitar estos lares antillanos entonces se estaría hablando de más de dos millones de personas con una media de gastos de 900 dólares per cápita.

   A consecuencias de tal yugo imperial en el período abril de 2014 a igual mes del siguiente calendario, las pérdidas ocasionadas a la actividad sin humo se estiman  en 73 millones 416 mil 529  dólares, monto equivalente  al programa  inversionista  de  la industria nacional para el 2014.

   El tema del bloqueo fue recurrente en los discursos y escritos de Fidel, quien siempre puso de relieve su carácter inhumano y extraterritorial.

   Pero la vida demostró que él tampoco se había equivocado al optar por el turismo para reanimar a la economía nacional, pues ya el giro en los dos primeros decenios del nuevo siglo se ha ratificado como uno de los soportes más promisorios para la nación.

   Y como para que no haya dudas el 2016 se despidió con la recepción de más de cuatro millones de visitantes, un seis por ciento por encima de los 3.7 millones previstos inicialmente para ese ejercicio.  Tales llegadas experimentaron un alza de 13 puntos porcentuales frente a 2015, de acuerdo con fuentes oficiales del propio Mintur.

   Y tal logro nos trae nuevamente a la mente la preclara expresión del entonces Primer Ministro, el 31 de diciembre de 1959, cuando afirmaba:

   “A Cuba pueden venir todos los hombres y mujeres del mundo sin discriminación”.

   Se reafirma entonces la luz larga con la cual Fidel Castro valoró tempranamente al turismo en su país, donde su impronta en esa industria también merece ser destacada.

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