Una batalla verdaderamente épica (+Fotos)

En la historia de Cuba el año 1961 resultó trascendental por la proclamación del carácter socialista de la Re­volución, la victoria de Playa Girón, el nacimiento del Partido Comunista y la gran Campaña de Alfabetización que erradicó el analfabetismo de nuestro país.

Los antecedentes de esta campaña están en la esencia de las palabras de Fidel Castro Ruz cuando, en octubre de 1953, en su alegato de autodefensa por el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos M. de Céspedes, dejó explícita su decisión de dar solución al problema de la educación en Cuba, como una de las seis grandes tareas que habría de enfrentar cuando la Revolución triunfara.

Coherente con su decisión, durante la guerra de liberación, el 6 de mayo de 1958, el Comandante en Jefe firmó una importante circular dirigida a todos los comandantes, capitanes y tenientes del Ejército Rebelde. Entre sus instrucciones, la número 5 decía: «Enseñar a leer y a escribir a aquellos compañeros que no sepan».[1]

VAMOS A LIBRAR LA BATALLA CONTRA EL ANALFABETISMO

Tras el triunfo de la Revolución, Fidel insistió en la necesidad de alfabetizar a todos los analfabetos. En febrero de 1959, la Dirección de Cultura del Ejército Rebelde inició la alfabetización den­­tro de sus filas y, en marzo, el Ministerio de Educación creó la Comisión Nacional de Alfabetización y Educación Fundamental, para habilitar aulas de alfabetización en centros de trabajo, al tiempo que el Instituto Nacional de Reforma Agraria (inra) enseñaba a leer y escribir a algunos miles de campesinos.

Gracias al esfuerzo realizado durante la lucha insurreccional librada por el Ejército Rebelde, y a la labor desarrollada en los años 1959 y 1960, según cálculos conservadores, la Revolución logró alfabetizar alrededor de 100 000 adultos antes de convocar a la Campaña de Alfabetización de 1961.

No obstante, como el país estaba necesitado de eliminar el analfabetismo en el menor tiempo posible, en la graduación del primer contingente de Maestros Voluntarios, el 29 de agosto de 1960, Fidel dio a conocer la decisión del Gobierno Revolucionario de organizar una campaña masiva de alfabetización: «El año que viene, vamos a librar la batalla contra el analfabetismo. El año que viene tenemos que establecernos una meta: liquidar el analfabetismo en nuestro país. ¿Cómo? Movilizando al pueblo».

El 26 de septiembre de 1960, en su primera intervención ante la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, en Nueva York, el líder de la Revolución se comprometió a eliminar el analfabetismo en nuestro país cuando afirmó: «Cuba será el primer país de América que, a la vuelta de algunos meses, puede decir que no tiene ni un solo analfabeto».

DEFENSA Y ALFABETIZACIÓN SE DAN LA MANO

Cuba vivía un momento de gran tensión y peligro cuando el 31 de diciembre de 1960, en el polígono de Ciudad Escolar Libertad, el Comandante en Jefe se reunió con miles de maestros para esperar el año nuevo, bautizado como Año de la Educación.

Allí, Fidel explicó que la educación y la defensa serían las dos grandes tareas para 1961. Luego, argumentó la necesidad de dedicar grandes esfuerzos a la defensa del país, ante un enemigo que intentaba crear un incidente ficticio para propiciar una agresión militar a Cuba.

Para no correr el riesgo de un ataque sorpresivo y traicionero del imperialismo antes del 20 de enero —fecha en que se produciría el cambio presidencial en Estados Unidos—, decenas de miles de combatientes habían sido movilizados para ocupar posiciones estratégicas.

El Primero de Enero, en medio de la primera movilización popular por la defensa de Cuba, se inició oficialmente la etapa organizativa de la Campaña de Alfabetización.

A menos de tres semanas de expirar su mandato, el 3 de enero de 1961, el presidente Eisenhower rompió relaciones diplomáticas con Cuba, mientras, la prensa estadounidense realizaba una campaña desenfrenada con el fin de justificar una inminente intervención armada.

No obstante, a pesar de la contingencia militar, la preparación de la campaña de alfabetización continuó su rumbo: defensa y alfabetización se dieron la mano, avanzaron simultáneamente.

Durante la graduación del Segundo Contingente de Maestros Voluntarios, el 23 de enero de 1961, el Comandante en Jefe informó que, el 5 de enero, bandas contrarrevolucionarias habían asesinado al maestro voluntario Conrado Benítez. Fidel, con voz emocionada, exclamó: «¡después de muerto ese maestro seguirá siendo maestro! […] Ese maestro es el mártir cuya sangre servirá para que nosotros nos propongamos, doblemente, ganar la batalla que hemos emprendido contra el analfabetismo».

En homenaje al natalicio de José Martí, el 28 de enero de 1961, Fidel presidió el acto de convertir la antigua fortaleza militar de Santa Clara, en una escuela. En sus palabras, el jefe de la Revolución calificó nuestra campaña de alfabetización como una de las más grandes batallas por la cultura que haya librado ningún pueblo: «Va a ser una batalla verdaderamente épica, en que debe participar todo el pueblo». Y afirmó: «hay que comenzar a organizar ese ejército y vamos a organizar cien mil jóvenes alfabetizadores que por lo menos tengan de sexto grado en adelante, y por lo menos 13 años de edad». Fidel convocó a los jóvenes villaclareños, para ser los primeros en inscribirse.

LA CAMPAÑA NO SE DETENDRÁ

John F. Kennedy, el nuevo presidente norteamericano, anunció un agresivo plan contra Cuba apenas diez días después de asumir su mandato. A pesar de que el país vivía bajo condiciones de guerra no declarada, Fidel no descuidaba la campaña de alfabetización, como demuestra el plan piloto que se iniciara en la Ciénaga de Zapata, el 3 de febrero, con la participación de 200 alfabetizadores y, en marzo, continuara en el Plan Escambray con la incorporación de 640 brigadistas. A partir de abril, miles de alfabetizadores arriban a todos los rincones de la Isla.

El Comandante en Jefe visitaba regularmente la Comisión Nacional de Alfabetización. Su preocupación por la campaña era tal que, a mediados de marzo, asumió interinamente el cargo de Ministro de Educación, durante el tiempo que el doctor Armando Hart viajó por varios países socialistas presidiendo una misión cultural.

Ante la inminente agresión militar a Cuba, el 25 de marzo, Fidel confirmó que había «que dedicar todo el esfuerzo a esa Campaña, porque la batalla contra el analfabetismo se ganará, entre otras cosas, en la misma medida en que llevemos al ánimo de todos la importancia de este esfuerzo».

En la clausura del ciclo de charlas sobre Educación y Revolución en el espacio televisivo de la Universidad Popular, el 9 de abril de 1961, Fidel argumentó que no podía existir una Revolución sin educación y exhortó a todo el pueblo para que aprendiese a leer y a escribir; para estudiar, informarse, meditar, observar, pensar, razonar, analizar, porque «la persona que aprenda a leer será acreedora a todos los tesoros que la inteligencia del hombre ha ido acumulando en conocimiento y sabiduría». Enfática­mente, al convocar al estudio, Fidel expresó su posición de principios cuan­do afirmó: «Nosotros no le decimos al pueblo: ¡cree! Le decimos: ¡lee!».

La dimensión de aquella campaña de la alfabetización, ante la ya segura agresión, quedó evidenciada ese 9 de abril, cuando Fidel puntualizó: «El mérito de nosotros no está ni estaría en rechazar cualquier ataque contrarrevolucionario sino en realizar al mismo tiempo la campaña de alfabetización. El hecho de derrotar a un enemigo que nos atacara no tendría mérito, o no sería enteramente tan satisfactorio, si ellos logran obstaculizar nuestra campaña».

LA INVASIÓN NO DETUVO LA ALFABETIZACIÓN
Y así sucedió. Con la invasión mercenaria la alfabetización no se detuvo. En el comunicado que dirigió al pueblo de Cuba, el 15 de abril, después de la agresión aérea, Fidel ordenó:

«Cada cubano debe ocupar el puesto que le corresponda en las unidades militares y centros de trabajo sin interrumpir la producción, ni la campaña de alfabetización, ni una sola obra revolucionaria».

En los días cruciales, comprendidos entre el 15 y el 19 de abril, los alfabetizadores, con extraordinaria disciplina y afán de trabajo, continuaron su importante misión. Ni antes, ni durante, ni después de la invasión mercenaria, la batalla por la educación se interrumpió.

La primera graduación masiva de 3 500 alfabetizados se realizó en La Habana, el 18 de junio de 1961. A partir de este día, miles de cartas fueron escritas por los alfabetizados, dándole las gracias a Fidel. El final, de la primera carta recibida decía: «ya nunca tendré que firmar con los dedos ahora siempre firmaré así: María Cruz».

El 26 de julio, fue declarada la Ciénaga de Zapata Territorio Libre de Analfabetismo. Ese día, desde la Plaza de la Revolución, Fidel reiteró el papel de los jóvenes en la Alfabetización.

El 18 de agosto, en la clausura de la Plenaria Nacional Obrera de Alfabetización realizada en el teatro Chaplin, Fidel convocó a que los obreros se integraran en brigadas para impulsar la alfabetización cuando dijo: «Ha llegado el momento de acudir a esa fuerza. Esa era la fuerza que teníamos de reserva: la clase obrera. Nosotros sabemos que movilizando a la clase obrera le damos ya a la Campaña el aporte final que necesita». A este llamado respondieron los obreros y se agruparon en Brigadas Obreras denominadas Patria o Muerte.

Con la campaña de alfabetización en su apogeo, el odio de los bandidos contrarrevolucionarios crecía contra quienes desarrollaban tan meritoria labor; por ello, el 3 de octubre de 1961 torturaron y asesinaron al alfabetizador, Delfín Sen Cedré quien solo había cometido el «grave delito» de enseñar a leer y escribir. Con ensañamiento, el 26 de noviembre, los alzados en el Escambray asesinan al brigadista Manuel Ascunce Domenech y al campesino Pedro Lantigua.

Pero el odio y el crimen no pudieron atemorizar y mucho menos detener la obra de la alfabetización que llegaba hasta los más apartados lugares de Cuba. El 5 de noviembre, Melena del Sur fue el primer municipio en izar la bandera de Territorio Libre de Analfabetismo en un acto que contó con la presencia de nuestro Comandante en Jefe. San Antonio de las Vegas izó la bandera el 7 de noviembre; y dos días después, Santa María del Rosario. A partir de ese momento, prácticamente cada día, uno o más municipios se declaraban  cumplidores del compromiso con la Patria de Martí y Fidel.

La constancia y amor de quienes se esforzaban por alfabetizar y por ser alfabetizados recogieron sus frutos cuando, el 20 de diciembre de 1961, oficialmente se declaró por terminada la Campaña de Alfabetización. A partir de este día La Habana, abrió sus puertas para recibir alfabetizadores de todo el país.
CUBA: TERRITORIO LIBRE DE ANALFABETISMO
Ocho meses después de la victoria de Girón, el 22 de diciembre, Cuba fue proclamada Territorio Libre de Analfabetismo.
Ese día, en la Plaza de la Revolución, ante miles de alfabetizadores, el ministro de Educación, Armando Hart, inició el informe final de los resultados de la Campaña de Alfabetización dando lectura a la siguiente Resolución:

«El Gobierno Revolucionario ha dis­­puesto instituir la Orden Nacional Hé­roes de la Revolución, como homenaje a los hijos de nuestro pueblo que realizaron hechos de excepcional heroísmo en el cumplimiento de sus deberes para con la patria y la Revolución.

«En consideración a que Manuel Ascunce Doménech, brigadista Conrado Benítez y Delfín Sen Cedré, brigadista obrero Patria o Muerte, cayeron heroicamente, víctimas del imperialismo y la contrarrevolución, cuando realizaban la gran tarea de la alfabetización, el Gobierno Revolucionario, resuelve:

«Conferir póstumamente a ambos combatientes la Orden Nacional “Héroes de la Revolución”».

Seguidamente, Hart destacó que de acuerdo con los datos de la Junta Cen­tral de Planificación, en el año 1961 la población de Cuba ascendía a 6 933 253 habitantes. Según el censo de analfabetos, en todas las zonas urbanas y rurales del territorio nacional la cifra de analfabetos adultos ascendía a 979 207 de los cuales 707 000 fueron alfabetizados en la Campaña. Por diversas razones resultaron no alfabetizados 271 000 analfabetos, por lo que el índice de analfabetismo en Cuba quedó reducido a 3,9 % de su población total. Ello colocó a nuestro país entre los países de más bajo índice de analfabetismo en el mundo.

Asimismo, el ministro aclaró que, dentro de ese 3,9 % de población analfabeta, se incluían impedidos físicos y mentales; personas que por su avanzada edad o deficiente salud, fueron declarados inalfabetizables; así como 25 000 haitianos residentes en las zonas agrícolas de Oriente y Camagüey que no dominaban el idioma español por lo que puede afirmarse que prácticamente en Cuba no quedaron analfabetos.

Aquel 22 de diciembre de 1961, al dirigirse a los alfabetizadores concentrados en la Plaza, Fidel expresó: «Ningún momento más solemne y emocionante, ningún instante de legítimo orgullo y de gloria, como este en que cuatro siglos y medio de ignorancia han sido derrumbados. Hemos ganado una gran batalla, y hay que llamarlo así —batalla—, porque la victoria contra el analfabetismo en nuestro país se ha logrado mediante una gran batalla, con todas las reglas de una gran batalla. […]

La respuesta de todos los brigadistas retumbó en la Plaza de La Revolución: ¡Fidel! ¡Fidel, dinos qué otra cosa tenemos que hacer!

[1] Instituto de Historia de Cuba.
Signatura 17/4/4.6/1148.

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