Pocas veces brilló más alto un estadista

Fidel comparece en la televisión cubana para informar al pueblo. Foto: Osvaldo Salas. Autor:

Che Guevara caracterizó a Fidel en la apasionante carta de despedida que inflamó a todos, como el estadista indómito de la Crisis de Octubre en 1962. Ese espíritu insumiso se irguió otra vez en 1963, de modo no menos dramático, durante la primera visita que hizo Fidel a la Unión Soviética, donde el pueblo moscovita lo recibió en las calles con desbordado entusiasmo.

El líder cubano había llegado el 29 de abril de 1963 a Murmansk, ciudad portuaria en el aún congelado extremo norte de la inmensa URSS, a pesar de la incipiente primavera. La recepción oficial y popular con Nikita Jruschov y Leonid Brehznev sería el 30 de abril, en la capital. Era su primer viaje a la URSS y fue recibido por Anastas Mikoyan, viceprimer ministro, quien unos meses antes, durante la Crisis de los Misiles, había tratado de calmar al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana.

En la Isla caribeña, el veterano dirigente soviético trataba de captar la atención del rebelde Comandante, pero el estruendo de unos jets volando bajo interrumpió el insólito monólogo. En el tenso ambiente internacional que el anuncio de la retirada de los misiles no había logrado aplacar, la Isla entera era cuadriculada por los aviones de combate de EE.UU., en vuelo rasante.

Fidel se levantó enérgicamente y exclamó: «¡Lo único que falta es que se bajen a tomar café. No podemos seguir permitiéndolo. Voy advertirles que los derribaremos si continúan esas provocaciones!» Los vuelos rasantes fueron suspendidos.

No había ocultado en ningún momento su enojo desde que Jruschov anunció inconsultamente el 28 de octubre que retiraría los misiles instalados en Cuba, además de haber ofrecido la posibilidad de enviar inspectores de la ONU para comprobarlo.

Pero tal pretensión se encontró con el espíritu indomable del Barbudo, quien dijo que para inspeccionar el país tendrían que venir en zafarrancho de combate y lanzó una plataforma de cinco puntos para lograr una paz verdadera: 1) Cese del bloqueo económico y la presión comercial y económica. 2) Cese de las actividades subversivas, invasiones de mercenarios, infiltración de espías y saboteadores. 3) Cese de ataques piratas desde Estados Unidos. 4) Cese de violaciones del espacio aéreo y naval y 5) Retirada de la Base Naval de Guantánamo y su devolución a Cuba.

FIDEL HIZO ESTREMECER AL KREMLIN

Inmediatamente después de la impresionante demostración de cariño del pueblo en las calles, Nikita Jruschov se levantó aquel 30 de abril de 1963 en el majestuoso Kremlin para hacer un brindis. Fidel Castro no se hizo esperar. Miró atentamente a su alrededor y estremeció el ambiente diciendo: «No puedo dejar de expresar mi desacuerdo con la forma en que fueron sacados los cohetes soviéticos de Cuba. No se nos consultó y se tomaron acuerdos a espaldas nuestras, después de haber sido nuestra tierra el potencial escenario de una guerra nuclear».

Nikita le interrumpió agitado: «¡Lo hicimos para evitar un ataque contra Cuba y se logró mantener la paz!».
Pero, «lo que se logró fue una paz precaria, pues no existe un verdadero compromiso. Si nos hubieran consultado se habría logrado mucho más. Habríamos obtenido una paz verdadera y otros objetivos», le ripostó Fidel con firmeza.

Parecía que la primera visita del líder cubano a la URSS, iba a terminar en fracaso. Nadie osaba decir una palabra…

EE.UU. PREPARABA UNA INVASIÓN A CUBA

De fuentes soviéticas y norteamericanas se sabe que en 1962 Estados Unidos contaba con 377 cohetes estratégicos y construía otros 1 000. Los emplazados en Turquía e Italia, daban una superioridad a EE.UU., pues de allí podían alcanzar en 15 minutos a la URSS, mientras los 44 cohetes intercontinentales soviéticos demorarían 25 en llegar a EE.UU. La URSS solo contaba además con 373 de alcance medio y 17 de alcance intermedio.

La instalación de 42 cohetes de alcance medio e intermedio en Cuba, nivelaría considerablemente la diferencia y brindaría medios defensivos contra una inminente invasión directa de EE.UU., lo que conocían soviéticos y cubanos que se preparaba con gran premura.

Fidel declaró que percibió en la propuesta hecha por Jruschov de instalar cohetes nucleares en Cuba, una acción que consolidaría la capacidad defensiva de todo el campo socialista, incluida Cuba y que fue el principal motivo para aceptarla, aunque no se ignoraban los riesgos. Fidel planteó dar a conocer públicamente el acuerdo, basándose en el derecho a la defensa con cualquier medio militar, como expresó abiertamente en una declaración. La perspicacia del pueblo llamó a ese «cualquier medio» las etcéteras, en una velada en alusión a los misiles.

Jruschov insistió con el comandante Raúl Castro —quien viajó a la URSS nuevamente para firmar el acuerdo—, en postergar el hacerlo público y negarlo mientras tanto. En esos días de julio de 1962, se efectuaba en Moscú un Congreso Internacional del Consejo Mundial de la Paz.

En octubre de 1963, Kennedy y Jruschov se pusieron de acuerdo para que no sucediera una confrontación, pero con la condición de que fueran retirados los misiles bajo inspección internacional. Fidel rechazó la inspección.

En la noche del 23 de octubre el presidente norteamericano había decretado un bloqueo naval expresando que dichos misiles, con ojivas nucleares, eran armas ofensivas y puso a todas las fuerzas armadas en máxima alerta por primera vez en la historia. El mundo no estuvo nunca tan cerca de una guerra nuclear. Los cubanos decían en broma: de repente desaparecerás de mi vista.

El día 26 Jruschov propuso en privado retirar los cohetes contra una promesa norteamericana de no invadir a Cuba. Pero Kennedy insistía en la inspección. En una sorpresiva acción, la artillería anticoheteril soviética derribó entonces un avión U2 que volaba sobre Banes, en el oriente de la Isla. El ambiente se tensó más y provocó una carta del presidente Kennedy, susceptible de varias lecturas: era amenazadora y a la vez tolerante, tratando de dejar ver que el acto podría no haber sido ordenado por Jruschov, quien ya negociaba con él. El hecho podría haber escapado a su control.

El 28 Jruschov aceptó los términos de Kennedy y solo después informó a Fidel, quien no conocía de las conversaciones secretas. El Comandante en Jefe declaró que la noticia había producido en Cuba «una gran indignación porque nos veíamos convertidos en una especie de objeto de cambio…nos enteramos por radio que el día 28 se ha producido un acuerdo».  La reacción del pueblo no fue de alivio. Fue de profundo malestar.

MIKOYAN NO LOGRÓ CALMAR A FIDEL

U Thant, secretario general de la ONU viajó a Cuba y ante la negativa de Fidel a aceptar la inspección, declaró que el dirigente cubano estaba en su derecho al negarse y que Naciones Unidas no podía obligarlo. Ante la situación, Jruschov envió el 2 de noviembre a Mikoyan a la Isla, quien durante varios días trató de convencer al premier cubano. Pero fue imposible.

Finalmente, tras dos semanas en Cuba, Mikoyan propuso que la inspección se realizase en los barcos. Fidel le respondió que ese sería un problema de la URSS. Y hubo inspección en los barcos, no en la Isla, la cual emergió más fuerte y más respetada de aquella crisis. La doctrina militar cubana pasó a ser la de la resistencia nacional si el territorio era ocupado.

El tiempo ha demostrado la vigencia de sus convicciones.

Tres años después de la retirada de los cohetes, la carta de despedida del Che Guevara recordaba esos hechos diciendo: «sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la Crisis del Caribe. Pocas veces brilló más alto un estadista…». En efecto, el líder guerrillero del pueblo cubano ya desde entonces formaba parte de los grandes estadistas de la historia.

 

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