La Cumbre, Venezuela y una nueva componenda oportunista

Desde los No Alineados, Venezuela podría tomar las banderas y liderar una contraofensiva necesaria que necesitan con urgencia los pueblos.
Desde los No Alineados, Venezuela podría tomar las banderas y liderar una contraofensiva necesaria que necesitan con urgencia los pueblos. Foto: AVN

ISLA DE MARGARITA, Venezuela.—Con el inicio de la XVII Cumbre del Movimiento de Países No Alineados, Venezuela tiene sobre sus hombros otro cargo de alta responsabilidad mundial: la presidencia pro témpore del organismo.

El nombramiento se une al máximo puesto directivo que también ostenta en la alianza continental Unasur y el bloque económico Mercosur.

En unos por acuerdos anteriores de sus miembros y en otros por sucesión reglamentaria, lo cierto es que el encargo de llevar a la vez varias riendas de entes multinacionales altamente representativos, ocurre en el momento justo en que el país es blanco de la mayor carga ofensiva, de denuesto enconado, asedio político, cerco mediático, planes de pretendida violencia y conspiraciones abiertas contra el go­bierno bolivariano del presidente Nicolás Ma­duro.

Cuando hay millones de dólares invertidos en acciones subversivas y un número superior de espacios propagandísticos dedicados exclusivamente a fabricar una inédita —por colosal y grosera— campaña de desprestigio, la encomienda diplomática que asume Venezuela resulta un valladar demasiado molesto para las orquestaciones intervencionistas y golpistas de la derecha internacional y sus adláteres internos.

Tan cara va saliendo esta campaña —larga y hasta ahora poco eficaz— que parece la hora de jugar todas las cartas contra el país, de modo que los ataques arrecien, se combinen y tengan un alcance tan elevado que pueda remontar los límites protocolares de la relación pacífica, destruyan el consenso, y terminen por dinamitar la consolidación, en el teatro económico y político global, de alianzas hasta ahora estables y en progreso, como el propio Mercosur.

La orden es aislar a toda costa a Venezuela, y ahora que las oligarquías se hicieron para sí de las sillas presidenciales de importantes bastiones en la dinámica regional, no demoran en usarlas como artillería pesada en sus afanes neocolonizadores del continente latinoamericano.

No es casual que justo el día en que Vene­zuela, nombrada presidente, se abre al mundo para recibir la Cumbre del segundo foro más numeroso del mundo, los gobiernos de Brasil, Argentina y Paraguay vuelvan sobre los socorridos pretextos de la improcedencia del país bolivariano al frente de Mercosur.

En un acto coordinado de evidente oportunismo, los tres gobiernos —incluido un Brasil y un Paraguay con cualidades de facto, más un presidente argentino que clava aceleradamente el puñal neoliberal en la espalda del pueblo— hicieron públicas sendas declaraciones, retóricas, ambiguas, altisonantes y prepotentes, que a modo de ultimátum confirman el sabotaje or­questado contra la presidencia que por norma reglamentaria corresponde a Venezuela.

Los tonos entre una y otra varían. Aunque se alinea, Buenos Aires no alcanza el grado de saña que Brasilia impuso en su nota, determinada a suspender el 1ro.  de diciembre a Venezuela si no ratifica inmediatamente los acuerdos de los miembros fundadores (incluyen a Uruguay), quienes manifiestan la ilegitimidad de la dirección actual por no insertar en su ordenamiento jurídico nacional «importantes acuerdos y normas del Mercosur».

«Eso impide que ejerza la presidencia del bloque e incluso pone en duda su continuidad en el Mercosur», subraya la declaración, por lo cual «se decidió otorgar un plazo complementario a fin de que la República Bolivariana de Venezue­la dé cumplimiento a las obligaciones asumidas en su Protocolo de Adhesión».

Apenas declaran, se muestran a todas luces las señales harto conocidas de la componenda regional antivenezolana. Por un lado las ínfulas aprobatorias del predecible Secretario General de la OEA, Luis Almagro, que avaló este propio miércoles la postura de la llamada Triple Alian­­za, y por otro la jugada usurpadora de tener a mano una solución bien cocinada: los cuatro estados fundadores, Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, conducirían el bloque de manera compartida durante el semestre correspondiente al gobierno venezolano.

¿Es coincidencia entonces que en el mis­mo lapso de tiempo el canciller del golpista Michel Temer, rompa lanzas contra el mandatario Nicolás Maduro, significando la «falta de esperanza» que existe en las relaciones bilaterales, con el tono de quien alienta una ruptura total, mientras conmina a Ecuador y Bolivia a «rectificar»?

Ni corto ni perezoso el gobierno bolivariano reacciona de inmediato. Antes, en un comunicado oficial de la Cancillería, rechazó rotundamente las palabras e intenciones del ministro brasileño, y este miércoles, en palabras tempranas de la titular de Exteriores Delcy Rodríguez, se denuncia y condena la movida oportunista que publicó en declaración la Triple Alianza.

Está claro, muy claro, que el escenario de la Cumbre de los No Alineados quiere ser aprovechado por los enemigos de Venezuela como un foco ideal de atención para dar rango mundial a su vocería artificial contra el país; sin embargo descuidan que esta tribuna no agrupa precisamente a los que más pagan, que como observadores que son —no miembros plenos—, ni Brasil, ni Argentina, ni Paraguay tienen voz en la plenaria si no se les autoriza, y al final pueden las luces del show volverse contra ellos.

Todos los que conocen las mañas de los imperios advierten hace rato el conjuro colonial que ya rinde frutos podridos en América Latina. Adelantado, Maduro anunció que en su condición propondrá al MNOAL redirigir la lucha contra las nuevas formas solapadas de colonialismo y penetración imperial, un tema fundamental que, a juzgar por los orígenes de este amplio Movimiento, de una mayoría de estados liberados por sus propias manos del coloniaje extranjero, no tendría muchas trabas para el concilio.

Desde los No Alineados, Venezuela podría entonces tomar las banderas y liderar esa contraofensiva necesaria que necesitan con urgencia los pueblos, a fin de frenar el avance neocolonizador de sus más viejos y enconados enemigos.

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