Felicidades Alicia.

¡Viva Alicia!

La Prima Ballerina Assoluta, directora del Ballet Nacional de Cuba, celebra este lunes su cumpleaños 95. Recibe el homenaje de un pueblo que la asume como uno de sus más ilustres símbolos…

Alicia Alonso dice que quiere vivir 200 años. Y en esos deseos de permanecer, de estar, de dar testimonio debe estar precisamente el principal secreto de su longevidad. Alicia nunca se ha resignado a pasar a un segundo plano. ¿Cómo hacerlo, con tanto que entregar?

La célebre bailarina cubana, la más importante figura de la danza en Hispanoamérica, la directora del Ballet Nacional de Cuba, una de las fundadoras de la escuela cubana de ballet, celebra este lunes su aniversario 95. Lo está celebrando desde ayer, por todo lo alto.

Su compañía le dedicó este domingo una gala en el Teatro Nacional, dirigida por el coreógrafo Alberto Méndez, en la que se interpretaron algunos de los roles que distinguieron a Alicia en su larga carrera, que la convirtieron en una estrella indiscutible del ballet universal.

Porque no está de más recordarlo, ahora que algunos —ante la abrumadora cantidad de elogios que recibe la bailarina desde entes “oficiales”— dudan de las credenciales de la artista: Alicia Alonso, en sus años de esplendor, fue una de las más grandes bailarinas del mundo.

Solo hay que ver sus filmaciones en los años cuarenta, cincuenta y sesenta: la manera de bailar de Alicia parece contemporánea. Incluso en el presente, con la extraordinaria evolución de la técnica, ella sorprendería por la limpieza de su ejecución, por su virtuosismo sereno.

Pedro Simón, su esposo y director de la revista Cuba en el Ballet, lo ha dicho alguna vez: el arte de Alicia no es contemporáneo, es atemporal.

Pero trascendamos la técnica, que en última instancia es simplemente medio; hablemos de la interpretación. Alicia Alonso fue una estilista. Su dominio de las particularidades de cada estilo histórico del ballet fue reconocido por los principales maestros del siglo XX.

No era un conocimiento “científico”, sustentado en profundas indagaciones teóricas. Era conocimiento natural, intuitivo, asimilado desde la práctica y la sensibilidad.

Criatura escénica, ella más que interpretar, vivía sus roles. Se comprometía hasta las últimas consecuencias con sus heroínas, para hacerlas cercanas al público. Podía ser lírica ensoñación, pero siempre fue manifiesta su calidez humana.

Alicia es una de las últimas representantes de un movimiento esencial para la cultura cubana: el que formaron, junto a ella, Alejo Carpentier, José Lezama Lima, Ernesto Lecuona, Wifredo Lam… Todos ellos fueron rendidos admiradores del arte de la bailarina, y les dedicaron elogios y creaciones.

De hecho, casi todos los grandes intelectuales que fueron testigos de sus presentaciones se han referido a su desempeño, en artículos enfáticos, que ubican a la bailarina a las puertas mismas de la leyenda. Pero ninguno parece exagerado.

Ciertamente, Alicia nunca se conformó con repetir acríticamente los cánones de una época, seguir modas o tendencias circunstanciales. Siempre aspiró a la esencialidad.

Pero si hay que definir la grandeza de Alicia Alonso, su extraordinaria trascendencia para la cultura nacional, habrá que ir más allá del ámbito de la danza: la obra de Alicia se desborda en todas las manifestaciones, pues ella ha devenido símbolo y musa de grandes artistas.

Alicia pudo haberse desentendido, haberse regodeado en su realización personal. Pero fue protagonista de una tarea que la eterniza: la multiplicación de un legado.

Ella fue puntal de fundación de una escuela cubana de ballet, de una compañía de referencia, de un movimiento que ha ubicado a Cuba en el mapa universal de la danza y que ha fructificado en un entramado riquísimo.

Por supuesto que sin el apoyo decidido de una institucionalidad, de un gobierno, de una Revolución, Cuba no tendría el sistema profesional en la danza que ahora la distingue en el concierto de las naciones.

Pero sin Alicia, sin Fernando Alonso, sin los grandes maestros de los primeros años, probablemente no hubiera ballet en Cuba, no al menos como lo asumimos ahora: arte de un pueblo entero, patrimonio, incluso, de los que nunca han asistido a una función de ballet.

Porque Alicia no es solo la más grande bailarina cubana de todos los tiempos; es, sin dudas, la artista nacional.Tomado de cubasi.

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